Elaine Vilar Madruga


Invadir, provocar y transformar (+Fotos)

Tal parece como si conociera a Alisa Peláez Zhunda desde siempre. Pero cuando recuerdo, cuando pongo en retroceso la máquina de la memoria, es que descubro la verdad: las aulas del ISA nos unieron, además de una vocación semejante y apasionada por la creación, por la belleza del arte y su buen hacer sobre la naturaleza humana. No disfrazo la realidad con otras palabras: Alisa es una de las jóvenes artistas que más he llegado a admirar por su capacidad de adaptación y su rigor investigativo. Su obra ronda mi cabeza. Por eso viajo en sus imágenes hasta llegar a la primera de estas preguntas.

¿Cuándo y cómo nace tu interés por el Diseño Escénico? ¿Sientes que fue un llamado de la vocación?

No creo que haya surgido en un momento específico que pueda definir. Mi madre en su juventud fue actriz de teatro, crecí rodeada de libros que guardaban contenidos diversos, teatrales, de cine, Historia de Arte, Artes Plásticas, libros del Hermitage… Luego de pasar la secundaria ingresé en la Academia de Artes Plásticas. Siempre dibujé y ahí fue que empezó a fluir todo.

Instalación Bienal de La Habana

En la Academia descubrí que, desde mi visión plástica de la vida, todo tenía que ver con el espacio. Indagué en el universo de los happenings, el performance, los environments, sobre instalaciones, intervenciones, acciones que tenían en su estética y expresión la intención de invadir, provocar y transformar. Poco a poco sentí a modo lógico que tenía más sentido estudiar Artes Escénicas, específicamente Diseño Escénico, que seguir la carrera de Artes Plásticas en el Nivel Superior. Fue una transgresión a la plataforma donde me sentía más yo a la hora de expresarme.

Ahí comprendí mejor qué es el espacio, cómo veía la vida a través de la escena y la relación con la gente, con el público, los actores, etc… todo lo que tuviera que ver con esa interacción, con ese encuentro. Así descubrí todo un universo que circunda esas poéticas.

Sí considero que fue un llamado de la vocación, lo siento de esa manera. Creo que si bien no se nace conociendo o sabiendo, aun así hay cosas a niveles energéticos que luego se materializan a través de lo que hacemos. Para mí, eso tiene que ver con la vocación.

En tu discurso artístico, ¿cómo se mezclan las identidades europea y caribeña? ¿De qué manera entiendes que el contexto geográfico marca o define las formas de entender y producir el arte? 

Jamás me he definido como una mezcla aunque pude haber llegado a decirlo alguna vez. Soy algo homogéneo, no me veo como un contenedor de agua y aceite. Aunque no puedo negar que se encuentran en mí muchas preguntas alrededor de eso a la hora de crear. Creo que ayuda a ser abierto en muchas maneras, a ser flexible, a entender criterios y gustos diversos.

Crédito Lena Hernández Rodríguez. Tomado del perfil en FB de la entrevistada

El hombre piensa como vive; por lo tanto, el artista crea a partir de lo que piensa y de lo que tiene a mano, lo que ofrece el contexto, las posibilidades factibles. Por mucho que la imaginación vuele, a veces hay que aterrizar con lo que tienes en tu poder para crear (así es en mi experiencia) sin que ello signifique que limites tu mente.

Puede uno volar mucho con la mente, más aún un artista, no existen límites para pensar; pero a la hora de llevar tu pensamiento a una forma física, a la hora de materializarlo, sí puedes encontrarte ante la limitante de un recurso, de un material condicionado por tu realidad, por un contexto, y entonces estás obligado a limitar tu creatividad y, por tanto, el resultado es limitado.

Afrodita oh espejo!, Rosario Cárdenas

Has tenido la oportunidad de trabajar como diseñadora para cine, teatro y danza, ¿cuáles son las mayores complejidades a la hora de enfrentarse a una nueva concepción escénica y/o visual?

Cuando me enfrento a un proyecto nuevo de carácter escénico o de otra índole, quizás lo más complejo sea la preocupación de llegar a un resultado físico material que se asemeje a la idea que uno genera en la mente. Creo que eso es una constante que tienen los artistas, no importa cuál sea su especialidad. Siempre lograr un resultado fiel a la idea inicial es la meta.

Entonces, ¿qué metas particulares te trazas? ¿Cómo transcurre tu proceso creativo?

Mis metas son alcanzar un producto artístico de buena calidad, coherente y relacionado con un interés propio, con una búsqueda personal de perfeccionamiento en ascenso.

Mi respuesta a la pregunta anterior también se relaciona con esto: el llegar a plasmar una idea en físico, lo más acertadamente, posible es una meta. Los procesos de trabajo difieren en dependencia del proyecto, pero sí existe una constante: surge una idea, se desarrolla, se materializa, con el fin de entregarlo a alguien, al público, al espectador, al receptor.

Misu. Corto de ficción 2016

En tu proceso de trabajo, ¿cuánta importancia tiene la investigación y la búsqueda de referencias?

En mi caso, la investigación y búsqueda de referencias es fundamental. Los artistas que tenemos una formación académica comenzamos por esa característica y tendemos a incluir en nuestro proceso la investigación por default. A veces ni me lo planteo, solo lo hago de manera automática. La academia te induce a ello y eso te acompaña siempre: el artista se alimenta de lo que le rodea, de los sucesos, de la historia, del ambiente, todo influye en nuestras creaciones. Uno se retroalimenta.

tomada del perfil de facebook de Alisa Pérez Zhunda

Los artistas deberían hacerlo, es una necesidad, pero creo que ser académico influye mucho en esta elección, en mi experiencia al menos.

Mi profesión en específico lo amerita. Nosotros trabajamos en colectivo, formamos parte de un todo. Tenemos especialidad en una categoría dentro de una gran parte. Respondes a un colectivo al que siempre le debes una explicación, al que debes convencer de tu idea, de tu visión, de tu punto de vista; y la búsqueda de información y referentes es una herramienta que no solo te ayuda a llegar a tu resultado artístico individual, sino que lleva a alguien más a comprender la raíz de esa idea y hacia dónde vas con ella a través de la comprensión y conocimiento de lo que ha existido y lo que ya se ha hecho.

¿Sientes que cada uno de tus trabajos creativos tiene una identidad y un lenguaje propio, o que forman parte de una línea de sentido consuetudinaria a la que podríamos llamar poética?

Cada obra/trabajo que realizo surge de manera diferente. Nunca pienso en una línea poética a mantener o conservar, pero cuando reviso cada cosa, luego de transcurrido un tiempo, sí he notado que existen constantes, relaciones, incluso una estética reconocible que suele reflejar mi manera de ver las cosas.

El trabajo con materiales reciclables, ¿ha sido una decisión utilitaria de producción o la necesidad de resignificar y/o dotar de nuevos sentidos a la visualidad de tu creación?

Por una parte, usar estos reciclables tuvo que ver con un momento de mi vida en que era estudiante, aprendía, experimentaba en la creación todos los recursos existentes que tenía a mano. Los quería usar o transformar. En la escuela, en el ISA, aprendí cómo todos los creadores recurren al reciclaje casi de manera obligatoria, buscando renovar o crear a partir de lo existente. Incluso cuando pensamos que creamos desde cero no lo hacemos, siempre partimos de algo que simplemente se transforma, algo que existe, así sea un material… Por lo tanto, el término reciclar no lo veo solo como el hecho de tomar una lata y transformarla en un sombrero, es algo mucho más complejo. Incluso algo inmaterial como una idea también se puede reciclar.

Más que una decisión utilitaria de producción es también un recurso inevitable usado por cada artista. A veces empleo un material porque lo tengo delante, solo por eso, no porque considere que tenga que ver con la idea: ahí lo estoy resignificando. Podría decirse incluso que es un recurso forzado.

Afrodita oh espejo!, Rosario Cárdenas

Has trabajado en la asistencia de vestuario de largometrajes, series y cortos tanto de factura nacional como internacional. A una escala personal creativa, ¿qué conocimientos pusieron a tu alcance estas experiencias?

Mis experiencias en el audiovisual me han hecho crecer mucho. Conocer personas disimiles con múltiples visiones artísticas, multiculturales, me ha ayudado a ver, desde otras perspectivas, proyectos de creación y realización. He aprendido a lidiar con diferentes maneras de crear, más allá del contexto, de ahí la importancia de interactuar con artistas de otras naciones. Ello reafirma que la creatividad y las maneras de llevarla a cabo son ilimitadas. Un artista encerrado en una burbuja se limita porque no ve ni conoce otra forma de pensar o crear, y puede pecar en el desconocimiento. Conociendo a otros creadores aprendes de ellos, y ellos de ti, se retroalimentan y esto favorece incluso tu resultado artístico. Aportar/aporta.

Video clip Me los bailo, de Agada 2020

¿Sientes que el talento joven es reconocido? ¿Existe un discurso de conformidad con la promoción que se realiza a las nuevas generaciones de artistas?, ¿o acaso hay una evolución en los lenguajes y en las formas de comunicar/mostrar al público quiénes son los jóvenes creadores de punta?

Quizás en algunas esferas el talento joven se conoce; en otras, no tanto. Es relativo. El (talento) joven de cierta manera se añeja y en el momento en que muchos llegan a ser conocidos, el término joven está bastante sazonado.

Aquí somos considerados jóvenes con 35 años que es cuando supuestamente uno alcanza un status en el ámbito cultural, pero creo que en nuestro contexto esto cojea: hay muchísimos artistas a nivel mundial que a sus 20-25 años tienen reconocimiento. El concepto juventud en Cuba está algo disparatado en mi opinión.

Video clip LA VIE de Virginia Guantanamera

Hablemos de cine. Un artista joven que se cree o sueña ser director de cine, en Cuba fácilmente puede hacer su primer largometraje, si es que le toca, a los 40 años. Entonces ahí el termino juventud está pasadito.

Mi respuesta a la conformidad respecto a ese tema es un no. Si bien existen artistas que se promueven, de diez será solo uno, ya sea algún músico que firmó con una de las tres disqueras nacionales, que probablemente no sea muy joven, o un actor que salga en la novela, no importa lo mal hecha que esté. Fuera de eso, la promoción es débil. Empecemos con que el término promoción va de la mano del término publicidad, el cual se ha tergiversado en nuestro país, en algún momento hasta censurado, anulado prácticamente, lo cual constituye una limitante a la hora de ayudar a los jóvenes a darse a conocer.

Si no hay promoción o publicidad, la inmediatez se pierde. No creo que una entrevista en un programa de 27 minutos sea una buena promoción, y eso solo para el que logró colarse en la TV.

Afrodita oh espejo!, Rosario Cárdenas

Los jóvenes si bien se alimentan escalando, pierden tiempo para lograr llegar arriba. Hay escaleras muy largas, y muchas hasta en peligro de derrumbe y con unos peldaños en mal estado. Eso no ayuda. Ya no vivimos en un mundo donde entregar un dossier impreso se considere promoción ni es algo que te ayude a impulsar tu carrera.

Es un mundo que exige tener resultados prontos, inmediatos. No puedes tener un proyecto donde pasas un año o dos buscando realizarlo. Obtener reconocimiento, ¿cuándo? Al tercer año es que muchas veces logras llevarlo a término, digamos un corto de 5 minutos, mientras que el mundo entero produce cientos de películas en el periodo de tiempo que te tomó hacer ese corto. Entonces ya no estás haciendo cine joven, sigues haciendo intentos y ejercicios.

Afrodita oh espejo!, Rosario Cárdenas

Como diseñadora, ¿hasta qué punto sientes que te condiciona un texto, más allá de una provocación o una invocación a determinada pauta escénica? ¿Cómo te relacionas con las ideas creativas de otros artistas?

El texto siempre condiciona mientras trabajes sobre su base. No estás creando a partir de ti mismo, sino de la idea de otro autor (ahora vuelvo a recordar lo del reciclaje de ideas del que hablé anteriormente); estás siendo provocado, inducido, guiado dentro de tu propia creatividad.

En lo personal se me ha dado bien crear junto a otros artistas. Mi profesión lo condiciona y crea las bases para que así sea. El mundo de la escena —ya sea danza, teatro, el cine— es un trabajo colectivo. Tu obra no existe si no es completada por otro, y viceversa.

De uno y del otro depende un resultado. Es un ciclo constante, dar y recibir.

Diseños recicaldos 2014

En el espacio creativo de tu mente, donde no hay límites económicos, ni fronteras de ningún tipo, ¿cuál sería tu búsqueda primera y última?

Mi primera búsqueda se pudiera decir que es siempre lograr llegar a alguien a través de lo que hago, y que esto tenga sentido. Se trata de crear un significado. ¿La última?… no puedo responder a eso aún. Mi última búsqueda no me la he planteado. Si un artista —o al menos yo— se plantea algo relacionado a ultimar, entonces eso sería una limitante a la creación. Así que no, no puedo imaginármelo.

Alisa maquillando

Afrodita oh espejo!, Rosario Cárdenas

Afrodita oh espejo!, Rosario Cárdenas

Cor. Marianela Boan. Por Acosta Danza

Afrodita oh espejo!, Rosario Cárdenas

Afrodita oh espejo!, Rosario Cárdenas

Diseños recicaldos 2014

Diseños recicaldos 2014

Diseños recicaldos 2014

Video clip Me los bailo, de Agada 2020



«Soy un arquitecto de mi propio infierno o paraíso»

Rolando (Roly) Ávalos Díaz recibió la herencia familiar, el don del arte, y lo transformó en su propia materia de expresión, en su tuétano creativo. La ciudad de su poesía forma ya parte del amnios que le regala nuevas preguntas al mundo. Y son esas preguntas (y sus respuestas) las que hoy el poeta nos ofrece.

Hablemos primero de la tradición poética que es parte de tu ADN, que constituye una particular herencia simbólica. ¿Hasta qué punto sientes que tu necesidad de entender la poesía parte de este legado?

Crédito Rodrigo Valero González/ cortesía del entrevistado

En efecto, existe una tradición poética en la familia, el arte del repentismo, que viene de mi abuelo materno fallecido, Jesús Díaz Martínez; primero, la heredaron algunos de sus hijos (mis tíos y mi madre), y después la hemos practicado varios primos. Esta vertiente de la oralidad, más que una tradición poética, la veo como un ritual entrañable y ocurre cuando coincidimos todos o casi todos en reuniones familiares, como los cumpleaños.

Desde niño escucho décimas, desde adolescente las improviso. También a partir de los 11 años, aproximadamente, empecé a escribir, y entonces me pareció natural ser como Alexis Díaz-Pimienta (uno de mis tíos por parte de madre), escribir e improvisar, y llevar esas dos carreras al unísono. En muchas ocasiones, por la admiración que le tengo, me he sentido influido por la obra de mi tío, me he descubierto tics en mis procederes que homenajean pasajes de su obra, maneras de construir semejantes, y luego he advertido el peligro. Ha sido una relación muy cercana también, de familiaridad, de trabajo, de lector, de espectador.

He debido desligarme a propósito para crecer, para hallar mi camino, y en ello ando todavía. Pero creo que uno al final le pone su voz y su sello; con sus propias lecturas se va perfilando y adquiere una personalidad, construye otro itinerario poético, aun cuando no se lo proponga, y aunque se haya heredado de alguna manera una determinada tradición gracias a parentescos familiares.

En algunos de tus libros, la anatomía de la ciudad es un tema recurrente que distingue y define al sujeto poético. ¿Este mapeo lo entiendes como una geografía espiritual de la ciudad que el poeta refleja, o que al menos intenta reflejar en su trabajo?

Crédito Estudio fotográfico Cuba Alternativa/ cortesía del entrevistado

Sí, me atrae reflejar el accidente de nacer en una ciudad, de criarse en un barrio y no en otro, la gitanería de las mudanzas por municipios periféricos, la mitología de la urbe y cómo esta produce metáforas, cómo genera lenguajes, cómo acoge con hospitalidad o desampara al emigrante o al habitante, dejándolo en brazos de la orfandad más terrible, quiénes fueron sus personajes históricos, quiénes sus celebridades. Como dijera un personaje de Celebrity, la película de Woody Allen, y cito de memoria: “A una ciudad se le conoce por sus celebridades”.

Me interesa el modo en que nombramos una piedra inanimada que nos ve crecer, enamorarnos y morir mientras continúa viva, bajo la lluvia de la erosión de los siglos; el afecto particular que le tenemos a un árbol, a una esquina, a un monumento, al segundo piso de un edificio en un reparto llamado El Roble, en Guanabacoa, al banco roto de un parque, a los baches de la cuadra de una barriada marginal o a los ruidos nocturnos de una bronca.

¿Qué es el hábitat urbano, cuánto condiciona o define en quienes la padecemos y vivimos, qué significa, quiénes son mis coterráneos, mis vecinos, en qué consisten sus vidas, sus sueños, sus realidades? Igualmente son bienvenidos los arquetipos, estereotipos o ciencias sociales, así como los vocablos identidad, idiosincrasia, y cada elemento que me sirva para dar con los contornos del mapa de esa geografía espiritual.

¿De qué manera congenias el ejercicio más mediato del repentismo y la improvisación con el hecho de concebir la dramaturgia particular de un libro de poesía?

Son hogares a los que uno entra por puertas distintas. Cuando improviso no hago literatura escrita, y cuando escribo un libro de poesía no me apuro en acabar una décima, ni tengo delante un público esperando, ni un laúd y una guitarra secundando mi proceso creativo y presionándome para que en pocos segundos responda a mi adversario repentista. Incluso, cuando escribo, no solo escribo décimas, sino sonetos o poemas en verso libre.

tomada del perfil de facebook de roly Ávalos díaz

Son procesos diferentes que responden a circunstancias creativas específicas, pero tampoco es que sean demasiado opuestos. Por ejemplo, la narrativa, la poesía, y aun la dramaturgia pura, dotan a la mente del improvisador de códigos y elementos que enriquecen su vocabulario, su alcance, su imaginario, su proyección; y al escritor, ante el Word o ante el papel, le ofrece cierto ritmo de hallazgos para dar con las palabras exactas y construir, a modo de guion, la escaleta de su libro y el campo semántico de su poemario. Son ejercicios que no se repelen, te aseguro que se alimentan, aunque se busquen otros resultados y sea otro el receptor.

En el proceso creativo, ¿a qué paso le confieres mayor importancia?

Les doy importancia a todos los pasos, me parece. Soy feliz cuando consigo respetarlos, cuando la fase de corrección no interrumpe al germen, al balbuceo de las ideas iniciales ni al brote de las primeras oraciones. Pienso que tampoco es recomendable detener abruptamente la investigación porque nos morimos de ansiedad por escribir el capítulo de una novela. Casa paso posee un encanto y nos prepara para el siguiente.

Desde luego que cada cual tiene su propia metodología y todos los libros no se escriben del mismo modo ni en un periodo más o menos comprobable; a veces se abandonan proyectos durante meses o años, parece que van a morir y sin embargo resurgen con más bríos, o resulta que sí, que somos más maduros y así lo mostramos a la hora de abordarlos, tenemos una mayor perspectiva. Aunque, ojo, esto también puede funcionar como autoengaño o pretexto para la procrastinación o miedo a enfrentar el momento decisivo de concretar la obra.  

tomada del perfil de facebook de roly Ávalos díaz

¿Entiendes la poesía como un acto divino o mundano, o una mezcla de ambos registros?

Como es arriba, es abajo. Lo divino está conectado con lo mundano, son el anverso y el reverso, la cara y la cruz de una misma moneda que lanzamos al aire. Aunque estamos hechos más de mundo que de divinidad y lo que escribimos tiene la última palabra. Me parece que los autores, salvo los políticos o los religiosos, no estamos para dar lecciones de moralidad o de civilidad, no en primera instancia, sino para plasmar inquietudes más humanas y veraces.

¿El poeta tiene un papel definido en el mundo, más allá de la esfera del arte?

Si tiene algún papel o algún compromiso social, si algo nos define, es el propio acto creativo, es el de hacer lo más poéticamente posible nuestro trabajo, para lo cual no nos alcanzará la vida entera. Llevar y traer palabras, metáforas, sinestesias, símiles… y el solo hecho de hacernos querer y entender gracias a lo que enunciamos o callamos, puede ser una carga terrible o un argumento tan legítimo que se debe valorar en su justa medida, y no debe ser puesto en las manos de cualquiera.

Puede pensarse que el trabajo de un poeta consiste en sacudir, como un relámpago, las conciencias de sus lectores, más allá de la transmisión lírica/empática de sentimientos, reflexiones y emociones. Esa es una posible forma de entenderlo. Pero otra puede ser la de emplear con sabiduría y responsabilidad el poder de las palabras. Un poeta nombra y le regala nuevas preguntas al mundo. Estamos hechos de preguntas. El arte de gozar estéticamente, tratando de responderlas, es uno de los juegos más serios que existen.

tomada del perfil de facebook de roly Ávalos díaz

¿Cómo manejas el mundo de la autorreferencialidad a la hora de escribir? ¿Es la poesía, por necesidad, un ejercicio de autorreferencia?

Antes, muy en los inicios, creía que a la hora de escribir, si utilizaba escenas de mi propia vida estaba siendo, sin duda, autorreferencial; pero luego he comprendido que desde el mismo momento en que uno escribe, sea narrando o poetizando, ya es otro, un personaje o un sujeto lírico… aunque hable de su propia biografía, que de algún modo casi siempre está.

En mis libros la autorreferencia, cuando la hay, es un añadido, un recurso, uno de sus colores, una de mis herramientas creativas. En mi primer libro, Mundo pañuelo, la mayoría de los poemas aluden a experiencias o visiones propias acerca de la existencia, no hay pretendidos enmascaramientos o la gestación de heterónimos; da la impresión, tras una lectura rápida, y parafraseando a Ortega y Gasset, de que soy yo mismo hablando de mí mismo y de mis circunstancias aunque, claro, esto puede leerse como una verdad o una mentira a medias. En mi segundo libro, Boca de lobo, en parte también, pero no siempre.

Por tanto, no creo que la poesía sea necesariamente un ejercicio autorreferencial, entre otras cosas porque mirar a los ojos a un sujeto lírico es dar con un espejismo, o con un juego de espejos que se repite hasta el infinito. Además, no sé quién soy cuando escribo (muchas veces quienes pregonan autoconocimiento promueven su arrogancia), escribo para descubrirme. Y no solo porque pongo pensamientos por escrito, sino incluso para averiguar cuánto me desconozco o qué podría estar pensando, o cuántas personas soy.  

¿Crees que los propios escritores tienen un conocimiento verdadero de la literatura que se gesta más allá del contexto regional limitado en el que viven? ¿Cómo romper esos moldes preconcebidos? ¿Cómo hacer que la literatura cubana eclosione y rompa finalmente el cascarón de su zona de confort?

cortesía del autor

En general creo que es algo superficial el conocimiento que tenemos los propios escritores acerca de otras literaturas allende los mares, y las razones pueden ser varias, aunque se ha ido reduciendo poco a poco la falta de acceso o contacto —al menos electrónicamente— con libros y autores que se han editado o reeditado poco o nunca por acá, por ejemplo.

Existen maravillosas bibliotecas virtuales que se abastecen gracias a las donaciones que hacen los usuarios con títulos digitalizados que antes compraron en formatos Word, Epub o PDF, y deciden compartirlo. También hay títulos de autores cubanos, por cierto. Tarde o temprano, de alguna manera, siempre nos encontramos con lo que más vale y brilla universalmente en materia de arte y literatura, ya sea a través de publicaciones nacionales (revistas, tabloides, suplementos en periódicos, blogs, etc.) que nos enteran (también es su deber) sobre cuán ancho y ajeno es el mundo de las letras fuera de Cuba; igual mediante el catálogo de Arte y Literatura, que con cierta regularidad reimprime clásicos; o directamente a través de enlaces en las redes sociales, las verdaderas ladronas del show en lo que va de siglo XXI.

¿Cómo romper estos moldes y dejar de, solamente, leernos los unos a los otros con riesgos de acabar en la endogamia creativa? Supongo que estando atentos a la lectura o relectura de obras maestras que han vencido al tiempo, en vez de fijar la atención solo en la mesa de novedades. No conozco reglas únicas ni los criterios que manejan o el verdadero poder que tienen quienes dirigen las políticas editoriales y deciden qué se distribuye y se vende o no. Por otro lado, cada cual arma su propia brújula lectora y su canon individual. Opino que deben potenciarse más los intercambios en eventos internacionales.

Eres uno de los uno de los directores del grupo poético-teatral-musical RolleX, ¿cómo entender el acto performativo cuando se tiene a la comunicación de la poesía como el primer escaño de sentido?

Cuando el acto poético se enfrenta al espectador, ¿qué resortes se disparan en ti?

cortesía del autor

Ya hace más de dos años que existe RolleX. Alex Díaz Jr., mi primo, y yo, lo dirigimos y todo el tiempo expandimos, a través de los medios a nuestro alcance (espectáculos, talleres, redes sociales, etc.) el concepto de neorrepentismo, un término que acuñara hace años Alexis Díaz-Pimienta en ese ensayo investigativo para eternas consultas que es Teoría de la improvisación poética.

En este libro se definen las proyecciones de una nueva generación de improvisadores formados gracias los Talleres Especializados de Repentismo en todo el país a partir de la década del 2000 y que, por otra parte, aparecen en su total dimensión gracias a puestas en escena que, ya de por sí, engloban las otras manifestaciones artísticas; el repentismo en medio de un diálogo interdisciplinario. Debo decirte que un espectador amante de la poesía, cuando tiene la oportunidad de disfrutar de cerca un arte tan antiquísimo de la oralidad como es la improvisación poética, devuelve enseguida, con sus reacciones a flor de piel, con sus gestos, con su risa, en los casos favorables, una adrenalina muy agradecida, muy generosa, que los escritores —después del acto solitario de la escritura— desconocemos de una manera tan tangible.

Hay más gente que ama la poesía de la que suponemos. Por supuesto, habrá algunos que disfruten más la llamada poesía culta y otros la llamada poesía popular, ambas expresiones legítimas de la cultura. Si a nuestros espectáculos, con fines poéticos que oscilan de un lado a otro, les agregamos dosis de acompañamiento musical (con músicos, instrumentación y géneros variopintos), dosis de teatro y algo de performance, además de la proyección de un corto audiovisual en torno al desarrollo de una acción poética, entonces el favor del público es mayor, la buena vibra y la energía que recibimos de vuelta superan las expectativas.

Pocos momentos, por no decir ninguno, son tan gratos (tan gratos y tan arriesgados) para un hacedor de versos, para un repentista, en suma, que ese acto creativo de protagonizar un espectáculo cuya trama suceda en versos, tanto desde la declamación (que es lo típico) como desde la improvisación.

Tu libro Mundo pañuelo fue publicado en 2016 por el sello español Guantanamera, y en 2018 fue traducido al idioma inglés bajo el título Small World. ¿Cómo ha resultado la experiencia de apreciar tu poesía en una lengua para la cual no fue originalmente concebida? ¿Sientes que la poesía trasciende la experiencia limitada de un idioma?

Lo he recibido con alegría y extrañeza, consciente de que definitivamente la poesía es políglota y al mismo tiempo tiene muchas capas intraducibles, o que habría que traducir en bloque y no literalmente. Se precisa un rigor, una sensibilidad y un conocimiento de la lengua que merece muchísimo respeto. Los lectores que desconocemos otros idiomas y queremos leer a Flaubert, Dostoievski, Brecht o Cesare Pavese, los amantes de esas grandes cimas de la literatura, dependemos de los grandes traductores del francés, del ruso, del alemán o del italiano.

Small world, según me han explicado algunos conocedores del inglés, no significa precisamente “mundo pañuelo”, ni siquiera como una interpretación de la idea global del poemario. Es una aproximación y, diría, una traducción quizás más en serie que en serio. De cualquier modo lo agradezco y me siento honrado de haber visto, antes de lo que suponía, mi primer libro traducido, ¡vaya honor!, ¿no?, con unas luces y sombras todavía intraducibles para mí.  

tomada del perfil de facebook de roly Ávalos díaz

¿Cómo construyes, desde lo emocional, lo espiritual y lo racional, tu propio ejercicio creativo?

De tantas maneras, querida Elaine. Trabajo mucho con la nostalgia, los sueños, las pesadillas, los recuerdos que obsesionan y atormentan, inmediatos o lejanos, las supersticiones, los miedos, los símbolos, secuencias cinematográficas y bandas sonoras, la violencia del paso del tiempo, los textos y las vidas de los otros. Trabajo con el dolor, los destellos y los espejismos. Así, con esa masa informe y aparentemente intangible, construyo mis universos, soy un dios por un rato cada día, arquitecto de mi propio infierno o paraíso. Emocional y espiritualmente me involucro y, sobre todo, incubo, bendita fiebre, la materia incognoscible con la que me conecto de forma subterránea, así escriba sobre mi vecina de enfrente o en torno a cualquier asunto trivial o vida ajena íntima.

Me apoyo de la buena o la mala memoria, esa que modifica las reminiscencias. El subconsciente es un pozo bastante hondo. Suelo anotar ideas, pasajes descriptivos, frases u oraciones que escucho o me llaman la atención y alimentan la obra que ande pariendo. Los canales de inspiración me atacan por la espalda, se me insinúan de sinuosas maneras o se me desnudan nítidamente. Después tengo que sentarme a trabajar con ello, sudar esa orfebrería y conseguir un arte final publicable.



Yanarys Valdivia: «La poesía debe ser capaz de iluminar»

Yanarys Valdivia siente que la poesía nos hace observar y entender la vida con ojos nuevos, ojos que trascienden el cristal —las barreras— de nuestra experiencia humana. Toda entrevista no es más que un pretexto y esta no es la excepción, lo reconozco: quería conocer más de las reflexiones sobre esa realidad siempre cuestionable que Yanarys parece revelarnos a través de su creación.

—¿De dónde nace tu interés por el haiku y por otras estrofas provenientes de la tradición poética oriental?

—Siempre me han fascinado la cultura y la filosofía orientales, en especial la tradición literaria japonesa, tanto la narrativa como la poesía, y fundamentalmente el haiku y su poder de dibujar el mundo en breves notas. Eso para mí es esencial, de una claridad y autenticidad que siempre he admirado y respetado. Conocí del haiku específicamente por un amigo que lo llevó a una tertulia a la que asistía con regularidad luego de mis estudios de arte. Ya para entonces escribía mis cositas, pero el descubrimiento de esta forma poética sin dudas me abrió a un mundo desconocido, y cambió para siempre mi manera de observar y ver la vida.

—¿Es posible definir, fehacientemente, qué es la buena o mala poesía, o esta definición se filtra en el espectro subjetivo de cada lector?

—No puedo ser tajante en cuanto a mi criterio con respecto a la buena o mala poesía porque, sin lugar a dudas, esto pasa por infinitud de tamices personales, pero sí pienso que la buena poesía debe ir más allá de toda clase de convenciones, de estructuras, debe ser capaz de iluminar, de huir de los lugares habituales, de remover, de transformar, es algo vivo y en movimiento. Lo podemos ver en los grandes poetas como Whitman o Rimbaud, solo hay que observar el gran cúmulo de grandes de la poesía, sus vidas, sus obras, para discernir —de entre la mala hierba— lo verdaderamente valioso, lo que trasciende tiempos y lugares.

—¿Cómo manejas el mundo de la autorreferencialidad a la hora de escribir? ¿Es la poesía, por necesidad, un ejercicio de autorreferencia?

—En toda obra, amén de que se usen sujetos líricos, narradores o voces diferentes a los del autor, es imposible huir completamente del creador, pues el background está ahí, la vivencia: para poder hablar con voces prestadas, por debajo se hallará la del autor siempre. En mi caso, como en el de otros poetas y escritores en general, lo he usado también como soporte creativo. Hay una gran zona de mi poesía de un marcado carácter autorreferencial; aunque el que hable sea el paisaje, mis ojos están ahí, tras el cristal.

—En el proceso creativo, ¿a qué paso le confieres mayor importancia?

—Cada escritor es un mundo aparte y los procesos creativos son disímiles; difieren un poco los poetas de los narradores, pero igual tienen su estructura, como es lógico. Para mí es fundamental la observación, la acumulación de experiencia para que pueda surgir una obra: el pozo ha de ser llenado, como bien apuntó el maestro y amigo Roberto Manzano. Luego, no en todo momento se escribe de igual manera, a veces puede ser espontáneo, a veces es resultado de la experimentación y el juego, especie de reto; a veces se está escribiendo un poema mental, esbozando una idea, a veces se perfila todo un proyecto a partir de una idea iluminada. Todo paso es importante. Después viene el trabajo duro: la reescritura, que puede tomar mucho más tiempo que la escritura inicial, y es un paso importantísimo en el proceso creativo para la factura final o casi final del texto.

—Se ha hablado mucho de la investigación como parte de dicho proceso creativo. En el caso del poeta, ¿esta investigación se reduce solo al análisis del sujeto hablante o de las particularidades del discurso, o se preocupa además por otros escaños de sentido?

—Una vez más, esto depende del poeta y su visión, pero creo que sí hay todo un proceso de acumulación de información de todo tipo: visual, sensorial…Y claro está, dependiendo de la obra como se haya perfilado, hay algunas que nacen de manera más espontánea. Ya luego el escritor las va enfocando hacia un camino, y están también las que se trazan hacia una meta desde el inicio. Ahí puede notarse quizás esta investigación inicial, que no solo en el caso de la poesía es una preocupación formal del sujeto hablante o sujeto lírico, ni de lo que se habla o cómo se habla, sino de todo un contexto también, que puede tener una carga histórica y de diversos orígenes, intertextualidades, etc. Creo que un buen escritor lo abarca todo, me refiero a los diversos escaños de sentido, los reconoce y los pone en función de su obra

—¿Piensas que la poesía tiene límites? ¿Cuáles serían estos?

—No creo que tenga límites. Estos solo pueden existir en las mentes. La poesía tiene sus características formales, pero eso para mí no supone un límite, sino una posibilidad.

—¿Cuál es el papel del escritor, del poeta, en el mundo que nos ha tocado vivir? ¿Tiene acaso algún papel?

—El papel del escritor es solo con sí mismo: ser leal a su tiempo y a su obra, pero no por convenciones, por demostrar nada a nadie. Si uno es fiel a su visión, esto sin dudas llegará a otros, invitará a otros a participar de tu visión y sembrará buenas impresiones siempre.

—En materia creativa es cierto, innegable diría yo, que existe el fatalismo geográfico. El lugar donde nacemos nos define y, muchas veces, nos condiciona. ¿De qué manera puede un escritor, con su esfuerzo individual, desterrar este fatalismo o al menos luchar contra él?

—Creo que puede afectarte quizás en cuanto a posibilidades de mostrar tu obra, de acceder a información si naces en un campo muy apartado; por ejemplo, la búsqueda incansable de nuevos horizontes, la aventura, la exploración, son las herramientas fundamentales para crecerse ante cualquier fatalismo, el estudio y la superación de los límites propios y de tu contexto.

—¿Qué opinas de la promoción literaria en Cuba? ¿Y de la autopromoción?

—La promoción literaria en Cuba ha pasado por diversos momentos, unos más felices que otros, pero sin dudas hay un trabajo sostenido. Se han publicado montones de obras de diversos autores, a veces tarde, pero al final salen. También existen eventos como el Festival Internacional de Poesía, concursos o ferias que visibilizan un poco más a los autores. Luego, están además la autogestión y el camino que uno mismo logre labrarse: publicar fuera de Cuba puede servir para que otros lectores conozcan lo que se hace aquí, aunque no dé muchas ganancias monetarias. La literatura no va a dar grandes dividendos, pero sí grandes satisfacciones de otras maneras que son también disfrutables. 

—¿La poesía puede considerarse un ejercicio de reflexión sobre lo real?

—¿Y qué es lo real? La poesía puede hurgar en diversos sitios. La realidad es una constante cambiante, efímera y no permanente; la poesía también observa y registra estos movimientos.



Carlos Ernesto Varona: “No tengo límites”

Conocí a Carlos Ernesto Varona Velázquez cuando ambos soñábamos ser guitarristas. Eran aquellos los años de la niñez y la posibilidad. El tiempo ha pasado desde entonces y, como siempre, se ocupó de transformar todo a su paso. Sin embargo, no cambió la certeza de Carlos Ernesto, su amor infinito hacia el instrumento y hacia la música. Lo invito, lo provoco con una pregunta que habla, también, de las memorias que compartimos…

—¿Sientes que tu formación en las escuelas elementales de Arte fue esencial para la conformación del artista que eres hoy?

—Por supuesto. Para mí es un poco contradictorio porque uno tiene muy corta edad cuando comienza a recibir una educación. Sin embargo, ese es, al mismo tiempo, el momento más importante en la formación de un músico.

cortesía del entrevistado

—De esa experiencia, ¿cuál consideras que fue tu aprendizaje mayor?

—Sería injusto decir que solo hubo un gran aprendizaje. En la enseñanza de un artista, los aprendizajes son de diferentes tipos y todos se complementan. Para poder hacer música se necesita tener un bagaje cultural amplio y que te permita canalizar y expresar tus habilidades.

—En la actualidad, ¿cuál es la salud de la Escuela Cubana de Guitarra?

—Considero que es buena: hay muchos jóvenes guitarristas de nuevas generaciones que apuestan y desean mantener el legado de Nicola. Gracias a la información que nos brindan hoy las plataformas digitales se puede estar más al tanto de lo que ocurre a nivel internacional. Así se tiene una retroalimentación en la que se evidencia la importancia mundial que ha tenido nuestra escuela.  

cortesía del entrevistado

—¿La tradición guitarrística clásica en nuestro país se ha visto afectada o modificada por el avance de la música popular, o este avance se ha integrado de forma orgánica y ha resultado en beneficio de lo clásico?

—El sector de la música clásica no tiene tanta demanda del público como solía ser años atrás. Algunos eventos, por tradición, mantienen quizás a ese público que tuvo alguna vez, pero la sociedad actual se aleja mucho de consumir ese tipo de música. Partiendo de esto, te digo que lo clásico no se ha visto afectado por lo popular; se ha integrado para hacer llegar un arte refinado a un público mayoritario que suele consumir otro tipo de música. Esta no es una tendencia actual, siempre se ha incluido en el programa de guitarra clásica, debido a que este es un instrumento que es también muy popular. Un ejemplo de esto es El manisero, de Moisés Simons o Drume Negrita, de Eliseo Grenet, piezas que han sido llevadas al repertorio de la música de concierto. Tuve el placer de interpretar hace poco El Concierto de las Islas, de Rafael Guedes: en el primer movimiento se encuentra una guajira, en el segundo un bolero, y en el tercero un danzón-son.

—¿Cómo enfrentas tu rutina de entrenamiento musical?

—Mi rutina de entrenamiento va enfocada más al aspecto musical, a que la técnica esté en función de la música. Los años como estudiante me ayudaron mucho en la cuestión técnica, pero con el paso del tiempo uno empieza a entender mejor la música y a darle más valor a este aspecto que es el esencial. Luego busco cómo resolver técnicamente para poder respetar así el discurso musical que quiero comunicar.

cortesía del entrevistado

—¿Qué piensas es indispensable en la formación de un joven guitarrista?

—Es indispensable el interés que tenga ese joven por aprender. La guitarra es un instrumento de mucha exigencia porque uno es quien crea el sonido desde y con sus propias manos. No es un instrumento que tenga un mecanismo que ejecute el sonido, como sucede con el piano, donde uno presiona una tecla y hay un mecanismo que es el que percute la cuerda. En la guitarra, ambas manos están en contacto directo con la cuerda, cosa que hace un poco complejo obtener un resultado en un tiempo breve; y constantemente la dificultad va in crescendo a medida que avanzas en repertorio.

—¿Hasta qué punto la pasión por la guitarra es importante en el desarrollo del instrumentista? ¿Qué papel juega la disciplina?

—Como ya te mencioné, la pasión y el interés son fundamentales. Ahora, la disciplina debe existir siempre. Nada se logra si no existe disciplina.

cortesía del entrevistado

—Es una realidad que muchos de nuestros mejores guitarristas históricos no se encuentran en activo como instrumentistas; y buena parte de los que sí se encuentran activos no viven ya en Cuba. ¿Piensas que este es un fenómeno que se puede revertir y que tiene alguna repercusión en la formación de las nuevas generaciones?

—De los guitarristas que no se encuentran activos, sería inapropiado juzgar el porqué de su inactividad: las razones son personales. De los que están activos y no están en Cuba es un orgullo que, habiendo sido formados por la Escuela Cubana de Guitarra, sean los que formen parte ahora mismo de la meca de la guitarra en el mundo.

cortesía del entrevistado

La mayor demanda musical en Cuba, un país tropical y caribeño, siempre va a ser de música popular. Siempre existió un Ernesto Lecuona y un Bola de Nieve, excelentes músicos ambos, pero cada cual en su vertiente. Los tiempos cambian y la música clásica fue la música popular de otros momentos históricos; lo cual hace que en países europeos exista una mayor tradición de lo clásico, debido a que es su cuna natural y es lógico que por esto haya una mayor demanda, lo que a su vez posibilita que la tradición sea más fructífera. No tengo certeza de que se pueda revertir o no este fenómeno en nuestro país, de acuerdo a lo que te he comentado.

Por otro lado, aunque tengamos excelentes guitarristas que, tal como mencionas, ya no están en activo o no viven en cuba, lo cierto es que quedan muy buenos profesores y guitarristas clásicos en las escuelas, y esto tiene una positiva repercusión en la formación de las nuevas generaciones. Además, los guitarristas que viven y trabajan fuera de Cuba regresan a nuestro país e imparten clases magistrales, dan conciertos, por lo cual no se encuentran desconectados de nuestra escuela de guitarra, y pueden ser faro para los jóvenes en formación.  También los nuevos aprendices se nutren de las tecnologías, el internet, las redes sociales y las diversas plataformas que los profesores emplean para subir videos. Por ejemplo, hay algunos en los que se explican —a modo de clase online— los análisis técnico-musicales de las obras clave en la formación de un guitarrista.

—¿Qué piezas prefieres interpretar?

—Las piezas que prefiero interpretar son aquellas con cuyo lenguaje me identifico. No puedo hacer algo con lo cual no me sienta implicado, pues no estaría comunicando nada. En el montaje del repertorio no tengo límites, pero sí escojo a la hora de dar un concierto aquellas obras con las que más me identifico, pues esa identificación es la que le haré llegar al público.

—¿Qué es lo que más aprecias de tu práctica como maestro?

—Ver que mis alumnos crezcan en la música. Y digo en la música porque la guitarra es solo uno de los tantos medios que hay y que expresa esta rama del arte.

—¿Hasta qué punto la competitividad y la emulación sanas son importantes para el desarrollo de un guitarrista?

—La mejor competitividad y emulación que puede existir es con uno mismo. Lo importante es ver cómo se evoluciona y mejora a través del tiempo. El crecimiento profesional de cada persona es diferente e individual. Cada cual tiene su tiempo, pero eso no significa que todos no podamos llegar a una misma meta si se tienen las condiciones necesarias.  

—¿Cómo te insertas en la dinámica de concursos, becas, premios y festivales?

—Cuando era estudiante, los concursos Isaac Nicola se habían eliminado, eran solo festivales. El intercambio junto a guitarristas de tu generación y también de otras generaciones es muy importante, ya que uno se nutre de otras experiencias. No he sido la persona que se destaca más por su frecuente participación en concursos, pero sí hay algo positivo en esto, y es que uno se traza una meta a corto plazo, lo cual te ayuda a la superación como músico. Veo el concurso no como la búsqueda de un reconocimiento. Si el reconocimiento llega, eso es bueno, pero lo más valioso está en disfrutar y aprender del proceso.

cortesía del entrevistado

—¿Quiénes son tus referentes de instrumentistas clásicos?

—La lista sería interminable. Aprendo de todos, no solo de los que dominan la guitarra. Uno no puede limitarse al instrumento que toca, la música es más grande que un solo instrumento.

—No siempre el talento es suficiente para que un instrumentista triunfe, ¿cuáles serían los otros factores?

—Ya hemos hablado en preguntas anteriores de la importancia de la motivación y la disciplina. También influye la perseverancia y la capacidad de estar abierto a aprender continuamente, desarrollar tus competencias y hacer surgir otras nuevas, aumentar el conocimiento en todo sentido. Otra cuestión es estar interesado en promocionar tu arte y hacerse ver por un público más amplio en los medios de comunicación existentes.

—¿Sientes que hay suficiente presencia de artistas jóvenes cubanos en el panorama mundial? ¿Cómo sucede en el caso de los guitarristas?

—Sí, realmente la juventud cubana se impone en la música del mundo, y en el caso de los guitarristas sucede también. Vemos cómo hay músicos de formación clásica que se insertan en proyectos nuevos de música popular, en los que la guitarra forma parte indispensable, y estos artistas lo hacen con una calidad admirable.

—¿Cuál es el principal desafío al estrenar una obra o enfrentarte por primera vez a una pieza? ¿Surgen en ese momento dudas o certezas, o una mezcla de ambas cosas?

—Lo más difícil es enfrentar una obra que no se haya ejecutado antes, o sea, un estreno mundial. Al no existir un precedente de ejecución, uno va a ser quien marcará una pauta en ese sentido. Yo he tenido el placer de interpretar e incluso grabar estrenos mundiales. El día de mañana —no importa si se trata de otros músicos que ejecuten la pieza o sea yo mismo el que vuelva a la partitura— se podrá otorgar una nueva perspectiva a esas obras que estrené, para así descubrir aristas diversas, pero ya teniendo un punto de partida.

—¿Qué se puede aprender de la observación crítica que la práctica no ofrece?

—La práctica es el criterio de la verdad… y la música no es teoría, sino un ejercicio práctico, pero debe existir una guía que vaya más allá de lo teórico. O sea, la teoría puede dar una explicación a la práctica, pero no aporta a la práctica en tanto el aprendiz no asimile el conocimiento teórico. Por tanto, es importante siempre que esa observación crítica llegue con la ayuda de un maestro o un tutor, el cual ya haya interiorizado previamente el enfoque teórico. Pero en general, la observación crítica musical siempre va a producirse desde un punto de partida, y ese punto es la práctica.

cortesía del entrevistado

—Durante los años 2015 y 2019 fuiste guitarrista de la Compañía Lizt Alfonso Dance Cuba. Esta experiencia, ¿qué aportó a tu carrera individual? ¿De  qué manera sientes que tu mirada como músico se vio modificada por la intervención y presencia de otras artes?

—El flamenco es un estilo folclórico foráneo que tenemos cerca gracias a las influencias españolas en el arte cubano, pero a la misma vez no es algo que uno aprenda en la academia. La Compañía Lizt Alfonso va más allá de la guitarra, que es en lo que principalmente tuve que enfocarme: esta nueva práctica me costó mucho trabajo. Esos años constituyeron un ejercicio de superación musical para mí y, además, adquirí un sentido del espectáculo en general; o sea, aprendí a no ver los elementos por separado sino el funcionamiento como sistema: un engranaje perfecto donde los bailarines, los músicos, la producción, todos están en función de un mismo objetivo. El resultado final como un todo es lo que le llega al público. En este caso, la música está en función del baile y al mismo tiempo el baile está en función de la música, lo que crea una sinergia escénica que es el espectáculo que disfrutamos.

—Junto a tu pareja, la cantautora Paloma Henríquez, fundaste el Dúo Nu9ve, ¿la vida personal y la música colisionan y se fusionan en este proyecto?

—Realmente no es una colisión sino más bien una fusión de dos personas, de dos experiencias de vida diferentes. Esa manera de ver la vida es la que unimos en un proyecto a través de la música, donde se mezclan las melodías y letras de Paloma con las armonizaciones y arreglos míos. Buscamos una homogeneidad en el discurso artístico.

cortesía del entrevistado

—¿Qué nuevos paradigmas de creación ha develado para ti?

—No puedo estar distante de lo que pasa en la música actualmente y vamos a decir que estamos permeados por los usos cotidianos de las tecnologías. Es un reto integrar las nuevas tecnologías, como por ejemplo el live looping, en lo que es el lenguaje musical de Nu9ve, pero siempre persiguiendo un lenguaje asequible para la audiencia, un lenguaje que puede ir desde canciones muy trovadorescas hasta algunas tendencias más alternativas actuales.



Pablo Alejandro Suárez Marrero: «Vuelvo a mis orígenes»

Recuerdo con nostalgia aquellos tiempos de la infancia en que Pablo Alejandro Suárez Marrero y yo jugábamos en los jardines de la Escuela Elemental de Música Alejandro García Caturla. Nos unía no solo la amistad, sino igual pasión por el mundo de la literatura y el arte. Los años han pasado y la amistad ha adquirido nuevas formas, más hermosas y pulidas gracias a las memorias que compartimos. Pablo es un excelente flautista, profesor e investigador. Su creación posee todas las esencias de Cuba, esencias que Pablo mismo reconoce mestizas. Esta entrevista es nuestro viaje de regreso a la infancia y mi deuda personal con un amigo al que hecho mucho de menos.

Como artista e investigador interdisciplinario, ¿sientes que el arte, en sus diversas manifestaciones, se encuentra enraizado en la naturaleza del ser que eres?

Desde hace un tiempo pienso que el arte es una forma particular de producción subjetiva, por lo que creo que es parte sustantiva de mi ser y uno de los determinantes de mi existencia. A su vez, también considero que es sustancial al quehacer diario de cada uno de los seres humanos, con mayor o menor función estética. Esa noción de arte es una de las diferencias sustanciales entre nosotros, los demás seres vivos y la naturaleza toda. Soy artista, y creo que es una de las pocas cosas que jamás podré dejar de ser.

¿Piensas que el rigor investigativo es variable o débil entre los miembros de nuestra generación?

Esta es una pregunta difícil. Creo que, entre los miembros de nuestra generación, el rigor investigativo es variable y tiende a la baja. Lamentablemente aún existen juicios de valor negativos hacia la investigación de/para/desde el arte. Muchas veces me encuentro con instrumentistas, compositores, directores de orquesta e ingenieros de sonido que durante sus formaciones profesionales no cursaron materias relacionadas con la investigación musical. Ello, a la larga, demerita su quehacer diario, que se vería enriquecido con la aplicación de métodos, técnicas y herramientas propias del quehacer científico. Ambos saberes, lo teórico y lo práctico, no deberían estar divorciados, pues ambos forman parte de los procesos creativos. Existe una intención de revertir esa realidad desde la Universidad de las Artes (ISA), ojalá se concrete, para que el rigor investigativo no sea privativo de perfiles terminales como musicología, teatrología y danzología.

Tus horizontes creativos han asumido nuevos márgenes simbólicos, geográficos y de pensamiento, ¿cuáles son las rutas en las que hoy en día te encaminas?

cortesía del entrevistado

Sin dudas vuelvo a mi origen. Como sabes, soy matancero y mestizo,  condiciones que asumo como altos valores. Tuve la suerte y fortuna de coincidir contigo y otros jóvenes creadores actuales en el conservatorio Alejandro García Caturla y después en la Escuela Nacional de Música, así como tuve de colofón para mi formación profesional cubana el Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana. Posteriormente, vine a México a estudiar la Maestría en Artes en la Universidad de Guanajuato como becario del Consejo Nacional de Ciencia y Técnica de este país. Esto me posibilitó abrir un horizonte de expectativas hacia expresiones culturales diversas.

No solo enfrentarme a las diferencias de una nueva realidad, sino a la posibilidad de construir una carrera personal y profesional desde un punto inicial. En Cuba hacía muchísimas cosas al día, fundamentalmente labores de docencia, investigación, gestión e interpretación del patrimonio musical. Actualmente lo sigo haciendo, pues ya sabes que disfruto hacer lo que hago; por lo que “le echo ganas”, como dicen por acá.

Sabrás que mis rutas son diversas pero convergentes: estudio el Doctorado en Artes en la misma universidad mexicana que me acogió como estudiante de posgrado y que me ha dado la posibilidad de integrarme al claustro docente de su departamento de Música y Artes Escénicas como profesor a tiempo parcial. A la misma vez, desde hace un año también imparto clases en la Escuela de Música de León, en otra ciudad del mismo estado, lo que me hace disfrutar la posibilidad de viajar. Desde mediados del 2018 funjo como coordinador-redactor principal en El Filarmónico, y he estado colaborando como flautista en diferentes agrupaciones de música de cámara y sinfónica.

Como redactor principal de El Filarmónico, un espacio virtual para reflexionar sobre la escena musical actual, ¿hasta qué punto sientes que la crítica establece un precedente artístico a seguir? ¿Cómo se puede combatir, desde la creación, el mal gusto y la banalidad creativa?

El Filarmónico surge en el 2018 como una inquietud de reflexionar sobre la escena musical actual. Entendemos que es necesario documentar el quehacer musical de hoy para que sea estudiado con posterioridad, teniendo en cuenta las distancias históricas. Y esto yo no lo encontraba ni en la prensa, ni en los sitios web del ámbito cultural. Lo que nació como proyecto personal ha crecido mucho en apenas dos años, ahorita es una plataforma de información, comentarios y artículos sobre música con un sitio web y presencia en las redes sociales,  en la que se vinculan publicaciones especializadas con acciones de investigación y gestión de eventos académicos. Para ello, se cuenta con un equipo de trabajo en el que convergen profesionales de la cultura, la música y el marketing digital, así como un número variable de estudiantes de programas especializados en la práctica musical. 

A pesar de que estos alumnos cursan la materia de Crítica Musical, ven en ello pocas posibilidades laborales, pues no existe el medio especializado para ese ejercicio profesional. A pesar de que la crítica puede sentar precedentes artísticos, también ha estado en crisis durante demasiadas décadas, diría yo; por lo que su alcance y prestigio profesional es poco o casi nulo. Casi siempre les digo a los alumnos que desean hacer sus prácticas en El Filarmónico, que la crítica musical debería estar enfocada a la creación y educación de públicos en una primera instancia; pero de escuchas conscientes con herramientas operativas, que les permitan cuestionar con respeto los diferentes gustos musicales y asumir como propias aquellas expresiones que les sean afines. 

En la producción del pensamiento simbólico de la nación llamada arte, de la cual todos los creadores somos habitantes, ¿cuáles crees son los necesarios cambios, accidentes o evoluciones que necesitamos llevar a cabo?

cortesía del entrevistado

Fíjate que desde la segunda mitad del siglo XX se han estado produciendo cambios y accidentes en el pensamiento simbólico sobre el arte, de los cuales no hemos sido totalmente conscientes ni partícipes. Como todo proceso histórico, toma tiempo que se afiance en la sociedad, se acepten sus aportes y se desestimen aquellos aspectos que no se adecuan a realidades diferentes de las que germinaron.

Entre otros quisiera hacer énfasis en cuatro cambios provenientes de las ciencias sociales y humanísticas que impactaron y aún producen quehaceres en las artes: el giro lingüístico y su influencia en el análisis de la historia; el giro performativo y el entendimiento de lo teatral en el quehacer social; el giro decolonial y sus planteamientos culturales sobre las relaciones de poder; así como el giro sensorial y el creciente cambio de estudio sobre el ser humano como ser sensapiente. Entonces, en paráfrasis de nuestro sabio Fernando Ortiz: conocer para pensar, pensar para hacer y hacer para cambiar.

Lo interesante de todo ello es que Cuba ha sido vanguardia en dos de estos “accidentes”: el giro lingüístico y la influencia de los Anales franceses en la Escuela de Historia de la Universidad de La Habana; así como el giro decolonial con la publicación de Música y descolonización (1982), de Leonardo Acosta.

Tus áreas de interés investigativo y creador abarcan la interpretación crítica de las relaciones entre música y humor en la escena popular, los estudios de performance y la etnomusicología en América Latina, el Caribe y Cuba. ¿Consideras que el arte es un inmenso corpus en el que se entroncan las diversas manifestaciones, y que es posible la pretensión de analizarlo como un todo, o apuestas por una investigación que vaya a lo particular, al fenómeno en sí?

En síntesis, creo que el arte es un inmerso reflective corpus que se expresa en lenguajes artísticos particulares, pero cuya mayor riqueza radica en las relaciones y redes que tejen ese todo expresivo. A la hora de analizarlo, por cuestiones operativas y limitaciones propias, apuesto por objetos de estudio con limitaciones tempo-espaciales; pero siempre intento agotar su multidimensionalidad y entender las relaciones con un todo mayor.

La escena popular ha sido el espacio donde se expresan los músico-humoristas que estudio, los estudios de performance me han servido como herramienta interdisciplinaria para abordar sus creaciones y la etnomusicología como soporte disciplinar normado. Las relaciones entre estos sintagmas que, en apariencias, parecieran dispersos, me han llevado a un abordaje transdisciplinar y a una superación constante de mis propios límites epistémicos.

La música, el humor y la crítica social han sido objeto de tus análisis en no pocas publicaciones, ¿de qué manera sientes que la risa, la que provoca la sonrisa amarga o agridulce, la crítica que se sostiene en un discurso autónomo, puede provocar microcambios estructurales en el pensamiento de una nación o de una comunidad?

Por nuestra condición histórica de trashumantes, la personalidad del ser latinoamericano es generalmente porosa y permeable. Ello hace que la risa altisonante y agridulce, propiciada desde el humor musical, sea uno de los factores que nos permitan adecuarnos al entorno social cada vez más cambiante. En un contexto de [g]localización cultural creciente, la risa cumple una doble función social: como válvula de escape y como crítica a las dolencias de los pueblos. En ese sentido dialéctico y a nivel microsocial, la risa puede provocar cambios estructurales en el pensamiento o reproducir patrones de conductas estructuradas en sociedad. Pues el que ríe provocado por un humor inteligente, casi siempre cuestiona a su realidad, no solo como partícipe del chiste. Entonces puede convertirse en un agente social para el cambio, siempre interpelado por la risa como resiliencia y capacidad de adaptación al medio.

Entonces coincides en que desde el humor se han hecho, históricamente, las críticas más descarnadas hacia la realidad social que nos ha tocado vivir…

El humor muy pocas veces se ha tomado en serio, realidad que han vivido los humoristas en sus más variados lenguajes artísticos y, por extensión, los que nos dedicamos a estudiarlo desde la academia. En pocos países, como Cuba, España y el Reino Unido, se les ha dado un espacio institucional y un marco propicio para su desarrollo. Sin embargo, no es suficiente lo hecho, se sigue perpetuando la idea del humor como arte liminal. Esa situación contextual hace que el humor, como expresión humana, sea crítico, ácido, duro hacia una realidad social que lo margina.

Desde el punto de vista artístico, considero que ahí radica su riqueza creativa y debilidad: el reinventarse en un contexto que lo quiere poco o nada. Riqueza porque, cada un tiempo relativamente corto, los humoristas crean nuevos recursos discursivos que los ayudan a mantenerse en un medio agreste. Debilidad, pues es muy difícil que las expresiones humorísticas sean perecederas, a no ser que sean documentos; de ahí la importancia de un quehacer académico. Recordemos que no pocos humoristas han muerto por hacer reír al público, fundamentalmente a ese sector radicalizado e intolerante con la diversidad expresiva.

¿Hasta qué punto la intertextualidad en el humor nos permite una revisitación de la historia?

cortesía del entrevistado

Las cosas de la vida: en un primer momento llegué a los estudios del humor por querer buscar la historia de vida de mi abuela materna. Ella, profesora de Teoría de la música —que creo tuviste la oportunidad de conocer— me hablaba de su juventud y de las puestas en escena del Conjunto Nacional de Espectáculos en el Teatro Karl Marx de La Habana, fundamentalmente del Génesis según Virulo y de La esclava contra el árabe. Realmente, yo me reía de sus anécdotas y cuentos, así como simpatizaba con las canciones hilarantes que ella intentaba reproducir desde su memoria. En un segundo momento, durante una estancia académica que realicé en México, el profesor que me acogió me habló de Alejandro García (Virulo), me puso a escuchar su discografía y enriqueció cada tarde de ese verano del 2015 con apreciaciones músico-contextuales del cubano.

Te hago estas dos anécdotas porque el humor fue mi ventana abierta a descubrir el pasado reciente de nuestra historia y música nacionales, una relatoría que yo solo conocía de forma parcial y que se vio alimentada por las vivencias de receptores históricos de dentro y fuera de la Isla. Ya planteado el marco contextual y asumido el humor como objeto de estudio viable, empiezo a escudriñar en los mecanismos creativos de este cantautor cubano, fundador del Movimiento de la Nueva Trova, miembro y posterior director del Conjunto, y fundador de lo que después sería el Centro Promotor del Humor. Una de sus principales herramientas es la intertextualidad, y aquello me pareció un dèjá vu; volví a vivir una y otra vez lo que ya me había sucedido en mi propia experiencia, yo tenía una apropiación intertextual de su cancionística, que a su vez es también intertextual.

Entonces sí, el humor permite revisitar la historia cuantas veces sea necesario; ya sea porque el humorista adecua su performance a los diferentes escenarios y contextos sociales, o porque los espectadores nos apropiamos del mismo performance en diferentes momentos de la vida. Ambos, creador y público, continuamente resignificamos nuestras relaciones con el humor de múltiples formas, pero expresamente intertextual.

Tu formación primigenia como flautista, ¿hasta qué punto sigue hoy presente en tu vida creativa y cómo se entronca con tus actuales objetos de estudio?

Sin dudas, no sería lo que soy sin haber estudiado flauta, y debo asumirla como una cuasi iniciación dionisiaca al pensamiento musical. Como intérprete, en Cuba tuve la oportunidad de colaborar con conjuntos de cámara y con la Orquesta Sinfónica Nacional, en una o dos ocasiones. Mientras que en México fundamentalmente me he desenvuelto en la música de cámara, y ya ahorita, como integrante del Guanajuato Flute Studio y como flautista invitado por la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato.

Esta variada experiencia como intérprete me llevó a cuestionarme lo que soy como persona, y entender que soy flautista, mientras que la docencia e investigación han sido caminos oportunos y, si quisiéramos, estables para insertarme en la sociedad profesional.

Claro está, las relaciones entre los tres ámbitos me han conducido a replantear la interpretación de nuevos repertorios, estrenar obras de jóvenes compositores que no me hubiera atrevido a realizar en otro momento, y me han ayudado a entenderme como performer, con las implicaciones que ello conlleva en el diario. A su vez, estudiar el humor me permite entender las ironías, parodias y sarcasmos que conforman nuestras realidades.

cortesía del entrevistado

Esta pregunta es quizás la más personal de todas, y por eso la he reservado para el final de la entrevista. Yo recuerdo muy bien al niño que fuiste y veo con orgullo (e inmensa alegría) los caminos que has transitado. Esa pasión primigenia por el arte que nació en las aulas de la Escuela Elemental de Música Alejandro García Caturla, ¿sientes que fungió como un hilo conector en tu vida creativa?, ¿qué recuerdos perdurables te has llevado de esa experiencia?

“Caturla”, como siempre le llamamos por vagancia léxica, fue el detonante de una personalidad inquieta, creativamente hablando, y diferente. Participar de los talleres literarios de la profe Ana Luz de Armas me inició en los placeres de la escritura y me dio la posibilidad de compartir con creadores de mi generación que aprecio y valoro, entre los cuales estás tú en primer plano.

Pero, sobre todo, estudiar en el Conservatorio, después en la ENA y luego en San Gerónimo me inculcaron el tesón de hacer lo que me gusta por sobre todas las cosas: luchar por ver una obra musical terminada, una escala melódica lo mejor tocada posible, un ensayo académico publicado en alguna revista y la satisfacción de que los estudiantes entiendan el poco conocimiento que puedo trasmitirles en mis clases.

Experiencias hay bastantes [y unas lagrimitas también], pero los recuerdos pasan por tocar mucha música y disfrutar cada momento con amigos; personas que se han quedado para toda la vida y que, al vernos en una guagua, en la cola del Coppelia o simplemente encontrarnos de casualidad en alguna de las calles habaneras, nos sigamos saludando como si los años no hubieran pasado: nos ponemos al día con pocas palabras, y yo siento que nos relacionan algo más que espacios geográficos y lugares comunes.



Nunca he intentado romper moldes

No he tenido la oportunidad de conocerlo a profundidad. Me refiero a ese encuentro, provocado o al azar, que en ocasiones nos coloca a los escritores en un mismo punto del tiempo y el espacio, y que permite ciertas formas de interacción. Sin embargo, creo que he llegado a descubrir un poco de las esencias de Alexy Dumenigo Águila a través de sus obras y de las impresiones que estas han causado en mí. Quizás esta sea la mejor forma en que un escritor alcanza a conocer a otro.

¿Te consideras un narrador estrictamente de ciencia ficción o uno que hibrida en sus textos diversos géneros? ¿O eres de los que cree que la literatura no ha de dividirse en géneros, sino en categorías y jerarquías de calidad?

cortesía del entrevistado

Me gusta la ciencia ficción por las posibilidades que ofrece para contar, pero no me limito a un género. A veces escribo fantasía o relatos puramente realistas. No los clasifico hasta luego de terminar. De ahí que me resulte imposible etiquetarme como autor de ciencia ficción, ni mucho menos decir que hibrido géneros.

Trabajo con ideas y recursos narrativos, al menos en la parte consciente de la escritura. Siempre queda un porciento del texto que no sabría decir de dónde salió. En la parte que sí controlo del proceso, me gusta tomar de aquí y de allá. Intento no pensar en términos de género. Los géneros son útiles para que el público encuentre cierto tipo de libro o para que los académicos y críticos puedan organizar su discurso; pero también tienen el efecto de que, como ocurre con la ciencia ficción y la fantasía, obras muy diferentes entre sí van a caer en el mismo saco, para bien o para mal. Ahí no valen tampoco las jerarquías de calidad. Tienden a confundirse con gustos y prejuicios. Personalmente, dedico mucho tiempo a pensar en el dilema de los géneros y a veces me digo, “escribiré un cuento dentro de este género”, porque ayuda tener un punto de partida, pero luego voy adonde me lleve la historia.

¿Qué opinión te merece la literatura de ciencia ficción joven que existe hoy en día en nuestro país? ¿Cuál es un principal hándicap?

Creo que hoy los autores están mucho más informados de lo que estaban hace una década. Se trata de una ciencia ficción escrita por nativos digitales, en un mundo interconectado. Los referentes actuales pueden llegar de lugares como China o Nigeria, que antes no figuraban en nuestro mapa de la ciencia ficción. El abanico de temas y estéticas se ha ampliado mucho.

¿Hándicap? Muchos de los textos que leo de autores contemporáneos están salpicados de referencias y tópicos ya abordados en sagas literarias exitosas, series de televisión, películas, etcétera. Raras veces la mezcla se produce de forma orgánica. Parece que la ciencia ficción cubana está todavía en proceso de asimilar todas esas influencias externas. Como amante de las buenas historias, me preocupa que los argumentos se subordinen al afán especulativo y a las referencias.

¿Cuáles son los temas o asuntos que te preocupan a la hora de escribir y cómo transcurre tu proceso creativo?

Me gusta probar suerte con los tópicos de la ciencia ficción. Mis argumentos son muy diferentes entre sí. Lo mismo me pasa con otros géneros. Solo encuentro un elemento en común: el individuo. Suena demasiado vago y general pero, analizando mis cuentos y la forma en que se desarrollan, veo que el foco de atención siempre está en el mundo interior de los personajes. Mientras más imperfectos y vulnerables, mejor.

 Por raro que suene, dedico la mayor parte de mi tiempo libre a complicar la vida de personas imaginarias. En ese sentido, la ciencia ficción me ofrece un arsenal de situaciones desagradables o extrañas que puedo dejarles en el camino. Trato de no extenderme en la descripción de sociedades o tecnologías, aunque me divierta hacer lo que llamamos worldbuilding (construcción de mundos).

Casi todos mis relatos están entrelazados con el punto de vista de los protagonistas, a tal punto que un noventa por ciento de las ideas que vienen a mi cabeza acaban desechadas porque no encuentro a los personajes adecuados. Cuando aparecen los personajes ya hay conflicto, y entonces el cuento se escribe solo… lo cual es un sentido figurado, porque bastante que me cuesta. Escribo lento, a lápiz, y tengo la mala costumbre de corregir a cada rato. Ese es mi proceso creativo y no se lo recomendaría a nadie. Los horarios y la cantidad de revisiones varía con cada cuento. Y suelo reescribir mucho.

¿Es importante que los jóvenes creadores tengan referentes de las generaciones anteriores?, ¿o piensas que es preciso que los jóvenes rompan con moldes anteriores y que solo se miren en el espejo de sus contemporáneos?

Nunca he intentado romper moldes. Mis preocupaciones suelen ser mucho más inmediatas. Trato de no hacer comparaciones. Una amiga escritora me ha calificado de “arqueólogo literario” porque paso más tiempo leyendo novelas del siglo XIX que poniéndome al día con el panorama literario cubano. Desde que abandoné la condición de inédito, intento llenar ese vacío cultural, porque hay que tener de qué conversar en los eventos y ferias del libro.

Lo cierto es que leo principalmente por placer y curiosidad. Cualquier comparación de mi obra con la de mis contemporáneos me parece un acto mezquino. Cualquier comparación con los clásicos puede ser fatal para mi autoestima.

Conversemos un poco sobre el debate de si existe el fantástico o la ciencia ficción netamente cubanos, entendiendo que esa categoría no incluye la condición nativa de aquellos que escriben sino la elección de figuras, temas, leyendas, mitos, religiones, etc. propias de nuestra región geográfica. ¿Este es un riesgo que nos puede conducir a una escritura localista o constituye un paso adelante en cuanto a la idea de formar un corpus creativo de raíz nacional?

Pienso que la cultura cubana es mucho más universal y compleja de lo que parece a simple vista. Siempre se agradecen las historias fantásticas que reflejan nuestra identidad, pero se corre el riesgo de mostrar una visión caricaturesca de lo que significa ser cubano. Por atractivo que resulte un corpus creativo de estas características, no debería otorgársele más valor del que tiene ni debería limitar la elección de argumentos por parte de los autores.

Como escritor cubano, puedo escribir historias que se desarrollen en Nueva York o Japón, incluso con situaciones que parecen sacada de un cómic norteamericano, y siempre habrá algo de cubanía en el modo de representar esos rasgos culturales foráneos.

Los grupos literarios, ¿beneficiosos o negativos para un escritor?

Si algo hemos aprendido durante la pandemia del coronavirus es que, por mucho que la sociedad nos corrompa, el aislamiento no nos hace ningún favor. Eso aplica también a la formación de los escritores. El Centro Onelio, el Taller Espacio Abierto y el taller literario de la UCI han sido claves en mi aprendizaje y no sé qué rumbo hubiera tomado mi escritura sin ellos. Posiblemente no hubiera pasado de ser un hobby.

Mi experiencia personal en estos grupos puedo calificarla como positiva. Es verdad que se corren riesgos. Puede ser difícil para un autor formarse un criterio propio bajo la influencia de un grupo. Siempre hay una parte de nosotros que quiere agradar, que busca ser aceptada y disolverse en la multitud. Depende de hasta qué punto el escritor consiga mantener su individualidad. Pero no hay duda de que se aprende. De lo bueno y de lo malo.

Háblame un poco de tu libro Izokumi, Premio Calendario de Ciencia Ficción en el 2019.

cortesía del entrevistado

Izokumi es el último de cuatro cuentos que conforman el libro. Y los cuentos no guardan relación entre sí. Así que es difícil explicarlo como un todo, aunque por lo general mis presentadores se las arreglan para definirlo mejor que yo (aquí pondría un enlace a la reseña de Abel Guelmes que está en el blog de Espacio Abierto).

La colección inicia con Edén, una reescritura de un cuento de Edgar Allan Poe en clave de ópera espacial. Luego viene el cuento más largo de todos, Tiempos convulsos, donde me di el gusto de contar una historia de intriga y espionaje en un 1962 alternativo, donde la Crisis de los Misiles toma un nuevo giro.

Hostal 51 es un cuento que escribí y reescribí varias veces sin parar de reirme de mis propios chistes. Lo mejor es que a otros también les ha hecho gracia. Trata de un hostal que alquila a extraterrestres en la Cuba de hoy, o al menos la Cuba de hace unos meses.

Izokumi es una historia sobre universos paralelos y el bombardeo nuclear a Nagasaki, en 1945, y es mi cuento favorito del libro. El hilo que conecta las narraciones, si hay alguno, podría ser el tratamiento de los personajes y su manera de afrontar la adversidad, pero ese es el tipo de explicación que los autores nos inventamos sobre la marcha. Si alguien me dice a la cara que son solo cuatro cuentos que reuní para ganar un concurso, posiblemente no se me ocurra nada que contestar.

Leí con curiosidad, y hasta con un poco de sorpresa, que de los tres jurados que concedieron dicho premio, solo uno estaba vinculado directamente al mundo de la ciencia ficción y la fantasía. ¿Es positivo que nuevos jurados, provenientes de la literatura mainstream, valoren las obras que se enfocan en el género fantástico? ¿Se corre un riesgo o se amplía un espectro de referencias?

A menudo se oye decir que la literatura de género no es tomada en serio ni por la crítica ni por otros escritores. En ese sentido, la inclusión de autores ajenos al género, pero de vasta trayectoria y autoridad en el mainstream, permite que exista ese acercamiento tan deseado.

Me gusta pensar que esos jurados pueden expandir sus horizontes y su comprensión de la literatura popular, al mismo tiempo que aportan un punto de vista estrictamente literario. Lo ideal sería mantener un equilibrio en la mesa donde se valoran de los manuscritos, pero con un número impar se hace difícil. De hecho, la contradicción entre la calidad literaria y el carácter especulativo es inherente a este tipo de obra. Incluso si hubiera un único jurado, la elección siempre va a ser complicada, por eso los veredictos del Premio Calendario de Ciencia Ficción siempre están sujetos a polémica.

Es difícil encontrar libros perfectamente balanceados. Sin embargo, un buen libro de ciencia ficción debería ser capaz de convencer incluso a los lectores más novatos. La literatura de género muchas veces tiende a aislarse dentro de sus propios límites y creo que ese es el mayor riesgo.

¿Hay variedad estética y estilística en los textos de los escritores de ciencia ficción de nuestro país o se repiten las maneras de contar?

Siempre hay algo de imitación, sobre todo cuando se trata de autores que dan los primeros pasos en la escritura. Es normal. A medida que estos escritores ganan experiencia, se puede notar un estilo y una estética particular. No creo que haya dos autores cubanos de ciencia ficción que escriban igual. Todos tienen sus inquietudes y sus maneras.

¿Hasta qué punto crees que la reciente conectividad de nuestro país con mundo de la media enriquece los márgenes culturales de los escritores?

Es difícil estimar hasta qué punto. Son muchas las bondades del Internet y sus desafíos. Tengo cerca de 10 GB en videocursos de escritura y libros de teoría narrativa que no podré estudiar ni viviendo mil años, por no hablar de la cantidad de ficción que tengo al alcance de un click. Es casi desesperante. Antes, las opciones eran más reducidas y había más tiempo para procesar las experiencias. Ahora, lo que se gana en amplitud e inmediatez, se pierde en intensidad. Y los horizontes de los lectores se amplían también, o al menos su acceso a la información. Eso influye mucho en la forma de escribir, porque se lee distinto.

También, debido a la escasez de vías para promocionar y comercializar las obras literarias dentro del país, Internet es para muchos el camino más rápido y directo hacia una carrera literaria. Es muy popular la idea del escritor/divulgador/influencer, todo en uno. Los autores son mucho más conscientes del medio en que se distribuye su obra y pueden recibir retroalimentación. Parece que la literatura va dejando de ser un oficio solitario.

En mi experiencia personal, la conectividad puede ser también un enemigo de la productividad. Pero es uno de los riesgos que debemos correr. Habrá que adaptarse, porque el Internet no se irá a ninguna parte.

¿Cómo definirías tu propio estilo?

Siempre tengo en mente una frase de Hemingway cuando pienso en el estilo. Decía, más o menos, que son aquellos errores que se repiten en la obra de un autor mientras este trata de crearse un estilo. Yo ni siquiera busco definirlo. Otras personas lo han descrito como sencillo y directo. Mis cuentos están llenos de imperfecciones que se repiten, también de obsesiones que se manifiestan en la forma y el contenido. Arranco con la frase que me parece más esclarecedora y, como nunca me gustó la gramática, voy hasta el final intentando no tropezar con los adjetivos, los advervios o las oraciones subordinadas. Trato, en general, de no complicar las cosas, incluso cuando las ideas que manejo puedan ser excéntricas.



Mundos insospechables que invitan

Idán Luis Ferrán ha mapeado la ciudad de sus experiencias, la ciudad de sus memorias. En la composición abstracta de la poesía —las calles del recuerdo— construye mundos insospechables que invitan. Esta entrevista busca un acercamiento con este joven creador ariguanabense que confía en que el arte es, sin dudas, materia trascendente.

¿Cómo llegas al mundo de las artes visuales?

Desde niño siempre tuve una marcada inclinación por dibujar, por llevar casi siempre un pedacito de creyón en la mano, decía mi madre. Vigilaba sigiloso para no ser atrapado mientras garabateaba alguna pared que encontraba. Tenía una afición casi inconsciente por los murales. No corrí con la suerte de beber directamente del arte visual o del arte en general; crecí lejos de esos caminos y, por alguna extraña razón, cuando cumplí 16 años, ingresé a lo que fue una excelente escuelita de arte en mi localidad llamada «Eduardo Abela». A partir de ahí, empecé a encontrar la paz y a viajar finalmente por el sendero más indicado para mí, pues creo que no pudiera haber sido otra cosa en esta vida.

cortesía del entrevistado

¿Cómo defines la poética de tu visualidad?

Esta pregunta en particular está relacionada con el proceso de mi trabajo. Sería bueno saber de antemano que mi definición de la realidad esta inherentemente vinculada a mi visión como artista: la poética viene a mí horas antes de pintar algún cuadro. En este método que desarrollo conviven la subjetividad y el propio destino de la obra. Decía Cortázar: «La obra ya está hecha antes de hacerla», y en mi caso necesito inspiraciones que confluyen entre la familia, los amigos, gentes y lugares que me son importantes. Ahora, creo que el pintor también pinta lo que quiere ver, lo que desea apreciar después de limpiarse las manos manchadas, porque en su búsqueda visual no encuentra lo que anhela contemplar más tarde en lo real, en lo vivo o muerto que le rodea. Yo defino la poética de mi visualidad como algo enérgico, como mundos insospechables que invitan.

En tu producción, ¿cómo se entroncan la investigación y el proceso creativo?

La investigación es mi vida. No puedo acostarme a dormir sabiendo que necesito investigar algo, tengo la maldita —o bendita— manía del bichito inquieto, “sabelotodo”. Esto inevitablemente se relaciona con el proceso creativo, existe el entroncamiento entre los dos en el punto en que surge el milagro: la idea. Como dije antes, todos los procesos e investigaciones que necesito para hacer una obra vienen casi siempre tomados de la mano. Uno me dice qué hacer con el otro. Son como los estudios previos que hace cualquier escritor que arruga un trozo de papel y se dispone a ordeñar otro tintero. Ya después vienen los bocetos, las restauraciones de ideas, las reinversiones, los cambios, los rescates y los accidentes.

cortesía del entrevistado

Tu experiencia como artista, ¿cuánto te ha aportado a la hora de ejercer como maestro de niños y adolescentes en el Proyecto Cultural Casa Miqueli, en San Antonio de los Baños?

Tuve la oportunidad —más que eso, la dicha— de conocer a Raúl Bonachea Miqueli, director, fundador y promotor principal de este magnífico y ansiado centro artístico multidisciplinario para niños y adolescentes. Recuerdo que cuando no sabía pronunciar bien su nombre me hizo saber, por intermedio de un amigo en común, la idea de fundar este proyecto. Hacía ya algún tiempo que yo había impartido de manera muy conservadora un taller de pintura para niños en la ciudad, con fines de proyecto comunitario.

Desde ese entonces surgió en mí cierta vocación por el magisterio dirigido especialmente a los niños. De alguna forma aquella experiencia me marcó, y finalmente me he reencontrado otra vez como profesor del taller de pintura de la Academia Casa Miqueli de San Antonio de los Baños.

El aporte ha sido tanto que creo no hay mejor regalo. No paro de aprender, de tal forma que planifico una clase para enseñarles los colores primarios, secundarios y complementarios, y termino aprendiendo de los niños. Ellos tienen esa capacidad de enseñarle a uno, incluso sin planificarlo. El premio es que se descubren cosas que quedan para toda la vida y yo, como «el profe», tomo nota, y formo parte de ese hermoso y longevo sentimiento.

¿Asumes la abstracción como una forma de reflejar los mapas visuales de tus experiencias o como un lenguaje de posibilidades ilimitadas?

La asumo de las dos formas, y que la primera pregunta sería el pretexto para seleccionar la manera en que se dice, el famoso cómo. Sin duda alguna hay posibilidades ilimitadas en la creación de mis cuadros abstractos, el solo hecho de que escoja este lenguaje para manifestarme y comunicarme, extralimita toda frontera y a la vez vence a la censura.

La abstracción es uno de los mejores derroteros para decir, sin olvidar que —detrás de todo esto que explico— también subyace una expresión exacerbada del individuo a partir de su propia validación: puedo reflejar no solo mapas o planos urbanísticos, sino toda una inmensidad de mundos y misterios.

En buena parte de tu trabajo, la abstracción se asume como la imagen que define mapas aéreos de tus propias geografías en la memoria. ¿De qué manera comienzas a trazar estos recorridos?

De cierta forma ya hice un pequeño argumento antes, a manera de introducción de los procesos y de mis experiencias. Ahora me gustaría responder esta pregunta a modo de relato:

                                              A ojo de pájaro

cortesía del entrevistado

En el meticuloso desorden de un saloncillo estrecho puede surgir la magia de los altos vientos y de las entrañas vivas de la tierra; en el salón más pequeño de un edificio como cualquier otro, la magia surge siempre —como el diamante del carbón oscuro— hasta en el sitio más común y vulgar que hayamos visto: la magia surge siempre que esté el mago, con su ancestral oficio de aparecer y desaparecer las cosas, con su olvidado oficio de las fantasías de niño. Sabe hacernos ver un conejo en una nube, y una forma en donde no la esperábamos, como la de la reina de corazones entre los bastos de la baraja española, todo por arte de magia. El mago hace ver por su espíritu de niño, y hace niños a los demás cuando les muestra la imagen de lo que ve. Es mago el obrero que muestra con entusiasmo e ilusión cómo la máquina hace una cuchara, porque sabe ver la magia que hay en ello, así como es mago todo aquel que conoce que existe magia en su trabajo y sabe mirarlo con ojo de niño en un juego. La magia verdadera, la de los altos vientos y las entrañas vivas de la tierra, nace en cualquier sitio donde esté la inocencia, incluso en el salón más estrecho y con balcón de un edificio como otro cualquiera; donde un mago enjuto, delgado y de sonrisa temblorosa, se asoma a su balcón y mira, lánguido, y ve el espíritu de nuestras calles, y las pinta como en un mapa, en un lienzo geográfico, vistas desde arriba en una noche difusa. Porque como en difusa noche se anda por nuestras calles, y todo es oscuro y borroso recuerdo de la luz que en algún momento fue, y todo es ruina y nostalgia que nos hace ver el mago, porque es sincero, y no puede más que mostrarnos lo que de veras ve, sin lugar a engaño alguno.

¿Hasta qué punto, en la abstracción, consigues revelar un estado de la memoria, de tus ánimos y tus propias reflexiones?

Es sumamente importante, al menos en esta etapa de mi obra abstracta, el reflejo de una ciudad vista desde arriba. Siempre me pregunté cómo se vería mi gente y cómo me vería yo —hormiguitas en este pedazo de tierra que nos vio nacer y crecer. Fue una necesidad, casi física, de homenajear la villa con este lenguaje abstracto.

La parte difícil fue reconstruir algunos planos de los lugares más representativos del pueblo, esos que habitan en mi corazón, pues yo quería, como bien dices, pintar memorias, sucesos, gentes, y no tenía planos de las zonas ni ningún aparato viable como recurso para alcanzar una foto tan alta del barrio.

Recuerdo que una vez me subí en el cuartel «Roberto Valdés Santos», que se encuentra en una loma y que supuestamente es el sitio de más altitud del pueblo. Desde allí tampoco pude obtener lo que quería. Entonces hallé una fórmula de imaginarlo, mirando desde abajo y calculando cómo se vería desde arriba. Para ello también recreé a escala varios bocetos y estudios de campo visual. Ya tenía el terreno, ahora faltaban los entes y las emociones que convivirían en el cuadro. Para ello ideé una tabla de color de la tez de la piel de personas con un papel protagonista, y obtuve así una paleta llena de colores de distintas gamas de pieles que iban a ser plasmadas a manera de manchas (sueltas, caminantes y fugaces) en el formato y plano escogidos. Entonces mis propios ánimos y reflexiones se fueron empinando como papalotes, satisfechos poco a poco.

¿Cómo valoras la salud de las artes visuales jóvenes en la Cuba de hoy? ¿Existen suficientes oportunidades para que el talento sea reconocido o aún faltan espacios?

cortesía del entrevistado

Aún faltan espacios. Por ejemplo, sin ir tan lejos, aquí mismo en mi localidad no existe un salón dedicado al arte abstracto, y considero que eso es una pena, pues tales inquietudes palpitan entre varios colegas pintores de nuestra comunidad.

De igual forma considero que sí existen espacios muy oportunos para impulsar y difundir el arte de los jóvenes creadores cubanos de hoy, como la AHS, entre otras instituciones; pero tampoco creo que sean suficientes las oportunidades ni los recursos. Sé que la palabra recursos no se encuentra en la pregunta; pero también se hace indispensable hablar de ella, dado que sin pinceles, pinturas, lienzos, papel, marquetería, etc., no se confecciona la obra deseada, y en este tema sí es verdad que las artes visuales están enfermas, más que en la cuestión de los espacios y las oportunidades. Hay mucha escasez de materiales en el país. Es lo que puedo decir a partir de mi propia experiencia.

En tu obra también trabajas la figuración. En ella, el cuerpo humano ejerce una fuerza de imán, pero a manera de un cuerpo otro, híbrido, metafórico, donde el hombre se transforma en ave y donde se cuestionan los cánones sociales de los femenino y lo masculino. ¿Qué exploraciones te conducen a esa senda?

El primer impulso está en que identifico a los cuerpos humanos como una materia que, con una solapa, salvaguarda o encarcela un alma o un espíritu diferente en cada uno de nosotros. Lo que hago es que manipulo dicha materia a mi antojo y la fusiono con otro ser, en este caso con las psittacidaes: familia de loros que carecen de dimorfismo sexual. Uso esa lógica conceptual para discursar a partir de nuevos seres que nacen en un contexto social. Hace mucho tiempo iba por la calle y miré a una mujer caminando que no era una mujer, pero tampoco era un hombre. ¿Qué era ese (o esa) no mujer/no hombre?, me pregunté. Ahora propongo nuevos seres en pos de una nueva especie humanoide. Simplemente propongo.

cortesía del entrevistado

¿Sientes que en tu obra existe el erotismo, ya sea el de los cuerpos o el provocado por la intervención de los espacios mentales a los cuales haces referencia en tus obras abstractas?

El erotismo también es «energía» y creo que está marcada para mí, más que para muchos, en la parte abstracta de mi trabajo. La obra, cuando nace, se construye de cierta manera independiente en varios puntos y aspectos, deja de ser inocente y se relaciona más allá del propio creador, se convierte en amor deseoso y puro. La obra deja de ser solamente de alguien para enamorar a muchos más, e incluso ir a la cama con otros. ¿Acaso no hay erotismo en estas líneas?

En la evolución de la poética de tu visualidad, ¿qué te interesaría descubrir?, ¿cuáles serán tus próximos caminos?

Mis próximos caminos seguramente serán los que aún no conozco, pues todavía no los tránsito. El coterráneo y maestro Silvio Rodríguez parafraseaba así: «Mi canción favorita es la que escribiré mañana». Esa idea empática me hace pensar que mi tránsito o camino será el que necesite para continuar la búsqueda, esa travesía que respiraré en un momento futuro e incierto.

Por ahora sé pocas cosas sobre él: ¿por qué pinto?, a veces creo que esa pregunta latirá en mí muchos años, y que funcionará también como un motor con todo su mecanismo intacto, el cual no me deja parar de crear o de, al menos, intentarlo.

En cuanto a lo que me interesa descubrir o redescubrir, solo podría hablar de mis deseos inmediatos, de lo que persigo muchas veces sin un éxito del ciento por ciento: las «ENERGÍAS» que subyacen en la propia pieza, en su entorno, o en la relación obra-espectador. Claro que tengo ambiciones, ¿quién no? Me gustaría descubrir muchas cosas; pero me gusta más ser consecuente con ciertos principios del pensar que me hacen feliz.

cortesía del entrevistado


En la actuación no hay metas

Uno de mis sueños como asidua espectadora de las salas teatrales nacionales era ver, en Cuba, un montaje de “Equus” que fuera capaz de hacerme vivir, desde el temblor y la agonía, el viaje de Alan Strang por el camino del remordimiento y la soledad. Víctor Alfredo Cruz, joven actor al que conocí gracias a la acertada propuesta escénica del director Jazz Martínez-Gamboa, fue capaz de transportarme a ese “Equus” esencial, a esa historia humana donde se define la partitura de la desolación. Desde el momento en que disfruté de la actuación de Víctor, supe que esta entrevista tendría lugar.

¿Cómo llegaste al mundo de la actuación?

Mis padres tuvieron tres hijos: dos niñas gemelas y luego, 15 meses más tarde, nací yo. A mis hermanas las llevaban a clases de ballet clásico y yo pertenecía al equipo de gimnasia artística de mi provincia. En un momento determinado, mis hermanas comenzaron a bailar en una compañía de ballet español que se llamaba Otiberodans y en unos ensayos en mi propia casa, la directora le propuso a mi madre hacer un trío de baile con mis hermanas; ellas bailarían a mi alrededor mientras yo realizaba elementos acrobáticos.

Con este número artístico me subí a un escenario por primera vez y así, aunque no como actor, conocí la adrenalina de los últimos segundos antes de salir al escenario y lo gratificante que resultaban los aplausos al terminar cada función. La compañía dejó de funcionar y me integré al circo de la provincia conformando un dúo acrobático, y de esa forma continué con mis andanzas por los escenarios en busca de aplausos.

Me mantuve en esto un par de años hasta que un día abandoné por completo el circo. Ya no quería hacerlo más. Así, sin otra argumentación. Me mantuve alejado de cualquier manifestación artística por mucho tiempo, por años.

Sin embargo, siempre supe que quería ser conocido, que me felicitaran y aplaudieran por lo que hacía, aunque no tenía claro qué haría en un futuro. Y no fue hasta noveno grado cuando supe de un casting para una película y vi mi gran oportunidad para hacerme “famoso”. Dicho “casting” eran los exámenes de ingreso para estudiar teatro en la ENA. Pues los realicé y quedé entre los cinco seleccionados en mi provincia. Sin darme cuenta, prácticamente, estaba dándole a mi vida un giro de 180 grados. Así llegué al mundo de la actuación.

¿Qué es para ti el éxito y cómo valoras su manifestación dentro de tu vida profesional?

El éxito es muy relativo, depende de la búsqueda de cada cual. Cuando digo búsqueda me refiero a lo que se quiere en la vida, lo que se desea, ya sea material o sentimental. Sin embargo, hay cánones ya estructurados que se exigen ciertas personas para considerarse ellos mismos exitosos; una casa, un carro, dinero, una pareja, hijos, etc… Para mí, el éxito es la felicidad, esa es mi búsqueda. Pero tengo que señalar que mi felicidad es un equilibrio entre salud, familia, amor y trabajo.

Mi vida profesional es exitosa. Pudiera ser mejor, pero lo es. Digo esto sin dudas y pena alguna, porque realmente estoy siendo feliz y me siento contento de lo mucho que he logrado en tan poco tiempo. Soy recién graduado de la ENA y ya he trabajado en la televisión, en el cine y el teatro, compartiendo escenario o set con actores de renombre y de experiencia, algunos para mí “icónicos”, a los cuales les debo parte de mi éxito por su gran ayuda y apoyo.

Si tuviera que expresar mi éxito profesional en una frase diría, como Albert Einstein: “Todo el mundo es un genio. Pero si juzgas a un pez por su habilidad de trepar un árbol, pasará el resto de su vida creyendo que es un idiota”. Nadie me ha juzgado como al pez y estoy donde mejor puedo estar.

Si bien los premios no hacen todo el camino de un artista, son sin dudas un reconocimiento a una parte significativa de su trayectoria. Acabas de obtener el Premio Adolfo Llauradó de Actuación Masculina 2019 por tu trabajo en la obra Equus. ¿Piensas que has alcanzado una meta de importancia?

En la actuación no hay metas, nunca llegas a un final, ni como actor en formación ni como actor en busca de un personaje, siempre hay algo más que necesita ser encontrado. Ganar un premio tampoco lo veo como un resultado finito, ni siquiera como una meta de principiante.

 Sí reconozco que me sentí muy alegre al obtenerlo como también siento orgullo de haber sido premiado y reconocido por mi trabajo. Pero soy de los que piensa que eres tan bueno como lo último que haces y tan malo como lo último también. Ahora estoy nominado al Premio Caricato de Actuación 2019, y me enorgullece muchísimo competir con actores de tanta experiencia.

foto Darwin Alberti/ cortesía del entrevistado

¿Cuál es la verdadera significación de un premio para un artista joven?

Lo mejor de ser premiado es que te confirma que el camino o guía que llevas es correcto. Que estás haciendo bien las cosas. Ser premiado es un plus en tu carrera, te inspira a seguir haciendo, a seguir creando.

En Equus, bajo la dirección de Jazz Martínez-Gamboa, diste luz a Alan Strang en una actuación más que memorable. ¿Cómo encontraste al personaje, su tono, su cuerpo, su imagen?

Alan es un muchacho de ciertas tipicidades, tanto físicas como mentales; además de agregarle una familia de características peculiares. Físicamente es enjuto, de 17 años; eso estaba logrado sin esfuerzos a pesar de que tengo dos años más que el personaje. Su manera de interactuar con los demás, cómo los observaba, cómo se movía u otras características físicas fueron apareciendo poco a poco en los ensayos.

El tono de la actuación fue propuesto de inmediato por Jazz, el director, como una partitura. También quiero resaltar que leí muchas veces el texto, acostumbro hacerlo; esto me revelaba algo nuevo cada vez que leía. Trabajar con los otros actores del elenco fue sin duda gran porciento de mi acierto: ellos me ayudaron y guiaron, como también lo hizo el director. Lo demás fueron muchas horas de dedicación y ensayo.

¿De qué forma debiste transformar tu propia imagen espiritual y física para encarnar a Alan?

De transformación física hay muy poco que hablar, pues mi acercamiento con Alan físicamente era un hecho. Sin embargo, mental y espiritualmente existía o existe un enorme caudal de diferencias. Soy un ser humano completo, no me falta absolutamente nada, como tampoco necesito rendirle a una deidad para estar satisfecho; la sexualidad en mi vida no es un problema en lo absoluto, soy un joven alegre, de luz y, sobre todas las cosas, feliz.

Esta vez me tocó interpretar a un adolescente muy diferente. Alan sufre, siente dolor, desde su niñez arrastra el sufrimiento. Está atado, aparentemente de por vida, a una creencia religiosa que luego se transforma y pasa a ser una obsesión más cruda y más real. Dudo que Alan pueda ser feliz, “la vida” lo tiene bien hundido en un agujero; sin embargo, en su cabeza, donde podría haber otro mundo, existe la posibilidad de una realidad que le place, sexual y espiritualmente, pero que la sociedad y la vida le niegan. Temor, dolor, rabia, agonía, impotencia… son ingredientes de la mezcla de sentimientos que inundan su cuerpo.

Quien me conoce sabrá que Alan es mi antónimo pero el trabajo, estudio y deseos fueron suficientes para transformarme por 12 funciones y dejar vivir al Alan Strang que existe desde los 70`, el Alan espera con ansias algún cuerpo para poseerlo y vivir de lo que él cree, con temor de llegar al final de la obra.

¿Cuáles son las herramientas técnicas, tanto físicas como mentales, que valoras más en la formación de un actor?

El cuerpo, la voz y la mente son los elementos o herramientas que utiliza un actor. Un cuerpo preparado, elástico, es primordial. Los actores debemos formar nuestro cuerpo para poder deformarlo en caso que se necesite.

De igual modo cultivar la mente es de esencial importancia, llenarnos de referentes que sirvan de background es muy útil. El trabajo de un actor es de investigación más que todo, de búsqueda de información real y concreta que sirva para crear realidades y personas de carne y hueso. Y por supuesto, el estudio de uno o varios sistemas de interpretación que te sirvan de guía y base en la búsqueda de tu propio método.

Hablemos del trabajo con los referentes. El personaje de Alan Strang ha sido interpretado por actores archiconocidos. Pienso, por ejemplo, en el referente más cercano: el actor británico Daniel Radcliffe. ¿De qué manera encarnar a un Alan nuevo, capaz de dialogar con la tradición del texto pero incorporando una mirada que llegara al público cubano?

Un Alan nuevo iba a ser. Somos personas distintas todas, que percibimos la vida y los textos —en caso de los actores— de maneras muy diferentes. Aunque lo primordial era contar la historia. No quise ver la película que existe de la obra ni ningún video de ella, quería que saliera de mi entendimiento y mi creación todo lo que iba a hacer.

 Equus es una obra universal, puede ser representada en Japón, por decir un país, y seguiría emocionando al público. Es una obra muy humana, muy de esencia. En Cuba nunca se había llevado al escenario y el mérito lo merece el director Jazz Martínez-Gamboa por seleccionar esta magnífica obra para regalársela a nuestro público.

foto Darwin Alberti/ cortesía del entrevistado

La interacción con el director es siempre un punto de inflexión fundamental en el éxito de una obra. ¿Cómo valoras el proceso creativo conjunto?

Trabajar con Jazz fue magnífico. Muchas peleas y desacuerdos, pero al final íbamos todos en el mismo barco con el mismo objetivo, y eso nunca lo olvidábamos. Si tuviera que puntuarlo como director, en estrellas del uno al cinco le daba seis. Es una persona maravillosa y eso lo traslada al proceso creativo, se entrega y lo da todo junto a ti. A la hora de crear las escenas, los actores fuimos muy libres, pues Jazz nos daba la confianza para hacer, a pesar de él tener pensado ya gran parte del espectáculo. Fue una creación conjunta, de mucha unión por parte de todos y encabezados por un director que a pesar de ser joven, es muy arriesgado, creativo y talentoso. Volvería a trabajar con él sin dudas.

Para ti, ¿qué es lo más importante en la vida de un actor?

Un actor debe llevar una vida de aprendizaje, debe nutrirse de todo lo que le sucede, hablo de una vida de experiencias, porque con ellas y el conocimiento de cuándo y cómo utilizarlas se lograrán las actuaciones. Pero solo la disciplina, la entrega y la constancia —en conjunto— harán a un actor.

¿Qué puede ofrecernos el cotidiano que vivimos para hacer arte?

Todo. El arte es subjetivo pero se nutre de la realidad. El arte pone en evidencia todo aquello que debemos transformar y no hay mejor libro que la vida para extraer esencias que, con un poco de talento y genialidad, transformaremos para hacer lo que se conoce como arte.

¿Qué llevas de ti al rol teatral con el que, en un momento determinado de la vida, te toca lidiar? ¿Es posible “despegarse” completamente de lo que somos para abordar la vida escénica del “otro”?

Responderé las dos preguntas con una sola respuesta pues creo que van de la mano. Son preguntas bastante complejas que no sabría responder con total afirmación por mi corta experiencia como actor. Uno presta cuerpo, mente, alma y espíritu al rol que interpreta; y en gran medida nos transformamos y nos convertimos en el “otro”, pero nos vemos obligados a volver a nuestras esencias. Transformamos lo que somos, transformamos con ayuda de las experiencias nuestras costumbres, creencias, gustos y una infinidad de características propias y las ponemos en función del personaje a interpretar, pero siempre el “Tú” propio acompaña al “Otro”. Entonces creo que “despegamos” muchas cosas que conforman lo que somos pero nunca completamente.



La adrenalina del momento

Massiel Teresa Borges es una joven y talentosa diseñadora escénica. Sin haberse graduado de las aulas del Instituto Superior de Arte (ISA) ya se ha insertado en el panorama profesional creativo de las tablas cubanas. Massiel sueña con la adrenalina del momento teatral, ese instante irrepetible en que el actor comulga no solo con el texto sino con todos los materiales escénicos que le rodean y que, durante la representación, constituyen el mundo del personaje.

Llegas al Diseño Escénico luego de transitar parte de un camino que abarcaba una carrera enfocada hacia las ciencias. ¿Cómo llegas a descubrir la pasión por el teatro?

Creo que la pasión por el teatro siempre estuvo en mí, incluso cuando estudiaba Física Nuclear. De niña fui parte durante tres años del Taller Nacional de Ballet, y con esto conocí al teatro desde dentro.

Recuerdo que me encantaba ver los mecanismos de cerca, descubrir cómo se movían los telones, tener cuidado con la trampilla. El olor del tabloncillo es algo que me sigue gustando igual que el calor de las luces.

diseño de massiel Borges

En mi adolescencia me vinculé al mundo del cosplay con el que aprendí trucos para elaborar vestuarios, aprender un poco sobre maquillaje, a interpretar o encarnar un personaje. En Física Nuclear participé en el Evento NucleArt donde interpreté un monólogo en el que vinculé a Hamlet, también llevé mi propio diseño de vestuario y attrezzo. Allí el decano me dijo que tenía una arista artística, que debía explotarla… y era cierto.

Gracias a mi hobby es que descubro el Diseño Escénico: una amiga cosplayer, a la que admiro muchísimo, se había graduado de la carrera. Ella me explicó de qué se trataba y me apasionó. Siempre me gustó dibujar, diseñar y crear mis historias, pero en ninguna carrera me parecía que podría hacerlo al ciento por ciento. De ahí que me decantara por la Ciencia, a la cual también adoré, aunque definitivamente mi camino era este.

Cuando entré al ISA, hice maravillosos amigos y fundamos Medea Teatro, que significó para mí el primer trabajo de diseño para la escena; por suerte, una buena amiga diseñadora me acompañó en esta tarea.

Luego me vinculé a Laboratorio Fractal Teatro, otro gran reto, porque esa vez se me confió todo el diseño escénico y fue realmente increíble. Luego con Medea Teatro tuve la oportunidad de actuar y diseñar todo, y fue emocionante porque aprendí el trabajo del actor y a comprender el cuerpo.

Gracias a estos dos grupos que tanto amo puedo entender el diseño escénico como algo más allá del simple decorado y valorar su peso en otras aristas de la obra teatral como la progresión de la acción, la construcción del discurso y la enunciación de significantes. Puedo contar historias con mi visualidad, ver cómo lo que dibujas se lleva a la escena, también aprendes a lidiar con las carencias materiales: aquí se trata de la adrenalina del momento, de la inmediatez, que en escena habla del hoy, del ahora, no hay manera de editar la acción una vez sucede.

Por eso amo el teatro, disfruto cada momento de los ensayos y el diseñar para la obra. Creo que la pasión, la verdadera, la descubrí al trabajar.

Promocional Cuerdas Percutidas 2020/ cortesía de la entrevistada

¿Cuáles son las principales vías de promoción para la obra de un joven diseñador escénico?

Sinceramente no sabría decir, no suelo promocionar mucho mi obra. Sé que Instagram es una plataforma muy buena para los artistas. Yo uso Instagram para mi hobby principalmente, pero tengo buenos amigos diseñadores que lo utilizan para su obra. También están los concursos y eventos de la Universidad. Para mí, la principal vía de promoción siempre será trabajar con vistas a la puesta en escena, tratar de que nada falle y que mi creación sea el apoyo para el director, el dramaturgo y los actores; que el público aprecie nuestro trabajo.

Aunque todavía eres estudiante del ISA, ya has participado en varios proyectos profesionales. En tu creación, ¿cuáles son las textualidades que te apasiona descubrir?

Las tragedias y el teatro clásico, la ópera, las textualidades más convencionales, realmente. He experimentado con las vanguardias; no obstante, siempre lo clásico me atrapa, supongo que soy algo anticuada. Pero la obra de un buen amigo estudiante de Dramaturgia, Nelson A. Beatón, me resulta fascinante. Leer sus textos es sentir que cada palabra llega al alma.

Montaje «La caída»/ foto: Selena Wuschelwelle

¿Quiénes son tus referentes visuales fundamentales?

El anime y el manga, con el estilo de Tite Kubo, Yoshitaka Amano y Clamp. También el Pulp Comic y el estilo de la DC. Con Tim Burton descubro el expresionismo alemán. He tomado de los muñequitos rusos, del Disney de “La Bella Durmiente” y “Hércules”. El Art Nouveau con los carteles de Mucha. Y la obra de Eduardo Arrocha me inspira muchísimo.

¿Por qué te interesa tanto el mundo de la ópera? ¿Qué obras te apasionan?

Desde pequeña, en casa siempre se escuchaban las arias más famosas de óperas conocidas. Y la respuesta en este caso es tan simple que me da pena no poder argumentar tanto: se trata de la música. Pero puedo decirte que siento que se parece a la tragedia griega, aunque muchos dirán que no… se trata de una historia, de música, danza, actuación, diseño, es la magnificencia del arte teatral.

Montaje «La caída»/ foto: Selena Wuschelwelle

La verdad es que me apasionan muchas óperas: “Cadmo y Harmonía”, “Hipólito y Aricia”, “Medea”, “Orfeo y Eurídice”, “El anillo de los Nibelungos”, “La flauta mágica”, “Turandot”, “Aída”, “Pagliacci”, “Carmen”, entre otras.

¿De qué manera transcurre tu diálogo con actores, dramaturgos y, fundamentalmente, directores?

Es fluido. El trabajo de mesa me es extremadamente importante para definir la concepción de la puesta. Me gusta hablar con el director siempre para esclarecer dudas y llevar propuestas. Suelo preguntar mucho y necesito entenderlo todo. Escucho siempre los criterios, sugiero, en fin, es un trabajo en equipo donde el proceso creativo es continuo.

Siempre agradezco que sea sentada la pauta pues así sé cómo trabajar más eficazmente y acelerar mi trabajo. Con los actores, intento ponerme en el lugar de ellos, pienso en si el vestuario y la escenografía serán adecuados para sus cadenas de acciones.

Montaje «La caída»/ foto: Selena Wuschelwelle

¿Cómo definirías tu estilo de diseño?

Una persona que admiro me dijo que mi estilo es híbrido y detallista.

Eres una de las organizadoras del Festival Elsinor, de la Facultad de Arte Teatral del ISA. ¿Qué oportunidades brinda dicho festival a las vidas creativas de los jóvenes artistas?

El Festival Elsinor ofrece la posibilidad a los estudiantes de mostrar su obra dentro y fuera del ámbito escolar, ya sea en un teatro o en un espacio alternativo. La convocatoria es amplia: se puede participar en puesta en escena, en obra dramática, crítica, ensayo y concurso de carteles, al igual que son aceptados proyectos de performance, pasarelas, etc, no son limitados los intereses de los jóvenes creadores. Es una buena oportunidad para dar a conocer la creación artística en la Facultad. Para mí, el Festival Elsinor 2018 significó mi debut como una de las diseñadoras escénicas con Medea Teatro, presentando la obra El Amante, con texto de Harold Pinter.

Montaje «La caída»/ foto: Selena Wuschelwelle

Con Laboratorio Fractal has trabajado como diseñadora en la obra La Caída. ¿De qué manera te propusiste acercar la mirada escénica hacia un referente como Ignacio Agramonte, teniendo en cuenta una visualidad a la par histórica y contemporánea?

Raúl M. Bonachea Miqueli, el director, ya tenía una idea de la visualidad, y así logramos complementar las ideas para llegar al resultado final. Queríamos dotar a Agramonte, y también al resto de los personajes, de una mirada humana pero a la vez con la solemnidad de una escultura y la presencia de un fantasma, de un ideal. Esto lo logré valiéndome del blanco, estilicé el vestuario de la época, y otorgué elementos que identificaran a cada personaje para que, con un simple uso o desuso, fuesen otros.

Montaje «La caída»/ foto: Selena Wuschelwelle

Lo que más apoyó esta mirada fue el carro de escenografía y las plataformas móviles, que interactuaban con los actores y le daban dinamismo a la puesta. La imaginación, la palabra y las acciones físicas convergían en este carro que, si bien lo concebí visualmente como una tumba de mármol y a las plataformas como una síntesis de las bases para una escultura, se convertirían más adelante en otros soportes.

Quise jugar con la idea de las pinturas; cuando veía en los ensayos la composición que formaba Raúl con los actores —a mi parecer, a modo de un cuadro neoclásico— me resultó oportuno darle los contrastes de luces y sombras a la imagen monumental.

Eres miembro del equipo de trabajo que, de nuevo bajo la dirección de Raúl M. Bonachea, obtuvo la Beca de Creación Escénica Milanés 2019. ¿Bajo qué concepto diseñaste los vestuarios?

diseño gráfico de massiel borges

Al igual que con La Caída, Raúl ya tenía una idea de la visualidad de la puesta: solamente estudié el texto y las pautas que sugirió el director, y comencé a diseñar a partir de los referentes visuales que me sugería la lectura, luego a estilizar. Elementos claves como la basura, los gatos, la sensualidad y la locura me ayudaron a diseñar.

Pero debo admitir que me fue difícil este unipersonal, es complejo darle a un actor la visualidad de tres personajes distintos y que posean unidad a la par. En la primera propuesta, la Mujer Basura —que vendría siendo nuestro protagónico y el personaje de carácter más dramático— tenía un vestuario como si fuese la personificación de los desechos, era un disfraz hecho con retazos de telas, pieles y bolsas de nylon.

Sin embargo, al ver la cadena de acciones me di cuenta de que no sería viable para la actriz, por lo que abogamos por un vestuario más realista —como si de una mendiga se tratase—, sustituyendo el disfraz inicial por un sobretodo sucio. Otro ejemplo: Claustrofobia es un personaje que está relacionado con la sensualidad y el baile erótico, por lo que consideramos el desnudo como parte fundamental desde un inicio, al que se le incorporarían algunos elementos de attrezzo como apoyo; elementos que, además, sean signos de la conformación del carácter del personaje.

diseño gráfico de massiel borges

Luego aparece Jana, una mujer que responde totalmente a la música, por lo que decidí mantener la idea de crear instrumentos a partir de los desechos, para que este personaje los emplee a modo de una apoyatura que demuestre el avance de la enfermedad mental. En un inicio, los diseños de Jana apostaban por el cuerpo semidesnudo, cubierto de cables, usaba collarín y poseía un yeso en la pierna; ahora, viste con bata blanca a modo de camisa de fuerza.

La escenografía también sufrió cambios. La idea original era que se tratase de un carromato con el que la actriz interactuara constantemente y con el que transformara el espacio escénico —y a sí misma en el proceso—; sin embargo, este diseño no apoyaba las nuevas necesidades de la puesta, no era funcional. Ahora nos proponemos crear un espacio que aluda a un contenedor y que sea, también, la guarida de Mujer Basura, en cuyo interior se encuentran elementos de los tres personajes.

Esta escenografía podrá ser montada tanto dentro de un teatro como en un espacio alternativo y no requiere de iluminación teatral necesariamente. El espacio es desmontable y transformable, para que así se adapte a la cadena de acciones de cada personaje. La idea es que el público siempre esté en contacto directo con la actriz y la escenografía. Ese es nuestro propósito, crear una suerte de espacio inmersivo.

Montaje «La caída»/ foto: Selena Wuschelwelle


«Ser artista es un fenómeno holístico»

José Víctor Gavilondo —Pepe para sus amigos— es uno de los jóvenes artistas que más he admirado desde que nos conocimos, hace ya 15 años, en las aulas del Conservatorio Amadeo Roldán. Desde entonces, Pepe tenía claro que su vocación lo llevaría a explorar mucho más allá de la creación musical, que su trabajo lo ayudaría a entender que el ser humano es una sumatoria de sus experiencias vitales y artísticas, y que todos —absolutamente todos— somos parte del llamado de lo holístico. Esta entrevista es, de alguna manera, mi deuda con esta amistad.

¿De qué manera influyó en tu formación la existencia de artistas en tu familia? ¿Qué aprendiste de la observación y de la experiencia de los otros?

Cuando antes de nacer estás dando saltos de ballet en la barriga de tu mamá, y tu hermano ya está dibujando como un prodigio, y tu padre científico toca la guitarra y toma fotos espectaculares, es inevitable que salgas con atracción hacia el arte.

Es importante entender que el arte o ser artista es un fenómeno holístico. No eres solo músico, o bailarín, o pintor. Todas las artes están conectadas y es esa interacción de percepciones la cual se codifica y nutre tu rama o vertiente creativa, interpretativa o analítica.

Para mí, la mayor influencia es nacer dentro de una familia que promueve la lectura, el análisis, el pensamiento y el cultivo del buen arte. Definitivamente tuve un contacto temprano con este mundo. Recuerdo corretear por el Ballet Nacional de Cuba (BNC) a los cinco años, viendo los ensayos de las mujeres, escuchando el piano, observando los movimientos. Con mi hermano, que estudiaba Diseño, hacía maquetas para sus tareas del ISDI. Y con papá salía a tirar fotos cuando la fotografía digital comenzaba aquí en Cuba. Para colmo, mis abuelas escuchaban música en la radio: una, canciones cubanas tradicionales, y la otra, ópera clásica. De todo esto supongo que aprendí a amar la diversidad de expresiones del ser humano (no estaba consiente de este fenómeno como tal en ese momento, pero viéndolo en retrospectiva, cimentó las bases para mi amor por lo distinto, lo diverso, la riqueza de las expresiones culturales y artísticas del planeta).

¿Hasta qué punto la competencia o la emulación es saludable para la vida creativa de un músico?

La competencia es necesaria. Yo soy altamente competitivo conmigo mismo. A veces lo llevo hasta lados negativos, lados de negar mi propia creación o restarle valor. Pero poco a poco he aprendido (y sigo aprendiendo) a transformar eso en ganas de mejorar, pero mejorar como el concepto de seguir experimentando, de seguir descubriendo mis voces, mis demonios, mis miedos, mis alegrías. Uno nunca para de conocerse o sorprenderse a sí mismo. Pero la música —he descubierto ya de viejo— se trata sobre compartir. La competencia o la emulación deben tornarse para abrir nuestras mentes a las diferentes voces y perspectivas de las personas.

En este momento, ¿cuáles son los principales retos del mundo de la composición? ¿De qué manera sintetizas lo cubano y lo universal en tus obras?

cortesía del entrevistado

Hay un gran sentido de la universalidad ahora, siento yo, en la creación artística. Vivimos en tiempos de unión, de fusión, de mezcla y descubrimiento global absoluto. El arte ha dejado de tener fronteras para explorar sus diferencias y semejanzas con otras manifestaciones, cercanas y lejanas. Si hay un reto en la creación actual —que es virtual, no existente, pienso— es hallar nuevas maneras de expresar. Pero no es necesario. Ya se ha compuesto, escrito, dicho, pintado, filmado, fotografiado, de tantas maneras. Y en las redes descubres a mucha gente talentosa, genios, haciendo cosas maravillosas.

Entonces, el reto real de la creación es ser honesta con su origen (el creador) y apuntar a enriquecer nuestras vidas desde un concepto global: promover un sentimiento de sociedad, de pensamiento colectivo, de amor humano, de amor planetario, de lo místico, de lo distinto y de lo semejante.

Aquí en Cuba todavía se ve lo cubano de una manera muy tradicional, pese a que este fenómeno se va ampliando poco a poco. La gente espera de un creador cubano ciertos patrones, clichés, mundanerías tradicionalistas que ya han pasado de moda. La globalización de la cultura nos demuestra lo parecidos que somos pese a nuestras lejanías (reales y aparentes). El artista cubano debe apuntar hacia eso, hacia llevar la cubanía aún más hacia lo universal.

Particularmente no pienso mucho en ese fenómeno cuando creo. Lo que hago es mío porque lo hago yo, y yo soy cubano porque nací y vivo aquí en Cuba, y me gusta tanto una rumba como una música irlandesa o un disco experimental finés. Que no indague en géneros cubanos o utilice patrones obvios no me resta cubanía, ni me añade otras cosas. Me hace lo que soy y punto.

Uno de los grandes sueños de un compositor es poder tener una producción discográfica, lo que constituye un cierre de una etapa de trabajo y de creación. Ya lo has conseguido con tu CD “Voces del Subconsciente” (2016), el cual fue nominado a los Premios Cubadisco en 2019. ¿Hasta qué punto los reconocimientos son un estímulo para un joven artista? ¿Ayudan a que el camino a recorrer sea más simple o fijan metas más ambiciosas?

Tener un disco que contenga tu música, sobre todo, tu música sinfónica —tan difícil de componer, montar y grabar— es una alegría inmensurable. Siempre estaré agradecido a la AHS, a Colibrí, a Carmen Souto y Yentsy Rangel por ayudar a la promoción de las becas y las grabaciones de estos fonogramas. Ahora, esta alegría no sirve para establecerse (creerse establecido, digo) o, como decimos aquí, achantarse. Todo lo contrario. Es solo un impulso más para seguir creando y haciendo cosas distintas.

Solo las ganas de hacer cosas y la inhibición para probar lo desconocido me han llevado adelante. No creo que haya sido tanto el talento u otra cosa. Es la voluntad lo que te empuja. Y, definitivamente, hace que el camino más difícil, porque con cada paso sientes el peso de los demás. Un peso que no es para atormentarse, pero sí a veces se convierte en un compromiso con uno mismo, y con la gente que te ayuda y que disfruta de lo que le brindas. Yo no creo en relajarse, en decir: “en otra ocasión, mejor”. Ojo, esto puede llevarte a caminos tormentosos, sinuosos, terribles. Pero, por otro lado, puedes realizarte todos los días.

Has estado en contacto con algunos de los artistas más importantes del mundo creativo cubano en la actualidad, ¿qué se puede aprender de la experiencia musical de los otros y cómo adaptarla a tus necesidades particulares como artista?

La experiencia de compartir, aprender y crear junto a otros artistas cubanos y del mundo es de lo que se trata esto, te digo. Te pongo un ejemplo. Después de tantos años de hacer locuras con el Ensemble Interactivo de La Habana, tocar en Síntesis, trabajar en la Fábrica de Arte Cubano, colaborar con bailarines y coreógrafos, puedo decir que no me gusta crear arte solo. La interacción de mentes es el verdadero camino al progreso… y mientras más baches, mejor. Esto, entonces, ha creado en mí una necesidad de siempre compartir la experiencia creativa con otras personas o artistas. Casi puedo decir que no puedo funcionar como creador o esparcidor de arte si no lo hago junto a otras personas.

Tu música ha tenido el privilegio de ser interpretada por ensambles de cámara y sinfónicos del país, como la Orquesta de Cámara de La Habana, la Camerata Romeu, el Trío Lecuona, la Orquesta del ISA adjunta al Lyceum Mozartiano, la Orquesta Sinfónica Nacional, y por Fear No Music y Tenth Intervention, de Estados Unidos. ¿Qué piensas que, hoy en día, trasmite la música al mundo?

Ha sido un privilegio escuchar mi música desde el punto de vista de artistas, agrupaciones y conjuntos tan prestigiosos en Cuba y el mundo. Volvemos a lo mismo: tengo una concepción de mi música que siempre cambia con sus interpretaciones, y esto es genial. Me saca de mi zona de confort y de tranquilidad, me hace pensar.

La música existe en el mundo para comunicar algo muy misterioso. Todavía hoy no entendemos en su integridad cómo funciona el arte musical, cómo simples frecuencias simultáneas pueden transmitir tantas emociones a través de un medio tan abstracto, tan subjetivo. Mi música busca eso sin pretensión alguna.

¿Cómo transcurre tu proceso de investigación y de creación musical? ¿Hasta qué punto el mundo a tu alrededor influye en este proceso?

Hay dos músicas que creo: la que hago para mí, y la que hago para acompañar, integrar o fusionarse a otra experiencia artística. Las dos cumplen la misma función de comunicar contenido abstracto. Yo no investigo mucho, la verdad. Escucho música, pero tampoco tanta como alguna gente supone. Lo que sí me he pasado mi vida entera escuchando música, reuniendo sonidos y experiencias sonoras, según las que más me hablan y las que menos tienen que ver conmigo. Mi proceso de creación es puramente intuitivo, me siento al piano, o abro un programa en la computadora y simplemente me pongo a crear. Claro, después viene el 2839% de cabeza que hay que meterle a todo contenido en bruto. Pero esa parte también, me atrevo a decir, es más inconsciente e intuitiva.

El mundo exterior por supuesto que tiene una influencia en mi creación. Tiene la mitad de la influencia. Después mi cerebro procesa ese mundo, lo transforma, le encuentra defectos, lagunas, maravillas, cosas increíbles, sueños, fantasías, miedos y lloviznas. Ahora, sí soy consciente de por qué compongo, arreglo y orquesto como lo hago, o sea, estoy muy aware de mis influencias y mis preferencias en cada aspecto de la creación. Pero siempre trato de no anclarme a nada. Stravisnky profesaba mucho eso, el no-enamoramiento de un creador con su manera o estilo, la constante evolución intelectual y conceptual del artista. Yo trato, ¡trato!, de seguir ese camino.

No es un secreto que te interesas, y con muy buen tino, por el mundo de la fotografía. ¿Cómo se complementan estas dos artes, fotografía y música, en tu creación? ¿Qué te ofrece el mundo de la experiencia visual?

La fotografía es mi pasión. Y tiene todo que ver con la música, que al final es composición, colores, perspectiva, niveles. Es lo mismo, exactamente lo mismo. Además, yo tengo sinestesia musical con los colores (veo colores específicos cuando escucho ciertas notas o frecuencias) y siempre he percibido la música como algo descriptivamente visual, y viceversa. Mi música es altamente colorística por esto. Y mi fotografía explora los mismos conceptos sinestésicos desde su punto de vista.

El mundo de la danza está en intenso contacto con tu creación. ¿Hasta qué punto los cuerpos en movimiento y la espacialidad influyen en tus concepciones particulares de lo musical? Cuando compones para un coreógrafo en específico, ¿pactan de antemano alguna pauta de trabajo?

La danza es otra cosa. La llevo en la sangre antes de nacer y pienso que toda mi música es, inherentemente, bailable o danzable. Componer para la danza me trae tanto placer que soy muy adicto a ello. Tengo experiencia visual (no tanta motora, pues no bailo nada bien). Esta experiencia me ayuda a saber qué puede funcionar o no.

El otro aspecto que me encanta de este tipo de creación es trabajar con el coreógrafo. He explorado distintas formas de componer para la danza, desde estar encargado completamente del guion, historia, dramaturgia y todos los elementos musicales, hasta tener distintos tipos de guías por parte del coreógrafo. He compuesto, incluso, con el coreógrafo al lado, compartiendo esa experiencia conmigo. Es genial. Como te dije, soy adicto a esto.

Desde el 2014 trabajas en Síntesis como tecladista. Síntesis es, sin dudas, una de las agrupaciones icónicas e históricas de la música cubana. ¿Sientes que en tu creación particular hay un cambio, un “antes y un después” de tu entrada a esta banda?

Hay un Pepe antes y después de Síntesis, definitivamente. Carlos y Ele, y la experiencia de tocar, descubrir, entender la música afrocubana, el rock sinfónico, los arreglos, la voz, a través del grupo han alterado mi manera de entender y pensar la música.

Y está el lado humano, que es esencial para cualquiera, más si eres artista. Carlos y Ele me han enseñado a ser mejor persona. En una nota más micro específica, yo ya no puedo ver o entender la música afrocubana y africana si no es por el espejo de Carlos Alfonso.

Eres integrante y director del Ensemble Interactivo de La Habana (EIH), un colectivo de músicos y artistas promotores de la música experimental, la improvisación colectiva y el arte interdisciplinario. Coméntame un poco de esta experiencia, y de tu interrelación con la poesía y el mundo literario.

Sobre el EIH y su proyección en mí como un ente total, no encuentro ya más formas de expresar lo que siento. No solo he sido testigo de la creación de una familia, de un colectivo de personas distintas y hermosas, sino de algo igual de importante: el descubrir que la creación es un fenómeno colectivo, y que nuestro subconsciente, conducido siempre por lo instantáneo, lo intuitivo, lo improvisado, puede ser parte de un pensamiento colmena simultáneo. Eso, para mí, es la expresión máxima de lo que creo: en este planeta todos somos iguales, y nuestras diferencias e individualidades solo hacen nuestras vidas más ricas y felices.

Otra cosa que el Ensemble me ha aportado es el afán por la interdisciplinariedad (que no es más que otra extensión de mi concepto base). El arte es un fenómeno holístico, y no hay razón alguna para pensar las diferentes manifestaciones como, bueno, diferentes. Sí, hay funciones y características, pero al final te das cuenta que todo conduce al mismo objetivo. Música con poesía, danza, performance, teatro, pintura, video: es la misma cosa. Y repito, vivimos en los tiempos de la universalidad del arte y de la vida. Debemos estar abiertos a mezclar todo de formas orgánicas.

Te has enfrascado en la composición de una ópera, ¿puedes adelantarme algo al respecto: tema, historia?

De la ópera no puedo revelar mucho, excepto que la estoy componiendo junto a mi amigo, mi hermano de creación, Yasel Muñoz, uno de los músicos y seres humanos más originales y asombrosos que he conocido en mi vida. Estamos respaldados por un equipo creativo genial, y, si este reto no nos vuelve locos, podremos tener una experiencia como ninguna el año que viene.

En 2018 participaste como Fellow del programa 1Beat, residencia artística de creación y experimentación musical con sede en Estados Unidos, que reúne a músicos, productores y emprendedores musicales de todo el mundo. ¿Cuánto valoras la posibilidad de entrar en contacto con la actualidad musical y de producción del orbe? ¿Hasta qué punto este aporte es esencial para el crecimiento de un joven creador?

1Beat también sentó en mí un antes y después. La experiencia de hacer música —y no solo eso, se trató también de vivir, de convivir, de reír, llorar y experimentar junto a veinticinco otros humanos y artistas de todos los confines del mundo— no tiene precio. Todavía siento que ese mes y medio fue un sueño. He tenido la alegría de poder seguir colaborando con muchos de mis hermanos y hermanas de 1Beat, sobre todo en estos tiempos de cuarentena. Los extraño mucho, pero sé que nos reuniremos de nuevo para seguir conociéndonos y haciendo arte juntos. Musical y artísticamente, fue una bomba de conocimiento.

Por último, si tuvieras que recomendar una de tus obras como banda sonora para este tiempo, ¿qué nos invitarías a escuchar? ¿Y qué otra obra, de un autor cubano o extranjero, también formaría parte de esta definitiva banda sonora?

Si hay algo que he compuesto que sirve mucho para estos tiempos de cambio de paradigma es Satori, la música que hice para la coreografía homónima de mi hermano Raúl Reinoso, bailarín y coreógrafo de Acosta Danza. Satori es un viaje hacia adentro, que solamente explota hacia afuera en su conclusión, con un mensaje: el misterio de nuestro interior solo se explica con los ojos de los demás. Si tuviera que recomendar una pieza que no fuera mía, esta sería The Kolhn Concert, de Keth Jarret. Es una lluvia de humanidad, de perfección e imperfección, para refrescar el alma.