Eugenio Marr贸n


La noche en llamas de un barco sobre la arena

Formar parte de una tr铆ada tan selecta como solicitada, a la hora de novelas que describen distop铆as 鈥揼ravitaci贸n que signa no pocos trechos de sucesos verbales del siglo XX, para narrar sociedades ficticias inhumanas y su expansi贸n en busca de cancelar cualquier anhelo redentor鈥, es algo m谩s que una reputaci贸n activa e incesante: se trata de la mejor manera de verificar, seg煤n lo advertido por Mario Vargas Llosa en el ensayo final de su libro La verdad de las mentiras, que 鈥渓as invenciones de todos los grandes creadores literarios, a la vez que nos arrebatan a nuestra c谩rcel realista y nos llevan y traen por mundos de fantas铆a, nos abren los ojos sobre aspectos desconocidos y secretos de nuestra condici贸n, y nos equipan para explorar y entender mejor los abismos de lo humano鈥. As铆 ocurre con Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, que junto a Un mundo feliz, de Aldous Huxley, y 1984, de George Orwell, conforma el tr铆o aludido.

Justo al cumplirse el pr贸ximo 22 de agosto el centenario del nacimiento de Ray Bradbury, volver a las p谩ginas de aquella novela suya no solo es una oportuna recordaci贸n del gran maestro norteamericano de la ciencia ficci贸n y el terror fant谩stico, sino tambi茅n un reencuentro enriquecido con los a帽os 鈥揷omo el buen a帽ejamiento para los licores de destacada estirpe鈥. Publicada por primera vez en 1953 鈥搗einti煤n a帽os despu茅s que la de Huxley y apenas cuatro tras la de Orwell鈥, hay en la de Bradbury una constante que viene desde la noche de los tiempos: la quema de libros y con ellos del peligro ante el despliegue de las ideas, sea arte, literatura, filosof铆a o cualquier variedad del pensamiento ejercido con libertad a favor de lo humano y sus circunstancias. Basta citar tres ejemplos: la combusti贸n de los c贸dices mayas el 12 de julio de 1562 por 贸rdenes del cl茅rigo Diego de Landa en Yucat谩n 鈥撯渘o ten铆an cosa en que no hubiese superstici贸n y falsedades del demonio, se los quemamos todos鈥, alegaba el inquisidor鈥; la hoguera ordenada por Adolfo Hitler y ejecutada la noche del 10 de mayo de 1933, contra alrededor de veinte mil libros en la plaza Bebel de Berl铆n; y la fogata dispuesta por el general de divisi贸n Luciano Benjam铆n Men茅ndez en la ciudad argentina de C贸rdoba el 29 de abril de 1976, justo en los inicios de la terror铆fica dictadura militar, en la que se incendiaron obras de Julio Cort谩zar, Eduardo Galeano, Gabriel Garc铆a M谩rquez, Pablo Neruda y Mario Vargas Llosa, juntos a otros autores, 鈥渁 fin de que no quede ninguna parte de estos libros (…) para que con este material no se siga enga帽ando a nuestros hijos鈥, seg煤n lo dicho por el uniformado.

Tal como indica su t铆tulo 鈥搇a unidad de temperatura en la que el papel se atiza y arde鈥, Fahrenheit 451 es un relato que transcurre en una sociedad maniobrada por los bomberos, pero no tal como conocemos su desempe帽o en la extinci贸n de incendios, sino todo lo contrario. Armados con unas extra帽as mangueras lanzallamas, en las p谩ginas de esta novela los bomberos persiguen, capturan y calcinan todas las p谩ginas de la cultura universal, pues se trata de un mundo en el que los libros han sido condenados a su total exterminio 鈥撯渘o sutilicemos con recuerdos (鈥) Olvid茅moslos. Quem茅moslo todo, absolutamente todo. El fuego es brillante y limpio (鈥) Somos los Guardianes de la Felicidad. Nos enfrentamos con la peque帽a marea de quienes desean que todos se sientan desdichados con teor铆as y pensamientos contradictorios (鈥) no permitir que el torrente de melancol铆a y la funesta Filosof铆a ahoguen nuestro mundo鈥, le endosa con su verborrea fanatizada el capit谩n Beatty al bombero Montag, los dos protagonistas que terminar谩n por enfrentarse a la sombra de las hogueras y sus designios m谩s devastadores. A su lado, los otros personajes se bifurcan 鈥損or un lado Mildred, la esposa de Montag, domesticada bajo el orden represivo de los bomberos, y por el otro la joven Clarisse junto a Faber y Granger, empecinados junto a otros rebeldes en salvar la memoria de los libros y con ella el sentido mismo de la Humanidad. Es as铆 como en esa suerte de hermandad para salvaguardar el acto que implica un libro, presta a cualquier enfrentamiento, cada uno de sus integrantes dejar谩 a un lado su nombre para, en la nueva identidad, llamarse como un gran autor cuya memorizaci贸n los convertir谩 en biblioteca viva en pos de salvar los libros: 鈥淵o soy La Rep煤blica de Plat贸n. 驴Desea leer a Marco Aurelio? M铆ster Simmons es Marco鈥, le advierte Granger a Montag. Es as铆 como le explica a este: 鈥淭ambi茅n nosotros quemamos libros. Los leemos y los quemamos, por miedo a que los encuentren. Registrarlos en microfilm no hubiese resultado. Siempre estamos viajando, y no queremos enterrar la pel铆cula y regresar despu茅s a por ella. Siempre existe el riesgo de ser descubiertos. Mejor es guardarlo todo en la cabeza, donde nadie pueda verlo ni sospechar su existencia鈥. Y m谩s adelante le acota: 鈥淭ransmitiremos los libros a nuestros hijos, oralmente, y dejaremos que nuestros hijos esperen, a su vez鈥. En ese mundo de la palabra publicada y su reprobaci贸n fuego en mano, en el que las pantallas rodean por todas las paredes de los hogares, a la vez que cualquier atisbo de pensamiento puede ser la mejor raz贸n para una condena, los personajes de Ray Bradbury levantan un entramado que eriza al m谩s cauto.

Como una intensa y muy desarrollada f谩bula 鈥搉o exenta de un calado po茅tico que distingue buenos trechos de su prosa, y sin desmayo de la energ铆a concisa y afilada como un bistur铆 en su progresi贸n narrativa鈥, que llega de un tiempo lejano, aun cuando sus se帽as la convierten en suceso ubicuo de ayer, hoy o ma帽ana 鈥搚 as铆 bien pueden testimoniarlo las atrocidades del llamado Estado Isl谩mico en los d铆as recientes de Siria e Irak鈥 聽Fahrenheit 451 es una lectura inagotable. Tal es as铆 que ha conocido dos versiones f铆lmicas muy referidas a聽 las lecturas que han hecho sus realizadores 鈥揷on mayores o menores cuotas de apego al texto original鈥, muy ajustadas a las se帽as de sus dos momentos de realizaci贸n: la de Francois Truffaut en 1966 鈥揷on el austriaco Oskar Werner como el recatado bombero Montag y el irland茅s Cyril Cusack como el implacable capit谩n Beatty鈥, a las puertas de las intensas revueltas estudiantiles de aquellos tiempos en Francia, M茅xico y otros lugares; y la de Ramin Bahrani en 2018 鈥揷on los norteamericanos Michael B. Jordan y Michael Shannon, respectivamente, en aquellos roles鈥 cuando ya casi pod铆an avistarse en el horizonte los d铆as de la COVID-19 expandi茅ndose por el planeta y tambi茅n ese otro estallido global crecido con el impactante homicidio de George Floyd en las calles de Minneapolis. Es as铆 como, de cierta manera, la novela tambi茅n podr铆a tenerse como un espejo a la vez aleg贸rico y contextual de un tiempo preciso, y con ello el don de su autor para entregarnos una lectura de permanencia.

Graduado en la californiana Los 脕ngeles High School en 1938, Ray Bradbury nunca asisti贸 a estudios universitarios: su econom铆a personal no se lo permit铆a. Por ello, mientras vend铆a peri贸dicos y revistas para ganarse la vida, se formaba autodidactamente con buena parte de su tiempo en la biblioteca p煤blica, abriendo su camino entre libros, leyendo tenazmente hasta que, a comienzos de los a帽os cuarenta, comenz贸 a publicar sus relatos en revistas. En 1950 public贸 un libro de cuentos que ser铆a su primer gran 茅xito de lectores y cr铆tica: Cr贸nicas marcianas, sobre la colonizaci贸n de Marte y el establecimiento all铆 de una sociedad similar, en sus fortunas y desgracias, a la Tierra. Tras ese t铆tulo vinieron, entre otros, El hombre ilustrado (1951), volumen de narraciones sobre los inmutables mecanismos tecnol贸gicos enfrentados a los comportamientos humanos; El vino del est铆o (1957), novela delicada y cautivante, digna de un poeta, en torno a las vacaciones de un ni帽o de doce a帽os en una ciudad de la regi贸n del Medio Oeste estadounidense; y Remedio para melanc贸licos (1959), pieza de narrativa breve entre el realismo m谩s descarnado y la fantas铆a m谩s apocal铆ptica. Le铆do y traducido a numerosas lenguas, al morir el 6 de junio de 2012 a la edad de 91 a帽os en Los 脕ngeles, California, de acuerdo a su estricta solicitud, el epitafio de su tumba s贸lo lleva la inscripci贸n: 鈥Ray Bradbury. Autor de Fahrenheit 451鈥, algo que advierte la predilecci贸n que siempre sinti贸 por esa novela suya.

Al prologar la primera traducci贸n a nuestra lengua de Cr贸nicas marcianas, realizada por el editor espa帽ol Francisco Porr煤a para la editorial argentina聽 Minotauro en 1955, uno de los grandes admiradores del autor estadounidense, el argentino Jorge Luis Borges, escribi贸: 鈥淩ay Bradbury anuncia con tristeza y con desenga帽o la futura expansi贸n del linaje humano sobre el planeta rojo, que su profec铆a nos revela como un desierto de vaga arena azul, con ruinas de ciudades ajedrezadas y ocasos amarillos y antiguos barcos para andar por la arena鈥. Ahora, a cien a帽os de su arribo a la Tierra, al releer Fahrenheit 451, percibimos a las puertas de nuestras vidas a Ray Bradbury que llega con la noche en llamas de un barco sobre la arena.