Los cantos mestizos de Cubandaluz (+ video)

foto tomada del perfil de facebook de cubandaluz

Holguín es su tablao y en sus escenarios la agrupación de flamenco-fusión Cubandaluz ha entregado durante cinco años la esencia de un arte nueva y antigua al mismo tiempo. Con guitarra, cajón y voz, típicas del flamenco, mezclado con el bajo, la flauta y el tres, se configura la música mestiza que entregan como pocos cultores del género en Cuba.

Mayte Segura, directora del proyecto y voz líder, aclara que este surgió por la necesidad musical propia y de los integrantes de la agrupación “que ya venían trabajando el flamenco en compañías danzarías. Deseaban crear un proyecto que defendiese la música flamenca en sí, género con el cual nos sentimos identificados, sumando conceptos e ideas entorno a la música cubana. Nació entonces, por primera vez en la historia musical de la provincia holguinera, una agrupación con dichas características.

“Nuestro sello distintivo es la fusión musical del flamenco con géneros de la música cubana, plasmando la relación de ambos estilos desde la guajira cubana y la guajira flamenca, boleros con pinceladas de tango y el son tradicional llevándonos a la rumba catalana. Aquí radica nuestra fortaleza musical.”

Dentro del repertorio de Cubandaluz resuenan temas icónicos dentro del cancionero nacional como El Cuarto de Tula y Sarandonga, que entregan como resultado de una mixtura de los acordes típicos del flamenco y su impronta. “También defendemos obras de nuestra creación como Mis Raíces, una rumba-son llena de ritmo y sabor cubano, ¿Qué sería de mí?, bolero que canta al amor y la pena, así como varias canciones inéditas de mi autoría.”

foto tomada del perfil de facebook de cubandaluz

Actualmente se empeñan en grabar un fonograma, el propósito busca perpetuar el sonido en el que han trabajado durante este lustro y que la sonoridad tenga valores perdurables, así como otorgar a sus seguidores la posibilidad de atesorar su música.

Mis Raíces es la propuesta en la que ya trabajan y tiene una mayoría de temas escritos por Mayte y recoge el espíritu de la música que defienden. Suman a esta idea otros instrumentos en busca de una sonoridad más completa y elaborada que responda a su afán artístico y a entregar un mensaje más claro a su público.

La cantante cuenta sus anhelos: “Con esta propuesta queremos que llegue a todo el que nos escuche una forma distinta de ver y asimilar estas dos vertientes musicales. El sabor y la gracia que solo los ritmos cubanos tienen, anclado al desgarre apasionado y voraz que nos brinda el flamenco. Es una oportunidad para que el proyecto musical llegue a nuevos oyentes, fuera de nuestra provincia y de nuestras fronteras, creando una base de seguidores, haciendo crecer la marca de la agrupación y encontrando un apoyo de promoción contundente, así como una red de distribución real.”

integrantes de cubandaluz/foto tomada del perfil de facebook de la agrupación

Con más de mil seguidores en su página oficial en Facebook y cerca de 300 vistas en videos publicados en distintas plataformas de internet, Cubandaluz sigue ganando adeptos. Mientras, los amantes del flamenco en Holguín van encontrando en los espacios habituales de estos jóvenes artistas un remanso donde lo autóctono y la herencia española se condensan y enriquecen la espiritualidad.

⚠️⚠️¡¡Estreno!!⚠️⚠️ 🆕️ Single #LasVenasDeMiAlma.autora: Mayte Segura, directora y cantante #Cubandaluz #DesdeCasa #Estreno ▶️#RumbaFlamenca #Compártelo 🆗️

Publicada por Cubandaluz en Viernes, 15 de mayo de 2020

Durante los meses que el distanciamiento social los ha distanciado de su público en los espacios habituales de presentación, Cubandaluz ha realizado conciertos online, capsulas de música para seguir promocionando nuestro arte y enriqueciendo las páginas oficiales de Facebook e Instagram. “Nos hemos mantenido haciendo campañas sociales aconsejando a nuestros seguidores que se queden en casa y cumplan con las medidas sanitarias pertinentes Formamos parte de las celebraciones de festivales online, como las Romerías de Mayo, con la participación activa en conciertos que se brindaron a los usuarios de las redes, así como la colaboración con la bailarina Lilianna Hidalgo desde Argentina, en un magnífico dueto de música y baile.”

foto liset prego

foto liset prego

foto liset prego


Almas Nuevas y el Caribe que nos une

Del 3 al 9 de julio vuelve el Festival del Caribe. En esta ocasión se presenta como una Edición Homenaje, una iniciativa que sentará las bases de la celebración en 2021. El estado de excepción provocado por la COVID 19 ha impedido que la Fiesta del Fuego, como también se le conoce, dinamite las arterias de Santiago de Cuba. Entonces, ¿cómo pensar y dialogar con los pueblos del Caribe? ¿Será posible no dejar morir el espíritu del festival?

La Casa del Caribe, institución rectora de la magna cita, ha diseñado una serie de acciones en pos de mantener vivo el evento. Diseño enriquecido (como cada año) por los principales organismos y proyectos culturales de la provincia. El empleo de los nuevos medios y las plataformas digitales fue el camino seleccionado por su comité organizador para concretar el encuentro.   

Como ya es costumbre, la Asociación Hermanos Saíz en Santiago de Cuba se convierte en espacio de diálogo e intercambio del festival desde el quehacer orgánico de sus miembros. El programa paralelo, Almas Nuevas, se reafirma como el espacio más fértil/radical/e innovador entre los jóvenes que aspiran a un Caribe amplio y diverso.

  • ¿Qué es lo caribeño? ¿Cómo dialoga el arte contemporáneo con los códigos culturales de la región? ¿Es el Caribe un espacio de búsqueda creativa para el arte de vanguardia? ¿Por qué salvar nuestra identidad es salvar nuestros pueblos?

Durante estos días muchos creadores daremos respuestas a cada una de estas interrogantes. Repensaremos las distintas formas de expresar “lo caribeño” desde áreas investigativas, creativas y multidisciplinarias, que son transversales a las nociones antropológicas, estéticas, sociales y políticas que representan la región.  

El público tendrá acceso al programa de la AHS a través de las plataformas institucionales de la filial en Santiago de Cuba (la página de Facebook y el canal de YouTube).

Entre las acciones más significativas destacan:

Ventana Performance

Días 3, 4, 5, 6 y 7/Hora 10:00 a.m.

Invitados: Yuri Seone/Frank Lahera/Edgar Brielo/Carlos Gil Calderón

Foro Online El Cuerpo político: Identidad, arte y renovación en la imagen del Caribe

Día 5/Hora 3:00 p.m.

Invitados: Colectivo Muestra Internacional de Videoarte FAENZA  (Colombia)

Concierto Online del grupo Yerba Buena

Día 9/Hora 5:00 p.m.

El Festival del Caribe es un suceso que trasciende a Santiago de Cuba y sus habitantes. Aun cuando se gesta desde las instituciones de la ciudad, su proyección responde a una condición de país. Cuba es el Caribe. Los esfuerzos por mantener espacios tan vitales como estos muestran la voluntad de mantener el diálogo con los pueblos de nuestra zona geográfica. Un diálogo regido por la cultura y el arte. Un terreno que nos hace diferentes pero que nos une. Un terreno donde los hombres aprenden a respetar sus diferencias porque en ellas yacen sus verdades y fortalezas.

Los jóvenes creadores debemos estar prestos para formar parte de ese diálogo. Todo cuanto sucede en el mundo del arte y la cultura es territorio para la AHS, es territorio para la vanguardia. Es el Caribe una región fértil para convertir nuestros sueños en una obra humanamente posible.    


Con Cantos de Colibrí y Catauro de la Décima rinden tributo al bardo mayor El Cucalambé

Son montuno, décima declamada, tonada, pintura y otras manifestaciones, ensalzan el espacio Cantos de Colibrí en homenaje a Juan Cristóbal Nápoles Fajardo (El Cucalambé) en el aniversario 191 de su natalicio, un cumpleaños virtual que pone el punto final a la edición 53 de la Jornada Cucalambeana.

Las expresiones son resultados de la labor de los talleres infantiles de repentismo y tonada, espacios en los que se logra despertar el interés en las nuevas generaciones por las tradiciones campesinas cubanas en casi todos los municipios de la provincia, con resultados relevantes en Jesús Menéndez, Majibacoa, y Las Tunas.

De ahí que el espacio Cantos de Colibrí, tradicionalmente celebrado en la finca El Cornito, inunde hoy las plataformas digitales con artistas noveles como la solista Rosailis Báez Silva, integrante del Taller de Repentismo Infantil “Viajera Peninsular” como escritora, tonadista y solista vocal de música campesina.

De la mano de profesores como Guillermo Castillo y Taymara Portillo, la Casa Iberoamericana de la Décima, en esta ciudad, es continuadora de la obra de El Cucalambé; así como también la Compañía Hormigas Rojas que realiza puestas en escena con temáticas del campo desde hace más de 20 años, gracias al liderazgo de la trovadora Iraida Williams Eugelles.

El Catauro de la Décima, convocado por las filiales tuneras de la Asociación Hermanos Saíz, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y la casa editorial provincial Sanlope, celebra su edición 31 durante la Jornada Cucalambeana, oportunidad para el encuentro entre diferentes generaciones y la actualización sobre la más reciente creación literaria.

Andrés Borrero Ricardo, director de la Sanlope, dijo a la Agencia Cubana de Noticias que desde el 29 de junio el Catauro de la Décima durante esta versión online de la Jornada, estuvo dedicado a la mujer decimista, al ya fallecido escritor tunero Antonio Borrego y a la oralidad en sus diferentes
manifestaciones.

Como colofón a la fiesta suprema del campesinado cubano, la Jornada tiene reservado un gran guateque virtual que bajo el nombre Hermanando Tradiciones, reunirá a payadores, tonadistas, decimistas, cuenteros, humoristas y otros exponentes de 18 naciones, entre las que destaca la participación de Colombia, México, Honduras, República Dominicana y Bolivia.


Lo mejor que suena con los López-Nussa

A solo unas semanas del lanzamiento del tema de Harold y Ruy Adrián López-Nussa junto a Randy Malcom, “JazzTón”, llama la atención esta unión singular para la música cubana.

Quizás la supuesta distancia entre ambos géneros es el motivo que despierta mayor inquietud en las audiencias, sin embargo, una vez más la música nos demuestra que las fronteras genéricas son simplemente arquetipos teóricos diseñados para la industria comercial.

Partiendo de uno de los estilos más legitimados en Cuba, hablar de jazz convoca altos juicios de valor, descripciones de excelencia, realce de complejidades técnico-musicales y nombres de autores virtuosos de nuestra historia musical.

Sin embargo, la otra cara de la moneda, el reguetón, nos lleva indiscutiblemente a hablar de un mercado, de estrategias oportunas para públicos, de códigos visuales y estéticos, dejando muchas veces por sentado cualidades y/o calidades musicales. En fin, que se trata de dos universos que han sido abordados por la crítica desde posiciones completamente diversas.

Para los defensores de ambos géneros sería imposible imaginar una mezcla que convocara los elementos más auténticos de uno y otro estilo. Pero “JazzTón” nos propone la unión de progresiones armónicas y diseño melódico jazzístico, ritmática bailable –con la célula rítmica del reguetón– que predomina en todo el tema. Además, un estribillo contagioso, pequeño y de fácil repetición, unido a guías sencillas que tienen la función de convocar la diversión y que melódicamente se remiten al discurso del género urbano.

Para algunos pudiera parecer sencillo, no obstante, el poder de síntesis en una propuesta como esta, construye su éxito. La obra de Harold y Ruy ha resaltado en los últimos años por el cuidadoso trabajo de los elementos que hacen converger el latin jazz con recursos y conducciones de la llamada música de tradición europea. Un discurso que califica entre lo más distintivo de una generación todavía llamada “joven”, pero que ya experimenta la madurez creativa y la consolidación de un estilo personal. Aunque, esta vez apuesta por una mirada desprejuiciada hacia la simplicidad como elemento que construye otros lenguajes musicales.  ¿Es el reguetón un esquema menos complejo en la creación que el jazz? No lo dudo, pero maneja sus propios códigos, los cuales sin dudas entrarían en disputa si no se observan desde el valor de sus características. En este caso, Harold diseña en el piano melodías claras, directas, que se reiteran durante todo el tema pasando por otros instrumentos. Las arropa la rítmica de la percusión, donde además del acompañamiento de drums de Ruy Adrián, se colocan los timbales de Randy Malcom para incrementar la presión sonora de esta entrega.

La voz de Randy, conocida mundialmente por su protagonismo en Gente de Zona, juega con sus llamados habituales de los temas de su agrupación, convocando a otra audiencia a poner atención a un sonido sui generis, que desde su orígenes pretende aunar. Muestra desde su inserción interpretativa un rol determinante en la escena jazzística: la versatilidad.

En este tema, no solo vamos a escuchar un Randy Malcom que canta y seduce con su simpatía y espontaneidad, sino un instrumentista de la percusión con la capacidad de converger entre sus colegas con dominio absoluto de estéticas, códigos y recursos de uno y otro género.

En este sentido, y para más destellos, el tema abre espacio a la improvisación jazzística, en una sección breve pero directa, con recursos como los que pueden encontrar en un álbum de jazz.

En el caso de Randy al timbal, acentuando los juegos con los ritmos y los desplazamientos típico de las conducciones de la percusión en la música de nuestro país. Por otra parte, Harold al piano acentúa a modo de descarga, jocosos guiños cromáticos que acompañan todo el sentido divertido de la propuesta.

Me causa sorpresa agradable… ¡Sí!… porque por lo general nos encontramos con miradas prejuiciosas que legitiman un género y hasta denigran otro, sin observar todas las particularidades que construyen y enriquecen un panorama sonoro. Quizás sin proponérselos, estos creadores han encontrado un punto medio, donde se intercambia con músicas de uno y otro lado, de historias muy diversas, de sentimientos encontrados, pero con un resultado que alegra y sorprende.

La mejor apuesta está en el carácter desenfadado del JazzTón, sin reservas, sin poses, sin demasiada “venta”. Convocar a una audiencia amplia, trasladar la escucha a nuevos terrenos y abrir los caminos infinitos de las músicas de nuestros tiempos.

A esta novedad se suma el lente inquieto de Joseph Ros, siempre en la búsqueda de oportunidades como esta que le provoquen nuevas experiencias audiovisuales. El videoclip como formato indispensable en estos tiempos, deja su protagonismo a los músicos, espacio que se agradece en este caso, y coquetea a modo de “burla”, quizás, con las estéticas de ambos géneros en simple mezcla visual como la que propone esta creación: “JazzTón”. 


Rap a lo tricolor: una escena musical con sabor local

Cantar, saltar, bailar, tomar, pinchar la pista de discos, alzar la voz en responsorio cantado cuando el intérprete convite, levantar un brazo en señal de apoyo, moverlo de arriba hacia abajo, ladearse la gorra y hacer todo esto imbuidos en frases como “tá’mo aquí” o “I don´t believe in Babilon”, dice mucho de la salud de la escena rap-reggae en Santiago de Cuba. Si bien resultará propicio acercarse a esta producción musical en un momento en que sus músicos, apoyados por la Asociación Hermanos Saíz, mantienen sus propuestas y conforman una comunidad ya con más de 20 años en cocción.

La mirada que propongo no se dirige a analizar precisamente su desarrollo zigzagueante, sino hundir las raíces en su rótulo mixto. En suma, diseccionar las razones que conducen a entender dicha escena bajo el título rap-reggae, en vez de separarla en virtud de cada género musical constituye el tema central del presente texto.

Las huellas de profunda afinidad entre artistas de rap y de reggae se observan tanto de forma explícita como cuando se profundiza en su análisis. Enumero algunas de las pistas que permiten visualizar la estrecha sintonía:

(1) La continua colaboración fuera y dentro del estudio musical que conduce a featurings bajo el predominio de uno de ambos ritmos pero con la inclusión de sendos tipos de intérpretes;

(2) sus relaciones más explícitas sobre el escenario, tan comunes en peñas o en propio patio de la AHS santiaguera;

(3) la incorporación de accesorios estéticos procedentes de los movimientos culturales vecinos, hip hop y Rastafari, en la creación del estilo visual, por ejemplo, cuando los raperos usan algún elemento tricolor verde, amarillo y rojo;

(4) la propia identificación personal con tales culturas vecinas y su expresión artística mediante la canción, por ejemplo, cuando la concepción Babilonia procedente de Rastafari adquiere importancia en el discurso del rap;

(5) por último, el compartir ideas comunes contenidas en sendas culturas, por ejemplo el ideal antirracista y la re-significación de la deuda  cultural cubana con África.

No es intención de esta autora abordar con todo el peso de la semiótica, la sociología y la historia, las peculiaridades de la escena antes citada. Los límites editoriales del texto no lo permitirían. Sin embargo, declarar los hechos fundamentales que conducen a una escena mixta, sí posibilita transitar por un breve análisis culturológico donde salta uno de los sellos identitarios de una vertiente musical contemporánea con sabor local, de parecer folclorista para algunos, sinceros matices regionales para otros, e indudable enlace de tradición y actualidad.

Ante todo, considero preciso puntualizar el significado de escena musical, cuya utilización en el contexto cubano le debe mucho al periodista y crítico musical Joaquín Borges Triana. Constituye una de las últimas conquistas terminológicas del post-subculturalismo contemporáneo, probablemente gracias a su cómoda amplitud significativa. Esta díada, alcanza mayoría de edad en los predios del periodismo musical, pero son los sociólogos post-subculturales, especialmente dedicados a la música, quienes en la postrimerías del siglo XX elaboran un marco teórico para explicar las comunidades de consumidores y productores musicales, una de las formas de contrastar con el enfoque sustentado en la disección clasista inherente a los clásicos subculturalistas de Birmingham.

Foto cortesía del artista Edgar Brielo. Patio de la AHS durante Festival de hip hop. 2016

De esa manera, junto a subculturas, culturas juveniles, culturas de club, tribus y neo-tribus, llega a bien posicionarse los enclaves conceptuales y empíricos de la escena musical. Aunque su procedencia sociológica se deriva de las investigaciones de Barry Shank y las del canadiense Will Straw (1991), es el último quien alcanza mayor repercusión en las investigaciones sociales de música.

En síntesis, la escena musical se conforma tanto por la comunidad flexible y porosa de productores y consumidores de algún ritmo en específico, como por sus enclaves espaciales fundamentales, sus redes de producción, distribución y comercialización, el movimiento nómadas de los seguidores de dicha música, y una comunidad de gusto con base en un género o como aquí se observa, géneros en específico, comunidad de membranas móviles, inclusivas y cambiantes.

Una vez entendida la escena como una relación en movimiento entre los creadores y su público, vale volver la mirada hacia la historia de los géneros musicales que nos ocupan. El acontecer del rap santiaguero se ha trenzado con otros movimientos musicales que florecieron en el Caribe hacia finales del siglo XX. Primero el reggae, luego el raggamuffin, su variante el dancehall, e incluso el incipiente reguetón, acompañaron los ánimos creativos que hacia las postrimerías de la década del 90 e inicios del nuevo milenio motivaron a varios jóvenes a destacarse en el estilo recitativo con inclusión de jergas característico de la canción de rap.

Si miramos a fondo, hallaremos que las conexiones entre el reggae, sus derivados sonoros y el rap, ya habían sido forjadas entre los padres de estos ritmos. El profesor estadounidense Mickey Hess, por ejemplo, recuerda que el rap halla raíces en la práctica artística del toasting jamaicano, una forma en que los DJ de Kingston animaban aquellas fiestas informales de barriadas al margen conocidas como sound system. Si a ello le sumamos que todos los géneros mencionados constituían, de alguna forma, crónicas sociales donde se plasmaba el pensamiento crítico de sectores pobres así como su espiritualidad o, en el otro extremo, se vertía un discurso nihilista, lúdico y con alto contenido sexual, también como parte de una subjetividad social que describía un pretendido estilo de vida, entonces, las conexiones son evidentes.

Lo cierto es que la histórica mixtura entre creadores del rap y reggae adquiere un cariz más sólido en el caso santiaguero y las primeras sospechas de este hecho emergen cuando nos percatamos del afianzamiento del reggae en el gusto popular de la ciudad, amén de involuntarios desconocimientos en las herramientas de investigación social como las encuestas de consumo. Las causas deberían rastrearse en el apego emocional y cultural del santiaguero a la cultura y sonidos caribeños, pero, una aseveración así parecería pecar de folclorismo. Con ella, se pretende poner en debate el esencialismo de nuestra identidad que, en tiempos actuales de hibridación cultural, se permea de variopintas influencias, de suerte que es preferible aportar datos en los cuales se explicite la incidencia de lo reggae en la ciudad.

Los investigadores Samuel Furé y María Elena Orozco recuerdan que la llegada de estudiantes caribeños y entre ellos jamaicanos a universidades capitalinas y de Santiago de Cuba, así como el arribo en 1976 de obreros, también con jamaicanos en sus plantillas, en busca de cursos de superación; fueron hechos que estrecharon el contacto con la cultura de Jamaica y, por extensión, con el reggae. En este punto, el lector juzgaría imperdonable la no mención de las oleadas inmigratorias jamaicanas hacia el Oriente cubano, antes de los pretéritos años 50 y el supuesto espaldarazo que pudieron proveer al gusto local por el reggae. Sin embargo, S. Furé responde al cuestionamiento con justicia cuando explica que al momento de la ascensión de este ritmo como música popular, bailable y globalizada, ya dichos inmigrantes y su descendencia poseían tal integración a la estructura social cubana que el reggae era tan nuevo para ellos como para los demás cubanos.

Promoción y portada del álbum de dúo Golpe Seko «Golpe Seko brothers» cortesía del MC Darwin Sibadie. Su diseño resalta los colores de la bandera Rastafari como alusión no sólo a esta cultura sino también al Caribe.

Considerado sobremanera por músicos, integrantes de Rastafari y estudiosos de procesos culturales en la región Este de Cuba, otro elemento que ha cimentado el gusto en el reggae ha sido la posibilidad de sintonizar estaciones radiales jamaicanas desde algunas zonas orientales, Santiago de Cuba entre ellas. S. Furé también adiciona la influencia del turismo en los 80, que acercó más la cultura jamaicana del momento a la cubana. Por último, pero no menos importante, debo destacar siguiendo dicho autor, la influencia que dejaron algunos eventos donde confluían figuras del reggae internacional: el de Varadero, el Carifesta y el Festival del Caribe. Lo que no menciona este exégeta de la cultura Rastafari es que de los tres, el último todavía se lleva a vías de hecho cada verano y su realización impacta directamente en la configuración de la escena rap- reggae.

El desarrollo anual del festival o Fiesta del Fuego probablemente representa una de las motivaciones más antiguas y reiteradas para llevar a cabo conciertos de rap y reggae, en conjunto con la AHS, como uno de sus espacios neurálgicos. Con este juicio no pretendo desconocer la convergencia, en el marco del evento, de numerosos ritmos tradicionales, caribeños y latinoamericanos, empero, el carácter participativo de la música urbana citada, esto es, la dinámica relación in situ de los artistas con su público mediante el baile o cualquier otra manifestación de sinergia colectiva, acentúa su significación y conduce a la activación de la escena puesta en la mira. Se explicaría entonces por qué mientras se trova, la música adquiere función de telón de fondo, pero cuando se canta reggae, los partícipes, otrora conversando, se levantan de sus asientos, cantan o corean al cantante mientras este repite alguna frase significativa como la inicial I don´t believe in Babilon.

Volviendo a mi objetivo inicial, creo necesario señalar que la mayor parte de estas condicionantes no corresponden exclusivamente al territorio santiaguero, sino que, en relativas medidas se hallan diseminadas por el resto del país. Por ejemplo, los estudiantes jamaicanos no solo arribaron a Santiago, sino también a La Habana y, en menor escala, a otros territorios como Santa Clara.

Ahora bien, su convergencia en adición a los factores históricos que funcionaron como puente de relaciones culturales con el área caribeña desde la época colonial, sí debe considerarse en su conjunto elemento exclusivo de esta ciudad. En mi consideración, la comunión de todos ellos ha condicionado al sujeto social santiaguero, en especial una sensibilidad cultural que se aviene a la conciencia de caribeñeidad que mencionara un autor ya clásico: Joel James. Se trata de una histórica disposición estética con relieves característicos del Caribe que ha influido en buena medida en el gusto y, en consecuencia, en la creación musical de la urbe.

No quisiera ahogar la interpretación sobre la creatividad santiaguera en materia de música con el lazo del determinismo cultural; por tanto, no pienso que todos los músicos santiagueros y los melómanos expresen por fuerza el vaso conductor con dicha sensibilidad caribeña. Aun así, ha sido válido analizar una escena musical donde la expresión caribeña resulta palpable debido a la estrecha y sólida relación emocional y artística entre raperos y músicos de reggae.

Otra ejemplificación de este vínculo descansa en la frase metonímica, probablemente oportuna, sostenida por algunos raperos que reza: “Mientras La Habana mira al norte (o lo que es lo mismo, a Estados Unidos), Santiago observa al Caribe”. La probable certeza o desmesura de esta frase no es lo importante aquí, sino el hecho de hallar entre quiénes la afirman, identidades sustentadas en la auto-calificación como parte activa de esta región cultural.


Sobrepasar los límites del sonido

A partir de las redes sociales y de una colaboración para un videoarte pude llegar hasta la obra de este artista, cuya mayor virtud podría ser la de estar siempre en constante movimiento y búsqueda interior.

René Rodríguez (Trinidad, 1979) es compositor y artista visual, graduado del Instituto Superior de Arte, con una Maestría en Composición. Ha obtenido diversos premios como compositor, entre ellos el Alejandro García Caturla de la UNEAC, el Premio por mejor música original en el Festival Broadcasting Caribbean de la UNESCO, Premio de composición en el Festival de la Canción por los 500 años de la fundación de Trinidad, y el Caracol de la UNEAC. Así mismo obtuvo tres premios de fotografía en el 22 Salón de la Ciudad de Arte Contemporáneo de La Habana en 2018. 

Su obra ha sido expuesta en importantes eventos y festivales dentro y fuera de Cuba. Como fotógrafo ha desarrollado varias exposiciones colectivas y personales.

Desde los inicios ha desarrollado su estética creativa a partir de la música electroacústica en relación con la poesía, las artes plásticas, el teatro, la fotografía y el cine, inquietudes creativas que han nutrido su sensibilidad y que le permiten ir redescubriendo el mundo con los mismos ojos asombrados y, siempre, desde la humildad.

Desde pequeño comenzaste estudios en el conservatorio de tu provincia natal, Sancti Spíritus, en la especialidad de piano, incluso formaste parte de un grupo musical infantil llamado Juventud 2000, desde donde empezaste a incursionar en el mundo de la composición musical, pero, qué fue lo que realmente te enamoró de la música.

Comenzar a estudiar desde los ocho años el piano e integrar una banda musical infantil desde 6to grado fue la consecuencia de un primer amor, de una certeza que anteriormente se venía enramando. Más que haberme enamorado de la música diría que experimenté un deseo muy fuerte desde niño por descubrir sonidos, puedo afirmar que de manera inconsciente.

De mi primera infancia trinitaria recuerdo que mi abuelo tenía un escaparate viejo en el traspatio, en él conservaba un mundo de entonadas herramientas y objetos con los que construía artefactos y me inventaba historias. Sin quererlo se convirtieron en mis primeras elaboraciones primitivas como artista. Un sonajero de botellas, hierros de diferente peso y tamaño, trozos de madera y cristal, hilos de pescar tensados, el traquear del café mientras se tostaba, trotes de caballo desde el callejón empedrado, más la fauna sonora del platanal, son algunos de los sonidos que inundaron mi entorno y de cierta forma propiciaron una necesidad. En medio de toda esa amalgama de sensaciones descubrí de a poco con el tiempo, un lenguaje por el cual podía conciliar con entera libertad mis emociones.

Durante tus años de estudiante en la ENA, desde tu experiencia como pianista y compositor, integraste varios grupos y lograste nutrirte de géneros tan diversos como el rock, la trova, fusión, pop, los géneros de la música popular tradicional cubana y el jazz. ¿Cómo aportó esta dinámica sonora a tu proceso creativo como compositor? ¿Consideras esto un ejercicio necesario para el proceso formativo de un estudiante de nivel medio?

Es, sin dudas, un camino necesario para cada estudiante en proceso de formación. La interacción con otras fuentes de conocimiento contribuyó a moldear lo que soy ahora. La academia –en mis inicios– fue un poco rígida en este aspecto. Los métodos que se manejaban no daban paso a excepciones, dentro del programa, tan imprescindibles como las expresiones populares o tradicionales. No obstante, a estas limitantes le surgieron fisuras inevitables, pues el entorno era más fuerte que los métodos implantados de la escuela europea.

Ya en Nivel Medio la dinámica fue diferente, la interacción con la música popular (el jazz, la timba, la trova y el rock, fundamentalmente, fue bien intensa. A pesar de no formar parte de la metodología habitual en este tipo de academias, de manera natural gracias al contexto y a una necesidad económica devenida de las ganancias que producen ciertos géneros populares, se fomentaron sin duda una serie de conocimientos y herramientas que enriquecieron mi arsenal de variables y estilos composicionales. Este encuentro espontáneo, casi un “quiéralo o no lo quiera” que les toca a todos los estudiantes de Nivel Medio, es fundamental para su formación, porque aporta, redirecciona y define los caminos a seguir.

Durante un tiempo te desempeñaste como profesor en la ENA y el ISA, coméntanos un poco sobre el proceso de formación que tienen los estudiantes de música en las escuelas de arte.

Bueno, siempre he creído que la enseñanza de música en las escuelas de artes es fundamental para el desarrollo de la música cubana. Los aciertos o deficiencias que pueden tener los jóvenes músicos cuando cursan la enseñanza siempre estarán reflejados en su desempeño como profesionales.

Anteriormente hablaba de aciertos, soy defensor de que la música popular cubana en los estudios es beneficiosa para el futuro de los jóvenes músicos, así como también la de América Latina que muchas veces es olvidada, o desplazada por la preferencia de nuestros ritmos y el jazz. Afortunadamente, estos repertorios están hoy mucho más presentes, sobre todo en las asignaturas de práctica de conjunto. Por otro lado, esto no implica que deje de tocarse la música clásica por ser la base del entrenamiento de todo músico, sin importar su preferencia. Creo que esto no puede perderse de vista.

¿Qué experiencias, obras, vivencias… han marcado tu formación artística?

Es difícil definir particularmente una determinada experiencia, creo que el cúmulo de acciones vinculadas al arte han ampliado mis conocimientos. Te comento algunas sin establecer un rango de importancia entre otras. No podría dejar atrás la interacción con los poetas y el canto. La trova desde niño ha sido un eje en el que permanezco rotando hasta el día de hoy. En este sentido debo citar a una persona que fue y es muy importante en mi vida y en mi carrera, un grande de la trova trinitaria: Pedrito González, fundador del movimiento de la Nueva Trova en nuestro país.

cortesía del entrevistado

Pedrito alimentó la sensibilidad artística en mí a través de las espontáneas tertulias trovadorescas que “accidentalmente” ocurrían en la sala de mi casa trinitaria. Con sus canciones, que incluían inevitablemente a Manuel Corona (obligadas Santa Cecilia y Longina), Sindo Garay, Eusebio Delfín, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Joan Manuel Serrat, entre otros, me cautivó de poesía y trova en su totalidad. Como él, también fueron importantes las sonoridades callejeras de aquel entonces en Trinidad, cuando la añeja villa transcurría en una atmósfera apacible, lejos del actual bullicio de visitantes foráneos, denigrante música souvenir y negocios pululantes que laceran la médula espinal de las tradiciones populares. Entre estos sonidos propios, diría entrañales, se destacaban los tambores de algún toque, las canturías en la cercana Casa de la Trova, los cantos litúrgicos en la Iglesia de la Santísima Trinidad y las peñas que frente a la casa realizaba la orquesta de charanga típica Estrellas del 48 que entre boleros, danzones, sones y chachachá deleitaba con deliciosa cadencia mis oídos.

En casa tenía un viejo tocadiscos y un grupo de placas con tesoros ocultos que más tarde apreciaría en su verdadero valor. En particular obras como Las cuatro estaciones de Vivaldi, algunas cantatas de Bach (como la 121), el segundo concierto para piano y orquesta de Rachmaninov, el tercer concierto para piano y orquesta de Bartok, Manita en el suelo de Alejandro García Caturla, Las Rítmicas y el Ballet La Rebambaramba de Amadeo Roldán, un disco de Jazz con temas relevantes de Duke Ellington, la ingeniosidad al piano de Keith Jarrett, las atmósferas de Pat Metheny, Yellow Jacket y un disco con poemas de Roque Dalton y Thiago de Mello, acompañaron mis vacaciones, las noches y sus amaneceres. Debajo de la almohada mientras escuchaba esos tesoros yacía mi imprescindible Dulce María Loynaz, la edición de su poesía completa me abrió las puertas al mundo de la literatura. Así también entre obras musicales apareció Samuel Feijóo, Wichy, entre otros.

Una de las experiencias que, aunque sucedieron en momentos diferentes de mi vida, marcaron de manera trascendental mi concepción de la creación, fue la simbiosis entre dos grandes de la cultura nacional, el destacado compositor y maestro Carlos Fariñas, de quien tuve la enorme dicha de ser parte de su aula, y el importante realizador y Premio Nacional de Cine Enrique Pineda Barnet, quien me dio la oportunidad de adentrarme de manera profesional al mundo del séptimo arte. Curiosamente, ambos trabajaron en estrecho vínculo durante muchos años dando a luz resultados artísticos memorables como Soy Cuba y Cosmorama, por solo citar dos ejemplos. De alguna forma esa interacción llegó hasta mí, tanto desde la formación-profesión hasta la puesta en marcha de proyectos que articulan la trama de imagen y sonido.

¿Qué géneros musicales son más frecuentes en tus obras?

Nunca me he cuestionado la búsqueda de un género a la hora de componer, principalmente para la música culta o contemporánea de concierto, simplemente direcciono la creación según el objetivo al que va dirigido. No creo que uno sea un objeto de determinado color y textura, creo que nos movemos en direcciones de búsqueda siempre inquietas, aunque sí con un específico centro de atención.

Existen dos direcciones básicas en mi labor creativa: una vinculada a la función del oficio propiamente a través de la exigencia de los encargos, los que deciden por lo general el tipo (género) de música a desarrollar, de tal forma que deriva en una gama amplia de diversos géneros de la música culta o popular; y la dirección personal. Es en esta línea que prefiero no definirme porque considero que (como acontece generalmente en todos los casos) siento la necesidad de caminar, de cambiar, de descubrir, indagar, romper. Todos los elementos antes mencionados que marcaron mi universo en la infancia son la materia prima genérica principal, su uso no está determinado por una decisión consciente sino como un resultado de la misma interacción acumulada por años.

Ahora, sí considero una identificación con la corriente de la música experimental que pretende fundirse a través de la búsqueda de nuevos timbres. Para ello me apego a una plataforma que por sí misma cumple con todos los requisitos para volar en grande a la hora de elaborar, transformar y transmitir criterios artísticos: la música electroacústica. Pudiera decir que esta línea resulta ser la más recurrente en mi obra. A partir de esta manera de expresión he coqueteado con géneros como el Jazz, el pop, la música popular bailable, lo incidental o puramente experimental por citar algunos que vienen a mi mente, unas veces consciente –de manera que aporte al discurso audiovisual– y otras veces de forma espontánea, como bombeos intrínsecos del alma.   

Durante tu carrera has tenido la suerte de coincidir y recibir clases de destacados compositores como Carlos Fariñas, Juan Blanco, Roberto Valera, Calixto Álvarez, Tulio Peramo, Harold Gramatges, entre otros, incluso formaste parte del taller formativo de música electroacústica en los tiempos de Juan Blanco (ISA) y tuviste la oportunidad también de generar tres obras allí. Háblanos de esta experiencia en particular.

Me agrada mucho responderte esto, porque soy un poco de todas esas sabidurías académicas que recibí, más la suma de lo que cargamos en el bolso emocional del pasado. Mi desempeño en el arte habla con elocuencia de estas conexiones. Primero te mencionaré un nombre que no incluyes pero que repercutió mucho en mi inclinación por la composición: Amado Touza, mi profesor de Piano en la Escuela Nacional de Arte. Este maestro de la interpretación me enseñó a “componer” de cierta manera mientras ejecutaba a Bach, Scriabin, Debussy, Ravel, Beethoven, Lecuona; lo hacía mediante sus charlas que antecedían cada lectura, charlas en las que descubría a través del marco histórico, el análisis armónico y estructural, la esencia misma del compositor, su tema, la historia que se propone en cada obra.

Cuando me tocó “cruzar” el camino que separaba la ENA del ISA, el encuentro con las destacadas figuras que mencionas fue como el premio de la primera fase donde indirectamente inocularon en mis entrañas el placer por la creación: Touza, el medio y las circunstancias.

Catálogo. Regiones de fe/ cortesía del entrevistado

En el Instituto (actual Universidad de las Artes) tuvimos –los de mi aula– grandes privilegios al ser testigos de la sabia de glorias de la composición. Particularmente haber cursado mi carrera bajo la guía de Carlos Fariñas fue altamente significativo, tanto así que todavía hoy rebusco y hallo en sus partituras un espacio siempre elocuente de transmisión de conocimientos y alternativas, como si el comprometido maestro y obstinado compositor estuviera vivo a través de sus notas, guiando los pasos como solía hacer, con resuelto celo. Fue con Fariñas que me sentí inclinado hacia la música electroacústica. Despojado él de reservas o secretos, me reveló las mieles de la composición como si se las dictara a sí mismo. Fuerte de carácter, recio en su disciplina e inclinado con pasión a la enseñanza, fue y es como una luz para mis pasos en el oficio de la creación.

Recuerdo con mucha nostalgia a Harold, quien me preparó para las pruebas de ingreso al Instituto (curiosamente él fue el primer maestro de Fariñas). A su decir no enseñaba la composición, sino que señalaba las descomposiciones. Incentivaba el fuego interno creativo de cada alumno desde su clase de Audiciones Analíticas infundiendo en nosotros, con la dulzura que lo caracterizaba, la formación de criterios a través de la pintura, el teatro, la literatura y la danza. Casi era una exigencia al grupo de los compositores, el autoexamen con respecto al uso de las variables experimentales, las tendencias, los modelos y métodos de la música culta del siglo XX; todo ello para avivar la creatividad.

El apego a una formación integral en relación a la cultura también fue un ejercicio recurrente entre los maestros del claustro, entre ellos Juan Piñera, Roberto Valera y Tulio Peramo con especial interés, estimulaban y observaban esta inclinación en cada prueba de composición, en cada encuentro espontáneo de pasillo. Todos ellos condicionaron un criterio que asumo como baluarte junto a los ya forjados en mi experiencia de vida.

Durante nueve años, formaste parte de la compañía artística Creación, realizando trabajo comunitario en la Sierra de los Órganos, con el objetivo de difundir el arte entre los pobladores de la región. Coméntanos sobre este proyecto.

Esta experiencia marcó mucho mi vida en lo emocional y lo profesional. Recién graduado del ISA, después de todo ese cúmulo de enseñanzas recibidas, mi ritmo habitual dio un giro inesperado. Cuando muchos de mi generación siguieron desarrollando su espacio propio dentro de la creación artística, yo preferí tomarme una “pausa” en ese escenario y prestar mis conocimientos a una comunidad rural que al principio veía como ajena y que, al término del trabajo, la sentiría tan mía y cercana a partir de los lazos familiares que establecí dentro de ella. Un amasijo de nostalgias me cobija cuando pienso en esos años.

Aunque en lo aparente rompí el ritmo de búsqueda desde la escritura en el medio composicional, en realidad establecí otro patrón de pesquisa a través de la enseñanza de las artes y su puesta en práctica (aún en terrenos inexplorados como la actuación teatral y la realización de trabajos audiovisuales). Asimismo, alimenté con mayor libertad mis inquietudes por la fotografía y el video desde mi afán por archivar historias, las que más tarde serían contadas a través de documentales que testimoniaron el intenso trabajo.

Variación del alba/ cortesía del entrevistado

Todo esto sería inmencionable sin el soporte que fue la compañía artística Creación, integrada por músicos formados en nuestras academias de arte y dirigida por Omar Rojas y Manyú Bernal. Creación trazó como meta sembrar –con ambicioso empeño– cultura en un terreno áspero y en apariencia difícil de penetrar: una comunidad donde la tendencia al alcoholismo primaba en sus derredores por la ausencia de propuestas culturales frecuentes. En Cabeza, Minas de Matahambre, Creación apuntó con el arma de la cultura y la sensibilidad del arte para dar en el blanco. Así muchas personas entregadas al ocio, la violencia y el alcohol, cambiaron esa situación por un instrumento musical. También impartimos talleres de pintura, música y teatro para los pequeños de la comunidad y de otras zonas aledañas. A estas clases alternábamos programaciones de cine móvil para niños y adultos. Hasta cada rincón llegábamos en tractor o en carreta, no importaba el medio, solo importaba llegar y hacer la función.

Desgraciadamente, muchas de estas poblaciones serranas padecen de hábitos negativos motivados por el ocio. Aún no es suficiente el sano esfuerzo de las organizaciones del Gobierno y la cultura. La concientización al respecto por los promotores culturales es vital, de no ser así, la globalización cultural –mediante las tendencias comunicativas actuales– propiciará quebrantar principios y valores necesarios para engranar con tino el motor de la sociedad. Como diría nuestro José Martí: “La ignorancia mata a los pueblos”. Una muestra así, sencilla, donde un puñado de voluntades se unen para llevar luz a través del arte, es un ejemplo de lo mucho que puede hacerse. 

En casi 10 años se hicieron muchas cosas, no solo talleres, actuaciones de música, de teatro infantil, también se organizaron conciertos y festivales que fueron cimiento de muchos artistas reconocidos hoy en la escena nacional e internacional, y que en ese entonces incursionaron como aficionados al arte. Cabe añadir que lejos de la sensación del aplauso de los grandes escenarios, experimenté una emoción insuperable: el milagro oculto detrás de una sonrisa agradecida.

En diversas ocasiones has incursionado en el teatro y el cine, ¿qué retos debe asumir el compositor musical cuando se enfrenta a estos medios?

Como primer requisito, y diría que fundamental, respetar la obra con el fin de establecer un discurso narrativo equilibrado entre las partes. El compositor debe adaptarse al canon previamente establecido por el libreto teatral o el guion cinematográfico. La música debe apuntalar psicológicamente la trama, pero nunca prevalecer donde no se establece como protagonista sino como parte del engranaje total.

Es imprescindible que haya un orden entre la exposición de los diferentes elementos que componen la escena para apoyar finalmente la narrativa de la misma, he aquí donde radica el desafío del ejercicio composicional. Es de por sí un reto negarse a sí mismo hasta cierto punto (sin dejar de serlo) y corresponder estrechamente las exigencias del director. Cuando esta línea de trabajo se respeta, por muy simple que sea el acabado, habrá sin duda un resultado óptimo, el deseado. Fariñas me legó una enseñanza con respecto a esto, él insistía en hacer énfasis en la objetividad dramática, pero siempre yendo más allá en busca de una estética más subjetiva y evitando el realismo frío.   

En medio de tu obra como compositor, despertaron en ti fuertes inquietudes hacia otras ramas del arte. Has incursionado en la fotografía, y en el XXII Salón de la Ciudad, organizado por el Centro Provincial de las Artes Plásticas, obtuviste varios reconocimientos, entre ellos el Premio de la Universidad de las Artes, por tu obra “Coreografía ideológica”. Desde el 2008 hasta la fecha vienes realizando audiovisuales, en los cuales la música, como elemento predominante, dialoga con lo visual y lo poético a modo de experimentación, recurrentemente en colaboración con otros artistas. ¿De dónde surgen estos impulsos, y cómo se mezclan en tu creación musical?

Como bien te decía, el cúmulo de experiencias antes mencionadas, dieron al traste con una serie de herramientas que fui asumiendo como derroteros en mi manera de contar historias (cada obra se debe a un acontecimiento determinado). La articulación entre la música y otras expresiones artísticas como la fotografía y el video se me hace necesaria una vez que descubro en ellas una manera más de componer: veo a estos medios “externos” como “instrumentos musicales” con los cuales se sustenta el objeto temático de cada obra.

Para explicarme mejor: cuando ejerzo la creación a través de la fotografía es imposible no incorporar en ella los sonidos cotidianos que acompañan la instantánea, esto no siempre condicionado hacia la realización de una obra musical, pero sí como inminente acompañamiento. Lo mismo sucede cuando compongo música electroacústica. En este último caso, por lo general, cada sonido utilizado lo trato de forma natural (fijado esto en parte por los fundamentos estéticos de la escuela “concreta” de Pierre Schaeffer), a partir de lo cual implemento una mixtura tras la relación visual que se desprende de cada sonido, a veces utilizada en contraste o contraposición, otras apoyando fielmente lo expuesto.

Uno de los resultados que surgen como consecuencia de esta necesidad de “contar” a través de diferentes fuentes sonoras y visuales son mis electrodocumentales o también llamados poemas visuales. En estos trabajos (con características análogas al cine documental) dispongo con absoluto empeño unificar estos lenguajes para, a través de los procesos de desarrollo comunes en cada obra, mostrar un resultado artístico.  

¿Consideras que, al nadar entre tantas aguas, tu proceso creativo como compositor musical te permite generar un universo más rico y propenso a la experimentación, teniendo en cuenta que el impulso creativo es único y que lo que varía es el modo de manifestarse?

Realmente lo considero una ventaja a mi favor. Partiendo de la música como eje principal, creo que en la gama de alternativas se fortalece aún más el objeto final del arte. Por poner un simple ejemplo: entre los medios expresivos, el tratamiento del timbre siempre ha centrado mucho mi atención. A lo largo de la historia, este elemento no ha dejado de corresponder al desarrollo técnico de los instrumentos y, posteriormente, a los progresivos avances tecnológicos en el campo de la música por computadoras. Hasta el día de hoy, esta búsqueda de sobrepasar límites en la exploración de nuevos paisajes tímbricos confluye a la par de los convencionalismos estéticos.

Una de las herramientas fundamentales que articulo en mis trabajos, por este motivo, es la transformación del sonido a través de estos mecanismos de síntesis a partir de sonidos acústicos o puramente electrónicos, previamente procesados. No obstante, mis recursos no cesan de inquietud y búsqueda, por lo que no se limitan solo a esta corriente –que de por sí tiene aún mucha tela por donde cortar si de descubrimientos se trata–, sino que toma prestados elementos “ajenos” al mundo sonoro musical para asimilarlos como si fueran notas de un pentagrama, tal es el caso de la fotografía y la edición de video, como bien dije antes. Estos últimos elementos fungen como herramientas que aportan, dosifican y sostienen el discurso del material de arte.

Hace unos meses, tras haber colaborado con otros artistas, tuve la oportunidad de trabajar contigo, a través de tu poema “Otra vez en el principio”, imágenes del malecón habanero, sonidos ambientales del entorno, la voz de la poeta y otros elementos afín a la estructura dramatúrgica del trabajo, pude dar a luz al audiovisual titulado “Adagio”. Este material es ejemplo de los excelentes resultados de una colaboración donde la simbiosis entre sensibilidad y sencillez, conspiran en el acabado de una obra, tanto partiendo de la búsqueda de nuevas herramientas expresivas como de la comunión estrecha entre artistas en dinámica consonancia. 

¿Qué rasgos definen a René Rodríguez, como artista y ser humano?

Me cuesta responderte eso, pues no me lo pregunto ni a mí mismo. Me considero un ser contemplativo, amistoso, familiar… mi música es resultado de ello. La gran mayoría de los procesos creativos intervienen con el fin de fomentar esta necesidad espiritual; lo considero el combustible vital para la armonía de las cosas que me rodean. Para darle forma al mundo necesito sentir que cada paso está acoplado a ciertos hilos invisibles que mueven la maquinaria de la vida: la magia de un abrazo, de una sonrisa, el milagro del perdón y del deseo.

Pareciese que tu obra está en constante crecimiento y búsqueda, ¿en el espacio creativo, con qué sueñas?

Creo que con todo, se quiera o no, de forma natural se mantiene en eterno crecimiento. Aun cuando dejamos de caminar, solo lo hacemos en relación a un criterio, bien sea propio o social, más allá de cada postura a través del tiempo se perpetúan inevitablemente ideas y sueños.

Los míos en particular surgen casi siempre del espontáneo paso a paso. Creo que la sucesión de eventos del día a día nos depara un mundo de preguntas por contestar o por dejar en blanco (esto también contiene música), muchas de ellas acumuladas en el pequeño closet del alma, amontonadas y alocadas, prestas a brindar su servicio cuando el intelecto lo precise.

¿Con qué sueño? Con soñar siempre. El día que deje de anhelar un proyecto me habré perdido a mí mismo dentro de todo.


Rock espirituano estremece las redes sociales

El rock con sello de Sancti Spíritus estremece las redes sociales ya que forma parte de los invitados del XXI Festival Atenas Rock.

Convocada por la Asociación Hermanos Saíz, esta propuesta matancera suma a 15 bandas, entre las que se distingue Bennu, de Jatibonico, y Katarziz, de Sancti Spíritus.

“Estaremos con un material audiovisual hecho en casa. El título de la canción Es la fuerza de la verdad, tema que nombra nuestro primer demo”, informó Lizandra Cabrera Esquijarosa, cantante jatiboniquense.

Con anterioridad, ese proyecto ha asistido a eventos como el Rock de la Loma, en Bayamo, y las Romerías de Mayo.

Mientras que, el grupo de la ciudad del Yayabo, Katarziz, colgará el video que nos devela el tema Aprendimos a vivir con eso.

“Le da nombre a nuestro primer disco. Y nos muestra cómo somos como creadores”, expresa Leonardo Álvarez Cañizares.

Los espacios principales del evento resultan la página oficial del festival en Facebook, Atenas Rock, además del sitio AHS Matanzas y el canal de Youtube de igual nombre.

Esta opción de realizar el Festival Atenas Rock solo en plataformas digitales permite publicar historias, retos, conciertos de ediciones precedentes y otras novedades muy atractivas para usuarios nacionales e internacionales.

“Es una iniciativa muy buena porque así los seguidores no se pierden lo que hacemos”, insiste Cabrera Esquijarosa.

El Festival Atenas Rock concluye este domingo después de varias jornadas de intensas propuestas en redes sociales.


Desde Las Tunas, una Luna Creciente de poesía, trova y canción

Como una Luna Creciente, cual su nombre lo indica, ha ido en ascenso el proyecto del joven trovador de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en Las Tunas, Jesús Ricardo Pérez Cecilia, pionero en esta organización en el territorio en trasladar su creación a las redes sociales durante el enfrentamiento al nuevo coronavirus.

Chuchín, como muchos le conocen al joven trovador que además es graduado de actuación de la Escuela Profesional de Arte Manuel Muñoz Cedeño, de Granma, confirmó a la Agencia Cubana de Noticias que desde la confirmación de los primeros casos del SARS-CoV-2, causante de la enfermedad COVID-19 en Cuba, el proyecto se trasladó a las plataformas digitales y redes sociales.

El objetivo era no frenar nuestra creación, al contrario, aprovechar al máximo este tiempo en casa, potenciar la creatividad y transmitirles un mensaje de esperanza a todas esas personas que nos han seguido desde el principio, significó quien asegura que aunque la actuación le gusta mucho, la música le ganó el corazón.

Pérez Cecilia dijo que las redes sociales han sido un espacio perfecto que además les ha permitido llegar a personas dentro y fuera de la geografía nacional, interactuar, crecerse como artista de una forma menos tradicional e imponerse nuevos retos profesionales acordes con el contexto epidemiológico por la COVID-19.

En cuanto al nombre de la peña, Luna Creciente, contó que se le ocurrió en honor a la actividad agrícola que se desarrolla en Las Tunas y a esa fase de la luna, cuarto creciente, en la que el sector campesino confía para sembrar los cultivos de los cuales espera recibir los mejores resultados.

Así es esta peña, un sitio para sembrar nuestro arte, desde la raíz, para que poco a poco se multiplique y crezca, acuñó.
Con solo 23 años, Pérez Cecilia es de los más jóvenes entre la membresía de la AHS en Las Tunas, pues ingresó en abril a la organización y un mes después ya Luna Creciente compartía su primera entrega de poesía, trova y canciones desde y para el público joven.

A través de cápsulas audiovisuales en redes sociales como You Tube y Facebook la AHS en Las Tunas se ha encargado de presentar una programación diferente, adaptada a las circunstancias que impuso la enfermedad, en la que se han visto reflejadas las distintas manifestaciones que defienden los jóvenes creadores tuneros, expresiones en las que la trova tiene el mayor protagonismo.

Ahora puedo decir mucho más convencido de algo que siempre he pensado desde que elegí la música, que las canciones me salvaron, precisó.


Alejandro Falcón: un pianista completo

En 2017 Alejandro Falcón estuvo en Camagüey para acompañar a músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional bajo la batuta de Jorge Luis Betancourt. Aprovechamos la ocasión y gestioné en el Conservatorio José White la presentación de su libro Danzando entre puentes, con partituras para los estudiantes que desde muy temprana edad se inclinan por el estudio de la música popular cubana.

Conversar con mi antiguo compañero de estudios en el ISA acerca del proceso de creación y composición, siempre genera nuevos conocimientos hacia el arte musical y, en especial, el arte pianístico.

El piano apareció de forma tardía en la vida de Alejandro Falcón, uno de los jóvenes más importantes del ambiente musical cubano, quien desde la cuna en Matanzas, y estimulado por sus padres ingenieros, ya anunciaba un promisorio camino en el arte. 

  • “En mi casa se oía a Emiliano Salvador, Chucho Valdés, Bola de Nieve, Benny Moré y mucho jazz. En un inicio fui autodidacta tocando la guitarra y mirando a mi papá, David Falcón, a quien le gustaba mucho la música. Mi mamá hizo el nivel elemental de pintura. Todo eso influyó notablemente en mí”.
  • ¿Cómo el piano logró desplazar a la guitarra?

A los 13 años comencé a interesarme por el piano y tanto le insistí a mis padres que logré entrar al Centro de Superación de mi provincia, donde estudié los cinco años del nivel elemental en solo dos, es decir, en octavo grado hice tres años y, en noveno, los otros dos. Allí me descubrió la profesora de piano María Julia Arango, Premio UNEAC y graduada del ISA, quien me preparó para presentarme por la convocatoria libre a la Escuela Nacional de Arte (ENA) en 1999 y aprobé en mi primera opción.

  • ¿Fue en la ENA donde se produjo el hechizo de la música popular?

Ya en la ENA empecé a tocar con varias agrupaciones de música popular en Matanzas. Aprendí lo que es la guitarra popular y eso me ha servido tanto, porque la armonía fue muy importante en mis inicios. Pude llevar muchos acordes de la guitarra al piano y me ha valido además para mi labor como pianista acompañante de figuras importantes como Beatriz Márquez, Miriam Ramos, Omara Portuondo, Danny Rivera y a la cantante catalana María del Mar Bonet, a la que acompañé en el Teatro del Liceo de Barcelona, como parte de giras y grabación de discos en España.

foto tomada del perfil de facebook de alejandro falcón
  • Tu carrera se ha diversificado como acompañante, pianista solista, compositor y arreglista. ¿Me compartes tu secreto para acompañar?

Acompañar es muy difícil, un reto que a veces se menosprecia. Al acompañante le pasa igual que al arreglista, que se ve como un oficio menor y nada de eso, son los dos oficios más difíciles de la música y requieren de mucho trabajo.

El buen acompañante debe dominar el instrumento, conocer todos los colores de su instrumento. Después, saber y respetar la línea melódica del cantante. Luego, debe conocer los diferentes estilos porque el feeling no se acompaña como una balada, ni como una canción o un son. El acompañamiento lo lleva uno, soy la orquesta de ese cantante.

También depende si es a piano y voz, o cuando es una orquesta, que tienes que imbricarte con todos los instrumentistas. Esos secretos los he ido aprendido con el tiempo; es un entrenamiento de oficio.

  • Es innegable que el Jojazz influyó notablemente en el músico que eres hoy…

Fui parte del Jojazz en sus inicios junto con Ariel Bringues, Reinier Elizarde, en el bajo “El Negro”, Alejandro Vargas, Ronny Barreto, Harold López Nussa; fue una generación muy bonita y de muchos músicos que estábamos en la ENA. También en la escuela formé parte de la orquesta Jazzband que dirigía Basilio Márquez.

Los maestros Luisa Punzano, Pedro Pablo Iturralde y Ana María Mena me prepararon en el piano, y el de armonía fue Fernando Rodríguez Archi, quien descubrió en mí la faceta de compositor y me dio la confianza para seguir ese camino.

foto tomada del perfil de facebook de alejandro falcón
  • ¿En qué momento de tu vida aparece la composición?

Una de las primeras fue Maní con variaciones, mi primer danzón. Lo que componía lo incorporaba a mis pruebas de piano. En 2002 gano el primer premio Jojazz en la categoría de Premio Especial. Al graduarme entro en la orquesta de primera línea de Paulito FG y su élite; logré giras internacionales y participé en festivales de música del mundo.

  • La superación en tu vida ha sido una constante. ¿Cuánto te ha aportado el ISA en tu crecimiento profesional?

Al entrar en el ISA tuve que abandonar la orquesta y Orlando Valle (Maraca) me llamó para entrar a la suya, y en La nueva visión estuve cinco años. ¿Qué cómo llevaba la escuela? Me preparaba en la guagua durante la gira y por eso adelanté un año y, en solo cuatro, me gradué del ISA, en 2008. Estando con Maraca toqué con músicos de la talla de Andy Narel (toca con Chick Corea), el Gran Combo de Puerto Rico, Andy Breaker, Marcus Miller y en los mejores festivales de jazz del mundo con sede en Canadá, México y Francia.

Aprendí mucho con Maraca porque tenía que interpretar el danzón, el jazz afrocubano, el son tradicional, el bolero, el chachachá… Él me exigía que interpretara cada estilo con la esencia que llevaba y me obligó a improvisar escuchando a los grandes como Lilí Martínez, Peruchín, Antonio María Romeu, y luego a ir creando mi propia manera de hacer la música. Además, me inculcó la cubanía en mi música.

  • ¿Cuándo decides emprender tu proyecto en solitario?

En 2009 fundo mi cuarteto Alejandro Falcón y Cubadentro. A mí me gusta toda la música cubana. No tengo un género predilecto aunque prefiero el son, el danzón y el jazz para descargas, porque me dan la oportunidad de improvisar, de crear en el momento.

Con mi cuarteto he tratado de hacer mis composiciones y a lo largo de estos 10 años ya tenemos cuatro discos grabados con música y arreglos míos.

El primer disco fue Claroscuro (2010), que ganó el Premio Cubadisco en Opera Prima y varias menciones. El segundo, Cuba Now Danzón, de 2012, fue el disco más nominado en el Cubadisco de 2015 y su director musical fue Joaquín Betancourt. Ese CD obtuvo el Premio en Música Instrumental, en Grabación y Ópera Prima. Luego, en 2016, Mi monte espiritual obtuvo dos nominaciones al Cubadisco 2018 en Diseño y Música Instrumental. El cuarto disco, Vidas Cruzadas, lo vamos a licenciar próximamente. Este contiene la música de la actual telenovela cubana homónima.

Existen dos discos que he grabado como artista invitado. Uno es Lecuona Jojazz (2013), junto a otros tres pianistas Rolando Luna, Alejandro Meroño y Jorge Luis Pacheco. El otro CD, Alejandro Falcón y la Charanga Rubalcaba (2017) es un homenaje al maestro Guillermo Rubalcaba.

foto tomada del perfil de facebook de alejandro falcón
  • Has participado como jurado del Jojazz, ¿cómo ves las nuevas generaciones?

Cuba es un país bendecido por su gente, en el sentido de que aquí históricamente se fomentó una cultura criolla, muy nuestra. Aquí han surgido más de 15 o 20 géneros de la música popular del mundo. Somos una potencia musical y creo que siempre van a salir buenos músicos, lo tenemos en las venas de disímiles lugares de África, España, Francia, China…, tenemos un poco de todo y eso es lo que nos hace auténticos.

  • ¿Qué piensas de la enseñanza de la música en Cuba actualmente?

La enseñanza cubana se está quedando un poco atrás en muchas cosas, por ejemplo, se menosprecia el oficio del arreglista, se ha perdido el oficio del acompañante, y eso no se enseña en las escuelas, solo con pequeños talleres. Es el momento de cambiar cosas, de hacer una facultad o una escuela de música cubana. Sin embargo, en los Jojazz siempre aparecen nuevos talentos y eso me da mucha alegría.

En el futuro se debe fomentar más la enseñanza y el apoyo para la música cubana, porque al final, como dice nuestro maestro Joaquín Betancourt, la música cubana es uno de nuestros símbolos patrios, y uno se da cuenta cuando sale de Cuba.

Cuando tocamos en el exterior van a vernos los músicos extranjeros más importantes del mundo. Muchos vienen a Cuba a tocar y a aprender con nosotros, como el bajista Rubén Rodríguez, que ha grabado con Mark Antony y DLG. La música cubana es uno de nuestros mayores pilares y nuestra misión es tratar de defenderla y tenerla siempre viva.

  • Como joven creador, ¿te ha aportado ser miembro de la Asociación Hermanos Saíz?

Le agradezco a Rubiel García, a Rafael González y a todo su equipo que me iniciaron allí con 33 años. Mi caso es curioso, porque en 2010 obtengo el premio en el concurso de composición de la Uneac Harold Gramatges, lo que me facilitó la entrada a esa organización. Pero no fue hasta cinco años después que entro a la AHS, una organización que está apoyando mucho a los jazzistas, con peñas y conciertos en La Pérgola todos los veranos.

Cada vez que la necesitamos está allí. Esperamos que se mantenga con ese ímpetu de apoyar el arte hecho por jóvenes.


«Ser artista es un fenómeno holístico»

José Víctor Gavilondo —Pepe para sus amigos— es uno de los jóvenes artistas que más he admirado desde que nos conocimos, hace ya 15 años, en las aulas del Conservatorio Amadeo Roldán. Desde entonces, Pepe tenía claro que su vocación lo llevaría a explorar mucho más allá de la creación musical, que su trabajo lo ayudaría a entender que el ser humano es una sumatoria de sus experiencias vitales y artísticas, y que todos —absolutamente todos— somos parte del llamado de lo holístico. Esta entrevista es, de alguna manera, mi deuda con esta amistad.

¿De qué manera influyó en tu formación la existencia de artistas en tu familia? ¿Qué aprendiste de la observación y de la experiencia de los otros?

Cuando antes de nacer estás dando saltos de ballet en la barriga de tu mamá, y tu hermano ya está dibujando como un prodigio, y tu padre científico toca la guitarra y toma fotos espectaculares, es inevitable que salgas con atracción hacia el arte.

Es importante entender que el arte o ser artista es un fenómeno holístico. No eres solo músico, o bailarín, o pintor. Todas las artes están conectadas y es esa interacción de percepciones la cual se codifica y nutre tu rama o vertiente creativa, interpretativa o analítica.

Para mí, la mayor influencia es nacer dentro de una familia que promueve la lectura, el análisis, el pensamiento y el cultivo del buen arte. Definitivamente tuve un contacto temprano con este mundo. Recuerdo corretear por el Ballet Nacional de Cuba (BNC) a los cinco años, viendo los ensayos de las mujeres, escuchando el piano, observando los movimientos. Con mi hermano, que estudiaba Diseño, hacía maquetas para sus tareas del ISDI. Y con papá salía a tirar fotos cuando la fotografía digital comenzaba aquí en Cuba. Para colmo, mis abuelas escuchaban música en la radio: una, canciones cubanas tradicionales, y la otra, ópera clásica. De todo esto supongo que aprendí a amar la diversidad de expresiones del ser humano (no estaba consiente de este fenómeno como tal en ese momento, pero viéndolo en retrospectiva, cimentó las bases para mi amor por lo distinto, lo diverso, la riqueza de las expresiones culturales y artísticas del planeta).

¿Hasta qué punto la competencia o la emulación es saludable para la vida creativa de un músico?

La competencia es necesaria. Yo soy altamente competitivo conmigo mismo. A veces lo llevo hasta lados negativos, lados de negar mi propia creación o restarle valor. Pero poco a poco he aprendido (y sigo aprendiendo) a transformar eso en ganas de mejorar, pero mejorar como el concepto de seguir experimentando, de seguir descubriendo mis voces, mis demonios, mis miedos, mis alegrías. Uno nunca para de conocerse o sorprenderse a sí mismo. Pero la música —he descubierto ya de viejo— se trata sobre compartir. La competencia o la emulación deben tornarse para abrir nuestras mentes a las diferentes voces y perspectivas de las personas.

En este momento, ¿cuáles son los principales retos del mundo de la composición? ¿De qué manera sintetizas lo cubano y lo universal en tus obras?

cortesía del entrevistado

Hay un gran sentido de la universalidad ahora, siento yo, en la creación artística. Vivimos en tiempos de unión, de fusión, de mezcla y descubrimiento global absoluto. El arte ha dejado de tener fronteras para explorar sus diferencias y semejanzas con otras manifestaciones, cercanas y lejanas. Si hay un reto en la creación actual —que es virtual, no existente, pienso— es hallar nuevas maneras de expresar. Pero no es necesario. Ya se ha compuesto, escrito, dicho, pintado, filmado, fotografiado, de tantas maneras. Y en las redes descubres a mucha gente talentosa, genios, haciendo cosas maravillosas.

Entonces, el reto real de la creación es ser honesta con su origen (el creador) y apuntar a enriquecer nuestras vidas desde un concepto global: promover un sentimiento de sociedad, de pensamiento colectivo, de amor humano, de amor planetario, de lo místico, de lo distinto y de lo semejante.

Aquí en Cuba todavía se ve lo cubano de una manera muy tradicional, pese a que este fenómeno se va ampliando poco a poco. La gente espera de un creador cubano ciertos patrones, clichés, mundanerías tradicionalistas que ya han pasado de moda. La globalización de la cultura nos demuestra lo parecidos que somos pese a nuestras lejanías (reales y aparentes). El artista cubano debe apuntar hacia eso, hacia llevar la cubanía aún más hacia lo universal.

Particularmente no pienso mucho en ese fenómeno cuando creo. Lo que hago es mío porque lo hago yo, y yo soy cubano porque nací y vivo aquí en Cuba, y me gusta tanto una rumba como una música irlandesa o un disco experimental finés. Que no indague en géneros cubanos o utilice patrones obvios no me resta cubanía, ni me añade otras cosas. Me hace lo que soy y punto.

Uno de los grandes sueños de un compositor es poder tener una producción discográfica, lo que constituye un cierre de una etapa de trabajo y de creación. Ya lo has conseguido con tu CD “Voces del Subconsciente” (2016), el cual fue nominado a los Premios Cubadisco en 2019. ¿Hasta qué punto los reconocimientos son un estímulo para un joven artista? ¿Ayudan a que el camino a recorrer sea más simple o fijan metas más ambiciosas?

Tener un disco que contenga tu música, sobre todo, tu música sinfónica —tan difícil de componer, montar y grabar— es una alegría inmensurable. Siempre estaré agradecido a la AHS, a Colibrí, a Carmen Souto y Yentsy Rangel por ayudar a la promoción de las becas y las grabaciones de estos fonogramas. Ahora, esta alegría no sirve para establecerse (creerse establecido, digo) o, como decimos aquí, achantarse. Todo lo contrario. Es solo un impulso más para seguir creando y haciendo cosas distintas.

Solo las ganas de hacer cosas y la inhibición para probar lo desconocido me han llevado adelante. No creo que haya sido tanto el talento u otra cosa. Es la voluntad lo que te empuja. Y, definitivamente, hace que el camino más difícil, porque con cada paso sientes el peso de los demás. Un peso que no es para atormentarse, pero sí a veces se convierte en un compromiso con uno mismo, y con la gente que te ayuda y que disfruta de lo que le brindas. Yo no creo en relajarse, en decir: “en otra ocasión, mejor”. Ojo, esto puede llevarte a caminos tormentosos, sinuosos, terribles. Pero, por otro lado, puedes realizarte todos los días.

Has estado en contacto con algunos de los artistas más importantes del mundo creativo cubano en la actualidad, ¿qué se puede aprender de la experiencia musical de los otros y cómo adaptarla a tus necesidades particulares como artista?

La experiencia de compartir, aprender y crear junto a otros artistas cubanos y del mundo es de lo que se trata esto, te digo. Te pongo un ejemplo. Después de tantos años de hacer locuras con el Ensemble Interactivo de La Habana, tocar en Síntesis, trabajar en la Fábrica de Arte Cubano, colaborar con bailarines y coreógrafos, puedo decir que no me gusta crear arte solo. La interacción de mentes es el verdadero camino al progreso… y mientras más baches, mejor. Esto, entonces, ha creado en mí una necesidad de siempre compartir la experiencia creativa con otras personas o artistas. Casi puedo decir que no puedo funcionar como creador o esparcidor de arte si no lo hago junto a otras personas.

Tu música ha tenido el privilegio de ser interpretada por ensambles de cámara y sinfónicos del país, como la Orquesta de Cámara de La Habana, la Camerata Romeu, el Trío Lecuona, la Orquesta del ISA adjunta al Lyceum Mozartiano, la Orquesta Sinfónica Nacional, y por Fear No Music y Tenth Intervention, de Estados Unidos. ¿Qué piensas que, hoy en día, trasmite la música al mundo?

Ha sido un privilegio escuchar mi música desde el punto de vista de artistas, agrupaciones y conjuntos tan prestigiosos en Cuba y el mundo. Volvemos a lo mismo: tengo una concepción de mi música que siempre cambia con sus interpretaciones, y esto es genial. Me saca de mi zona de confort y de tranquilidad, me hace pensar.

La música existe en el mundo para comunicar algo muy misterioso. Todavía hoy no entendemos en su integridad cómo funciona el arte musical, cómo simples frecuencias simultáneas pueden transmitir tantas emociones a través de un medio tan abstracto, tan subjetivo. Mi música busca eso sin pretensión alguna.

¿Cómo transcurre tu proceso de investigación y de creación musical? ¿Hasta qué punto el mundo a tu alrededor influye en este proceso?

Hay dos músicas que creo: la que hago para mí, y la que hago para acompañar, integrar o fusionarse a otra experiencia artística. Las dos cumplen la misma función de comunicar contenido abstracto. Yo no investigo mucho, la verdad. Escucho música, pero tampoco tanta como alguna gente supone. Lo que sí me he pasado mi vida entera escuchando música, reuniendo sonidos y experiencias sonoras, según las que más me hablan y las que menos tienen que ver conmigo. Mi proceso de creación es puramente intuitivo, me siento al piano, o abro un programa en la computadora y simplemente me pongo a crear. Claro, después viene el 2839% de cabeza que hay que meterle a todo contenido en bruto. Pero esa parte también, me atrevo a decir, es más inconsciente e intuitiva.

El mundo exterior por supuesto que tiene una influencia en mi creación. Tiene la mitad de la influencia. Después mi cerebro procesa ese mundo, lo transforma, le encuentra defectos, lagunas, maravillas, cosas increíbles, sueños, fantasías, miedos y lloviznas. Ahora, sí soy consciente de por qué compongo, arreglo y orquesto como lo hago, o sea, estoy muy aware de mis influencias y mis preferencias en cada aspecto de la creación. Pero siempre trato de no anclarme a nada. Stravisnky profesaba mucho eso, el no-enamoramiento de un creador con su manera o estilo, la constante evolución intelectual y conceptual del artista. Yo trato, ¡trato!, de seguir ese camino.

No es un secreto que te interesas, y con muy buen tino, por el mundo de la fotografía. ¿Cómo se complementan estas dos artes, fotografía y música, en tu creación? ¿Qué te ofrece el mundo de la experiencia visual?

La fotografía es mi pasión. Y tiene todo que ver con la música, que al final es composición, colores, perspectiva, niveles. Es lo mismo, exactamente lo mismo. Además, yo tengo sinestesia musical con los colores (veo colores específicos cuando escucho ciertas notas o frecuencias) y siempre he percibido la música como algo descriptivamente visual, y viceversa. Mi música es altamente colorística por esto. Y mi fotografía explora los mismos conceptos sinestésicos desde su punto de vista.

El mundo de la danza está en intenso contacto con tu creación. ¿Hasta qué punto los cuerpos en movimiento y la espacialidad influyen en tus concepciones particulares de lo musical? Cuando compones para un coreógrafo en específico, ¿pactan de antemano alguna pauta de trabajo?

La danza es otra cosa. La llevo en la sangre antes de nacer y pienso que toda mi música es, inherentemente, bailable o danzable. Componer para la danza me trae tanto placer que soy muy adicto a ello. Tengo experiencia visual (no tanta motora, pues no bailo nada bien). Esta experiencia me ayuda a saber qué puede funcionar o no.

El otro aspecto que me encanta de este tipo de creación es trabajar con el coreógrafo. He explorado distintas formas de componer para la danza, desde estar encargado completamente del guion, historia, dramaturgia y todos los elementos musicales, hasta tener distintos tipos de guías por parte del coreógrafo. He compuesto, incluso, con el coreógrafo al lado, compartiendo esa experiencia conmigo. Es genial. Como te dije, soy adicto a esto.

Desde el 2014 trabajas en Síntesis como tecladista. Síntesis es, sin dudas, una de las agrupaciones icónicas e históricas de la música cubana. ¿Sientes que en tu creación particular hay un cambio, un “antes y un después” de tu entrada a esta banda?

Hay un Pepe antes y después de Síntesis, definitivamente. Carlos y Ele, y la experiencia de tocar, descubrir, entender la música afrocubana, el rock sinfónico, los arreglos, la voz, a través del grupo han alterado mi manera de entender y pensar la música.

Y está el lado humano, que es esencial para cualquiera, más si eres artista. Carlos y Ele me han enseñado a ser mejor persona. En una nota más micro específica, yo ya no puedo ver o entender la música afrocubana y africana si no es por el espejo de Carlos Alfonso.

Eres integrante y director del Ensemble Interactivo de La Habana (EIH), un colectivo de músicos y artistas promotores de la música experimental, la improvisación colectiva y el arte interdisciplinario. Coméntame un poco de esta experiencia, y de tu interrelación con la poesía y el mundo literario.

Sobre el EIH y su proyección en mí como un ente total, no encuentro ya más formas de expresar lo que siento. No solo he sido testigo de la creación de una familia, de un colectivo de personas distintas y hermosas, sino de algo igual de importante: el descubrir que la creación es un fenómeno colectivo, y que nuestro subconsciente, conducido siempre por lo instantáneo, lo intuitivo, lo improvisado, puede ser parte de un pensamiento colmena simultáneo. Eso, para mí, es la expresión máxima de lo que creo: en este planeta todos somos iguales, y nuestras diferencias e individualidades solo hacen nuestras vidas más ricas y felices.

Otra cosa que el Ensemble me ha aportado es el afán por la interdisciplinariedad (que no es más que otra extensión de mi concepto base). El arte es un fenómeno holístico, y no hay razón alguna para pensar las diferentes manifestaciones como, bueno, diferentes. Sí, hay funciones y características, pero al final te das cuenta que todo conduce al mismo objetivo. Música con poesía, danza, performance, teatro, pintura, video: es la misma cosa. Y repito, vivimos en los tiempos de la universalidad del arte y de la vida. Debemos estar abiertos a mezclar todo de formas orgánicas.

Te has enfrascado en la composición de una ópera, ¿puedes adelantarme algo al respecto: tema, historia?

De la ópera no puedo revelar mucho, excepto que la estoy componiendo junto a mi amigo, mi hermano de creación, Yasel Muñoz, uno de los músicos y seres humanos más originales y asombrosos que he conocido en mi vida. Estamos respaldados por un equipo creativo genial, y, si este reto no nos vuelve locos, podremos tener una experiencia como ninguna el año que viene.

En 2018 participaste como Fellow del programa 1Beat, residencia artística de creación y experimentación musical con sede en Estados Unidos, que reúne a músicos, productores y emprendedores musicales de todo el mundo. ¿Cuánto valoras la posibilidad de entrar en contacto con la actualidad musical y de producción del orbe? ¿Hasta qué punto este aporte es esencial para el crecimiento de un joven creador?

1Beat también sentó en mí un antes y después. La experiencia de hacer música —y no solo eso, se trató también de vivir, de convivir, de reír, llorar y experimentar junto a veinticinco otros humanos y artistas de todos los confines del mundo— no tiene precio. Todavía siento que ese mes y medio fue un sueño. He tenido la alegría de poder seguir colaborando con muchos de mis hermanos y hermanas de 1Beat, sobre todo en estos tiempos de cuarentena. Los extraño mucho, pero sé que nos reuniremos de nuevo para seguir conociéndonos y haciendo arte juntos. Musical y artísticamente, fue una bomba de conocimiento.

Por último, si tuvieras que recomendar una de tus obras como banda sonora para este tiempo, ¿qué nos invitarías a escuchar? ¿Y qué otra obra, de un autor cubano o extranjero, también formaría parte de esta definitiva banda sonora?

Si hay algo que he compuesto que sirve mucho para estos tiempos de cambio de paradigma es Satori, la música que hice para la coreografía homónima de mi hermano Raúl Reinoso, bailarín y coreógrafo de Acosta Danza. Satori es un viaje hacia adentro, que solamente explota hacia afuera en su conclusión, con un mensaje: el misterio de nuestro interior solo se explica con los ojos de los demás. Si tuviera que recomendar una pieza que no fuera mía, esta sería The Kolhn Concert, de Keth Jarret. Es una lluvia de humanidad, de perfección e imperfección, para refrescar el alma.