Bárbara Morán López


Por una universidad cultural

El soci√≥logo Alain Basail plante√≥ en una ocasi√≥n que la Revoluci√≥n cubana ‚Äúha sido un profundo cambio cultural‚ÄĚ. ¬†Y es que el primer hecho cultural importante fue la Revoluci√≥n misma, porque recogi√≥ lo mejor de nuestra tradici√≥n cultural, abri√≥ el camino y sembr√≥ las semillas para lograr una transformaci√≥n integral que se comenz√≥ a gestar de manera inmediata en su seno y que augur√≥ la construcci√≥n de un futuro pleno para todos los cubanos.

Inmediatamente despu√©s del Triunfo, se inicia el proceso de democratizaci√≥n de la cultura y de institucionalizaci√≥n en el que se sucedieron un conjunto de acontecimientos culturales, siendo los m√°s relevantes en este √°mbito la campa√Īa de alfabetizaci√≥n, la nacionalizaci√≥n de la ense√Īanza y reforma universitaria.

La Revolución, triunfante y popular, constituyó una nueva oportunidad para todos. Se reconoce la Historia y tradiciones del pensamiento social cubano más progresista como los cimientos de la nueva sociedad. Puede apreciarse así un encuentro entre la voluntad política de promover el desarrollo de la ciencia y su democratización, y el compromiso social y profesional de los actores de ese sector que permanecieron en el país (en su mayoría estudiantes y profesores universitarios).

En ese sentido, la d√©cada del 60 y en alguna medida los primeros a√Īos de los 70, est√°n marcados por una efervescencia rom√°ntica, en la que la articulaci√≥n entre gobierno y ciencia operaba de forma pr√°cticamente directa. Se iniciaba as√≠ un proceso de construcci√≥n ‚Äďque se sab√≠a largo‚Äď, de capacidades cient√≠ficas nacionales con una consciente orientaci√≥n de respuesta a las necesidades sociales, donde la Universidad se distingu√≠a como un actor primordial.

Es notorio mencionar que se plantea un salto cualitativo en la inserci√≥n de la cultura en instituciones universitarias pues desde sus inicios han sido de vital importancia para la educaci√≥n y el desarrollo del joven universitario. Destac√°ndose intelectuales y personalidades de la cultura cubana formados en las aulas de las casas de altos estudios en sus diferentes etapas hist√≥ricas, tales como Nicol√°s Guill√©n, Alejo Carpentier, Fernando Ortiz, Ra√ļl Roa Garc√≠a, Jorge Ma√Īach, Juan Marinello, Carlos Rafael Rodr√≠guez, nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro, entre otros tantos quienes, a su vez, fueron las personalidades que podr√≠an ser consideradas forjadores de la universidad cubana.

Carlos Rafael Rodr√≠guez compart√≠a la tesis seg√ļn la cual el socialismo solo ser√≠a posible con el nacimiento de una nueva cultura y por eso le atribuy√≥ a la universidad tal misi√≥n. Esa misma concepci√≥n sobre la necesidad de un cambio cultural y cient√≠fico de la sociedad cubana estuvo muy presente en el ideario de Ernesto (Che) Guevara, quien propugnar√≠a la necesidad de la formaci√≥n de un hombre nuevo, motivado por valores humanistas y altruistas muy diferentes a los gestados por el ego√≠smo y el individualismo, prevalecientes en la sociedad capitalista.

Lo más significativo de la formación de la cultura radica en que el desarrollo del proceso docente-educativo va más allá de la posesión de los conocimientos profesionales del individuo, porque ello implicaría un perfil cultural y espiritual sumamente estrecho y es preciso enriquecer al ser humano y a la sociedad para reconocer y apreciar los mejores valores creados por la humanidad, desde su surgimiento hasta nuestros días, pero no en un sentido solo interpretativo, sino para poder actuar en la transformación de la sociedad.

Por lo que formar la cultura del profesional que egresa de la universidad cubana implica atender la cultura integral y desarrollar la de su objeto profesional, desde el conocimiento de la historia del mismo, las diversas aristas que la componen, la contextualización cultural. Cada carrera universitaria tiene sus retos específicos, además de aquellos que son generales.

La sociedad cubana necesita que sus ciudadanos y de modo particular sus profesionales se formen en el rechazo a la discriminación, la injusticia, en la preparación para valorar a los demás sin extremismos, prejuicios o perfeccionismos, además de educar para la solidaridad, la comunicación afectiva entre los seres humanos, basada en una ética de las relaciones interpersonales; la comprensión mutua que incluye un proceso de empatía, abrirse a los demás, superar los prejuicios y el egocentrismo.

En el acertado art√≠culo La universidad en la encrucijada de Antonio Alvar Ezquerra (2011), aunque hace referencia al contexto de Espa√Īa, nos hace reflexionar oportunamente a los desaf√≠os de la Universidad que aspiramos edificar en el siglo XXI cuando expresa que ‚Äúel modelo universitario de ahora (‚Ķ) sufre algunos de los¬† males que aquejaron a la universidad del XVIII (‚Ķ): exceso de Universidades, escasa exigencia en el otorgamiento de t√≠tulos, insuficiente conexi√≥n con las demandas sociales y con los centros de desarrollo del conocimiento.‚ÄĚ

M√°s adelante afirma que si ‚Äúno asume ese modelo como propio y si la sociedad no le concede ese papel con todas sus consecuencias, la Universidad quedar√° reducida a una oficina de expedici√≥n de t√≠tulos, todo lo glamourosa que se quiera, pero lejos ya de su esencia y de su hist√≥rica raz√≥n de ser.‚ÄĚ

En distinto modo, durante la trayectoria de los jóvenes universitarios cubanos en todos los tiempos, han demostrado tener un elevado compromiso social y se identifican con las costumbres de su época. Es por ello que en el presente se debe evitar la tendencia individualista de los jóvenes, asunto directamente relacionado con la formación universitaria, y ésta se ve en la necesidad de formar comprometidos ciudadanos además de excelentes profesionales.

El día a día nos demuestra que dicho riesgo puede ser real, que determinados comportamientos de personas con estudios universitarios no contemplan la dimensión cultural en el sentido más amplio. La Educación Superior no es solamente la educación que se encuentra en el nivel más alto de un determinado sistema educativo, sino que también es la educación que permite alcanzar el nivel superior de perfeccionamiento humano.

Las máximas autoridades del sector cultural en nuestro país se han pronunciado ante la imperiosa necesidad del fomento de valores, por lo cual le atribuyen a la cultura un papel preponderante.

Tal es el caso de Miguel Barnet, presidente de honor de la Uni√≥n de Escritores y Artistas de Cuba, quien en la gala por el aniversario 50 de esa instituci√≥n, en 2011, destac√≥ que ‚Äúel arte tiene un papel esencial en el quehacer cotidiano, garantiza la calidad de vida y potencia los valores espirituales que sostienen la estructura b√°sica de la naci√≥n‚ÄĚ.

Asimismo, se√Īalaba la pol√≠tica del gobierno cubano de oponerse a la mercantilizaci√≥n de la cultura y a la ‚Äúbanalidad la creaci√≥n de los m√°s puros valores est√©ticos‚ÄĚ.

Record√≥ adem√°s, cuando Fidel dijo, en los momentos m√°s agudos del per√≠odo especial, que la cultura era lo primero que hab√≠a que salvar, ya que ‚Äúes la cultura la que nos garantiza todas las libertades, entre ellas la capacidad de pensar y razonar y nos convierte en seres humanos‚ÄĚ.

Por otra parte, Miguel D√≠az-Canel, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la Rep√ļblica de Cuba, en la clausura del Segundo Congreso de la Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z (en 2013), se refiri√≥ al papel de los j√≥venes, ya sean universitarios o no, ante la influencia de ‚Äúun fr√≠volo e injusto modelo civilizatorio, cuyos mensajes, aparentemente diferentes, forman parte de un discurso √ļnico, hegem√≥nico, que asocia juventud y frivolidad, felicidad y consumo, √©xito y dinero‚ÄĚ.

Valor√≥ el papel de la AHS al expresar que era ‚Äúbueno tener una vanguardia art√≠stica que pueda ser decisiva camino a una sociedad socialista pr√≥spera y sostenible, donde lo que distinga no sea la posesi√≥n material sino la riqueza del conocimiento, cultura, sensibilidad‚ÄĚ.

Tambi√©n llam√≥ a revertir la deformaci√≥n del gusto y recuperar ‚Äúel sentido est√©tico que siempre distingui√≥ al pueblo cubano. Debemos actuar, por encima de cualquier esp√≠ritu de feudo, con mayor intencionalidad e integralidad‚ÄĚ.

En la actualidad está el reclamo de formar profesionales competentes, comprometidos e identificados con la Revolución, pero también, profundamente humanos, así como sus valores y retos actuales, adaptados al conjunto de normas de convivencia, lo que constituye una necesidad para que pueda subsistir la sociedad organizada, caracterizada por la cooperación y ayuda en la lucha por la existencia y adaptación al entorno.

 

Referencias bibliogr√°ficas:

  • Basail, A. (2005): Sociolog√≠a de la cultura, Tomo 2. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, p 540.¬†
  • Monte Horruitiner, G. del y G√≥mez Morales, M. (1985). ‚ÄúLos especialistas j√≥venes y el trabajo cultural‚ÄĚ. En Revista Temas, 7, pp. 105-128.