Convocan a primera edición del Concurso Elda Cento

CAMAGÜEY.- Con el propósito de rendir tributo a la notable historiadora e investigadora camagüeyana, Elda Cento Gómez, se realiza la convocatoria de un concurso que lleva su nombre, auspiciado por la Unión Nacional de Historiadores de Cuba (Unhic), el Centro Provincial del Libro y la Literatura (CPLL), la Sociedad Cultural José Martí (SCJM) y la Asociación Hermanos Saíz (AHS), de este territorio.

“Los trabajos de los participantes deben ser inéditos y pueden tratar la historia de un pueblo, barrio, la vida cotidiana de épocas pasadas, así como ahondar en el legado de patriotas, personajes típicos y otros. Las obras se aceptarán bajo la forma de relato o crónica, y tienen que ser inéditas”, expresó el presidente de la Unhic, Ricardo Muñoz Gutiérrez a Adelante Digital.

Se competirá en las categorías de niños, adolescentes -hasta 15 años- y adultos. La extensión de los textos se ajustará a tres cuartillas, en formato impreso o digital, con letra Arial 12, espacio y medio en su interlineado y tres centímetros de margen. De igual manera, deben incluirse en los trabajos, los nombres y apellidos del autor, el carné de identidad, el teléfono y la dirección particular.

Integrarán el jurado reconocidos historiadores de la región que concederán un galardón a los mejores, y la cantidad de menciones estará determinada por ese colectivo de especialistas.

“Los premiados en las dos primeras modalidades recibirán un diploma acreditativo y un lote de libros, mientras, al adulto ganador se le hará su reconocimiento con la lectura en público de su pesquisa, y su correspondiente pago por ese concepto. Los resultados se conocerán, durante una mesa redonda en homenaje a Elda Cento que se realizará durante la XXIX Feria Internacional del Libro, que acogerá esta provincia del cuatro al ocho de marzo”, aclaró Muñoz Gutiérrez.

Cerrará la convocatoria el día 21 del presente mes y los trabajos deben entregarse en la Casa de la Memoria, sita en Pobres No. 403, esquina Triana. Quienes deseen obtener mayor información, pueden llamar al teléfono 252313, de esa institución.



¿Por qué leemos un libro?

Un libro es capaz de contener tanta libertad como la conciencia misma del hombre que lo lee.

¿Por qué leemos un libro?, seguro nos hemos preguntado algunas veces como quien espera encontrar una respuesta de consolación para el alma insaciable de conocimiento y dudas. El escritor Sergio Pitol dijo: “El libro es uno de los instrumentos creados por el hombre para hacernos libres”. A partir de esta frase debemos encontrar voces que nos expliquen cuál es la emancipación que nos provoca escudriñar letra por letra, palabra por palabra, párrafo por párrafo, la magia de fecundar el mundo vivido por otros y que viene a enriquecer nuestra creación y combatir la ignorancia, el aburrimiento.

Es importante reconocer que los libros tienen una existencia vital que no solo se basa en su contenido por sí solo, sino en la sinergia que se crea entre lector-autor, pensando en una retroalimentación enriquecedora plasmada en papel para que los lectores puedan descubrirse en un libro. 

En su obra La República, Platón criticó a los poetas porque los textos se enfocan en las musas y no en una intención educativa. En ese sentido, valdría la pena preguntarse también para qué leemos y qué leemos. Leemos por placer o por el aporte educativo que nos recuerda que el conocimiento es poder, recordándonos esa frase de Sócrates, “El conocimiento es la virtud y solo si se sabe se puede divisar el bien”. En el placer de leer también hay conocimiento. Y en el conocimiento puede existir placer. Descubrimos, aprendemos. Leemos porque vivimos.

Leer es vivir vidas pasadas, presentes, futuras, desde una base de progreso permitiendo el acceso a la cultura general integral, al desarrollo científico técnico, además fortalece los cimientos de la visión histórica del mundo así como los valores sociales que se dinamizan en su entorno.

Este febrero es un mes simbólico para homenajear esos libros y autores que vendrán a enriquecer la Feria Internacional del Libro de Cuba, feria que se basa en la alegría de un pueblo culto, preparado que reconoce que los libros forman parte de la idiosincrasia del cubano.

 Como dijera nuestro Héroe Nacional José Martí: “Saber leer es saber andar”. Andemos entonces por el camino de la lectura que nos hace progresar y ser libres como pueblo. Un libro es capaz de contener tanta libertad como la conciencia misma del hombre que lo lee.


Ariel Fonseca, escritor por naturaleza

Aún no sale de la sorpresa. Desde hace mucho tiempo compraba cada libro Calendario y anhelaba estar un día entre la lista de autores que todos los años propone la Editorial Abril con los ganadores del certamen más importante en nuestro país para escritores hasta 35 años de edad, sean o no miembros de la Asociación Hermanos Saíz.

Además de escribir, se mantiene muy activo en la programación cultural del territorio. Foto: Cortesía del entrevistado

Llegó el año 2020 y la alegría aún no le deja creérselo. Ariel Fonseca Rivero, natural y residente en Sancti Spíritus, conquistó el lauro en el género Narrativa por su texto Do not disturb.

Compuesto por varios cuentos que narran una sucesión de eventos que tienen lugar en un motel, este texto nació, tras horas y horas, del empeño frente a su computadora.

“El narrador de la historia es un voyeur que observa todo, dialoga y se involucra con cada uno de los personajes. Cuenta, de esa forma, todo lo que ocurre. Nos devela la verdadera naturaleza humana, sobre todo, cuando llega la noche y nos mostramos tal y como somos. Por eso, están presentes el dolor, el desamor, la tristeza, los celos y miedos. Todas las historias desenlazan en algo que no podemos explicar”, explica.

Vuelve así a mostrarse fiel a sus palabras escritas, minucioso en todo lo que redacta. Este joven, jefe de la sección de literatura de la filial espirituana de la AHS, se acomoda detrás de cada letra, a fin de transgredir los límites posibles de la realidad.

Y en esa constancia de llevar al papel cuanto detecta en su diarismo le ha permitido no solo develar su personalidad o sus otros tantos yo, sino colarse por la puerta ancha del panorama literario cubano.

“Escribo por acumulación. Mientras camino veo todo lo que me rodea. Observo cualquier detalle, por mínimo que sea, ya que me puede dar pie a una historia. Cuando me siento a escribir es porque ya me está martillando la cabeza”, insiste.

Ariel Fonseca Rivero intenta recrear en cada propuesta literaria su realidad. Foto: Cortesía del entrevistado.

Pero, en este 2020 el alegrón no sólo llega con este lauro, sino con la presentación y venta, durante la 29na. Feria Internacional del Libro Cuba 2020, de su libro Unes los puntos y verás, por la Editorial Oriente y con ilustraciones de los espirituanos Noel Cabrera y Osvaldo Pestana (Montos).

“Está pensado, fundamentalmente, para el público infantil de ocho a diez años, aunque puede disfrutarlo toda la familia. Es la historia de un niño que no tiene amigos y se inventa uno para hacerse la vida más agradable”, asegura.

––¿De qué recursos te vales cuando apuestas por el público infantil?

“He tratado que exista algo de imaginación, magia y contemporaneidad que es, en definitiva, lo que caracteriza a mi literatura. Ubico siempre al lector en el espacio, en la Cuba actual para que se sienta más identificado”, responde.

Este joven mereció el Premio Calendario 2020. FOTO Lisandra Gómez Guerra.

Un sello muy personal que le ha dado varios alegrones, además del Calendario, como la Beca de Creación La Noche 2012, conferido por la AHS; Premio Herminio Almendros 2014, otorgado por la Editorial Oriente; Premio Celestino de Cuento 2014, entregado por Ediciones La Luz y la AHS, de Holguín, y la Beca Dador 2016, también auspiciada por la organización que agrupa a la joven vanguardia del país.

“Mando bastante a los concursos porque es la manera más efectiva de que te publiquen si ganas. Hay muchas personas con talento que escriben y la competencia en las editoriales es muy fuerte. Los premios muchas veces te dan derecho a ir directo al plan editorial”, agrega.

A pesar de ser ya un escritor reconocido en las lides literarias de Sancti Spíritus y un poco más allá, aún a Ariel Fonseca Rivero se le ve a menudo muy cerca de sus inicios. Talleres literarios, intercambios con estudiantes ávidos de acercarse a las páginas, lecturas, peñas… una constancia que lo distingue más allá de sus páginas.


Entrega la Asociación Hermanos Saíz los Premios Calendario 2020

La Asociación Hermanos Saíz, organización que une a la vanguardia artística cubana, entrega de forma anual los Premios Calendario con la finalidad de incentivar la creación literaria entre los jóvenes escritores y promover sus obras. Como parte de las actividades de la Feria Internacional del Libro de La Habana 2020, hoy se dieron a conocer los ganadores de esta edición, y se presentron los textos de la anterior, publicados por la Casa Editora Abril.

Entregan Premios Calendario 2020 (Fotos Eddos)
Entregan Premios Calendario 2020 (Fotos Eddos)

El jurado otorgó este año el galardón en la categoría de Teatro a Carlos Daniel Sarmiento Barlet, (La Habana), por la obra: Player; de la cual resaltaron sus valores dramáticos, la eficacia, el dinamismo y la sorpresa con que construye el universo de la pieza; por la intensidad del diálogo y su coherencia con la situación y el espacio escogido y, sobre todo, por la potencialidad de este texto para concretarse en una interesante y bien lograda puesta en escena. La mención fue para She’s leaving home / Qué va a ser de ti, de María Lorente Guerra (La Habana).

En Ciencia Ficción el lauro lo obtuvo Reinaldo García Martínez (La Habana), por Cúmulos, debido a su fragmentada visión de un futuro distópico y su trama estructurada a partir de cuentos que, entremezclados entre sí, forman una suerte de novela en la que el todo siempre es algo más que la simple suma de las partes. Janelle Pumariega Santana (La Habana) alcanzó la mención por su obra Musas de cera, sangre y escarcha.

El Calendario 2020 en Literatura Infanto-Juvenil fue para Elaine Vilar Madruga (La Habana), por Cartas de amor para una historia interminable, en la cual muestra una madurez en el tratamiento de las relaciones entre adolescentes, mediante un discurso que explora el mundo interior de ese grupo etáreo, alejado de estereotipos o lugares comunes, sin menosprecio al público al que va dirigido y en el que sobresale el lirismo, la belleza y la emoción que debe acompañar a la poesía. Ariel Fonseca Rivero (Sancti Spíritus), y el texto Do not disturb, por armar bien una historia con un buen uso del lenguaje y la creación de personajes bien diseñado, mereció el premio en la categoría de Narrativa.

Entregan Premios Calendario 2020 (Fotos Eddos)
Entregan Premios Calendario 2020 (Fotos Eddos)

El ensayo Mujer y cooperativa urbana en Cuba desde la economía feminista. Estudio de caso de la cooperativa Model, de Maura Febles Domínguez (La Habana), fue el premiado en esta categoría, por su originalidad, necesidad de la temática tratada y por la estructuración de un ensayo que obedece a los propósitos de la investigación con una prosa clara, concisa y atractiva.

En la categoría de Poesía el lauro lo obtuvo Rubiel Alejandro González Labarta (Holguín), con el título Madera, por ser unitario que a través del motivo de la madera nos revela al individuo inmerso en el devenir contemporáneo de la nación, pero que a la vez es una revisitación de nuestro mejor pasado y un barrunto de nuestro posible futuro.

Entregan Premios Calendario 2020 (Fotos Eddos)
Entregan Premios Calendario 2020 (Fotos Eddos)

La Casa Editora Abril presentó hoy los libros ganadores del Premio Calendario 2019: Líneas de tiempo, de Elizabeth Reynosa Aliaga (Narrativa); Las Transiciones, de Daniel Duarte Vega (Poesía); Un sistema inventado para corregir. El discurso penitenciario y la prisión en la Cuba decimonónica, de Adrián de Jesús Cabrera Bibilonia (Ensayo); El mensajero, de Leidy González Amador (Literatura infantil); Izokumi, de Alexis Duménigo (Ciencia Ficción); y, Eua de Toilette, de Irán Capote (Teatro).




Esperando a Juan Edilberto Sosa mientras leemos El crematorio

Juan Edilberto Sosa parte en el primer poema de El crematorio (Ediciones La Luz, 2018) y antes de que se abra el telón, de una premisa que debemos tener en cuenta para adentrarnos en los rejuegos literarios y hasta teatrales que nos propone su poemario, al decirnos que “este texto (en su totalidad) fue escrito para ser representado y no representativo” y “pueden trabajar títeres, actores y público al unísono o indistintamente / eso queda a merced de Godot”.

¿Pero quién es este Godot cuya respiración sobrevuela el cuaderno y del cual penden diálogos, intertextualidades, escenificaciones…? Ese Godot a quien todos esperan y que no vendrá hoy “pero mañana seguro que sí”, es el mismo de Esperando a Godot, tragicomedia en dos actos del irlandés Samuel Beckett publicada en 1952 y texto clásico del teatro del absurdo.

Juan Edilberto Sosa dirige el grupo de experimentación escénica La Caja Negra, estudia Dramaturgia en el Instituto Superior de Arte (Isa) y tiene publicados por Ediciones Santiago una obra de teatro, El puente amarillo, y un poemario, El plan B es seguir el plan A. Quienes hayamos visto las obras de La Caja Negra podemos entrever la poesía de Sosa y viceversa: este poemario puede –no lo dudo en ningún momento– terminar siendo representación escénica. ¿Estamos frente a un libro de poemas que se sumerge en las amplias aguas del teatro, sobre cuyo edificio conceptual se asientan estos cuatro pilares: espacio, tiempo, actor y público? ¿O se trata de una construcción escénica que logra un sentido poemático? Cualquiera de las dos opciones es válida y por tanto útil.

La poesía –desde hace un tiempo– se resiste a catalogaciones de todo tipo, para ser solo poesía. Lo que sí está claro es que aquí ambas, teatro y poesía, se complementan en las páginas de El crematorio, más cuando Juan Edilberto Sosa decide abanderarse en la experimentación artística, enfrascado en la construcción y de-construcción del texto (del sentido poético y la propia estructura del poema).

Presentación de libros de ediciones la luz en el pabellón cuba durante la feria internacional del libro 2020/ Foto Vanessa Pernía Arias

Muchos de estos versos –que funcionan como escopetazos a bocajarro, golpes líricos desorientadores en el rostro; el poema interrogante como nocauts, parafraseando a Cortázar cuando se refería al cuento– parecen sacados de un monólogo de una de las obras de La Caja negra. Por ejemplo, Leviatán, cuando parte de la mítica bestia marina del Antiguo Testamento creada por Dios y a menudo asociada con Satanás, según leemos en el Génesis, para explorar las relaciones de poder en las sociedades contemporáneas, a través del prisma, por momentos turbio, por otros lúcido, de la locura. O Y los peces salieron a combatir contra los hombres, de la española Angélica Liddell, del cual toma un fragmento como introito del libro. O en la atractiva Bonsái, o en Cartografía para elefantes sin manada, poema dramático de Laura Liz Gil Echenique, donde Sosa explora los entresijos del poder y la sociedad humana desde la experimentación frecuente, a nivel conceptual y de lenguaje, en cada una de sus puestas. Estos versos son complementos de su creación teatral, y viceversa, no tengo duda de ello.

Aquí Juan Edilberto Sosa nos ha licuado a toda velocidad, antes del apagón total y en diferentes recipientes: semiótica, gráficos, poesía, pedazos de pan, Wolfgang Hildesheimer, utilería, imagen, Godot, vestuario, escenografía, Sartre, performance, algoritmos, Eugéne Ionesco, fetichismos, lactosa, páginas en blanco, lógica, zapatos, un TV Krim 218, Beckett, personajes de Esperando a Godot, ideología, mezcla de harina, huevos y azúcar, Joyce, cadáveres, la Cuarta Pared, elementos básicos de dirección, encuestas, Camus, tubos de ensayo, un campo de exterminación nazi ubicado en Bełżec, cerca de Varsovia, capital polaca…

Presentación de libros de ediciones la luz en el pabellón cuba durante la feria internacional del libro 2020/ Foto Vanessa Pernía Arias

En dependencia de las raciones será el resultado final, al cual siempre se le puede añadir sucedáneos. Preferiblemente bébase frío, mientras baja el telón y esperamos la llegada de Godot. Acordamos irnos, es cierto, pero aquí nos quedamos esperando. Seguro llega mañana o si no, vendrá un mensajero con alguna noticia. A lo lejos, el crematorio deja escapar el humo lentamente; pues en la obra de Juan Edilberto Sosa –en su poesía y su teatro, dos piezas de un mismo cuerpo– “todo es parte del espectáculo, incluso lo que no se dice, incluso lo que no se hace”.


Oscar Sánchez y La Borracha no toleran la intolerancia

En la noche del pasado 28 de enero, y durante las habituales conmemoraciones para honrar la figura de José Martí, el artista Oscar Sánchez hizo su homenaje al Apóstol en el Café Barquito de la Asociación Hermanos Saíz, en Ciego de Ávila. La confluencia en el lugar, de una cultura gustosa de la música bohemia en vivo, que se esparce por cada rincón y apetece la trova hasta las más tardías horas; no podía ser más acertada cuando trajese a la vida una colaboración entre el artista y sus fans, quienes, sin experiencia profesional en el asunto, le propiciarían al músico su nuevo clip promocional.

Oscar Sánchez, en concierto. Café Barquito de la AHS en Ciego de Ávila, noche del 28 de enero. Foto cortesía de Daikel Fernández

Según Daikel Fernández, su productor en jefe «Se puede observar en youtube desde el día 31 de enero el clip «Borracha», tema del autor. El producto fue realizado sin conocimiento técnico ni teórico alguno». Aun así, el uso de técnicas cinematográficas, casi sin querer, se evidencia. Es el caso de pequeños planos secuencia para perseguir a la Borracha, que se hace acompañar de la técnica cámara en mano, y aumenta el realismo con el uso en postproducción de efectos de vértigo para aludir al estado de embriaguez. Las escenas filmadas encima de la escultura en forma de elefante del avileño Maykel Mena, evidencian unos cortos travellings en arco, apoyados por la aceleración de imágenes en postproducción, más las extrañas coloraciones que cobra el cielo muestran al espectador un efecto psicodélico.

Daikel, quien ofició como camarógrafo y editor del producto, narra: «Estaba compartiendo con dos amigas y Oscar Sánchez en el Don Ávila» ––bar ubicado en las cercanías del Parque Martí de ciudad de Ciego de Ávila––, «entonces surgió la idea. Una explosión de emoción nos impulsó a ir corriendo a mi casa y recoger los sombreros y una cámara fotográfica Olympus y un celular Huawei, con cámaras de 12 y 13 megapíxeles, respectivamente; apoyados por un palo selfi, dos sombreros y un casco; fue todo lo necesario para la acción.

Escenario: Artesanía ¨El Elefante¨, en parque de la ciudad Ciego de Ávila, de izquierda a derecha, Oscar Sánchez, Yexik Domenech, Daikel Fernández. Foto cortesía de Dalgis Pérez.

«Llegar al parque de la ciudad y comenzar a filmar mientras caminaba a Yexik Domenech ––quien serviría de modelo para el clip–– fue el inicio de todo». Yexik, de 20 años, pasó el rato caminando de aquí hacia allá repitiendo tomas, con su naturalidad fotogénica, subiendo y bajando de la escultura de chatarra, que ejerció de escenario fundamental. Como dice Daikel: «Fuimos a divertirnos», pero no quita lo agotador que puede ser el proceso; Dalgis Pérez, de tan solo 15 años, pero fanática hasta los huesos del trovador, cargó, enfocó y filmó con su celular y palo selfi cada imagen que su productor general necesitó de apoyo.

El audio fue el resultado de la grabación en vivo de dos celulares y el propio de la cámara, en el lugar de la filmación. «Los audios de los tres dispositivos fueron ecualizados. Cada audio por si solo se escuchaba mediocre pero los tres juntos ofrecieron, al menos, un mejor resultado. Luego, se le agregó un poco de efecto Reverberación, el cual simula la estadía dentro de una cueva. Todo el proceso fue llevado a cabo con la herramienta Sony Vega, con la cual se hizo el proceso de edición multimedia de inicio a fin, que contó con apenas unos cambios de color en el cielo, acelerados movimientos, efectos de mareo y tratamiento del sonido». Daikel, que con estos temas ya acumula algo de experiencia, gracias a su interés en el ámbito youtubero, con su canal La Intolerancia no la toleramos (LINTL) fue el encargado de generar el finalizado producto.

La intolerancia no la toleramos. Diseño: Daikel Fernández.

El clip ya contaba con una historia predecesora, cuenta Daikel que conoció a «Oscar hace como dos años en un Longina. Como un año después, se encontraba en Ciego de Ávila como invitado de una peña local para ofrecer un concierto y un amigo en común nos brindó la posibilidad de conocernos personalmente». El mismo día de su encuentro, en el bulevar avileño, surgió una entrevista que cuelga en el canal en youtube, la cual cuenta con unas 280 vistas. El nuevo clip, realizado y finalizado el 29 de enero y publicado al día siguiente, ya el 4 de febrero contaba con mas vistas que su primera colaboración, 312 para ser exactos.

Daikel enseñó el producto a Oscar «y me dio luz verde para subirlo». Todo esto demuestra que, a pesar de la fatalidad geográfica y la carencia de diversidad cultural en potencia de la provincia respecto a sus vecinas, en Ciego de Ávila hay diamantes en bruto.


«Sin la guitarra me siento desnudo» (+Fotos y video)

Casi siempre anda acompañado por su guitarra o la letra de una de sus canciones en los labios. Este muchacho, aparentemente tímido, de pelo enroscado y hablar pausado, también saca melodías de una pianola hasta tarde en las noches. Gran parte de su vida, gira en torno a la música, una pasión que sorprendió a todos en la familia, porque es el primero en dedicarse al arte.

Carlos Fidel Taboada Petersson, nacido en Matanzas en 1989 e hijo de matemáticos, abandonó su profesión de ingeniero civil para perseguir su anhelo más verdadero, el de ser músico, y así da pasos con esmero, sin afectar su alma de joven sensible y enamorado de las esencias, las mismas a las que les canta desde la sinceridad y la pretensión de eterna belleza.

Con humildad asegura que en su casa nunca ha faltado el bienestar espiritual. “Siempre hemos escuchado a intérpretes como Silvio Rodríguez. La guitarra llegó a mi vida en los primeros años de la década de los 90, tiempos muy difíciles; sin embargo, recuerdo esa etapa con cariño, era pequeño y no percibía el sacrificio de mis padres”.

Durante los largos apagones, su madre sacaba la guitarra del closet (la guardaba en un estuche de tela) y entonaba las canciones que más o menos recordaba de su adolescencia, y otras que entraban armónicamente en los tres o cuatro acordes que se sabía.

“Yo quedé hechizado. Comencé entonces a aprender cuando tenía 12 ó 13 años y nunca más me pude separar del instrumento. Rápidamente fui desarrollando una curiosidad que abarca la génesis misma de la música. Abandoné mi estudio del ajedrez, colgué el título de ingeniero después de dos años de servicio social, y aquí estoy”, expresa quien ha obtenido varios reconocimientos, como el premio Abril para Vivir en España.

— ¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Hay alguna relación entre la trova y el ajedrez, deporte que practicaste durante 14 años?

— El ajedrez me enseñó a trabajar con calma, a ser paciente y esperar a que el trabajo dé sus frutos. Lo más importante es la disciplina, sentarse todos los días y estudiar al menos un par de horas. Para mí eso es fundamental. Sé que cada artista desarrolla su propio sistema, no hay recetas ni teoría para eso. En mi caso, cuando paso uno o dos días sin tocar la guitarra (y desde hace algún tiempo el piano) me siento mal, me deprimo porque me dan muchas ganas de tocar. Yo necesito tocar todos los días.

“La composición siempre es un misterio. Cuando termino una canción me quedo vacío, siento que lo he dicho todo, y hasta que no tengo la necesidad de volver a expresarme no compongo más”.

— ¿Cuán difícil es ser trovador en la actualidad, cuando gran parte del público se decide por el reguetón y otros ritmos?

— Hoy la canción cubana se mueve en ámbitos muy pequeños, el público es cada vez más reducido. Las causas, en mi opinión, descansan sobre fenómenos sociales. El reguetón no es un problema en sí mismo, es una consecuencia. El deterioro del sistema de valores de la sociedad cubana es evidente, probablemente es subproducto de un sistema educativo deficiente, que no es capaz de crear en los niños y los jóvenes el culto hacia lo bello.

“El amor por la belleza tiene que nacer en la casa y en la escuela, es fundamental para el ser humano la búsqueda del crecimiento interior, hoy no es así en parte de nuestra sociedad. El reguetón, por ejemplo, tiene una gran pegada porque en su discurso utiliza recursos expresivos extramusicales, este fenómeno (no prefiero llamarlo género) representa el culto por lo material, es la práctica de la filosofía epidérmica del bienestar. El público no “escucha” reguetón, si fuera así pasaría de moda un una semana, pues musicalmente es demasiado básico, la gente más bien “consume” reguetón. Consumen una propuesta sonora, y sobre todo visual, que les habla del placer de la carne, no del espíritu.

”En este contexto es muy difícil ser cantautor, pues no hay igualdad de condiciones en cuanto a espacios con respecto a las propuestas que antes describí. Hay que mostrarle a la gente que lo esencial es el amor”.

— ¿Qué se siente en el escenario, acompañado solamente con tu guitarra y las canciones?

— Es algo mágico, hay una desnudez artística que atrapa al público. Cuando se produce esa conexión misteriosa entre el cantautor y el público surge algo íntimo, un manto de complicidad que cubre todo el lugar. Cuando eso me sucede (que no son muchas veces) tengo la sensación de dejar de existir, hace poco escribí una canción sobre eso. Creo que es lo que persigo cuando estoy ante el público, debo desaparecer, abandonar el ego, echarme a un lado para que pase la música”.

— ¿En Cuba, país con una larga tradición trovadoresca, de la Vieja y la Nueva Trova, de Sindo Garay, Silvio Rodríguez, Teresita Fernández y Pablo Milanés, acaso es posible proponer algo realmente nuevo en ese aspecto o cada autor debe conformarse con adaptaciones y simulaciones creativas?

— Lograr una voz propia dentro del discurso artístico es lo más difícil, es lo que marca la diferencia. Estas personas que mencionas han dejado un legado trascendental para la cultura cubana porque logran trasmitir al público un mensaje útil de una manera muy singular, cada uno con su estética pero con un modo de decir auténtico y particular.

“Nosotros, los músicos que decidimos seguir por los caminos de la canción, debemos buscar una voz propia. Los temas siempre serán los mismos porque la esencia espiritual del ser humano jamás cambiará, el asunto siempre será el cómo. Al menos en mi caso, estos son los fantasmas que me rondan a la hora de componer: ¿cómo le digo a la gente lo que necesita escuchar? y, sobre todo, ¿acaso yo sé lo que necesita la gente escuchar? Estos ´monstruos´ de la canción lo tenían muy claro, pero estoy seguro de que convivieron (y conviven) con los mismos fantasmas”.

Gran parte de mi vida, gira en torno a la música, una pasión que sorprendió a todos en la familia, Carlos Fidel. (Cortesía del autor).

— ¿Cómo tu pasión por la música, a veces “desmedida”, ha afectado o enriquecido tu vida?

— Hay momentos en la vida de cualquier ser humano en que ocurren definiciones, puntos de inflexión. Un momento de esta naturaleza lo tuve después de un concierto. Recuerdo que ahí me planteé que mi vida sería cantar mis canciones, arreglarlas, grabarlas…

“Entonces, no dejé espacio para más nada en mi vida que no fuera la música. Imagínate, eso fue muy bueno para mi formación porque aprendí mucho. Estudié armonía, piano, guitarra clásica, escuché música todo el tiempo, pero acabé perjudicando mi relación con las personas, con la familia, con mi pareja. Por eso suelo decir que la música me ha dado tanto como me ha quitado, es como la vida”.

— Vicente Feliú ha dicho que para ser trovador no basta con dominar la guitarra y cantar, “es un modo de vida”. ¿Qué piensas?

— Vicente Feliú es un artista admirable, es uno de esos imprescindibles. Él sacrificó parte de su carrera para dirigir el Movimiento de la Nueva Trova, además ha dejado canciones que son estandartes de la música cubana. Cualquier cosa que hagamos en nuestra vida con cierto grado de periodicidad y con entrega sincera y absoluta es “un modo de vida.

“Para mí, un trovador o un cantautor es un artista cuya estética no le hace el juego a las corrientes de moda introducidas por un mercado musical cada vez más intrascendente para el espíritu. Es un músico que cultiva un modo de decir singular. Ni siquiera tiene que dominar la guitarra, puede acompañarse de otro instrumento.

”Algo que me molesta a veces es el matiz político oficialista que en Cuba se le da a la trova y a ciertos trovadores. Es verdad que desde los tiempos en que nuestros padres trovadores en el oriente hacían sus canciones, nunca la trova ha estado ajena al contexto político cubano, pero no podemos olvidar que los trovadores estamos comprometidos con nuestra verdad, es algo que nos define, por lo tanto, debemos ser reconocidos y respetados, no solo cuando esa verdad comulgue con otras verdades, sino también cuando las cuestione”.

— ¿Cuánto te ayuda la guitarra para vencer tu timidez? ¿Es tan buena aliada, como muchos piensan, para conquistar chicas?

— Confieso que mientras aprendía a tocar tuve la esperanza de que la guitarra me serviría para conquistar muchachas. Pero, imagínate, las primeras canciones que me aprendí eran de Silvio, de Santigo Feliú, en aquel entonces no sabía que esas canciones no sirven para ligar en una secundaria común, si no tocaba alguna bobería de moda estaba frito, y como no lo hice, siempre estuve pasma’o. Sin embargo, la guitarra sí me ayudó mucho a vencer la timidez, todavía me ayuda, es mi aliada, sin ella me siento completamente desnudo. Yo sería incapaz de pararme en un escenario sin mover los dedos, es una maldición.

— En 2019 ganaste el concurso internacional de cantautores Abril para Vivir, que desde hace 18 años se realiza en España, ¿cómo fue la experiencia?

— El concurso Abril para Vivir es un certamen muy prestigioso en el mundo de la canción de autor en España. Participaron más de 100 cantautores de todo el mundo, por lo que me da mucha alegría que el jurado haya encontrado ciertos valores en mi música, que la hiciera merecedora de un reconocimiento.

“Sin embargo, lo mejor (además de conocer un país extraordinariamente hermoso) fue coincidir con los demás finalistas, hacernos amigos, comprobar que la canción de autor sufre en el mundo entero. Las principales diferencias entre la canción de autor cubana y la española está en las apropiaciones que hacen ambas de elementos autóctonos culturales”.

— ¿Cuán difícil es para un joven músico ascender en su carrera sin tener “padrinos” que lo ayuden en ese sentido?

— No se llega a ningún sitio caminando solo. Nos necesitamos unos a otros para poder marchar, es natural buscar el apoyo, y si es de alguien que conozca las interioridades de la profesión, mejor. Eso no me parece en lo absoluto mal. Lo que pasa es que siempre hay gente astuta que vive por atajos y desarrolla el oficio de caer bien, en vez de hacer el bien. Eso es una mentira, y a la mentira, mientras más lejos, mejor. No importa cuánto brille, en el fondo siempre será una mentira.

— ¿Cómo debe ser un joven creador en la Cuba de la actualidad?

— Debe ser sincero, siempre.

— ¿Qué otros trovadores jóvenes recomiendas?

— La verdad, los recomiendo a todos. La gente debe aprender a escuchar, es fundamental. En las condiciones que estamos, pretender que la gente vaya a un teatro a escuchar a un cantautor es ambicioso, por lo tanto, lo que recomiendo es que apaguen la bocina portátil y salgan a un teatro a ver lo que sea, que le dediquen un tiempo de paz al arte. Cuando toda la sociedad sea capaz de hacer eso, entonces hablaremos de preferencias.

— ¿Momentos de más tristeza y alegría? ¿Sueños en el arte?

— La alegría mayor es ver nacer una canción y la mayor tristeza es sentir que al público no le dice nada. Mi sueño más grande es no cansarme, mientras no me venza el cansancio todo estará bien.