Dailene Dovale


“La ciencia ficción sirve para prevenir de los peores escenarios futuros”

Algunos encuentros ocurren por casualidad, pero su impacto permanece. Nathaly Hernández amó los libros de Ray Bradbury y al leerlos cambió la forma en que entendía y experimentaba la escritura. De intentos frustrados y a veces angustiantes en relatos de corte realista, cambió hacia otra senda con los géneros de ciencia ficción y fantasía.

El cuento “Yllá”, por ejemplo, sirvió de inspiración para escribir un poema que fue Premio Oscar Hurtado de poesía ese año. Entró en contacto entonces con el Taller Espacio Abierto y su relación con la ciencia ficción se consolidaría al escribir textos narrativos. “Se puede decir que Bradbury fue la llave que me volvió a abrir la puerta de un género que leí bastante en mi infancia y adolescencia, pero al que dejé de lado durante años, y Espacio Abierto logró encaminarme”.

Si bien su formación como periodista orientaba la vocación más al relato realista, la ciencia ficción le salvaría de la inmovilidad y el derrotismo. Al periodismo, en cambio, debe la disciplina y la conciencia del público, pero también acercarse al primer taller literario. Este primer paso, tímido y lleno de miedos, provocó que tuviese acceso a literatura especializada y empezara a andar. Preferiría entonces, narrar antes de describir, centrarse en detalles significativos, editar sus propios textos. Quizás el mejor resultado de esta etapa es perder el pánico, la timidez.

“Por mucho que se tengan habilidades o deseos de escribir, el autor que comienza necesita de algo o alguien que lo encamine, que sirva de guía, consejero, ayuda. A medida que estén creadas las condiciones, más autores surgirán. El proyecto de Los Grafómanos surgió como una continuación del trabajo iniciado en el Taller Cintio Vitier por la escritora Yanira Marimón, que sostuvo este espacio durante años y ayudó a formar a varios jóvenes escritores que después nos vinculamos de una forma u otra a la AHS.”

Gracias a Espacio Abierto, a su vez, pudo conocer códigos de ambos géneros (C.F y Fantasía) y todos sus subgéneros, recibió recomendaciones de lecturas, así como consejos literarios en cuanto a la revisión, edición y crítica de sus textos. “El taller hace honor a su nombre y conforma una familia siempre dispuesta a crecer y ayudar a sus miembros más jóvenes, un proyecto que ha llevado mucha entrega y consagración por parte de quienes lo sostienen. A ellos les debo en buena parte el que pudiera escribir Las azules colinas de Europa”.

“El cuento que da título al libro — explica — , es un homenaje a dos obras de Ernest Hemingway: Las verdes colinas de África y La breve vida feliz de Francis Macomber, y parte de la mentalidad, ambientación y forma de dialogar de este autor se reflejan (a mi manera y bajo los códigos de la C.F) en esta historia. Las azules colinas, aunque se digan de Europa, son una translación de la salvaje África de los safaris, donde la mayoría de los personajes comparten a su vez el papel de cazadores y presas. Son iguales, aunque no se traten entre ellos como iguales. En el libro me concentré en llevar las historias de forma realista (dentro de lo que cabe en el género), reflejando en algunos casos patrones de la vida cotidiana del siglo pasado y lo que va de este. Sobre estos patrones prefiero que el lector lea y sobre ellos saque sus propias conclusiones”.

¿La ciencia ficción puede cuestionar temas como los feminismos, las guerras, derechos laborales?

“La CF puede hablar de cualquier problema o amenaza que tengamos en la actualidad tanto o incluso mejor que la ficción realista. Por ejemplo, en el siglo XX, uno de los más convulsos y complejos de la historia conocida, ocurrieron tantas desgracias y hechos desgarradores que muchos autores han preferido proyectar este siglo hacia el futuro para poder hablar sin tapujos de las cosas difíciles, sin abrir más las heridas. La CF sirve también para calcular a mediano o a largo plazo las posibles direcciones a tomar por la Humanidad, ya sea para sugerir mejores caminos, como para prevenir de los peores escenarios futuros. Al final este género es un reflejo disfrazado de todo lo que ya es, y una proyección de lo que pudiera ser.”

¿De dónde surgió la inspiración para escribir un cuento como “Nosotros y ellos”?

“Surgió de un deseo de experimentar con las formas del lenguaje. Hacía tiempo deseaba escribir un cuento en primera persona del plural y me familiaricé con la idea de las mentes-colmena con la lectura de la Saga de Ender de Orson Scott Card. Pero quería hacer una mente-colmena que fuera humana, o al menos parecida. Al pensar en los posibles usos de una mente colmena humanoide la primera opción es la guerra. Suena macabro pero efectivo: muchos cuerpos controlados por pocas mentes podrían cometer atrocidades que un pelotón de mentes individuales se negaría a hacer por mucho que estuviesen bajo órdenes. Busco mis influencias en todas partes: en el cine, en la música, en el arte en general y en la vida cotidiana.

“Al escribir ‘Nosotros y ellos’ me basé en uno de mis filmes favoritos, Apocalypse Now de Francis Ford Coppola, que está ambientado en la guerra de Vietnam y aborda el tema de la deshumanización provocada por la violencia extrema. Eso me sirvió como recurso visual para crear una versión futurista de esta misma guerra. Mientras escribía, usé música de The Doors y Pink Floyd para sintonizarme con el ambiente a crear en el cuento. Toda esta influencia sinestésica me ayudó a canalizar la historia que quería contar”.

Se encuentra también en Las colinas azules de Europa, en específico en el cuento “El menú del día”, una crítica al capitalismo y la alienación, mostrada en la desconexión de las emociones con la realidad. ¿La felicidad como tiranía?

“El cuento ‘El Menú del Día’ nació (como muchas obras de C.F) de la clásica pregunta What if? ¿Qué pasaría si…? En este caso, ¿qué pasaría si pudiesen sintetizarse y venderse al por mayor las reacciones químicas referentes al placer, la alegría y las reacciones emocionales positivas generadas en el cerebro humano? No es una idea nueva, hace casi un siglo ya Aldous Huxley planteaba, en su profética distopía de Un mundo feliz, la idea de una sociedad drogada. Coloqué mi historia en un ambiente lo más neutral posible, aunque sí hago referencia al mundo empresarial de altos rascacielos y horas interminables de oficina que son parte de muchas sociedades modernas. Lo hice para resaltar la monótona rutina de los personajes y justificar el consumo diario de café con aditivos. Con tales personajes me arriesgué, pues los diseñé como estereotipos en una muestra de lo innatural de sus vidas.”

 

¿Qué emociones atraviesan el cuento “No regreses al lugar donde fuiste feliz”?

“Es lo más parecido a un poema que he escrito como cuento. La mayoría de mi poesía surge por un impulso primario: un verso que aparece de la nada y desencadena otros que escribo al momento. Con los cuentos, recibo la idea muchas veces por inspiración, pero la ejecución la hago con cabeza fría, como armando un rompecabezas. Pero este texto fluyó de forma tan espontánea que me sorprendió que resultara en un cuento. Está cargado de anhelos, deseo y nostalgia, de amor y pérdida, es sensorial y emocional, más que narrativo. Más allá de intentar meterse en la piel y palpar el dolor de un ser cuasi-divino y relativamente inmortal, ante la muerte palpable de alguien a quien ama a pesar de las eras transcurridas, es un reflejo de la impotencia que cada ser humano ha experimentado acerca de querer regresar a algún momento del pasado que es más feliz que el presente, o de recuperar algo irremediablemente perdido. Hay belleza en este imposible.”.

Ganar el Premio David representa un hermoso impulso, pero quedan proyectos e ideas para inspirar la creación. A los Grafómanos y el Taller Espacio Abierto, se adiciona Ediciones Aldabón, donde trabajas como promotora…

“La mayoría de mi generación cercana ha publicado o publicará en algún momento su primer libro aquí, confiada de que el producto final tendrá calidad y que se harán todos los esfuerzos por darlo a conocer. En lo que se convirtió esta Editorial, lo que representa, me motivaron a dedicarme de forma seria a la promoción literaria, contagiada por el ímpetu de su coordinador y con el deseo de ayudar a otros jóvenes como yo, que ponen tantas ilusiones en que sus libros publicados sean fuente de orgullo y felicidad.”