Desde las redes, A Tempo con Caturla

El Festival A Tempo con Caturla de Música de Cámara inició este martes sus presentaciones con registros de intérpretes fundadores del acontecimiento anual que organiza la filial de la Asociación Hermanos Saíz en la provincia de Villa Clara.

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Ultreia: Salutaciones y promesas desde el pincel y el lienzo

En el límite entre Holguín y Guantánamo, una ciudad se distingue, su tierra roja e industrias la ponen en el mapa de Cuba como un esencial enclave minero y sustento económico.

Pero Moa, por encima del valor de su mineral, de su escasamente reconocido tesoro vegetal, diverso y valiosísimo, tiene en su gente el verdadero yacimiento. Nutrido por décadas de personas de todo el país, la población moense es una simbiosis que batalla por dotar a la demarcación de valores culturales imperecederos.

Fotos cortesía del entrevistado

Generaciones de artistas han sostenido el quehacer cultural con mayor o menor auge. La joven vanguardia artística tuvo allí una semilla vigorosa. Tal vez por eso sigan germinando proyectos que buscan ir más allá.

Los instructores de arte Dionnis Justiz y Fidel Silvente junto a Frank Téllez Marzabal, egresado de la escuela de artes plásticas de Holguín, El Alba, conforman el grupo Ultreia.

Fotos cortesía del entrevistado

Fidel Silvente Palacios, quien se ha dedicado al trabajo como instructor de arte por 16 años, cuenta: “el 28 de enero de 2015 nos encontrábamos reunidos y planificando crear un grupo para accionar artísticamente y generar ideas, exposiciones y proyectos. Así, en una conversación informal en medio de un almuerzo ofrecido a la Brigada José Martí decidimos crear Ultreia.

“Ultreia proviene del latín, y significa vamos más allá, un saludo común entre los caminantes peregrinos a Santiago de Compostela. Y como nosotros también pretendíamos ir más allá de las creaciones artísticas características de nuestro territorio, emprendimos viaje a la ardua tarea de crear y comunicar.

“En 2015 debutamos con la exposición La voz de Gea, donde las instalaciones narraron e ilustraron la belleza de la naturaleza, su fragilidad, e hicieron un llamado a proteger las especies en peligro.

Fotos cortesía del entrevistado

“Seguido a esta participamos en las Romerías de Mayo. Abrimos el desfile con el performance llamado Carriolgini. Montados en carriolas y vistiendo uniformes del grupo nos abrimos paso por las calles de Holguín.

“También llevamos la muestra Into Reflejos a los municipios holguineros Antilla y Banes. Esta era una mezcla pictórica de estilos donde la única premisa era exponer y entretener a un público necesitado de ver y compartir.

“Más tarde presentamos en el Centro Provincial de Artes Plásticas de Holguín una exposición de 12 instalaciones que llenaron la sala Electa Arenal.

Participamos en el Salón Provincial de Holguín, alcanzamos el premio que otorga la AHS por la instalación Factor 8.”

Fotos cortesía del entrevistado

El proyecto de los tres jóvenes artistas intenta mover el ámbito de la plástica en Moa, así como decir, desde los códigos de los noveles creadores, preocupaciones, mostrar sus influencias, lo aprendido en la academia y por las vivencias propias.

La preocupación tal vez parte de la realidad que revela en su conversación Silvente:

“Las artes plásticas en Moa siempre fueron trabajadas con una óptica naif. La mayoría de los artistas naturales son autodidactas y practican el paisajismo.

“Desde la creación de las EIA y la incorporación de instructores a las filas de creadores, hemos aportado aire fresco y contemporáneo al accionar plástico.”

Instalaciones, miniaturas, paisajes, fantasmagorías que miran desoladas desde el lienzo, retan al perceptor que se enfrenta a las piezas de Ultreia, que camina, en su trayecto creativo yendo más allá, siempre.

 


Víctor Bordón: «El arte es la máxima expresión de la esencia humana»

Conocí primero a la obra que al artista, y la oportunidad vino de la mano de la editorial panameña DMCPherson, que reeditaría mi libro de poesía para niños Las criaturas del silencio. Los dibujos de Víctor Bordón llegaron a mi correo electrónico un día como otro cualquiera y fue entonces que sentí ese guiño cómplice, ese guiño que conecta a un autor con un ilustrador en particular. Mientras el proceso de trabajo de Víctor avanzaba, mientras mis criaturas comenzaban a adquirir bosquejo, silueta, contorno y vida, fui incubando estas preguntas.

—¿Por qué la ilustración?

—Siempre me resultó fascinante el hecho de poder plasmar la realidad, las ideas y hasta las emociones en un papel. Desde que tengo uso de razón dibujo por entretenimiento, a pesar de que no tuve estudios especializados en Artes Plásticas pues, en su momento, decidí inclinarme por un perfil más técnico.

—¿De qué forma influye tu formación como arquitecto a la hora de diseñar e ilustrar un libro?

—Bueno, el tema de la expresión gráfica y la arquitectura son prácticamente inseparables pero especialmente —en ese tiempo en el que practiqué el dibujo a mano, afín a la especialidad— descubrí estilos de representación en los que se combinaba el dibujo técnico con el artístico y se lograba sintetizar las ideas de manera muy práctica y, a mi entender, elegante. Y creo que esa influencia me ha acompañado desde entonces a la hora de dibujar o ilustrar, y también creo que constituye una forma de equilibrar mis carencias artísticas en cuanto a academicismos. Además, fue en esta etapa que empecé a conocer sobre softwares de diseño que potenciaban considerablemente la capacidad física a la hora de dibujar o diseñar, y sobre las posibilidades creativas que estos ofrecen.

—¿Cómo transcurre tu diálogo con los autores u otros creadores literarios? ¿Qué buscas a primera vista en una obra?

—La función de la ilustración en la literatura es la de reforzar las ideas de los autores, así que eso es lo que busco: la idea esencial, lo que ellos quieren trasmitir, y de ahí parte mi trabajo.

—¿Cuán difícil puede resultar, a tu criterio, que un autor quede satisfecho con tu trabajo?

—Bueno, la satisfacción con mi trabajo en esta rama de la ilustración es muy subjetiva, por lo que las probabilidades de que a un autor en específico le guste lo que hago es de 50-50. También es posible que el autor busque algo muy alejado de mis capacidades o intereses, así que supongo que es medianamente difícil.

—¿Cómo ocurre tu proceso creativo?

—Mi proceso creativo parte de una necesidad tanto en la arquitectura como en la ilustración. En último caso es la necesidad de trasmitir algo, ya sea una idea mía o de otra persona. Creo que la ilustración es un lenguaje, tal vez el más fácil de comprender.

—¿Piensas en el arte como un trabajo colectivo, que ocurre en estrecho contacto con otros creadores, o apuestas por un arte independiente donde puntualmente un creador se nutra del otro?

—El arte en sí es tan complejo que no me atrevería a encerrarlo en una u otra modalidad. Personalmente me siento cómodo trabajando en equipo, sobre todo porque es una forma de complementar y potenciar las capacidades creativas. Pero también me interesa la creación independiente esporádica. 

—¿Quiénes son tus principales referentes visuales o artísticos?

—Supongo que no tengo un referente específico porque me gusta mucho la diversidad. Además, mis referentes han cambiado a lo largo del tiempo: comencé por el dibujo académico y anatómico, aunque luego me interesó más el mundo de la animación y las historietas. Mis primeros referentes definidos fueron el manga y el anime japonés cuando era más pequeño y, posteriormente, el estilo más occidental de cómic, la novela gráfica y la animación francesa. En la actualidad, utilizo como referentes a todos los ilustradores independientes que pueda, porque en internet hay tantos trabajos buenos que es muy difícil escoger alguno. Pero, por ejemplo, me gusta mucho la obra de Randy Bishop, Superani y Jamie Christopher Hewlett.

 

—Como ilustrador, ¿qué buscas en específico con tu trabajo? ¿Hasta qué punto te interesa una imagen comercial atractiva? ¿Piensas que lo comercial, en tanto concepto, ha sido malinterpretado dentro de la creación artística? ¿Es lo comercial una concesión creativa?

—Como ilustrador me gustaría alcanzar una imagen capaz de transmitir las ideas de una manera clara y atractiva sin que sean realistas. Me interesa bastante lo comercial en su sentido positivo. Pienso que lo comercial no tiene necesariamente que ser opuesto a la creatividad artística, ya que se puede ser creativo y a la vez aprovechar el know how que hay detrás de tantos años de evolución de la imagen. El problema pienso que surge cuando se entiende, como sinónimo de comercial, el hecho de copiar lo existente sin aportes y posiciones propias, o dejarse arrastrar por la moda y lo que más se vende.

—¿El artista joven se parece al tiempo que le ha tocado vivir o tiene la meta de transformar ese tiempo a través del ejercicio artístico?

—Un poco de ambas cosas, ya que la realidad contemporánea es innegablemente diferente a la de épocas pasadas y eso influye en el autor. Pero también creo que uno de los principales deberes del artista es cuestionarse la realidad desde su posición, e intentar mejorarla o al menos concientizar de esta a la sociedad.

—¿Cómo definirías tu estilo?

—Preciso…, pero libre.

—En los tiempos inciertos que vivimos, ¿tiene el arte un lugar, una utilidad en el mundo? ¿Cuál?

—Pues sí, tanto el arte aplicado a otras especialidades como el arte en estado puro, porque es una forma de cuestionar la realidad, porque es la forma de salir de la reproducción masiva de productos y contenidos estandarizados. Creo que el arte es la máxima expresión de la individualidad y de la esencia humana.


María Laura Germán: «Cuando escribo en versos soy feliz»

Cuando pienso en María Laura Germán no me llega de repente la imagen de la muchacha con la que compartí el espacio académico del ISA, sino la imagen de la actriz que me ha hecho reír y comulgar con las dinámicas de la escena en las muchas puestas de las que ha sido partícipe. Pienso también en sus textos, en las partituras teatrales que sus obras tejen en mi mente. María Laura Germán tiene muchos rostros, y todos ellos conforman a esta artista —damatriz— con la que hoy converso.

—¿Cuáles piensas son los principales desafíos del teatro y la dramaturgia jóvenes en nuestro país? ¿Qué horizontes les falta por conquistar?

—El principal desafío es acabar de vernos como un movimiento de teatro joven cubano, sin tanta “miradera” por encima del hombro, sin tanta sectorización por géneros teatrales. Fíjate que me haces la pregunta y, cuando lo pienso, somos bastantes, pero como nos vemos aislados no hacemos bulto. Más allá de la diferencia de lenguajes, medios de producción o geografía —que es en realidad lo que más me atrae de la amalgama somos/podríamos ser—, creo que hemos dedicado demasiado tiempo a competir secretamente con el otro. Aun así, el gremio apunta hacia un cambio en tiempos recientes, como estamos viendo en los esfuerzos de los actores en crear una Asociación que los ampare. Y eso ya empieza a verse diferente.

—¿Cuánto influye María Laura actriz, en María Laura dramaturga? ¿Se aprenden desde la escena elementos vivos con los que la escritura no puede emular?

—Muchísimo. Empezando porque somos la misma persona, ¿sabes? (Risas.) En serio. Yo actuaba para la televisión desde los 11 años, pero cuando comencé en Teatro de Las Estaciones —que es donde realmente marco mi inicio profesional— ya estudiaba en segundo año de Dramaturgia; así que nunca he visto una cosa desvinculada de la otra. Incluso he recomendado a algunos colegas acercarse al trabajo de los actores, porque creo que el conocimiento práctico de la escena te moviliza la escritura. Es una toma y daca perenne: la actriz influye en la escritora, y la dramaturga influye en la actriz… y yo, en medio —de dramatriz— las dejo confluir y ser.

fotos cortesía del entrevistada

—Has estado en contacto directo con diversos modos de hacer y entender el teatro desde la práctica escénica, ¿qué de ello te ha servido para (re)formular tu pensamiento como creadora?

—Todo. Todo me sirve. El trabajo de Rubén y Zenén, y de cada uno de los actores de Las Estaciones me alumbra el camino hacia un acercamiento cada vez más seguro a la dramaturgia y la dirección del teatro para niños y de títeres; y la experiencia de El Portazo me agudiza la vista hacia un género cabaretero, popular, bufo, político, que es siempre necesario mantener fresco y actualizado. Son dos aristas diferentes de lo que significa estar siempre alerta, joven, atento; y esa vivencia diaria reformula tu pensamiento constantemente.

—En tu creación para niños, ¿qué defiendes por encima de todo? ¿Qué temas te parecen perdurables y cuáles condenados al olvido?

—Defiendo al niño sobre todas las cosas. La inteligencia del niño, su capacidad de aceptación, de comprensión, de asociación. Defiendo el derecho del niño a ser tratado como una persona normal: inocente, nueva, delicada, pero dueña de su intelecto y de un universo maravilloso que nosotros —muchas veces— olvidamos cómo entender. Defiendo la verdad a la hora de hablarles de la vida, del amor y del odio. Creo que todos los temas son importantes, todos son perdurables siempre que se traten desde la sinceridad y la delicadeza; una vez que se miente, o se ocultan en laberintos formales, asumiendo la ingenuidad del niño como defecto, con perjuicio, ese tema deja de interesarme. Y lo peor no es que deje de interesarme a mí, es que deja de interesarles a ellos. El niño sabe y, lo más importante, necesita saber; porque la estrella azul ni tiene todas las respuestas ni le va a durar para siempre.

—¿Qué opinas de la generación de autores dramáticos a la cual perteneces?

—Variada. Auténtica. Versátil. Interesante. Peleadora. A veces austera. Me gusta. La admiro en su mayoría. La conozco en su mayoría. Aunque a veces quisiera sentirme más parte, pero creo que es algo que tiene que ver con los nuevos tiempos.  

—Escribir en verso, ¿por qué el desafío? ¿Fue acaso una manera de rescatar tradiciones y formas de lenguaje escénico que parecían perdidas en el tiempo? ¿Qué entiendes por poesía escénica?

—Lo del teatro en verso viene de cuando estudiaba en tercer año y tuve un apasionado profesor de Dramaturgia que me habló del género: Luis Enrique Valdés Duarte; incluso en un semestre entregamos una obra de teatro en verso. Me fascinó, al punto de decidirme para mi tesis por una versión de la Sonatina, de Rubén Darío. Eso y leer a Norge, a Lorca, a Martí, a la Loynaz… Siendo totalmente sincera nunca pretendí —ni me sentí en el derecho de pretender— que podía rescatar alguna tradición, simplemente encuentro en el verso una forma de expresarme donde me siento cómoda (lo cual no quiere decir que me sea del todo fácil), libre, feliz. Cuando escribo en versos soy feliz. Ahora que lo pienso alguna vez leí sobre el efecto de la poesía rimada en los niños, y recuerdo que pensé en la poesía como el lenguaje ideal para los títeres, por aquello de que ambos son metáforas en sus universos (seguramente tengo algo por ahí escrito sobre el tema); en eso también influye, por supuesto, mi cercanía al mundo de las figuras animadas. Pero sobre todo creo que tiene que ver con la felicidad.

—¿Cómo ocurre tu inicial acercamiento a Teatro de Las Estaciones? ¿De qué manera se relaciona tu cuerpo actoral con la figura del títere?

—Llego a Teatro de Las Estaciones por Yerandy Basart, que a petición mía me lleva a un ensayo. Yo quería saber cómo funcionaba el teatro por dentro, los ensayos, la actuación, la dirección; y quería acercarme a Rubén y Zenén, figuras que admiro desde la infancia. Llegué en agosto del 2008 y me quedé, para mi suerte. Me enamoré de los títeres desde niña, y tenía con ellos una extraña relación que me permitía comunicarme mejor con otros niños: esas fueron mis primeras titiritadas. Tal vez eso hizo que el trabajo de animación no me fuera totalmente ajeno, eso y que crecí en una biblioteca, leyendo de todo, y que aún voy por las librerías comprando cuanto libro para niños me parezca interesante, y me da igual si me los tengo que leer ahí mismo porque no me alcanza el dinero; puede sonar tonto, pero es real, lo que te acerca al universo del títere es creértelo y dejarte arrastrar por él.

—Eres uno de los rostros más reconocibles en Teatro El Portazo, ¿cómo se vertebra tu mirada dramática cuando entra en contacto con la poética de un director como Pedro Franco?

—Pedro y yo tenemos muy buen diálogo, la verdad. Siempre lo hemos tenido. Es como si algunas veces pudiera casi leerle la mente y eso me facilita poder traducirlo, tanto para mí como para los otros actores. Supongo que tiene que ver con un trabajo de siete años juntos. Con Teatro El Portazo fue mi primera experiencia de teatro dramático y eso me enseñó muchísimo, me sacó el demonio, como dicen por ahí. Creo que mi dramaturgia le interesa porque puede ser moldeable a sus necesidades; y a mí me interesa su visión aguda, porque la creo una de las más alumbradas de nuestra generación.

—Quiero hacer un aparte para hablar de tu reescritura de Los dos príncipes, una obra que, obligatoriamente, nos pone en contacto con José Martí y con su vocación para dar a conocer a los niños parte de lo mejor de la literatura universal. Háblame un poco del proceso de creación de este texto.

fotos cortesía del entrevistada

—Los dos príncipes fue, primeramente, una provocación de Rubén; y luego la razón de mi insomnio durante todo un año. El proyecto me enamoró desde la propuesta inicial, que partió de encontrar un pequeño guion de los Camejo para una versión de Los dos príncipes, de José Martí, para teatro de sombras, que nos pareció demasiado apegado al poema original. Desde ese momento supe que tendría que releerme a Martí; sentía que para emular de alguna forma su escritura —y no creo que emular sea la palabra correcta, así que cambiémosla por homenajear— tenía que bebérmelo todo, apropiarme de sus metáforas… mirar, o al menos intentarlo, como miraba él. Eso fue lo primero, ya luego vino la etapa de decidir la métrica del texto y de los personajes. Por suerte hace años encontré en una librería, de esas a las que uno no sabe ni por qué entró, un ejemplar que se convirtió en mi libro de cabecera: Métrica, verso libre y poesía experimental de la lengua española, de Virgilio López Lemus, y buscando y rebuscando encontré la idea del octosílabo para el príncipe y el pentasílabo para el pastor, así como de la rima sonante para seguir la pauta del original martiano. En principio escribí la obra para cuatro personajes: Rey, Príncipe, Pastora y Pastorcillo, pero así de maravillosos son los montajes de los textos y Rubén terminó incluyendo a la Reina y el Pastor, y transformando narraciones en diálogos. Como proceso de escritura es de los que con más cariño guardo, pero mentiría si te dijese que todo terminó con el punto final, pues estar presente en la puesta en escena, no solo como actriz, sino como una especie de asistente de dirección, escuchar los textos dichos por otros, descubrir los diseños de Zenén, la partitura espectacular que se iba creando con los mismos versos que alguna madrugada escribí, fue realmente iluminador. Y un día, de pronto, ver cómo delante de mí se levantaba una obra —que llevaba mi nombre— como si fuera un libro troquelado de cuando era niña.

—Sobre tus libros, ¿vuelves a ellos comúnmente o prefieres entenderlos como una escritura terminada?

—Escritura terminada. ¿Eso existe? (Risas.) Creo que uno siempre piensa que no está completo, que pudo ser mejor, que quizás esta coma no iba en este lugar, que este personaje debió llamarse de otra forma o responder de otra manera… incluso cuando el libro ya está publicado seguimos pensando en él como producto perfectible —creo que eso es lo que me apasiona del teatro, que siempre se puede mejorar. Pero si hablamos de esos textos-hijos-proyectos que tenemos engavetados o en la carpeta de TEXTOS A REVISAR, te soy completamente sincera, muchas veces prefiero comenzar un proceso nuevo que regresar al anterior —depende obviamente del grado de conformidad que haya conseguido a su terminación—, imagino que por aquello de que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver.

—Los premios y reconocimientos no te han sido escasos, ¿marcan en ti un antes y un después?

—Sobre todo un después porque, aunque no los creo definitorios, me parece que los premios son necesarios para estimular la creación, pues te condicionan a superarte. Después de la satisfacción de obtenerlos, y la celebración de esa noche, viene otro día en el que comienza otro proceso donde tienes que escribir o actuar, y sientes que debes hacerlo mejor: es lo más parecido a vivir con el qué dirán, pero funciona, te crea una sensación de constante vigilia que te exige ser mejor: mejor actor, mejor escritor, mejor profesional y, en los mejores casos, hasta mejor persona. Siempre que sigan causando ese efecto: ¡bienvenidos sean!

—Cuando termina el espectáculo, cuando cierras la página del libro que estás creando, ¿quién es María Laura Germán?

—La misma niña que sentada sobre las rodillas de su madre, en un teatro de la calle Daoiz, se enamoró perdidamente del teatro de títeres, y luego en casa armaba detrás del espaldar de la banqueta sus pequeños retablos. La misma adolescente que comenzó a escribir para dedicarles a los demás los libros que nunca tuvieron su nombre. La misma joven que se sentó un día de agosto a la diestra de Rubén, y muerta de nervios supo que era ese el lugar al que pertenecía.


Odilius Vlak: «La escritura no es para lobos solitarios»

Si la memoria no me falla, corría el año 2013 cuando visité por primera vez la Feria del Libro de Santo Domingo. Allí tuve la oportunidad de dialogar y conocer a Odilius Vlak. Nos unía no solo la idea de ser isleños, caribeños, sino además el amor por el género de la literatura especulativa y su difusión en nuestros comunes ámbitos geográficos. Como en aquella primera conversación, esta entrevista también busca las raíces de quién es Odilius Vlak, el escritor que taladra las puertas de la página en blanco.  

—¿Por qué decides firmar tu obra con el seudónimo Odilius Vlak?

—Bueno, es el resultado de cierta incomodidad con mi nombre de pila, Juan Julio Ovando Pujols, el cual, si bien funciona de manera excelente en la jurisdicción de la vida civil mainstream, no me gustaba como nombre que identificara mi arquetipo de escritor de literatura especulativa, o aspirante a expresarme a través de ella. Entendí que, lo mismo que los miembros de las bandas de black metal y demás géneros musicales extremófilos —de los cuales soy consumidor—, la literatura de género me exigía igualmente un nombre más simbólico. Así que hice un ejercicio de desdoblamiento imaginándome ser un monje medieval especialista en traducir grimorios de civilizaciones prediluvianas y míticas, ya pertenecieran a la tradición esotérica o a las creadas en la literatura de fantasía, especialmente las de los subgéneros mundos perdidos y fantasía oscura de la era pulp. Entonces me dije «ok», ese monje se llama Odilius Vlak [momento «¡Eureka!» sin dudas]. Desde ese momento, ese monje soy yo.

 

—¿La literatura especulativa del Caribe tiene una pauta o marca de estilo que la diferencia del resto de la literatura especulativa latinoamericana?

—Definitivamente. Como toda expresión caribeña, desde su música hasta su gastronomía, su forma de hablar, su energía e idiosincrasia general. Y esa marca y ese estilo no son algo retórico, sino fruto de un proceso histórico que incluye mezcla racial, adaptación al suelo, a sus frutos, su clima, la dimensión mágica religiosa, etc. No en balde por aquí arrancó el lío de la conquista; por aquí llegaron Cristo y Satanás al continente, así como los orishas africanos, sin que la magia de los behíques taínos y sus mitos hayan sido exiliados del todo de nuestro inconsciente colectivo. Pienso en el Caribe como una nueva Tierra Media; un espacio mitogeográfico a mitad del continente, haciendo equilibrio entre el tío Sam y la utopía de la Gran Colombia. Por ejemplo, es imposible que si hacemos una literatura especulativa contextualizada en todo ese acervo cultural y que exprese la dinámica social del isleño, no salga a flote esa musicalidad propia del Caribe. Cuando leí Tercer Mundo, del escritor boricua Pedro Cabiya, me dije: “uffff, esto es un cóctel que lo tiene todo, especialmente la incorporación de la idiosincrasia popular de la isla y su «cantaíto» al hablar, y ni mencionar el estilo del autor que es puro Caribe; y ese jodido worlbuilding tan auténtico y orgánico al cual la isla le ajusta como la zapatilla de la Cenicienta”. Esa novela es, en mi opinión, una muestra arquetípica de lo que podría ser la literatura especulativa caribeña en su máxima expresión de autenticidad; sin que por ello se entienda que la incorporación de tales elementos sea una receta de esas que finalizan recomendando “solo agregue agua y agite fuerte”.

fotos cortesía del entrevistado

—Entonces, ¿hasta qué punto ser isleño signa tu escritura?

—Aparte de lo argumentado en la respuesta anterior, cuyos elementos podría decirse que son la «materia prima creativa», lo que está ahí, dentro y fuera de nosotros, la condición de isleño solo empieza a signar nuestra escritura cuando nos hacemos conscientes de ella y asumimos nuestra responsabilidad. En mi caso eso implicó aceptar esa realidad. Dejar de evadirla o sentirme avergonzado de ella, partiendo de que mi aspiración no era escribir realismo mágico, sino ciencia ficción y fantasía. ¿Pero cómo?, si no soy gringo ni europeo; tampoco japonés. Cómo hacerlo si se entiende que son modalidades narrativas demasiado sofisticadas y, en el caso de la ciencia ficción, demasiado inteligente para un mulato de una isla que no exportaba precisamente tecnología de punta o grandes teorías filosóficas. Pero nada, la epifanía eventualmente llegó. Creo que en el momento preciso, donde hay toda una corriente mundial que apela a descentralizar los intereses de la literatura especulativa fuera del nicho anglosajón. El ciclo de Crónicas historiológicas es el primer fruto de ese reconocimiento de que un futuro proyectado desde el Caribe es tan válido como el yanqui —aunque no hayamos desarrollado el Proyecto Manhattan—, y que los mitos taínos y los importados de África son tan fantásticos como los que inspiraron a Tolkien. Todo ello sin caer en un activismo que en nada va con mi personalidad, o sin dejar de venerar mis maestros made in USA o UK.

fotos cortesía del entrevistado

—¿Es un desafío enfrentarse a un género que posee una vasta historia y tradición enfocada en la cultura anglosajona, o piensas que los caminos de la ficción especulativa caribeña deben mirar hacia otros horizontes de referencias?

—Vaya que lo es. Como puntualicé al final de la pregunta anterior, puedo mirar a otros horizontes de referencias sin que eso implique que deje de ver en la tradición anglosajona una inspiración permanente. Y esas otras referencias están, en primer lugar, en lo caribeño y latinoamericano; luego en el resto del mundo. He logrado romper el condicionamiento mental que me hacía reaccionar de manera instintiva con indiferencia ante un autor que no fuera anglosajón. Me siento bien conmigo mismo en ese sentido. Me desconecté de esa Matrix. Igual: Mary Shelley, Edgar Allan Poe, H. G. Wells, H. P. Lovecraft, Clark Ashton Smith, Abraham Merrit, Francis Steven, C. L. Moore, Arthur C. Clarke, Frank Herbert, y el gran montón que todos conocemos, estarán siempre fuera de competencia.

—Las relaciones escriturales con otros países de la misma franja geográfica caribeña: ¿una necesidad, un reto o una utopía? ¿Por qué?

fotos cortesía del entrevistado

—Una necesidad. De orden pragmático y, si se quiere, hasta del ser colectivo. Y ahí Cuba sería la llamada a guiar esas relaciones por su larga tradición y aporte a la literatura de género. La veo como el cuartel general. Otra dinámica que podemos emular de los países anglosajones, entre los cuales siempre ha existido una gran retroalimentación y colaboración entre sus autores, editores, ilustradores, colectivos y los diferentes premios. Sostengo que el sueño de la Confederación Antillana podría tener su verdadero “episodio piloto” en dichas relaciones, ya que lo real maravilloso de Carpentier o el realismo mágico, por su propia naturaleza quizás demasiado conceptual, no pudieron desarrollar a nivel de una interacción entre autores, obras y temática, eso que en la praxis de la literatura de género es intrínseco: la autorreferencia interna que permite de una manera más deliberada crear bloques equivalentes a los geopolíticos. Lo real maravilloso y el realismo mágico pecaron de no reconocerse como “géneros”; la alta cultura los jodió a pesar de su boom editorial. Otro gallo canta en nuestro patio. Puedo, como dominicano por ejemplo, seguir expandiendo o ubicar una historia en la geografía cyberpunk de Vladimir Hernández. Ese tipo de “apropiación” y enriquecimiento es la sal de la literatura especulativa. También la ventaja que brinda el pertenecer a una subcultura literaria marginal pero que, por lo mismo, posee más coherencia y sentido de identidad. Solo fíjate en los últimos cinco o seis años cómo ha ido creciendo cada vez más el dialogo entre los protagonistas de esta subcultura en el Caribe y el resto de Latinoamérica. Aparte de necesidad podría ser un reto, pero jamás una utopía. Esas relaciones ya están. Solo falta, para usar un término del protocolo político, oficializarlas.     

—¿Cuáles son los principales temas que abordas en tu obra?

—Mi obra está permeada de fantasía oscura y mundos perdidos, ambos filtrados —ya en un plano un tanto de fantaciencia— a través del cyberpunk. Eso en cuanto a los subgéneros. Siempre hay magia, aun a nivel genético o cuántico. Me parece que el concepto más importante que he desarrollado desde lo caribeño ha sido el de “la post singularidad cultural”. Eso en Crónicas historiológicas, que es un ciclo de siete historias. Es decir, cómo podría sobrevivir la “identidad” —sobre todo colectiva— en un futuro transhumano o post biológico. Ahí también exploro, en una combinación dialéctica entre un pasado y un futuro imaginarios, otra de mis fascinaciones: la historia. Creo que con sus torpezas de estilo y tramas, en ese ciclo pude combinar muy bien mis intereses con los subgéneros que me maravillan. Lo mismo que en Viaje al centro de los mitos. Un ciclo inédito que combina la ficción histórica y la fantasía oscura, mezclando la mitología taína y la magia católica. Ya en la novela que estoy desarrollando vuelvo a la cuestión de la identidad, la historia, el cyberpunk, la magia, el ADN como última frontera. Todo, claro, desde mi experiencia como dominicano. El tema de la identidad colectiva, por ejemplo, es una cuestión traumática en nosotros. Siempre con ese complejo de que no somos una nación, que nunca llegaremos a serlo. Siempre con el temor de ser absorbidos por Haití… y un largo etcétera.

—¿Cómo transcurre tu proceso creativo?

—A veces cogiendo la misma lucha de Sísifo: un volver de nuevo a intentarlo. Otras teniendo éxito, solo para tener que correr como loco tras la roca que desciende por la pendiente opuesta de la montaña para que la historia no se salga de mis manos. Pero lo disfruto un montón. Cada día planifico más. Trato de insertar técnicas del guion de cine en la literatura, sobre todo en la novela que escribo actualmente, la cual asumo como un techno thriller. Ahí diseño las escenas luego de un concurso donde gana la que mejor beneficie el hilo narrativo. Igual hay zonas nebulosas. Y qué genial que así sea. Otra cosa es un principio, una mecánica convertida en ley personal de escritura: lo primero es el título. Ahí soy muy simbólico. Solo cuando capto intuitivamente el título perfecto para esa idea indefinible que me carcome el cerebro, es que puedo ver el mapa de ruta de la historia que promete dicha idea. Pero ya sabes, la creatividad avanza a saltos entre los tiempos que sobran del trabajo diario. Vainas del cyberpunk dominicano, como le llamo.

—Como escritor autodidacta, ¿cuáles han sido tus mayores desafíos? ¿Piensas que la literatura, el arte en sentido general, puede aprenderse sin una guía? ¿Cuáles fueron tus principales patrones a seguir y las herramientas que más útiles te han resultado?

—Desafíos: no dejarme secuestrar por el pensamiento de que estoy perdiendo mi tiempo. Confiar en mi potencial aun sin haber estudiado literatura creativa en una universidad gringa, por ejemplo, sino gestionando y optimizando el talento personal. El arte es guía desde que te identificas con autores o creadores en general a los cuales intentas emular como punto de partida. La iniciativa implica buscar esas guías [estudiar la técnica de un autor, leer sobre ellas, asistir a un taller, etc.]. Mis patrones son mis autores favoritos. Sus obras. Qué tanto sacrificaron para construirlas. En cuanto a las herramientas, bueno, desde el punto de vista psicológico, hacerme el “chivo loco” como decimos por acá y no escuchar consejos que me desvíen de mi norte. En la parte física, tener siempre ready mi PC; escribir para el Blogzine Zothique The Last Continent [hasta el 2014]; involucrarme en el colectivo Mentes Extremófilas; escribir para la revista digital miNatura [desde el 2012]; colaborar en el proyecto mexicano El Teatro de las Ánimas [podcast de narraciones y contenido musical]; participar de ferias del libro y la gestión cultural a nivel general.  

—Ya hablábamos de la importancia de las relaciones escriturales que podrían establecerse en nuestro contexto geográfico; pero, ¿cómo valoras la conexión y el trabajo en equipo cuando colaboras con creadores de diversas manifestaciones en la propia República Dominicana?

—Es vital. Este business no es para lobos solitarios. Sobre todo cuando sabemos que es una cruzada por el reconocimiento y por dejar una huella en este bueno, bello y verdadero universo de la literatura de género. En mi caso la mejor conexión ha sido con el artista Eddaviel: mi principal cómplice en el crimen de imaginar. Las conexiones y el trabajo en equipo deben darse con personas que no te hagan perder el tiempo. Somos caribeños, no germanos. Nos hace falta aún más disciplina y sentido del compromiso en ese sentido. Pero igual, ya en República Dominicana tenemos la conciencia de lo colectivo y la libertad para conectarnos con equis parte de este.  

—Más allá de la página en blanco, ¿quién es Odilius Vlak?

—Odilius Vlak es sobre todo una persona que ama la soledad. Más que la misma escritura. Me gusta estar solo, físicamente hablando. Literal. Eso me define más que cualquier otra cualidad o costumbre. Más allá de eso: muy sociable cuando es necesario y dotado de la simpatía propia del Caribe. Alguien que intentó ser periodista, pero solo lo estudió y ahora edita libros y traduce para ganarse la vida. Lector empedernido. Amante del metal extremo, de la música clásica, el noise, el industrial dancing y el merengue urbano o de calle; de ver documentales sobre ciencia, historia y de los animales salvajes de la sabana africana cortejándose a mordidas; identificado con la derecha en términos de política y con una gran envidia por los monjes Shaolin y… Mmmmm: bueno, eso. Por ahora.

—A la hora de escribir, ¿qué es lo más y lo menos importante para ti?

—Lo más importante es poder aprovechar el tiempo en el cual sé que debo plasmar una idea aunque sea de una manera esbozada; de avanzar la historia; de solucionar un problema. No divagar. No desperdiciar energía creativa, pues sé que no podré recuperar esa precisa combinación entre idea, entusiasmo y momento. En eso hago un gran esfuerzo. Sobre todo porque no tengo todo el tiempo para dedicárselo a la escritura. No existe algo como “lo menos importante”, o no sé, quizás sí. Lo pensaré.


A la sombra de la ciencia ficción con Raúl Piad

A la sombra del mundo hogar es el texto ganador del Premio Calendario 2021 en la categoría de Ciencia Ficción y Fantasía, presentado bajo el seudónimo Elessar, y de la autoría de Raúl Piad Ríos.

El joven es un autor matancero cuya obra, según el jurado, posee “excelente manejo de los recursos narrativos, en una noveleta que sorprendió a los jurados ya que parece escrito por un autor profesional, con limpieza y edición impecables, y que nos ofrece una historia que comparte de una manera muy eficaz los elementos temáticos del viaje espacial, con el subgénero cyberpunk, al mejor estilo de William Gibson.   

tomada del perfil de facebook de raúl piad

Raúl Piad reconoce además otros rasgos del libro al definirlo como “una mezcla de novela negra con ciencia ficción, sobre todo de los subgéneros space opera y cyberpunk, estructurada en una docena de capítulos y su argumento gira en torno a una especie de detective independiente que regresa a un planeta donde solía trabajar para reencontrarse con una antigua compañera y resolver un caso que los implicará en un asunto que, a primera vista, puede terminar siendo demasiado para ellos… ¿o no?”

Confiesa Piad que al recibir la noticia del ambicionado galardón se alegró mucho, “lo natural y un poco más también. En estos tiempos que corren una sorpresa siempre es bienvenida”. 

El talentoso autor ha escogido la ciencia ficción a modo de soporte de sus habilidades como narrador y asegura que nunca dejará de apostar por este género “como literatura de autodescubrimiento, y como excusa perfecta para hablar de un presente que cada vez tiene más similitudes con esas ficciones.”

El ejercicio escritural de Raúl Piad continúa. “Ahora mismo estoy trabajando en una novela de fantasía ambientada en un mundo selvático y tribal, un proyecto bastante ambicioso. También tengo alguna que otra cuenta pendiente por terminar: otra noveleta de fantasía y una de literatura infantil sobre la vida de un perrito callejero en Cuba.”

tomada del perfil de facebook de raúl piad

Compás #4: Al final del pentagrama (+Fotos)

Infinitos son los compases del jazz cubano contemporáneo que hoy cultivan nuestros jóvenes músicos, fieles siempre a su raíz. Una mezcla explosiva de excelentes exponentes del género ha participado en la octava edición del Festival Jazz Namá, desde las redes sociales.

pianista Carlos Javier Alcántara Díaz. fotos cortesía de la ahs de santiago de cuba/archivo

Con una sui géneris descarga musical, concluyó el evento, que reúne a jazzistas de latitudes diversas, para la visualización, integración y reconocimiento cultural de este género musical. Encuentro que propicia cada febrero la filial santiaguera de la Asociación Hermanos Saíz.

En la cuarta y última jornada del Festival llegó al escenario virtual el prometedor pianista Carlos Javier Alcántara Díaz. Siempre explosivo en el piano e impetuoso en los arreglos, esta vez junto al bajista, también santiaguero, Wilfredo Fuentes; se presentaron como el dúo Consortes Jazz.

Más de 13 600 kilómetros nos separan hoy de esos talentosos jóvenes, distancia irrisoria cuando de Internet se trata. Ellos aseguran que: El color cubano de su música es con influencia de nuestro Santiago: la trova, el son, el changüí, el nengón; todo eso, aunque uno no quiera, está ahí, obligatoriamente lo sientes, lo palpas todo, siempre está alrededor.

Ya veterano en el Jazz Namá, el joven percusionista Yordis Baute se sumó a esta edición, defendiendo que: Me gusta el arte que sale del corazón, el que muestra la realidad interior del que la práctica, no el que se hace por conveniencia, sino el que tiene su propia voz, sin importar lo que diga o cómo se manifieste, pero que sea genuino y sincero.  

dúo Consortes Jazz. fotos cortesía de la ahs de santiago de cuba/archivo

El cuarteto de saxofones Confluencias Sax, ganador del primer premio en pequeño formato del Jojazz 2020, estuvo una vez más en el evento, representado por Lázaro Alejandro del Valle, baritonista de la agrupación. El también estudiante de cuarto año del Conservatorio Esteban Salas de la urbe santiaguera agradeció, en su cápsula promocional Jazz Namá Plus, la existencia de un festival de tal magnitud y esencia, en la tercera ocasión que participa.

Aunque el joven jazzista Albertico Lescay, hijo del afamado artista santiaguero de la plástica Alberto Lescay, no siguió exactamente los senderos pictóricos de su padre, de cierta manera es también un artista de la plástica. Dibuja con nuevas formas sonoras las actuales tendencias jazzísticas, imprimiéndole a ese movimiento frescura y cubanía, mezclados con elementos folclóricos propios de su natal Santiago de Cuba.

Detrás de la realización de todo lo vivido en estos días hay muchas personas sin las cuales hubiese sido imposible realizar esta edición del Jazz Namá. El coordinador del evento, el joven músico y director del grupo DNova y vicepresidente de la AHS en el territorio, Erick Pérez Martín, expresó:

jazzista Albertico Lescay. fotos cortesía de la ahs de santiago de cuba/archivo

El comité organizador lleva alrededor de tres meses accionando para lograr el cumplimiento de las actividades que nos propusimos inicialmente, e ineludible debemos agradecer a todos los músicos que nos acompañaron en esta travesía, a la AHS Nacional, a la Dirección Provincial de Cultura, a la productora audiovisual Lía Videos y su enlace de alcance nacional Streaming Cuba, a la Empresa de Grabaciones Musicales EGREM y su director Marcos Camping, a los trabajadores del Iris Jazz Club, a Raúl Capote, a Rubén Aja Garí y Buena Luz Producciones, y a todos los creadores que confiaron en la idea de este Festival.

Lázaro Alejandro del Valle, baritonista de la agrupación. fotos cortesía de la ahs de santiago de cuba/archivo

Y aunque llegamos al final del pentagrama, para esta edición, estamos convencidos de que seguirán sonando los mejores compases del jazz en Cuba y el resto del mundo. Talento y ganas sobran a nuestros jóvenes músicos. Nos vemos en el 2022 ¡Hágase la música! ¡Y que todos los caminos nos conduzcan a la raíz!

jazzista Albertico Lescay. fotos cortesía de la ahs de santiago de cuba/archivo

dúo Consortes Jazz. fotos cortesía de la ahs de santiago de cuba/archivo

percusionista Yordis Baute. fotos cortesía de la ahs de santiago de cuba/archivo

fotos cortesía de la ahs de santiago de cuba


Compás #3: Santiago: cuna de la música (+Galería y programa)

Santiago de Cuba atesora un patrimonio musical extraordinario, y no se trata de una exaltación a ultranza, hay muchos argumentos tangibles para demostrarlo. El espíritu alegre del santiaguero brota al compás de la buena música.

Esta ciudad es indudablemente manantial de la cultura afrocubana, desde donde bebe el jazz que cultivan hoy nuestros músicos, presentes en la octava edición del Festival Jazz Namá. Evento que desde el pasado día 25 y hasta este 28 de febrero reúne a exponentes del género dentro y fuera de Cuba.

fotos cortesía de la ahs de santiago de cuba/archivo

Las tres jornadas que han transcurrido del Festival demuestran que en esta edición, el evento trae al escenario virtual una combinación explosiva de artistas consagrados y jóvenes músicos. Del patio, con sus “santiaguerías”, se presentaron los prometedores artistas José Ernesto González, Giselle Lage Giln e Iván Sánchez Guardiola, excelentes exponentes del género.

Desde el principio apoyó la idea y obsequió a los organizadores del evento el tema challenge del Festival, Alias “Proyecto VT”, José Ernesto González Ulloa, de origen santiaguero radicado en La Habana; es graduado de nivel superior de viola y violín, y domina también el piano. Con la experiencia de haber tomado cursos de improvisación de jazz y de música electrónica, son estos los géneros de su preferencia, además de los ritmos cubanos.

Limpieza y serenidad en sus interpretaciones describen a Giselle Lage Gil, joven cantante, compositora y pianista santiaguera, quien “adereza con su voz una ciudad; en el piano conquista el silencio y nos devuelve sus melodías como un regalo, como una sublime confesión de que la belleza aún existe”. Así nos la describe el periodista Jorge Albear Brito.

José Ernesto González Ulloa. fotos cortesía de la ahs de santiago de cuba/archivo

El Iris Jazz Club fue el escenario propicio para que la figura femenina del evento capturara para la eternidad su música en una cápsula promocional Jazz Namá Plus y nos deleitara, después de tanto tiempo de confinamiento, de su dulce voz y su intensidad al piano, como una caricia necesaria. Sorprendió al cierre del concierto, con una canción musicalizada por ella y compuesta por su madre (Sara Gil), sobre el amor en tiempos de distanciamiento social.

Abrazando su saxofón me asegura que vive por ella… y es que la música es la protagonista de las mayores y mejores emociones de su vida, guía sus días y ocupa todo su tiempo y talento.

Músico instrumentista, compositor y arreglista es el joven Iván Ariel Sánchez Guardiola, integrante y director del grupo Influencia de Santiago de Cuba. Ha compartido escenario con reconocidas figuras del Jazz cubano… y como parte del programa online del Festival Jazz Namá, disfrutamos de su improvisación sobre el tema challenge del encuentro y un material audiovisual, donde ofrece algunas valoraciones sobre el evento.

Giselle Lage Gil, joven cantante, compositora y pianista santiaguera. fotos cortesía de la ahs de santiago de cuba/archivo

Músico instrumentista, compositor y arreglista es el joven Iván Ariel Sánchez Guardiola, integrante y director del grupo Influencia de Santiago de Cuba. fotos cortesía de la ahs de santiago de cuba/archivo

No hay duda que la música cubana es especial, tiene un sabor y un ritmo único. La música es un componente esencial de la espiritualidad del cubano. En su sangre corre una mezcla de aborigen, español, africano, mulato. De ella heredamos una cultura mestiza que se caracteriza por el arraigo a las tradiciones artísticas, firme bastión de esa identidad que siempre cultivaremos.


¡Sé bendito, Hombre de mármol!

La historia de Cuba, entre sus muchos héroes, ha perpetuado un nombre: Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo. Justo cada mes de febrero Cronos trae a la memoria el aciago recuerdo de su muerte, aquel 27 de febrero de 1874, el día que abandonó el espacio terrenal y que comenzó a vivir para siempre en la memoria del pueblo cubano. Han transcurrido desde entonces 147 años.

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El color del Caribe y la memoria salvada (+Fotos)

(Palabras a propósito de la entrega del reconocimiento que la AHS santiaguera le entregara a la Casa del Caribe por los 40 años de la Fiesta del fuego y su aporte a la cultura cubana y al Jazz de la región)

 

No podría contarse la historia cultural de Santiago de Cuba sin hacer referencia a la Casa del Caribe. Como institución rectora de los estudios sobre los procesos socio-culturales de la región, su hacer ha significado un enlace con otros pueblos con los cuales compartimos ideas, ancestros, motivaciones y color. Aclaro que la salvedad del color no se remite a su significado más concreto, sino a un concepto que se ensancha por las Antillas y el mar Caribe. Un concepto donde la raza es un principio, donde la fe es un destino, y la sangre un acápite sin conclusión. El color que se comparte en el Caribe caluroso y rítmico es la construcción de una sociedad diversa, independiente y pacífica. Una sociedad que aun en sus miserias más terrenales, no olvida de dónde vino y dónde está.

Fotos de Rubén Ajá Gari/ Archivo

Me gusta pensar que el Caribe es un propósito de la fe. Tal vez ahí entre a jugar  el azar y aquel navegante europeo, las luchas de su pueblos por la liberación del colonialismo, y la no renuncia a las esencias. Me gusta pensar que el Caribe es una zona para hombres y mujeres libres, individuos de un mismo color.

La historia del Caribe se escribe a través del mestizaje. La historia del Caribe puede ser la historia de un cimarrón, de Hatuey, de Joel James, Alcides Carlos Gonzáles Díaz (nuestros Tití), de Rogelio Meneses, Ramiro Herrero, Berta la Pregonera, los Rastafaris, y muchos otros. La historia del Caribe es nuestra historia, desde lo singular hasta lo ancho y largo de ese color que se hace tierra, carne, fe, arte y rebeldía. Para los que vivimos aquí, la historia del Caribe es la más hermosa de todas.

Fotos de Rubén Ajá Gari/ Archivo

No siempre las historias son bien contadas porque no siembre son bien escritas. La memoria siempre ha sido nuestra mayor arma. La memoria para perdonar, la memoria para renunciar al olvido. En ese ejercicio, la fundación de la Casa del Caribe, el 23 de junio de 1982, ha jugado un papel fundamental. No todas las estructuras creadas por el hombre pueden transcribir la realidad como lo ha hecho esta institución. No solo ha tenido un equipo (por años) capaz de reconocer el color del Caribe, también ha impulsado investigaciones científicas, proyectos extensionistas, y proyectos de salvaguarda de nuestros bienes patrimoniales inmateriales. Su programa de promoción cultural es tan amplio como el color mismo de la región. Un ejemplo inigualable resulta su Festival del Caribe o Fiesta del Fuego. El evento que se celebra del 3 al 9 de julio desde hace 40 años y es de los más importantes en el hemisferio.

La responsabilidad que hoy posee esta Casa ha sido forjada por la necesidad que han tenido los hombres y mujeres del Caribe, porque nadie escriba nuestra historia. Porque nadie externo crea que la sabe tanto como nosotros. Porque nadie externo crea que nos la puede contar.

Durante todos estos años esta institución nos ha devuelto el rostro. Nos dice dónde no podemos dejar de poner la mirada. Las artes y la cultura en su sentido más amplio han sido beneficiadas en esta ciudad, lugar de encuentro para volver a África y a nuestros ancestros. Todas las texturas y ritmos se han mezclado durante años al calor de la quema del Diablo. 

La Asociación Hermanos Saíz en la provincia ha mantenido un vínculo importante con la Casa del Caribe. En la defensa de nuestros valores, principios y variedad artística, los caminos siempre estarán destinados a cruzarse y a emparentarse. El evento Almas Nuevas es un ejemplo concreto. Los jóvenes entendimos eso hace mucho y le pusimos nuestra impronta a la Fiesta del Fuego. La Casa del Caribe y su festival han sido espacio de superación y de intercambio cultural para los miembros de la AHS. Creo que esa relación (también) nos ha ayudado a entender nuestro arte dentro de un contexto que no necesita parafernalias sino sinceridad absoluta desde y para nuestra obra.

Hoy, la Asociación Hermanos Saíz de Santiago de Cuba y el Comité Organizador del Encuentro de Jóvenes Jazzistas Jazz Namá, en el marco del aniversario 35 de nuestra organización, quiere hacer entrega de un reconocimiento especial. En este gesto va la voz de todos los miembros de nuestra Asociación, que como hijos del Apóstol, sabemos que honrar honra.