Arte en la Rampa: algo más que una feria

La capital recibe por estos días no solo el calor que el verano cubano nos regala sino a la feria expositiva más esperada de la temporada estival. Arte en La Rampa es una gran fiesta donde conviven música, cine, artesanía, literatura y otras manifestaciones que invitan a toda la familia a visitar el céntrico Pabellón Cuba. Este escenario se ha caracterizado por el buen gusto y la capacidad para aglutinar a diversas generaciones con la idea de que la cultura sea el factor común que une a quienes ven en el arte la posibilidad de llegar a ser mejores personas.

El leitmotiv de la cita son aquellos productos que comercializan los miembros del Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC). Hablamos de   artículos ornamentales o utilitarios, que a precios disimiles, pueden ser un buen recuerdo de su tránsito por La Habana. Allí uno puede encontrarse  con familias enteras que deciden pasar la tarde o a otros que aprovechan un sitio apartado para escuchar al músico invitado. En pocas palabras: Arte en La Rampa puede ser perfectamente una opción más.

¿Qué diferencia este espacio de otras ferias expositivas? Pienso que la posibilidad de que esté enclavado en el mismo centro de la ciudad. También que se complazcan en un mismo sitio varios gustos. Por ejemplo, he visto una peña campesina y un concierto de jazz coexistir sin problemas; para gustos los colores y para escoger las flores, reza el refrán; puede además beber un café mientras a pocos pasos de usted se ofrece un diálogo con los protagonistas de una serie transmitida por la televisión nacional. Experiencias simples pero enriquecedoras para quienes desean salir de la rutina abrumadora de una vida asfixiada por la cotidianidad.

A Arte en la Rampa le queda un reto enorme: impedir que la superficialidad invada sitios que deben estar reservados para gustos más exclusivos. Entiéndase que este no puede ser el escenario donde se vendan productos pseudoculturales que denotan una brecha entre artesanía y mercado. La feria del Pabellón Cuba no puede dar paso a errores que se comenten en otros sitios, donde el interés de algunos por hacer dinero fácil desvirtúa el objetivo.

Muchas veces se ha criticado que la globalización cultural puede ser un peligro si no se tienen claros los factores que nos pueden empobrecer como nación o seres individuales. Podemos fácilmente caer en lo superficial si no somos responsables de nuestra capacidad para reinventar espacios, renovar conceptos, rediseñar ideas. El mercado de la chatarra cultural no debe invadir aquellos sitios que siempre se han caracterizado por brindar la posibilidad de algo que va más allá de lo ¿bonito?

Que Arte en la Rampa siga siendo una idea diseñada para todos, un esfuerzo individual y colectivo, no depende solo de los organizadores. Pero sobre ellos recae el mayor peso de cada decisión que se tome para que nuestras casas se llenen de buen arte y no de lo que habitualmente podríamos encontrar en cualquier quiosco de esta Habana cosmopolita y multicultural. La última palabra nunca estará dicha pero esa no debe ser la del facilismo, el mercado barato y mucho menos la banalidad.

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