Aurora Feliu: «Que no puedan decirlo con palabras»

El sábado 25 de marzo el Centro Pablo en su habitual espacio A guitarra limpia tuvo una invitada especial: Aurora Feliu, o la Feliusa —como gusta ser llamada— fue convidada con su distintiva voz para regalar una tarde en la que las emociones, por múltiples motivos, no cesaron. Aurora rindió homenaje a esos seres tutelares que han estado y están en su vida: sus «tíos» —como ella llama a los trovadores Augusto Blanca, Lázaro García, Pepe Ordás…—; junto a su padre Vicente y el espíritu merodeador, que todos sentíamos de Santiago, la acompañaron para legarnos a los asistentes la belleza hecha tarde. Aurora declaró su estado civil: «enamorada» y todos comenzamos a definir, junto a ella, nuevos conceptos del amor y a querer hacer nuestras muchas de las letras de sus canciones.

Indudablemente carga un apellido y un nombre inmensos pero se las está arreglando para que le quede a la medida; el panorama musical cubano afortunadamente cuenta con una voz nueva, con una poética que —en la actualidad se echa de menos— y con canciones que poco a poco se irán convirtiendo en imprescindibles.

Comencemos con una pregunta que supongo ha sido inevitable en cada conversación, ¿cuándo te percataste de la densidad de tu apellido y de lo que significaba en el panorama musical cubano? 

Por supuesto, una siente una presión social de continuidad. Y sientes que la gente espera de ti esa continuidad. Yo huí de ella por años, primero estudiando teatro y no música, luego cobijándome en mi nombre: Aurora de los Andes, sin apellidos… A pesar de que mi nombre es otra cosa inmensa y responsable, jejeje, lo usé por años, sin apellidos. Después aprendí a amar mi apellido, en la distancia. Cuando me demostré a mí misma que mis puertas las abría sola, sin credenciales, entonces no me importó que el Feliu resonara grande y hondo en mis presentaciones. Lo llevo con orgullo. 

En el concierto que ofreciste en el Centro Pablo hablabas constantemente de tus «tíos» (los trovadores Lázaro García, Pepe Ordás, Augusto Blanca, Silvio Rodríguez…), nombres que están inscriptos en la historia de la música cubana, ¿cómo ha sido tu vida rodeada de esas voces tutelares, además de tu propia familia?, ¿cuánta presión para bien y para mal han ejercido en ti?

Hoy lo veo todo como un gran regalo divino. He estado rodeada por personas de una sensibilidad especial. Solo en esos nombres que mencionas hay poetas, intelectuales, pintores, músicos, hay un exquisito sentido del humor. Creo que donde sentí mayor presión fue en la inmediatez con que se esperaba que yo demostrara que soy en efecto una continuidad para el apellido Feliu en la música cubana y en lo que ha sido el apellido Feliu, no solo en Cuba si no en el resto del mundo. Yo necesitaba mi tiempo porque para tener algo que decir una necesita vivir mucho, sufrir mucho y eso fue lo que salí a buscar por el mundo. Sin garantías sociales, sin plato garantizado sobre la mesa, sin atención médica gratuita, sin techo seguro. Creo que cada quien elige también lo que aprende. Y yo elegí aprender lo que es realmente esencial para la vida y elegí aprender que cada circunstancia tiene dos caras: la fea y la hermosa. Yo elijo siempre la hermosa. 

¿De dónde salió el mote de la Feliusa, quién te bautizó así? 

Yo misma, jejeje, ha sido una consecuencia. Tengo un nombre realmente precioso (Aurora de los Andes) aunque precioso digo ahora porque cuando era una niña solo quería llamarme como mis amiguitas, o sea, definitivamente con un nombre que empezara con «Y», jejeje. Lógicamente crecí y comprendí que mi nombre es inmenso y en él me cobijé, como te decía antes, para no llevar el Feliu que era ¡LA EVIDENCIA! Pero el Feliusa me gusta, me gusta como suena, es el Feliu mujer, digamos que el público cubano conoce a los Feliu, pero está también la Feliusa y ¡esa soy yo! Jejeje, a mí me encanta y parece que a la gente también, porque lo han asumido entusiastamente y ya muchos me llaman así.

Teniendo todas esas influencias musicales, estudiaste actuación, ¿por qué? ¿Fue bien acogida esa decisión en la familia? 

Por suerte fui bastante apoyada siempre en mis locuras. Me gustaba mucho actuar. Me sigue gustando solo que prefiero la música, creo que soy mejor en ello que de actriz, jejeje. Pero definitivamente estudiar teatro ha sido de las mejores decisiones que tomé en mi vida. La disciplina de un actor, el valor de la escena, de la expresión, de la dramaturgia son lecciones que a decir de los entendidos hoy se disfrutan en mi espectáculo. Para mí es importante qué canción va después de otra, por ejemplo, porque un concierto es una historia que debe ser bien narrada. Y eso es algo que también aprendí de mi padre. Mi gran escuela, debo decir, ha sido mi familia. En todo. En Santi tuve un gran maestro también y cuánto daría por tenerlo hoy. Santi ha sido guía espiritual, lección de vida y de muerte. 

Estuviste un tiempo conduciendo programas en la televisión cubana, ¿cómo llegas a este medio, te sentías cómoda?

La verdad no es un medio que disfruto la televisión. Lo he abordado varias veces como actriz y como presentadora y no se me da mal pero no es un medio que disfruto, en el sentido literal de la palabra, como sí disfruto un montaje de luces en un teatro o un ensayo general o montar una canción nueva con mis músicos. Sigo haciendo conducción y lo hago porque trabajo con un equipo maravilloso que es una familia, con quien paso un par de horas cada martes y dándonos risas y buena vibra, grabando A Capella, un programa clave en la televisión cubana y que está por cumplir 30 años. Me siento cómoda frente a la cámara porque crecí, además, con abuelos fotógrafos. 

Luego decides partir, ¿ésta partida tenía mucho de lo que acompaña a tantas «idas» de hoy o querías alejarte del peso de tu apellido, del agobio de las raíces? 

Si bien resulta muchas veces «el Niágara en bicicleta» vivir en nuestra bella isla o como dicen los argentinos es como «remar en dulce de leche» me encanta Cuba, la amo y es mi casa. Si bien seríamos un país mucho más bello si no quisiéramos ponérnosla más difícil unos a los otros; no, no tiene que ver mi temporal distancia con las partidas de muchos de los nuestros que son por lo general de fondo económico, político o social. Me alejé porque necesitaba pasar trabajo. Necesitaba, como te decía antes, probarme en un mundo sin garantías. Llegar de última a la cola, no tener amigos heredados y hacer los míos. Te amas tanto cuando te das cuenta de que estás construyéndote a ti misma y sobre todo cuando notas que lo que tienes a tu lado es lo que tú eliges y depuras. Agradezco tanto a las personas tan maravillosas que he conocido en el camino. Las almas buenas que recorren este mundo, sea cual sea su lugar de origen. La bondad de un corazón…

 

¿Estando fuera de la isla te reconcilias con la guitarra y la música —que ya es un hecho llevas en el ADN— o siempre estuvo latente y en la lejanía conseguiste el valor para pararte junto a tus tíos y tu padre?

Estar fuera del hogar, lejos de la frondosa sombra del gran árbol que es mi familia, mi apellido y mi entorno social, me atreví a hacer mis primeras canciones. Me regalaron una guitarra en Quito y ahí empezó a salir de forma orgánica porque el dolor empezó a ser parte de mi vida. Y porque empecé a vivir cosas grandes e importantes como la nostalgia por la casa, como el choque de culturas, en fin…; mil lecciones fundamentales para forjar el carácter de una persona. Y sin la mirada cercana y atenta de los familiares y amigos en Cuba empecé a hacer canciones. Siempre me parecieron «menores» porque tenía como referencias cancionzazas como las de Silvio, mi padre, Santiago, Augusto y Lázaro, etc. Pero aprendí también que para todo en el mundo hay alguien que escucha y en la reacción de la gente frente a mis canciones empecé a respetarme a mí misma como creadora. Quiero aprovechar para agradecer a todas las personas que se dejan habitar el alma cuando canto y comparto lo que siento. Que sepan que son motor, que son materia esencial de mi fortaleza y de mi confianza de hoy como artista.

En Quito asumes un personaje ambicionado por muchas actrices, por las transiciones, matices y sentimientos a explotar: Abigail Williams, de la obra Las brujas de Salem, supongo que ha sido una experiencia excepcional.

¡Me encantó hacer la Abigail! Lo disfruté muchísimo aunque claro, era inexperta. Ahora la haría 1000 veces mejor, jejeje…

Hoy, ya de regreso, estás como en un comenzar de nuevo, ¿sientes que esa decisión de irte fue acertada, cambió en algo a la chica que dijo adiós a todo? ¿Encontraste lo que buscabas?

Fue fundamental. Necesitaba ir a pulir en mis herramientas, necesitaba darle forma a mi diamante.

Hablemos de tus producciones discográficas, ¿qué te ha motivado a componer, ¿cuáles son los conceptos que te han quitado el sueño y los has convertido en canción? ¿Qué diferencia a una de otra?

Supongo que el camino te va enseñando trucos pero hasta ahora mis canciones han sido partos naturales. Ninguno de cesárea. Quiero decir que no los he preconcebido o pensado demasiado. Han sido sencillamente necesidades imperiosas e inmediatas de decir. «Producciones discográficas», así con esos términos de Industria no tengo ninguna, jejeje, aunque cargo con dos cajitas de música manufacturadas y autopirateadas que son mis dos discos… El primero De Cuna Bohemia, del 2009 es una serie de canciones que cantaba desde mi niñez y que en el primer viaje de vacaciones a Cuba, ya viviendo en Quito, decidí grabar algunas de ellas con sus autores, todo muy familiar, todo muy cercano, nada de «producción». Llamé a «los tíos»: Augusto (Blanca), Lázaro (García) y Pepe (Ordás) y fuimos pa casa de Toni Carreras. En su cuarto-estudio forrado con cartones de huevo y con el mejor sonido de La Habana, jejeje, grabamos durante una semana. La cuestión era dejar testimonio de esos dúos nacidos orgánicamente con los años. Está también en ese disco mi padre (Vicente Feliu). Ese grupo de canciones fue autofabricado años más tarde con portada diseñada por etaquetaquí y con foto de Carlos R. Dueñas. De vuelta por La Habana años más tarde, en 2016 y con canciones propias hice un concierto en la FAC (Fábrica de Arte Cubano) y como resultado de la grabación de ese concierto tengo mi segunda caja de música que es La vida no espera en VIVO en La Habana, autofrabricado también con diseño de etaquetaquí y fotos de Kaloian Santos Cabrera.

Algunos medios de prensa te han catalogado como «la más fresca flor de la canción en el continente», ¿cómo asumes en cada escenario esta etiqueta?

Es una bella forma de llamarme. Y es una categoría que parece sostenerse en el criterio de muchas personas que insisten en «frescura» entre sus comentarios. De esta forma, me sorprendió gratamente cuando me nominaron para el más reciente festival Cuerda Viva en la categoría, no de Trova sino de Canción Contemporánea (nominación de la que hoy ostento orgullosa el galardón, jejeje). Vengo de la Trova y de la exigencia de una poética especial, detenida, respetuosa, como de un ritual divino casi; y musicalmente soy el resultado de mucha música escuchada y siempre con un filtro de calidad. Creo que acaba siendo mi canción, y mi puesta en escena, algo emotivo, movilizador y disfrutable en un alto por ciento. ¡Eso creo y eso espero! Jajaja.

Estos son tiempos de polémicas sobre la jerarquización o visibilización de géneros musicales, sobre la imposición de valores, conductas, a través de las letras de determinadas canciones. ¿Cómo es tu visión del panorama musical cubano actual?

Estamos entregados a la globalización musical, por más que me pese decirlo. Nos ha ganado la insistencia publicitaria de los modelos extranjeros (de los peores modelos extranjeros que homogenizan la cultura y el entretenimiento en el mundo de hoy) y los artistas, que tienen un toque especial muchas veces, ceden ante la presión de «estar pegados»; entonces, caen en el copia y pega y se nos pierde lo que pudo ser un original. Creo que el buen gusto y lo BELLO no es precisamente lo que tenemos en nuestros medios masivos. 

¿Y en los países de Latinoamérica en los cuales has vivido cómo es la salud de un tipo de canción con letras —digamos— más elaboradas, con respecto a otras de estribillos y ritmos más comerciales?

La Globalización, como así su término infiere, es un manto que cubre el Globo y no hay nación que escape de ello. Y especialmente Latinoamérica ha estado asediada toda su Historia por la imposición de otras culturas y corrientes. Pero hay una alta resistencia, por supuesto. De todas maneras, aunque haya vivido en Ecuador o visitado algunos países de la zona, nunca me sentiré en el derecho o la capacidad de hablar hondamente de sus realidades. No soy quien. Estas son solo impresiones.

En el 2012, escribías: sigo en la nube donde me perdí/ porque hice todo lo > que no debía/ahora camino rumbo a lo que fui. ¿Es una especie de testimonio, de premonición con lo que hoy vives?, ¿en este regreso te has reencontrado?

Es escalofriante incluso, porque Sí. Fue premonitorio. En lo más hondo de sí una siempre lo sabe. Hace muchos años me dijo un cura argentino: «La gente busca en el futuro cuando las respuestas siempre están en el pasado. Somos de lo que venimos»; más o menos fueron sus palabras. Nada más cierto.

Comienzas a andar en esta Isla donde una herencia poderosa te acompaña, junto a un cúmulo de jóvenes igual de talentosos, ¿qué desearías que publicaran los medios y a comentar el público cubanos de ti?

Aspiro a que no puedan decirlo con palabras.

¿Nuevos proyectos se acercan?

¡Siempre! ¡La Vida en su forma más Bella es el mejor de ellos! Gracias por traerme a este portal!  Y AMOR para tod@s!!

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