Aquellos que llevan la muerte

Perséfone Teatro cumple dos años de vida. Dos años anclados en viaje constantes de idas y venidas desde y hacia la muerte. El significado de su nombre agrupa dos manifestaciones de un mismo proceso. Perséfone para los griegos, Proserpina para los romanos, no es más que un mito que sirve de base a los equinoccios de otoño y primavera. Los procesos naturales dieron pie al mito. ¿Y qué cosa más cercana al teatro que el mito? Proserpina es una de las metáforas más hermosas del ciclo natural abundancia/depresión. De ahí que una muchacha hermosa traiga consigo la exuberancia de la primavera, y luego cuando es obligada a volver junto a su esposo al inframundo, la tristeza de su madre solitaria cree miseria y devastación. Este viejo mito ha llegado a la Cuba actual. Ha servido para que Adonis Milán subvierta la metáfora de su peso social y personal. Se ha convertido en pretexto de resistencia y en alivio bajo la sabiduría de que todo pasa. Como van y vienen las olas. Vuelven el otoño y la primavera. Vuelven el caos y el orden como ciclo inagotable de este universo que conocemos.

Perséfone Teatro ha tenido también abundancia y depresión. Luego de momentos de prolífera actividad ha llegado la soledad y el otoño. Pero como hormiga que ha guardado provisiones ha resistido la idea del grupo. Sin embargo, no es sólo este ciclo indetenible lo que define el parecido de este grupo con su nombre. Lo es también los conflictos que articulan el tejido del drama. Una joven raptada, una madre que vaga loca por el mundo regando miseria a su paso, un padre enfurecido, un tío incestuoso, un hechizo de matrimonio y eterna condena al viaje. Los espectáculos de Perséfone Teatro siempre obsesionados por las mujeres y la condena del hombre en su propia existencia han repetido de varias maneras las aristas del mito. La idea del aquelarre como espacio profundamente femenino aunque se adore a un hombre ha convivido con el ritual del teatro. Perséfone hace un rito de idas y venidas. Adonis Milán y su grupo hacen un rito de mujeres tras mujeres. Incluso, aunque se hable del hombre quien grita oprimida, revelada, adolorida, achacosa, feliz, histérica o demoníaca es una mujer. Así lo demuestran obras como El Viaje de Perséfone, El árbol de los gatos o Al filo del mar. El hombre tiene una escaza brecha para tomar alguna decisión. Y no se trata de una banal guerra de los sexos. Es una cuestión de útero, de fertilidad inherente a la mujer y a la propia Proserpina, de la cual no puede separarse esta agrupación. Es el dolor de ser madre o de no serlo, de tener una madre o de no tenerla. Y en este caso Freud haría con este entramado sus delicias.

Sin embargo, no toca hablar de psicoanálisis. Corresponder hablar de cómo un mito grecorromano puede ser aliciente e impulso para crear un discurso un lenguaje. Y cómo, para salir de la crisis, algunos jóvenes sueñan una crisis mayor, terrible, apocalíptica. Hace algunos días una amiga me recordaba que el polvo era la peste que azotaba las ciudades en la Grecia Antigua. Hoy, en una ciudad azotada por polvos y pestes, crear un caos, proponer el fuego que arrasa, la muerte de todo —a la espera del regreso de la joven que traerá con su paso la abundancia— es una decisión comprensible. Esa muchacha puede tener muchos nombres, nombres que empiezan con L, con A, con H, pero este grupo ha decidido nombrarla Perséfone, no Proserpina, que fue el nombre dado por los ladrones romanos que robaron de Grecia costumbres, mitos y leyendas. Ellos la han nombrado como los griegos porque sienten que llevan la muerte, una que nos les corresponde, pero que fue puesta sobre sus hombros. En esta vida no sólo se heredan los rasgos físicos. En el corpus social no sólo se heredan los buenos sueños y las miles de palabras hermosas.

 

Perséfone Teatro cumple dos años. Y vale que los cumpla y los celebre con entusiasmo. ¿Acaso no se celebran con mayor alegría los primeros y los últimos años de vida? Esa comunión de festejo sirve de impulso, y si se asume desde el diálogo y se invita a conversar a los amigos, vale más. Por eso Perséfone Teatro reúne a los que han llegado con la abundancia y a quienes los han acompañado en la depresión para conversar. No es detener la marcha para celebrar la historia, es discutir el presente intensamente. Eso en cualquier circunstancia es más provechoso. Queden todos invitados el próximo miércoles 30 de agosto a las 5:00pm, en La Madriguera, para eso, para conversar.

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