El tiempo de las evaporaciones

Ya llega el tiempo en que, vibrando sobre el tallo, cada flor se evapora igual que un incensario, con esta cita de Charles Baudelaire abre el poemario Erosiones, Premio Pinos Nuevos de Poesía 2017, del escritor Milho Montenegro.

El tiempo en este cuaderno no da paso al nacimiento o a la belleza (arribo a la juventud, florecimiento del jardín, maduración de las cerezas), solo deja erosión: “el tiempo es una materia corrosiva”. La vida se desvanece. Los animales que lo habitan no son aquellos paradisiacos en Lezama de pasos evaporados, sino bibijaguas con órganos a cuestas, pájaros golpeando barrotes, libélulas de torpe fugacidad, arañas que cuelgan del vacío, bestias que destrozan la carne y la luz.

En sus versos vegetales tampoco encontraremos la rosa límpida y sonora que nace de lo oscuro, de Gastón Baquero; sino la sombra de los helechos, donde solo florece el espanto, “la soledad reside en ellos como la muerte en la flor que reposa en un búcaro cualquiera”.

Poco a poco nuestra joven poesía se ha ido vistiendo de desesperanza: “estrías que supuran el dolor de una vida fustigada”, señala el sujeto lírico: “me alejo como aquel que ha perdido todo, sin volver atrás”. “Este siglo nos condena”.

Montenegro ha escrito al pie de la letra de las palabras del Apóstol: hay que ser hombre de su tiempo, para ser hombre de todos los tiempos. Sus poemas escritos en prosa, a modo de pequeñas historias, no se diluyen en exotismos; profundizan en el mundo que lo rodea y en el cual le ha tocado vivir. Divide sus versos mediante slash, no solo otorgando con ellos un viso contemporáneo sino, que, de algún modo, guía al lector en la respiración y el ritmo interior de los textos. El autor se encuentra tras una cortina de misterio, es un instrumento: “El dolor es quien habla por mí”.

Repasando estas líneas del poemario: “Era el tiempo del regreso […] Fuimos sombras que nadie recibió”, mi mente hacía una conexión con un pasaje de Sobre héroes y tumbas, una de las más importantes novelas del argentino Ernesto Sábato: Como cuando se piensa en cosas pasadas y se trata de reconstruir oscuros recuerdos que exigen de toda la concentración de nuestro espíritu […] en días que se alargan y se deforman como tenebrosos fantasmas sobre las paredes del tiempo, porque de alguna forma sentía que aquellas palabras eran como un resumen al concepto fundamental que da vida al libro de Milho. En su texto Sábato nos muestra la misteriosa y turbulenta ciudad del Buenos Aires de la época, y en Erosiones, el poeta dibuja con versos el panorama que vislumbra, en el cual tiene que resistir: “las pérdidas, el desplome, la apatía”. Martín, personaje de Sábato, se busca así mismo; del mismo modo Montenegro realiza esta búsqueda existencial a través de los recuerdos y los vestigios del tiempo, a partir de una estela un tanto oscura que traza el camino en retrospectiva: el camino-tiempo andado y al que, a pesar de sus palabras, no se pretende regresar, porque —ya se sabe— puede ser un acto peligroso. 

Al llegar a la concepción de este poemario el autor ha madurado escritural y biológicamente, y es capaz de discernir una serie de preguntas que, tal vez, lo han asaltado en la madrugada, por ejemplo: “me ha tocado ser todo para luego ser nada. En este instante en el que el tiempo moldea mi voluntad como barro inútil, lo he comprendido”; lo entiende “en este instante”, no antes, no después, ese momento fue el nacimiento del poema, y por ende de todo un cuaderno que entonces se gestó. Más adelante, en “Soliloquio” proclama: “Ahora que la noche se adentra en mis horas sin remordimientos ni salvoconductos, comprendo que estoy a solas con un sentimiento que me deja absorto ante la vida”, una vez más es “ahora” que comprende, sin embargo, continúa reflexionando y un poco sin saber qué hacer, pues la vida misma es también incertidumbre, y comprender la pregunta no siempre nos ofrece la respuesta.

Hay una palabra que aparece tanto gráfica como conceptualmente a lo largo del cuaderno y que pareciera ser un hilo terrible que entrelaza sus textos, VACÍO: «Falto de contenido || Abismo, espacio sin materia || Falta, carencia o ausencia de alguna cosa o persona». De todas sus definiciones posibles hallaremos muestra en estos poemas de dolorosa hermosura.

Es la imagen de una mariposa saliendo de la madrugada el símbolo para el aprendizaje de qué es la muerte, vacío ante los que no están, los difuntos que no logran desterrarse son fantasmas que se posan en los ojos del poeta, como la noctámbula mariposa que golpea contra el muro. Ese “vacío” llega incluso más allá: “aquel que fui un día me abandona”. Se extraña hasta al ser que se ha sido antes y que ya nunca se volverá a ser.

El filósofo griego Heráclito dijo: En los mismos ríos entramos y no entramos, somos y no somos, refiriéndose al curso del río y cómo debido al flujo sus aguas nunca son las mismas como tampoco lo es el bañista con el paso de los años. Si la existencia es en definitiva la estancia en el mundo, y esta estadía está dada en el devenir, entonces el ser debe dejar alguna huella como prueba de su existir, una vez que ya no esté; Milho lo sabe: “un hombre sin propósito pasa como sombra por su tiempo”. Todo es transitorio: “la vida es límite/ hilo podrido siempre a punto de quebrarse”.

No solo la existencia es efímera y cambiante, sino también el cuerpo: “Retornan con otros cuerpos y otros rostros/ los que regresan jamás son los mismos/ Nosotros/ los quedados/ tampoco”. “Me aferro al cuerpo […] Soy como la Palma Real: hombre ceñido a la tierra buscando su lugar”. “Nuestros cuerpos no fueron sino amalgama de vida/ extensión contra la sombra”. El cuerpo es el que padece el dolor, la enfermedad, la vejez, la erosión. Y la tierra solo alberga este cuerpo lírico mientras se descompone: podredumbre, sangre, cadáver. Nunca el florecimiento y la vida. Cada verso está cubierto de óxido, tizne, polvo, escoria. Flecha perdida que estalla sobre la isla y la isla es el hombre.

Erosiones es un mapa sobre el dolor de una época.


Nuevas Evas y nuevos discursos desde la poesía

Si la memoria no me falla, Barbarella D´Acevedo me escribió a través de WhatsApp para invitarme a ser parte de su nuevo proyecto: Discurso de Eva. De inmediato me explicó que se trataba de un disco de poesía, que homenajearía la obra de Carilda Oliver y que nos daría pie, a las jóvenes creadoras invitadas, para hablar de nuestros referentes y evocaciones. Luego de obtener una de las Becas de Creación El Reino de este mundo, el proyecto pasó de ser un sueño a una concreción en poquísimo tiempo. Las redes sociales y diversas plataformas como IVoox, Soundcloud y Telegram estarán, en las siguientes semanas, invadidas por los ecos de estas voces de mujer.

¿Cómo nació y se concibió el proyecto Discurso de Eva? ¿Quiénes han sido sus principales colaboradores?

Discurso de Eva surgió de manera inicial como un canal en Telegram, destinado a difundir poesía femenina, sobre todo en formato de audio, aunque también a través de libros, postales y videos. Al principio fue un proyecto solitario, motivado por la situación que estamos viviendo, con todo el tema difícil de la pandemia, cuarentenas y soledades… Sin grandes pretensiones quise compartir mis lecturas, descubrimientos, autoras favoritas, pero también lo que escribía, y me pareció que la voz permitía una intimidad que necesitaba explorar. Con el tiempo, esta experiencia se fue ramificando y quise brindar espacio a voces otras, hasta que poco a poco surgió la idea de crear un disco y darle justamente el mismo nombre. A partir de ese punto comencé a pensar en los modos de sacarlo adelante y convoqué a las poetas Yanelys Encinosa, Ismaray Pozo, Claudette Betancourt, Taimi Diéguez, Ámbar Carralero, Rosemary Argüelles y a ti. Luego lo presenté a la AHS, a la Beca de Creación El reino de este mundo, que finalmente obtuvo.

Gráfica Erick Eimil

En este disco de poesía incluyes la obra de algunas de las poetas jóvenes cubanas más conocidas en la última década, y también los textos de otras poetas jóvenes que recién comienzan a abrirse paso en el camino de la literatura. Más allá de mostrar una de las aristas del discurso femenino enfocado en lo poético, ¿qué buscas revelar en este proyecto? ¿En qué se basó el criterio de selección?

Las poetas que participan en el proyecto son mis contemporáneas y forman parte de las lecturas que he ido acumulando a lo largo del tiempo y en particular durante el último año. Todas coinciden en su juventud, aunque no tengan todavía la misma trayectoria. Me pareció que este disco debía dar a conocer algunas de nuestras voces femeninas más actuales y los caminos de la poesía femenina cubana reciente, las poéticas individuales de estas escritoras, que, no obstante, a veces tienen rasgos comunes en su producción, en especial a nivel temático.  

¿Qué tienen en común todas las voces femeninas que aparecen en este disco? ¿Crees en la unidad de lo generacional o en la pluralidad?

Si algo tienen en común las poetas que aparecen en el disco Discurso de Eva es la fuerza en el decir, esa voz que se impone y reclama ser escuchada, que se hace presente y dice: “estoy aquí, ahora, y me defino como co-creadora de un mundo que hago nacer también desde la palabra”. En ocasiones existen leitmotiv comunes en unas y otras, pero todas alcanzan a expresarlos desde su individualidad y esto es muy especial…

El disco es, desde la propia elección del título, un homenaje a la poesía hecha por mujeres. No puedo evitar que la referencia al poema de Carilda Oliver Labra se filtre en mi pregunta: ¿homenaje singular también a Carilda y a esta pieza poemática? ¿Por qué?

Carilda es esencial y el homenaje a ella era inevitable en tanto me ha acompañado siempre. Quizá con más reconocimiento popular que por parte de la crítica, lo cierto es que sus versos y anécdotas forman parte ya del imaginario colectivo de esta isla. Tal vez sea hasta ahora una de las pocas poetas capaces de decir sin sonrojarse frases como: “hazme otra vez una llave turca”, y exhibir las diversas caras de lo femenino sin temor, sin arrepentimientos, de mostrarse como “ángel embaucado” o “pajarito y puta”, Eva en soledad que ama e insulta y acaba por prometer manzanas, para sentirse menos muerta. Si ella hubiera estado viva, yo habría tenido que pedirle que formara parte del disco, porque su voz sigue siendo totalmente fresca y actual. Es así, que por una parte juego con la lógica de que las mujeres son quienes tienen la palabra en este disco y por otra me es vital el homenaje a Carilda y su poema.

Gráfica Erick Eimil

Este proyecto obtuvo la Beca El reino de este mundo en una de sus más recientes ediciones. Sin un apoyo semejante, ¿sería posible llevar a vías de concreción esta idea? ¿Cuán importante fue el acompañamiento de la AHS en el proceso de maduración, parto y materialización del disco?

La Beca de Creación El reino de este mundo es, desde mi punto de vista, un voto de confianza total de la AHS a este proyecto, además de un aval muy lindo. Sin semejante apoyo nos habría sido muy difícil concretar la grabación en los estudios PM Records. Desde el principio, para poder articular el proyecto con todos los requisitos, desde la AHS me brindaron la ayuda oportuna, orientaciones y consejos cada vez que tenía una duda, así que este acompañamiento fue importante para conseguir finalmente la materialización del disco.

No se puede obviar que en el disco aparecen también las obras de poetas de diversas generaciones y regiones geográficas. ¿Cómo ocurrió dicha selección?

A un creador lo conforman sus propias vivencias, pero también los gustos y las lecturas. Este disco tenía entre sus objetivos visibilizar a poetas cubanas contemporáneas, y a la par rendir tributo a la poesía femenina antecedente en Cuba y en el mundo: por eso pedí a cada una de las participantes que diera voz además a los versos de sus autoras referenciales. Así la selección partió de las individualidades de las convocadas y contribuye a complementar, asimismo, sus discursos creativos. De tal manera, logramos tener como “invitadas” en el disco a Dulce María Loynaz, Anne Carson, Juana de Ibarbourou, Olécia Nikoláeva, Nara Mansur, Lina de Feria, Gabriela Mistral, Idea Vilariño y Carilda Oliver.

foto: Leissy O´Farrill Nicholas.

Al poner en voz de las poetas jóvenes algunos de los textos más canónicos de autoras de generaciones anteriores (algunas tan cercanas a nosotras como Nara Mansur o Lina de Feria), ¿sientes que al cuerpo de la textualidad femenina lo unen ejes más o menos visibles?

Desde lo común, o sea, desde lo femenino, que a mi ver condiciona un modo de decir bien directo, existen muchas textualidades, y esto tiene que ver con ese punto de vista individual que aporta cada poética y hace que Carilda e Idea, por ejemplo, hablaran del amor, e incluso abordaran el erotismo y el deseo, al cantarle a “un hombre” siempre en fuga, pero cada una de manera bien diferente y con su marca de agua. Por otra parte, en un balance casi numérico, es muy interesante notar cómo, además de las ocho poetas jóvenes, confluyen en el disco otras voces ya esenciales en la poesía cubana como Dulce María, Carilda, y otras incluso más cercanas a nosotras como es el caso de Lina de Feria y Nara Mansur. Esto fue algo que me resultó muy emotivo, poder tenerlas a ellas, como parte de este nuevo Discurso de Eva.

Gráfica Erick Eimil

En un proyecto de este tipo, ¿cuán importante es el influjo creacional colectivo y sus sinergias?

Es esencial. Si bien yo convoqué a las poetas, no elegí los textos con que cada una se presenta en el disco. Asimismo la selección de una autora referencial fue algo que nació a partir de la individualidad de las participantes, y esto es algo que tiene la propia magia de lo impredecible, que una se sorprende al verlo como producto acabado al que, eso sí, se le trata de dar un orden para que fluya de una manera orgánica. Discurso de Eva es creación colectiva a partir de una pauta y llega al mundo de la manera en que lo hace a razón de quienes lo integran; con otras autoras habría ido por otros caminos. Disfruto mucho que quienes colaboran conmigo tengan además total libertad creativa y creo que eso enriquece cualquier proceso.

foto: Leissy O´Farrill Nicholas.

Si tuvieras que definir, para el lector o el oyente de poesía, un disco como este, ¿qué le dirías? ¿Cómo invitarlos a esta experiencia poética?

La invitación la haría con los versos que cierran este disco, otra vez Carilda y su Discurso de Eva:

Vuelve, vuelve

Atraviésame a rayos

(…)

Pondremos el tocadiscos para siempre

Ven con tu nuca de infiel,

con tu pedrada.

Júrame que no estoy muerta.

Te prometo, amor mío, la manzana.

¿Qué nuevos proyectos creativos alumbran tu quehacer?

Por lo pronto ya estamos con el lanzamiento virtual del disco en distintas plataformas como IVoox, Soundcloud, Telegram, que se apoya en las redes sociales: Instagram, Twitter. Incluso va a contar con una suerte de antología digital, que los interesados van a poder descargar más adelante. Todo esto hasta que podamos realizar presentaciones en vivo. Por otra parte, sigo como siempre escribiendo. Quién sabe si el futuro depare otro disco de poesía…

foto: Leissy O´Farrill Nicholas.

Mirando al mundo con ojos de poesía

“Mirar al mundo con ojos de poesía, mirarlo con ojos de belleza, verle la luz del sol y no las manchas y tratar de que esa luz brille para ti, para mí y para cualquiera que la ame. Escribir poesía implica mucha dedicación, mucho corazón, mucho conocimiento y muchas ganas de darse a los demás.”

Conversar con Mariela Pérez Castro sobre poesía resulta un tanto hipnotizante, es de esas personas llenas de misterios que quieres descifrar nada más escucharla; porque su voz no se asusta ni envejece y te recuerda que la lectura es el origen de la escritura. Con la invitación agradecida de la taza de café, amargo, caliente y abundante, comencé mi entrevista con la poetisa, narradora y ensayista camagüeyana, quien obtuvo el Premio Calendario de Poesía en 2003 y es hoy Miembro de Honor de la filial agramontina de la AHS.

Los inicios…

La XVIII edición de la Cruzada Literaria en el poblado de Senado del municipio de Minas./Fotos: Cortesía del artista

“Comencé a escribir tan temprano que realmente no tengo idea de cuándo fue, pero siempre leí mucho de niña. En mi época de secundaria se usaban las libretas de versos y la mía empezaba con aquel poema de la escritora argentina Alfonsina Storni: (…) tú me quieres nívea, tú me quieres blanca, tú me quieres alba (Poema “Tú me quieres blanca”), y no podía faltar la prosa de José Lezama Lima, Federico García Lorca, Mario Benedetti, Francisco de Quevedo y Nicolás Guillén. Pero llegó el momento en que sentí la necesidad de contar mis propias historias y plasmarlas en esa misma libreta y así empezó el vicio, un vicio que no se me ha quitado ni lo hará nunca.

“Mi carrera como escritora se ha basado en la poesía, le tengo un respeto inmenso a la narrativa, yo diría que casi miedo. Entre tantos grandes de la literatura me da pudor enfrentarme a la narrativa. Los cuentos me salen pero no me atrevo con ellos, prefiero la poesía que es la suma de la suma de todas las artes.

“Recuerdo una de mis frases preferidas de Mirta Aguirre cuando expresó que: la poesía es la música sin música y yo la entiendo de esa forma. Uno debe vivir la vida poéticamente, mientras más poéticamente la vivas, mejor escribes. Y me funciona el hecho de que puedas jugar con las palabras de una forma diferente a pesar de que el significado de las palabras no cambia, pero sí el contexto en el cual las uses.”

Poemas nacidos de la música

“Cada libro es como los hijos, pero cuando ya tienes 14 hijos ya es más difícil decidirse por uno entre poemarios y testimonios. Sin embargo, sigo prefiriendo “Divertimentos para juglar solo”, mi primer libro publicado en Cuba en el año 1990 por la editorial Ácana, que en aquel entonces comenzaba en Camagüey. Un libro que salió todo escuchando música, poemas que brotaron de la música de Claude Debussy, Jean Michel Jarre, Piotr Ilich Chaikovski, Beethoven, Joan Manuel Serrat. No son poemas a la música sino poemas que imaginé escuchando música.

“Es un libro que me gusta mucho, y que en un momento de mi vida reflejó cuestiones existenciales para mí muy puntuales y que a estas alturas, después de casi 35 años de escrito, sigo encontrando cosas que funcionan para mí. Además, me ha dado infinidades de alegrías, son los poemas más queridos y con los que más cómoda me siento.”

Encarando la palabra…

“Soy del criterio de que la inspiración es el trabajo unido al conocimiento, a la lectura y a la sensibilidad acumulada. Al final llegarás a ese estado de gracia literaria en dependencia del deseo, del talento y de lo que seas capaz de sacrificar para crear una obra que te funcione en lo personal; y si lo logras, le funcionará al resto de la gente.

Con Randoll Machado y Yoandra Santana durante la XVII edición de la Cruzada Literaria de Camagüey en el municipio de Florida ./Fotos: Cortesía del artista

“Mi desarrollo literario siempre se ha basado en la cantidad de cultura que seas capaz de acumular a lo largo de tu vida. No entiendo que se quiera ser escritor sin leer ni estudiar, ambas van de la mano y ninguna debe quedarse rezagada de la otra.

“Creo que mi vocación literaria se debe a la influencia de directa de tres personas esenciales. La primera es mi abuela, Blanca de la Torre; ella me enseñó a leer y escribir, era habitual la lectura de libros de Emilio Salgari o de Julio Verne siempre antes de dormir. El segundo es mi padre, Arevelio Pérez, quien me enamoró profundamente del lenguaje del teatro, de la historia, del ballet y de la música. El tercero es Roberto Laguna, mi profesor de Literatura, quien es todavía mi crítico más exigente y mi mayor admirador junto a mi madre.

“Ellos me enseñaron que decir lo que necesitas, comunicar lo que necesitas para otros y que se refleje en tu escritura es el camino para que el lector se sienta identificado, a gusto con lo que estás diciendo y que se cuestione. Si eres capaz de encauzar tus ideas te comunicarás y eso es lo importante: la comunicación como otra forma de encarar la palabra.”

 Una mujer que escribe en Cuba…

“Desde siempre la historia de la literatura ha estado llena de nombres de grandes hombres, y entre todas esas voces masculinas una que otra vez se lograba colar alguna pluma femenina. Hoy en Cuba hay muchas mujeres escribiendo bien, con voz propia, con una literatura potente, vital, que no cede terreno porque estamos en paridad de condiciones, con derechos garantizados, los cuales para el resto del mundo son casi inalcanzables y también valen para la literatura femenina; a pesar de que aún persiste el llamado “machismo institucional” o ese “machismo solapado” que lleva a la violencia doméstica y social”.

Aún así nunca antes se había escuchado un coro de mujeres tan enorme en el ámbito literario, eso demuestra que poco a poco las que llevamos faldas y el cabello largo hemos ido conquistando espacios en todos los terrenos posibles y nos alejamos de esa posición segundona con respecto a la literatura.

“¿Qué es lo que hay que tener?: talento. Y las mujeres lo tenemos desde la primera letra hasta el punto y final.”

Una Cruzada de esperanza…

La siembra del árbol en el Jardín Botánico de Camagüey, dedicado a Fidel Castro durante la XVII Cruzada Literaria./Fotos: Cortesía del artista

“La Cruzada Literaria como todo niño nació, se gestó. Nos reunimos un día un grupo de amigos, Yoandra Santana, Legna Rodríguez, Reynaldo Rodríguez y Jhortensia Espineta y empezamos a soñar sobre lo que podríamos hacer para celebrar el cumpleaños del Comandante Fidel Castro. Así surgió la idea de realizar una Cruzada que en sus inicios se llamó La Agramontina.

“Fueron 15 días de organización y antes del mes ya estábamos montados en camiones para viajar rumbo a los municipios. Éramos seis locos con una guitarra en mano y empezamos a dar “tumbos”. Así llegamos a Las Tunas y al poblado de Elia donde nos alojamos en un lugar donde no había agua y terminamos bañándonos con cerveza, estábamos pegajosos pero felices. Cuando visitamos el municipio camagüeyano de Najasa nadie nos esperaba, nadie sabía qué hacíamos ahí. Nos sentamos todos en el quicio del supermercado y empezamos a recitar poemas y a cantar canciones; y las personas comenzaron a sumarse y nos dimos cuenta de que la Cruzada Literaria sí convoca y agrupa, y la población lo agradece.

“La Cruzada Literaria de Camagüey llega a su etapa de adultez en estos 18 años pero manteniéndose siempre joven. Hoy la realizamos de forma virtual pero con el inmenso deseo de volver a la carretera, de irnos a pie a los barrios, de andar en un bici-taxi con un audio a cuesta para ver la luminosidad en los ojos de la gente y darte cuenta de lo bien que se recibe nuestro arte que para algunos es un descubrimiento pero para otros es ya una esperanza.”


Premio Literario Bustos Domecq para un gato maldito

Realismo mágico, homenaje, ingenio e hilaridad, signan a la novela Musita el muy maldito, del joven autor holguinero Andrés Cabrera que obtuvo el Premio Literario Bustos Domecq, convocado por la Asociación Hermanos Saíz, el Centro Provincial del Libro y la Literatura (CPLL) en Camagüey y la Editorial Ácana.

Gracias a la “calidad narrativa y el buen manejo del tiempo, así como el excelente tratamiento del nivel de la realidad al narrar las experiencias de un niño narrador personaje acosado por la ignorancia y condiciones hostiles del campo cubano, en un acto de escritura rebelde que condena la censura y la violencia hacia lo diferente ejercidas por quienes insisten en domesticar la pluralidad.

Por rendir homenaje con su obra a uno de los libros más importantes de la literatura cubana, “Celestino antes del alba”, de Reinaldo Arenas, a través de la apropiación estilística y el impulso creativo, declaró el jurado que fueron sus razones para fallar a favor del texto.

Musita el muy maldito, comenta Cabrera, “es una historia contada desde el realismo mágico. Un niño narrador personaje cuenta el día a día de su vivir en el campo. Un campo marcado por la represión, la costumbre, la violencia contra todo aquello que sale de la norma; pero también lleno de amor, de descubrimientos, de acontecimientos reales y maravillosos. Musita, un gato amarillo que camina en dos patas, viene a convertirse en alter ego de este protagonista, que luchará hasta el final contra este demonio que lleva dentro y que tiene como objetivo quedarse con su vida”.  

El Premio Bustos Domecq se convoca para jóvenes escritores cubanos menores de 36 años residentes en el país. Fue creado en 2002 y pese a dejarse de convocar por varios años, desde 2020 volvió para favorecer el quehacer literario nacional.


El sueño de aprisionar el corazón de los lectores

Claude Nogueras es muy joven. A veces olvido su edad cuando la oigo defender con pasión un proyecto o una idea literaria, y más aún cuando leo sus textos. Bien sabe Claude que la literatura es la pieza esencial en el laboratorio de su vida, en el acertijo y en el rompecabezas de su espiritualidad. Reciente ganadora del Primer Premio Laboratorio de Escrituras “Encrucijada” en las categorías de Narrativa y Proyecto de Libro, esta joven escritora comienza a abrirse paso en el mundo de la literatura, convencida de que este es su camino inevitable.

¿Cuándo decidiste que la literatura iba a ser el camino que acompañaría tus pasos?

De una forma u otra, nunca tuve dudas. Desde niña me interesé mucho por la literatura. Cuando me preguntaban a qué quería dedicarme en el futuro, mencionaba todas las profesiones habidas y por haber pero, al final, “contaba los votos” y eran mayoría aquellas relacionadas con las letras. Tengo guardados poemas y cuentos que aún hojeo de vez en cuando. Verlos me saca una sonrisa porque, a pesar de que no eran gramatical u ortográficamente perfectos, recuerdo haberlos escrito con mucha pasión, durante horas de dedicación e ilusiones. Siempre disfruté leer, sobre todo las obras de José Martí; me acompañó durante preciados años de mi vida el libro La noche, de Excilia Saldaña, y viví también grandes romances con Bécquer, Lorca y Rubén Darío. En mi etapa estudiantil participé en concursos nacionales de Español Literatura y tuve el gusto de ganar en varias ocasiones. Me vinculé también a talleres literarios y Casas de Cultura. En resumen, me gusta pensar en la literatura como un refugio, una pieza que completa el rompecabezas de mi vida y una parte inevitable de mí.

Entre el momento en que el artista descubre el llamado de la vocación y ese otro momento en que sigue sin frenos su llamado puede transcurrir un buen tiempo. ¿Sucedió así en tu caso?

Totalmente. A pesar de amar la literatura, hay momentos en los que ciertos caminos dentro de uno mismo se bifurcan. Estudié Licenciatura en Turismo en la Universidad de La Habana y mi escritura pasó a habitar un segundo plano. Dejé de contemplarla como una profesión a futuro. Nos casábamos y nos divorciábamos muy seguido pero, tarde o temprano, retornábamos juntas al punto cero, al espacio en el que solo éramos ella y yo, al espacio de la creación. Considero ese un método muy efectivo para saber si algo te apasiona. El secreto está en preguntarte si alguna vez has logrado sacudírtelo del alma. Mi respuesta siempre ha sido no. La escritura me acompaña. Crece y evoluciona conmigo. Todos los días aprendemos juntas.

De ahí que pueda decir, con absoluta certeza, que el momento en el que decidí emprender un camino sin frenos con destino a mi vocación de escritora fue hace pocos meses. A través de un gran amigo, a quien le estaré por siempre agradecida, conocí el proyecto Laboratorio de Escritura “Encrucijada”, que de manera online diriges. Este espacio y mis compañeros de laboratorio me han inspirado e impulsado a redescubrirme o, quizás, a descubrirme como autora, a asumirlo con todas sus letras. A todos agradezco por formar parte de una experiencia tan enriquecedora.

¿Por qué decidiste usar un seudónimo en vez de tu nombre? ¿Qué evocaciones te trae el nombre que elegiste para firmar tu obra o a quién rinde homenaje?

Utilizo el seudónimo Claude Nogueras en lugar de mi nombre porque la escritura es un acto tan introspectivo para mí, que a veces me produce la sensación de ser una persona distinta, conformada solo por letras e ideas que logro moldear durante las horas de creación. Es mi alter ego.

Claude es una modificación del nombre Claudia, personaje principal del libro El cuervo dijo nunca más, de Carlo Frabetti. Leí esta novela en mi etapa adolescente y me causó un gran impacto. Me convirtió de manera súbita en amante definitiva de la poesía y la prosa. Despertó en mí un instinto de indagación que me llevó a conocer, posteriormente, las creaciones de disímiles poetas y escritores. Marcó un antes y un después en mi relación con la literatura. Por otra parte, Nogueras hace honor al apellido de Luis Rogelio Nogueras, escritor cubano cuya poesía me cautivó desde el primer instante. Entendí enseguida su obra y leerlo se me pareció a una conversación, en la que me familiarizaba de manera increíblemente fácil con la intención de su voz y su forma de expresar.

cortesía de la entrevistada

¿Cuáles son tus principales influencias creativas?

En todo momento, cuando hable de influencia, hablaré de inspiración. No me referiré al hecho de partir, quizás, del estilo de algunos autores para conformar el mío. Nunca me ha resultado de esa manera. En realidad, tengo serios problemas para responder cuando me preguntan cuál es mi autor o mi libro favorito. La lista es tan extensa como alcanzo a recordar. Antes que escritora, me gustaría considerarme una admiradora de todo tipo de autores y artes. No me cierro a ninguna creación. Tal vez me aferro a unas más que a otras porque conectan conmigo desde un punto de vista íntimo. La cuestión es que, para mí, las influencias se traducen en golpes de motivación, en lo que se siente cuando “se te prende el bombillo”. Es el caso de las historias que nacen de observar una fotografía, una escultura o, simplemente, del estado de ánimo que me provocan las actitudes de los personajes de un libro. También pueden surgir de la letra de una canción o de la música; incluso de las personas del día a día, que son grandes artistas y ni siquiera lo sospechan.

¿Cómo definirías tu estilo?

No sabría definirlo. Diría que mi creación se encuentra en fase experimental. Estoy concentrada en explorar varios géneros dentro de la literatura y, a medida que lo he hecho, he encontrado nuevas formas de contar historias y conformar personajes. Probablemente me ubico en uno de los momentos más importantes de mi desarrollo como autora; por eso aún no me atrevo a caracterizar mi estilo de escritura. Queda un largo camino por recorrer. De hecho, siento una gran curiosidad por saber cómo me percibirán los lectores. Soy toda oídos.

Y tu proceso creativo, ¿cómo transcurre?

Puedo definirlo en dos etapas. La primera corresponde al momento en el que fundo a mi personaje: sus características, sus conflictos y el espacio en el que habita. Se asemeja a crear un universo, uno que empieza de cero cada vez que se inicia una historia. Puede demorar días, una semana o más, en dependencia de los ritmos de la vida y las exigencias de labores adyacentes a la escritura. Llega a ser un proceso lleno de cuestionamientos, frustraciones, desesperanzas, expectativas traicioneras; pero se torna similar a la sensación de subir a una montaña rusa, pues sabes que se acerca el punto de inflexión y, de ahí en adelante, será una caída libre, a la que puedes dilatarle el aterrizaje tanto como prefieras. Concibo ese momento de caída como la fase de creación literaria en sí, cuando ya soy capaz de monitorear los signos vitales de mis personajes y comienzo a escribir sin ataduras. En mi caso, las citas con la página en blanco deben transcurrir en absoluto silencio y completa soledad; razón por la cual a veces despierto temprano para escribir de madrugada.

A tu criterio, ¿un escritor tiene que ser necesariamente un buen lector o basta con que sea un buen intérprete de su propia realidad?

Considero que la lectura es para la escritura lo mismo que la afinación para la música. En mi caso, leer me ayuda a escribir, me hace “entrar en el tono adecuado”. Por otra parte, la realidad de un escritor es tan transformable como alcance a diseñar su imaginación. La realidad nos ofrece valiosas libertades de construcción literaria. Así que definiría ambas opciones como métodos de estudio, fuentes de inspiración e impulsoras de la creatividad.

¿Cuál es el lugar que ocupa el escritor en el mundo contemporáneo?

El escritor puede ser tan poderoso y versátil a través de su arte como se lo proponga. Puede convertirse en un magnífico showman de las letras, entretener y moldear lo increíble en la mente de sus lectores. Puede también darles voz e identidad, al crear personajes con los que las personas logren empatizar. Puede ejercer el derecho a la crítica mediante sus obras, desde puntos de vista históricos, sociales, culturales, económicos y proponer nuevas formas de entendimiento. En el mundo contemporáneo, específicamente, tan marcado por el intercambio en redes sociales, el escritor se convierte además en vocero, consejero, promotor directo de sus obras e ideas. Se ubica más cercano a sus lectores, tiene la posibilidad de conocerlos mejor y viceversa. En este sentido, adquiere también mayor responsabilidad y competencia al reinventarse constantemente y al generar un impacto en cadena que se propaga con alarmante rapidez.

¿Qué tipo de colaboraciones con otros artistas te interesarían en tu vida creativa?

No me lo había preguntado hasta ahora; pero me encantaría adentrarme más en el mundo de la escritura cubana actual, y conocer todas las posibilidades de colaboración que existan. Me interesa la transversalidad entre las diferentes formas del arte, por lo que me gustaría llevar a cabo proyectos que mezclaran la literatura con otros medios de expresión artística. Por el momento, alcanzo a pensar en mis maravillosos y talentosos compañeros del Laboratorio de Escritura y en lo interesante que sería llegar a concretar una propuesta de obra literaria entre todos, una colección de nuestras creaciones. Por otra parte, fantaseo con la idea de lograr la puesta en escena de mis obras teatrales. Me sentiría muy honrada y sería un sueño cumplido verlas interpretadas por actores y disfrutadas por el público.

Un escritor es siempre un analista de su tiempo, ¿hasta qué punto lo real es importante en tu obra?

Lo real podrá llegar a ser tan importante en mis obras como lo sea el objetivo supremo de estas. Soy bastante fiel a la idea de que el escritor debe escribir acerca de lo que sabe. Y si hay algo que sé o al menos siento, con toda certeza, es mi realidad. Esto no significa que no pueda reinterpretarla o ponerla de cabeza a la hora de plasmarla en una historia, al punto de llegar a transformarla en una realidad distinta. Tampoco significa que sea la misma realidad del lector o de otros escritores. Es completamente relativa. Creo que de este principio parte la originalidad y la genialidad de la escritura o de cualquier otra manifestación artística. Lo real, percibido de manera diferente por parte de todos, enriquecerá las obras con interpretaciones diversas, válidas y enfocadas en tantos puntos de vista como autores y lectores sean capaces de imaginar.

Eres una autora que juega con disímiles géneros (el teatro para niños, la ciencia ficción, la narrativa, etc.), ¿por qué te interesa cruzar esas fronteras genéricas?, ¿qué nuevas visiones otorga ese cruzamiento a tu escritura?

El trabajo en disímiles géneros constituye la línea trazada en ese plan experimental que había mencionado anteriormente. Soy una escritora recién nacida, diría yo, me resulta imprescindible explorar todas las formas de locomoción, expresión y gestualidad dentro de la escritura. Estoy convencida de que, en algún punto, sabré delimitar mi zona de confort; sin embargo, no ofrezco garantía de que me quede ahí. Me gusta plantearme desafíos y enfocarme en diferentes perspectivas. Por eso me interesa cruzar estas fronteras genéricas. Se trata de aprender y lograr sorprenderme a mí misma. Si el año pasado alguien me hubiese dicho que estaría escribiendo teatro, por ejemplo, quizás no me hubiese reído, pero al menos hubiese hecho resistencia ante la credibilidad de ese augurio. Sin embargo, he encontrado un género en el que me siento bastante cómoda y que ha llegado a resultarme fascinante.

No voy a negar que, a veces, encontrarme ante un océano tan vasto de posibilidades genéricas me ha provocado cierta parálisis como escritora, o me ha hecho correr el riesgo de brincar de un género a otro sin llegar a vincularme con ninguno. No obstante, he logrado dedicarle el tiempo necesario al estudio de las particularidades que se requieren para la escritura en cada caso y continuaré haciéndolo. Tengo claro que la base para desarrollar la experticia en cualquier campo parte de la constancia y la paciencia, así como del esfuerzo realizado en la medida correcta.

cortesía de la entrevistada

En tu obra abordas la reescritura y actualización de los mitos griegos, ¿qué tienen estas historias antiquísimas que contarnos y por qué volver a ella desde una mirada actualizada?

La mitología ha sido uno de mis grandes descubrimientos dentro de la escritura. Si bien había estudiado antes algunos mitos y leyendas, no había vislumbrado la posibilidad de utilizarlos en la creación. Cuando tuve conciencia de esto, me resultó tan obvio como saber mi nombre. Claro que podía transformar lo que tan ingeniosamente había sido creado hacía muchos años y traerlo a un contexto actual, incluso futurista. La mitología es como la realidad de otro mundo, nuevamente me detengo en lo relativo que puede llegar a ser aquello que conocemos o creemos conocer. Desde nociones tan distintas a las actuales, referidas a los orígenes del día y la noche, la luna y el sol, la mortalidad y la inmortalidad, hasta el replanteamiento de las reglas entre los lazos familiares, la moralidad, o las relaciones entre los hombres y los animales, entre otras cuestiones; la mitología es un universo de libertades, sin censuras, de lo inimaginable, de límites difusos o inexistentes en lo absoluto. Todo esto la convierte en un paraíso para el escritor, tan apetecible como envidiable, pues siempre me hace cuestionarme si alguna vez llegaré a crear algo tan perfecto y completo, como el gran entramado de mitos y leyendas que conforman un sistema de historias con valor universal imperecedero.

Volvería a ella una y otra vez en mis escritos por dos razones: por una absoluta fascinación personal y para mantenerla latente, de la manera más honrosa posible, dentro de la literatura. Cuando trabajo en su reescritura y actualización, lo hago con el propósito de brindar una lectura nueva de estas historias antiguas y con el objetivo también de dejar abierto el camino hacia la historia original, lo que puede resultar muy beneficioso para aquellas personas que quizás no se hayan acercado lo suficiente a su estudio.

¿El mundo del teatro infantil (en este caso específico, su escritura) es tan difícil como muchos otros dramaturgos han afirmado antes? ¿Qué particularidades has descubierto al encauzarte en esa ruta?

Cuando me dispongo a escribir en cualquier género no suelo pensar en las dificultades que pueden llegar a presentarse. Simplemente escribo con el empeño de llegar al final. En el caso del teatro para niños no fue diferente. He escuchado que muchos autores lo consideran difícil; sin embargo, pude abordarlo con tranquilidad y confianza. ¿Es particular? Por supuesto. Escribir para niños implica, al mismo tiempo, no excedernos en intentar escribirles. Creo que se puede incurrir en el error de explicar demasiado o utilizar expresiones que quizás puedan subestimar la inteligencia de los pequeños lectores. Es necesario delimitar el rango de edades para el que se escribe, definir el público meta y, a partir de ahí, modular el lenguaje, los temas a tratar, así como la manera de expresar las ideas sin que el niño lo encuentre en exceso complejo o, por el contrario, explícito. Un equilibrio en este sentido garantizará que se mantenga atento hasta el final de la obra. Una vez se hacen a un lado estas preocupaciones, la literatura infantil es muy divertida de crear. Especialmente en el género teatral, con su carácter dual, literario y de representación, la escritura se convierte en una grata experiencia, pues te permite imaginar las acciones de los niños sobre el escenario y el desborde de sus personalidades arrolladoras y espontáneas.

¿Cuáles son las principales ventajas que el mundo contemporáneo le puede ofrecer a un artista, y cuáles los principales hándicaps?

Tal y como expresaba anteriormente, son innegables las ventajas que el mundo contemporáneo le otorga al artista a través de su presencia en redes sociales. Le facilita un medio para la promoción y distribución de su obra, así como para el establecimiento de un contacto más directo e inmediato con sus seguidores. Le plantea la posibilidad de acceder a numerosos certámenes internacionales y de participar, de manera virtual, en conferencias, ferias y demás eventos desde cualquier parte del mundo. Podría hablarse entonces de la globalización del arte. Sin embargo, la creación de contenido en redes o sitios web no siempre se realiza de forma responsable y, junto al valor creativo de diversas obras artísticas, coexisten otras de conceptos erróneos y proyecciones con carácter destructivo. Por esta razón es importante desarrollar estrategias de posicionamiento, para ubicar al buen arte en las plataformas indicadas, que le permitan desarrollarse y protegerse dentro de un entorno adecuado de convivencia virtual, y en el que se canalice a un público meta determinado.

Por otra parte, si hablamos de ventajas y desventajas, me viene a la mente también el caso de las autopublicaciones en el mundo literario y las crecientes posibilidades virtuales que  llaman a la puerta del escritor. Los autores deben pensar en esta forma de publicación como en las dos caras de una moneda: funcional siempre y cuando la acompañen factores como la experiencia, el prestigio de autor y las herramientas cognoscitivas necesarias; e ilusoria cuando, desarmado de dichos factores, el escritor corre el riesgo de dejarse llevar por cantos de sirenas y convertirse en el responsable de conducir su obra a un trágico naufragio.

cortesía de la entrevistada

El a veces difícil recorrido de los premios literarios ha comenzado a abrir sus puertas para ti. Acabas de obtener el Premio Laboratorio de Escrituras “Encrucijada” en su primera edición, y además en dos categorías de las tres convocadas (Narrativa y Proyecto Literario). ¿Cuáles son los beneficios puntuales que sientes que un premio puede otorgarle a un autor novel como tú?

Aprovecho esta ocasión para agradecerles nuevamente a todos los involucrados en la realización de esta primera edición del Premio, especialmente a los jurados Eduardo Herrera Baullosa, Annalis Castillo Seguí, Milho Montenegro, Malena Salazar Macía, David Martínez Balsa y Eric Flores Taylor, por la dedicación y el arduo trabajo de deliberación realizado. Igualmente, felicito a todos mis compañeros del Laboratorio participantes del concurso, especialmente a los ganadores: Rolando Enrique Labrador (ganador del Premio de Poesía), Melissa Díaz Leyva (Mención en Poesía), Diana Mesa Levy (Mención en Narrativa), Lisandra Quirós Izquierdo (Mención en Narrativa), Shabely de la C. Botello (Primera Mención en Narrativa) y Amelia Apolinario (Mención en Proyecto). 

Obtuve el premio de Narrativa con mi relato Mujer-canción, donde abordo la relación entre los recuerdos y la música; mientras que, en el caso de la categoría de Proyecto Literario, resulté ganadora con mi proyecto de obra dramática Zona Mundo: descendientes de la ira, basada en una investigación y actualización de la mitología griega, emplazada en un contexto futurista. Para una autora novel como yo, los premios en certámenes literarios influyen mucho en la motivación y consolidan la seguridad y la confianza que uno desarrolla respecto a su escritura. A pesar de la subjetividad a la que se someten las obras en concurso, los galardones brindan la oportunidad de ganar una mayor visibilidad y ponen en valor el trabajo del escritor, avalado por el criterio de expertos. Por otra parte, triunfar en un certamen puede significar la entrada al mundo de los contratos editoriales y constituir un paso más de avance hacia la materialización del sueño de ver publicada la obra.

Más allá de la página en blanco, ¿quién es Claude Nogueras?

Un signo de interrogante y una corredora contrarreloj, cazadora de migajas de tiempo. Claude Nogueras transcurre entre espacios de observación, cuestionamiento y estudio. Es de una edad distinta cada día, de pensamientos indisciplinados con un común denominador: el sueño de aprisionar el corazón de los lectores. Si no habita en la página en blanco, entonces acampa en sus fronteras. No se concibe en ningún escenario distante de los dominios de la literatura y de las tierras conquistadas en su favor.

cortesía de la entrevistada

Dice el musgo que ilumina

Otra vez se unen Ediciones La Luz, la Compañía de Narración Oral Escénica Palabras al Viento y el Centro Cultural Casa del Cuento, de la ciudad de los parques. Captados por el equipo Wildesigners Productions, que encabeza Gerardo Perdomo, se realizaron diez cortos donde cobran vida una decena de textos del volumen, encarnados por actrices y actores de la Compañía.

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«Cuando se hace arte hay que exponerse en cuerpo y alma»

Grisell Monzón sabe que el teatro es arte viva, que su esencia le acompaña en todos los espacios que esta joven actriz recorre. La actuación le apasiona, es su modo de vida, una forma de supervivencia en este mundo tantas veces hostil en el que vivimos. Aferrada a su creencia, Grisell acepta contestar estas preguntas y reencontrarse consigo misma.

¿Entiendes la actuación, el hecho de enfrentarte al público desde una plataforma de diálogo y acción escénicos, como un disparo de adrenalina?

Sí, es un disparo total. Es increíble ver cómo minutos antes de entrar a escena los nervios inundan todo tu cuerpo, por lo menos en mi caso; nervios que no son más que adrenalina pura que te carga para salir a comerte el mundo.

Una de las imágenes que me acompaña en esos minutos, es que soy una locomotora de vapor que poco a poco se va calentando para arrancar y, una vez en marcha, va aumentando su velocidad mientras hace sonar su silbido. Justo así es como me siento. (Esta imagen me acuerda mucho a mi abuela, me remonta a cuando montaba con ella el tren que iba de Pinar Del Río a San Juan, algo que me hacía muy feliz).  

El público también es un generador de mucha adrenalina. Mientras más público hay, mejor. Es increíble saber que hay público esperándote, pero no sabes de qué tipo será: lo descubrirás como mismo ellos harán contigo.

¿Cómo y cuándo supiste que la escena sería un imán para tu vida?

Yo siempre he sentido que ese es mi lugar. Desde niña, mi mamá siempre me apuntaba en cuanta cosa artística existía: ballet, música, etc. (sobre todo para controlar mi energía). Era el arte o el deporte, y ella siempre eligió el arte.

Mi tío es actor. Creo que su referencia también ha sido importante.

En la primaria siempre estuve muy vinculada a todo lo que se hacía en cuanto a actividades artísticas. En la secundaria también: ahí fue donde conocí a mi instructor de arte Luis Manuel Valdez Llaugert, hoy mi amigo del alma, que fue quien me hablo por primera vez de la ENA y quien comenzó a ayudarme con las pruebas de captación. Ese fue el inicio de todo.

Cuando te enfrentas a un nuevo personaje, ¿de qué manera te aproximas a él? ¿Cuáles son las herramientas, tanto espirituales como físicas, que más útiles te resultan a la hora de intentar ese primer acercamiento?

Todos los procesos no son iguales, como mismo no van a ser iguales los métodos. A lo largo de nuestra profesión, una comienza a aprender de muchas fuentes que más adelante utilizarás o no. Yo creo que el actor debe estar en un constante proceso de búsqueda y no conformarse con lo que siempre le funciona.

Hay preguntas claves que siempre me hago en cualquier proceso: ¿por qué lo estoy haciendo?, ¿qué deseo trasmitir con eso?, ¿qué hay de mí en eso que estoy haciendo? Me gusta fluir en mis procesos creativos, la intuición tiene especial importancia para mí. Le doy mucha importancia a las circunstancias que rodean a mi personaje: familia, lugar de nacimiento, su trayectoria de vida hasta el momento en que se encuentra. Como mismo nos acercamos a nuestra vida, tenemos que tener clara cuál es nuestra historia pasada para entonces entender el porqué de nuestros actos y de la supuesta personalidad que ven los demás. No me gusta juzgar a ningún personaje; al contrario, trato de entender el porqué de cada acto que comete. Me gusta mucho trabajar con imágenes y a cada proceso le construyo una banda sonora.

El diálogo con el público o el diálogo con el director: ¿cuál te parece más importante?

Los dos por igual: somos parte de un todo, somos trabajo en equipo. Cuando trabajas con un director, de alguna manera tú eres ese instrumento con el que él cuenta para expresar su visión del mundo al público, visión que por supuesto va a estar atravesada por la tuya. El director es como el mago, tú eres el acto de magia y el público es el que recibirá la sorpresa y se sorprenderá si el acto les convence.

La actuación es una profesión que exige la versatilidad del intérprete, ¿qué proceso, entre los muchos que conforman una puesta en escena, te parece que es el que más influye en el rol del actor?

Todos. El trabajo de mesa es extremadamente importante porque es el primer acercamiento que vas a tener a la creación, es donde comienza la investigación que rodea a ese personaje que vas a desarrollar y a habitar. Es un proceso donde empiezan a aparecer elementos que luego probarás en escena, es allí donde surgen las preguntas: algunas las responderás en esa parte del proceso, otras irán respondiéndose con el tiempo. Cuando ese proceso está terminado, entonces empiezas a probar todo ese estudio en la escena.

Soy muy partidaria de las improvisaciones, porque es un lugar donde exploras todo, donde no hay límite y donde la equivocación no existe. Luego empiezas a elegir qué es lo realmente importante para conformar tu personaje y para ayudar a contar la historia.

En el caso del teatro, una vez que la obra está estrenada, empieza un nuevo crecimiento para el actor, pues te enfrentas al público y a medida que haces funciones tanto la obra como tú ganan en madurez, seguridad y entendimiento.

cortesía de la entrevistada

¿Con qué tipo de directores prefieres trabajar? ¿Qué textos te parecen los más interesantes o desafiantes?

Del arte me gusta todo y siempre estoy abierta a trabajar con varios directores. Eso te ayuda mucho a crecer como artista pues probar varios métodos y varias maneras de hacer y de dialogar es muy saludable porque te hacen evolucionar.

Mientras más alejado esté de ti el personaje, pues mejor, ya que supone un reto… y a los actores nos encantan los retos. Hablábamos de versatilidad, cualidad maravillosa del actor: lograr borrarte a ti y en cada nuevo personaje volver a construir algo nuevo que no tenga nada que ver con lo anterior, que incluso a ti misma te sorprenda, eso es algo muy estimulante.

Llevo un tiempo tratando de incursionar un poco más en un trabajo independiente como actriz en cuanto a necesidades muy personales que tengo, con temas como la herencia, nuestra niñez, la condición humana, la realidad en la que vivimos. Trasmitir eso que llevamos dentro que no sabemos cómo expresar con palabras, pero sí con imágenes o sensaciones.

Me interesan mucho las ARTES VIVAS.

En no pocas de las obras en las que has actuado —pienso en “Hembras” y en “Ubú sin cuernos”— se dialoga con diversos ángulos y fraccionamientos de la realidad cubana actual. Esta experiencia, tan necesaria para el encuentro con el público, es también una forma de atrapar, en el acto efímero pero a la vez perdurable de la escena, una instancia de sentido de la realidad. ¿Cómo asumes, desde el cuerpo, esta idea? ¿Qué puede aportar el actor, desde su oficio, al reflejo de esa realidad?

Los artistas tenemos una gran responsabilidad, pues de alguna manera nuestro trabajo es tomar un pedazo de realidad y ponerla en escena, tanto en un cuadro, en una danza, en el cine…  eso hace que el público vea sus necesidades, miedos, alegrías, carencias, realidades reflejadas a través de ti.

Cuando trabajé en el Ciervo Encantado, utilizamos muchos referentes que para mí hoy son la base de mi hacer: Reinaldo Arenas, Severo Sarduy, Virgilio Piñera y Eliseo Diego. De este último guardo una frase que repito siempre: “No es por azar que se nace en un lugar y no en otro sino para dar testimonio”. Creo que ese es el sentido humano del arte. Como artista doy testimonio de mi realidad, tanto social como personal, eso hace que mi arte esté vivo, porque es inmediato. Por otro lado, me gusta pensar que hay personas necesitadas de verse reflejadas y de alguna manera esto hace que no se sientan solos, que yo puedo estar sintiendo lo mismo que ellos, que sus miedos son iguales a los míos, así como sus necesidades, porque cuando se hace arte hay que exponerse en cuerpo y alma.

Con Ludi Teatro y bajo la dirección de Miguel Abreu se ha consolidado buena parte de tu carrera como actriz. ¿Cuán desafiante resulta para una joven actriz abrirse camino dentro del espacio teatral cubano?  

Las condiciones están creadas, es solo decidir hacerlo. Creo que el teatro en Cuba te permite tener tiempo para hacerlo, amén de todas las carencias que tenemos como país. El teatro tiene la bondad de que puedes hacer todo el que quieras. Eso sí, como creadores carecemos de libertad, de recursos y eso es lo que no nos permite hacer un mejor teatro… aunque incluso así se hace.

En efecto, junto a Miguel Abreu y a la gran familia que conforma Ludi Teatro se ha desarrollado gran parte de mi carrera. A mí me encanta trabajar con Miguel. Él es un director que no para de trabajar, que respeta mucho lo que hace, todo lo que brinda y enseña lo hace desde el amor. Es una persona con la cual el diálogo es fundamental. Como director está abierto a todo lo que quieras ofrecerle en el escenario, sin censura alguna.

¿Cuál es tu personaje más perdurable, el que recordarás siempre?

En estos momentos de mi vida no puedo hacer ese recuento. Quizá de aquí a 30 años te la pueda responder con mejor exactitud. De todos he aprendido y de todos tengo un pedazo, porque todos tienen un pedazo de mí. Pero ahora que me haces revivirlos, el primero que me viene a la cabeza es Ofelia de “Hamlet interview”, una versión que le hizo Miguel Abreu a Hamlet Machine, de Müller. Con Ofelia y con el proceso en general de la obra, Miguel y yo conectamos definitivamente como actriz y director. Ofelia me hizo crecer como actriz.

Algunas de tus principales herramientas técnicas como actriz las adquiriste no solo de tu formación académica, sino también en el ejercicio vivo de la actuación. ¿Cuánto de ese aprendizaje has luego transmutado en nuevas maneras de entender el teatro?

Yo estudié en la ENA y me gradué en el Ciervo. El Ciervo Encantado fue lo que me hizo ser la actriz que soy hoy. Me abrió ese tercer ojo que es el arte en todo el sentido de la palabra. Me enseñó que no era necesario contar una historia para transmitir una emoción o una sensación. Me liberó del miedo de descubrir si elegí bien la profesión que tengo hoy.

Cuando entré en el Ciervo casi estaba a punto de dejar la actuación. Me acababa de graduar (esa burbuja que era la escuela se rompió) y realmente ese mundo idílico que yo pensaba que era la actuación se desmoronó, ya que lo único que encontraba eran paredes que poco a poco destrozaban mi autoestima.

cortesía de la entrevistada

En ese afán de encontrar el sentido de todo (desde una visión de joven artista casi frustrada, la inmadurez de tener 18 años no ayudaba en nada y la afición que tenemos los actores por el sufrimiento tampoco, todo al mismo nivel de intensidad) apareció la oportunidad de pasar un taller con Nelda Castillo junto a Arnaldo Galván, Daniel Romero (ambos actores) y Abel Rojo (bailarín) quienes, como yo, necesitaban encontrar el camino nuevamente.

En el Ciervo, junto a Nelda Castillo y a Mariela Brito entendí por qué quería ser actriz, entendí que es la manera que yo elegí en esta vida para expresarme, porque el arte es mi terapia y porque me salva. Entendí también que donde yo esté siempre haré teatro, porque depende de mí y de nada más que mis deseos de hacer y de crear. Aprendí también a mirarnos como parte de un todo, cuerpo, mente y espíritu, entendí el valor del esfuerzo del trabajo, la necesidad de ser profundos en lo que se hace, de siempre encontrar más y más.

En 2020 obtuviste el Premio de Actuación Adolfo Llauradó en la categoría teatro para adultos. ¿Acaso los premios marcan un antes y un después en la vida y la carrera de una actriz?

Siempre es bueno que reconozcan tu trabajo. Los premios yo los veo como motores impulsores que te obligan a hacerlo cada vez mejor, pero realmente lo mejor es no esperarlos, sino que te sorprendan. Los premios existen porque somos seres que necesitan reconocimiento para saber que lo estamos haciendo bien. No digo que eso esté mal, pero no es algo que defina nada. Es un paso más en una escalera de la cual uno no para de subir o de bajar, todo depende del concepto con el que se miren las cosas y el ojo que las mira.

¿Quién es Grisell Monzón una vez que se apagan las luces de la escena?

Me encanta montar bicicleta, soy la verdadera pionera exploradora, me gusta mucho descubrir lugares nuevos, adoro estar con mi perra hija Emilia y me fascina el campo. Cada vez que puedo me escapo en bicicleta junto a mi novio en busca de la naturaleza.

Me gusta sentir que nacen ideas nuevas. Mis amigos son mi familia, me encanta Selena, las películas de magia me privan, sueño algún día con poder trabajar en una película musical. Me fascina aprender. Yo siempre fui muy mala en la escuela, me aburría, y como me tocaron los teleclases y los maestros emergentes aprendí muy poco, la verdad; entonces en la actualidad trato de llenar todos esos huecos de tiempos pasados, por lo cual leo mucho y todo lo que no sé lo pregunto o lo googleo. Mi vida es un eterno proceso creativo, del que soy totalmente adicta.


La intransigencia de los lectores salvará tu libro

David Martínez Balsa confía en los lectores: en su libertad de elegir, en su intransigencia, en su mirada crítica. Solo los lectores son capaces de salvar los libros y, por tanto, también a sus hacedores. Para David, un lector es más que un aliado; forma parte también de la estructura propia del texto y, sin ellos, las palabras no son más que hilo unido a otro hilo semejante. Conversar con David es también un pasaje al mundo de la fabulación…

En la escritura, en la creación, ¿qué consideras sea esencial o indispensable?

Persistir, no desfallecer ante los retos que imponga el acto creativo. No negaré el rol esencial que juega la inspiración en todo creador, pero si algo aprendemos es que la musa no siempre nos acompaña al abordar nuestras obras. Súmale a ello las desilusiones, los tropiezos y las dudas, todos obstáculos siempre al acecho. Por eso, encuentro indispensable la voluntad del creador para construir su obra; enfrentarse a la página en blanco, el lienzo, la partitura, aunque cada partícula de su ser intente llevarlo en la dirección opuesta. Arrancar, sin detenerse a esperar la inspiración. Esa fuerza, el ímpetu de seguir batallando, lo lleva grabado todo creador en su ADN, sin dudas.

¿Puede ser mesurable la calidad de un libro de poesía o de cuentos, o esto depende de las sensaciones, emociones, experiencias, referencias y del mundo estético personal de cada uno de los lectores?

Me encanta esta pregunta, pues a mi juicio, tiene un poco de trampa. Yo, en lo personal, siempre aspiro a llegarle a los lectores, provocar una sonrisa, una lágrima o al menos la satisfacción de haber disfrutado el libro al que eligieron dedicarle su tiempo. No existe mayor alegría que se te acerque alguien que haya leído tu novela o libro de cuentos y te diga cuán placentera le resultó la experiencia. Claro, siempre existirá una dualidad de opiniones, habrá apoyo y detractores, y eso lo encuentro igual de bien; pues, como creador, te pones a disposición del juicio del público al entregarles tu trabajo. Si la mayoría de las opiniones te favorecen, pues celébralo; de lo contrario, levántate, aprende y sigue.

Por supuesto, existen estándares literarios, críticos especializados, jurados de concursos, quienes abordan el tema desde una perspectiva más imparcial. No obstante, por muy fríos que intentemos ser a la hora de evaluar una obra para emitir un dictamen, a veces el lado humano prevalece; la parte que siente y se conmueve ante un cuento que, tal vez, otros hallaron falto de elementos que sus contrincantes sí poseen. Estos detalles hacen difícil llegar a un consenso a la hora de premiar o reconocer un texto (hablo en caso de un concurso literario). Todo libro necesita una estructura sólida, fuerza en las técnicas narrativas, un lenguaje limpio (pues no vamos a pedirle a quien nos entregue un poco de su tiempo que se lea un libro en el que no hayamos dejado hasta la sangre con tal de construirlo lo mejor posible) pero, en mi opinión, no puede faltarle ese ingrediente que lleva al lector a brincar, casi sin darse cuenta, de la acción de leer a la de sentir. Eso es magia y quien pueda provocarla, no sé si su obra tendrá calidad en el más estricto sentido de la palabra, pero para mí merece aplausos.

¿Es posible definir qué es la creación? ¿Podrías aventurar tu definición personal?

Difícil, pero déjame intentarlo y ser lo más breve posible: te diría que es una adicción saludable. Placer y al mismo tiempo tormento. Es una necesidad que llevas dentro, que no para de perseguirte; incluso cuando estás creando, sientes ese apremio, una especie de frenesí que disminuye, pero no cesa del todo.

¿Cómo transcurre tu proceso creativo? ¿Cómo piensas la estructura o arquitectura de un libro?

Por lo general, escribo de noche o en las mañanas, aunque prefiero las noches: hay más tranquilidad. En ocasiones escucho música, otras no (depende de lo que me pida el cuerpo); eso sí, no puede faltar la compañía del café y el cigarro. A veces arranco una historia sin saber en qué acabará la cosa. Todo empieza por una escena, un personaje, o algo tan simple como una frase. Llegan de golpe y enseguida me siento frente a la computadora y trato de llevarlo todo a la página, sin saber bien el rumbo que se va dibujando mientras avanzo. Hay otros momentos en los que la historia cae completa y anoto enseguida los detalles, no vaya a ser que la musa me traicione si la descuido mucho. Siempre escribo tres versiones de un libro: la primera es un desastre, un rompecabezas armado a todo tren. En la segunda, abordada desde una perspectiva más fría, estructuro el libro lo mejor posible; trabajo los personajes y las escenas al detalle, elimino los excesos innecesarios, intento darle coherencia y realismo al texto. En esta versión invierto más tiempo, pues es la que entrego a mis lectores de confianza. Ya con las críticas que recibo, pulo una tercera versión hasta dejarla lo más digna posible de ser leída.

¿Cuánto valoras el contacto crítico con los creadores de tu propia generación?

Si algo aprendemos todos los que pasamos el Onelio es lo esencial que puede llegar a ser la comunicación con los creadores, ya sea de tu propia generación como de cualquier otra. El beneficio del contacto crítico es mutuo y para nada debe desestimarse; se obtienen lecciones vitales y que pueden ayudarte muchísimo en tu proceso creativo, así como incentivarte a crear.

Recientemente acabas de obtener el Premio Boti por un libro escrito para niños y jóvenes…

Amarrados al puerto, el libro que mereció el Premio Regino E. Boti, es un cuaderno de cuentos escrito en el 2020, durante los momentos más difíciles que se vivieron ese año por el coronavirus. Los cuentos que lo componen tratan precisamente este tema, vistos desde el lente de sus personajes, todos niños que viven las vicisitudes propiciadas por la pandemia, sin escapar también a las implícitas en el tránsito de la niñez a la adolescencia. En el libro se abordan temas como la soledad, el abuso físico y emocional, la inseguridad y el temor a no ser aceptado por tus características, todo fundido con las dificultades impuestas por la pandemia y lo que ello conlleva para un niño. Te confieso que nunca esperé que obtuviera premio y el galardón ha sido una muy grata sorpresa. Ahora mi anhelo es que el libro termine su viaje y llegue a los lectores lo más pronto posible, para que ellos den la última palabra.

Como escritor, siempre he preferido el realismo, aunque en ocasiones abordo el fantástico y la ciencia ficción (géneros que disfruto y respeto muchísimo). Creo que, como escritores, nunca debemos dejar de experimentar, de atrevernos, de probar nuevos horizontes y géneros y demostrarnos a nosotros mismos que sí se puede. Salir del área de confort, arriesgarse. El estilo propio se cultiva mediante la lectura y sobre todo, la escritura constante. Yo, en lo personal, aunque tengo mis preferencias de estilo, sigo en la búsqueda. Este libro fue mi segundo intento de alejarme del género que usualmente practico. El primer intento llegó con Los Caciques, una novela juvenil que obtuvo mención en el Edad de Oro 2020 y que la Editorial Gente Nueva me hará el honor de publicar, contando con la edición de la excelente Gretel Ávila. Y ahora este librillo. Ambos han sido muy importantes, pues han marcado un cambio en mi forma de abordar la literatura y me han hecho comprender lo complicado que es el género infanto-juvenil y con cuánta delicadeza debe recorrerse ese terreno, pues escribir para niños y jóvenes se las trae… Sí, mi escritura está en constante cambio y ojalá sea para mejor.

¿Crees que el oficio del escritor es el más solitario del mundo? ¿Por qué?

El oficio en sí, en su núcleo, es y debe ser solitario. Necesitas estar solo para dar vida y orden al cúmulo de ideas que tienes en la cabeza, pidiendo a gritos que las lleves a la página en blanco delante de ti. Esa tarea requiere concentración, disciplina y soledad. Ahora, ya culminado el proceso creativo, el escritor, como todo ser humano, debe escapar de esa burbuja y socializar: en esto incluyo el diálogo crítico con otros creadores, compartir su obra con lectores de confianza que le ofrezcan su opinión. El oficio es solitario, quien lo practica no necesariamente tiene que ser una persona solitaria.

En los años que llevas de carrera literaria has recibido no pocos premios, ¿cuánto importan estos en la vida de un autor? ¿Son acaso un tránsito más, uno necesario, si se quiere publicar con algo de facilidad?

No negaré la importancia de los premios literarios, pues además de atraer el foco sobre tu obra y elevar los ánimos, te permiten la realización del sueño de todo escritor: la publicación de su trabajo. Ahora, no debemos convertirlo en el Santo Grial, pues se corre el riesgo de una innecesaria decepción cuando no ganamos y ello vuelve más difícil el levantarse tras la caída. Te lo digo por experiencia, pues me he quedado al fly en muchos concursos (y todavía me faltan unos cuantos ponches más). De los premios debemos llevarnos dos cosas muy importantes. Primero: si ganas, celébralo, disfruta cada segundo del privilegio que le han entregado a tu trabajo. Y segundo: si no ganas, no te atrevas a menospreciar ni a tu obra ni a ti como escritor. Rendirse no se vale, le debes a tus libros seguir insistiendo en publicarlos y, sobre todo, seguir escribiéndolos.

Para dialogar con el lector de su tiempo, ¿la obra debe parecerse a ese tiempo, a esa realidad, o debe poetizarla, transformarla en algo más? ¿Cuál es tu apuesta?

Prefiero una mezcla de las dos opciones que ofreces. No hay motivo para que una novela o cuento, con sus transformaciones, embellecimientos y detalles que puedan resultar hasta fantasiosos, no guarde relación con su tiempo; eso sí, el escritor debe entregarle al lector las herramientas para hallar la conexión entre ambos. 

¿Crees en el fatalismo geográfico? ¿Existe aún ese fatalismo para los jóvenes autores cubanos, pese al avance paulatino que han tenido las redes sociales en nuestro mundo?

En parte, sí. Las redes sociales y su impacto en el mundo han ayudado a muchos autores jóvenes cubanos a dar a conocer su obra no solo a nivel nacional, sino internacional (el tuyo es uno de esos casos) y creo que es maravilloso cuántos autores cubanos están publicando en revistas extranjeras o son reconocidos por editoriales de España, Latinoamérica, incluso de Estados Unidos. No obstante, ese horizonte recién empieza a expandirse y todavía tiene espacio para más. Lo que es digno de celebración es que estén abriéndose poco a poco las puertas para que la literatura cubana sea más reconocida a nivel mundial. Hay que seguir insistiendo.

En tu experiencia, ¿cuáles son los valores de la narrativa actual? ¿Es posible aventurar la opinión de qué sobrevivirá o no al paso del tiempo?

Hay mucho potencial en la narrativa de nuestros tiempos; sobran talento y ganas de trabajar. Creo que la pandemia ha puesto a prueba muchas determinaciones, y entre ellas cuento el afán de la literatura por crecerse ante los obstáculos. El ánimo de los jóvenes autores (y los no tan jóvenes también) es contagioso. Entre el 2020 y el 2021, las redes sociales han cobrado un auge indiscutible y basta darse una vuelta por internet para conocer el interés, el apetito y la promoción que disfruta la literatura hoy en día, la disposición a defenderla a capa y espada. Escritores, editores, casas editoriales, los organizadores de certámenes, jornadas y peñas literarias, nadie ha dejado de trabajar, a pesar de las duras circunstancias; al contrario, se han superado. Así que me atrevo a decirte que, mientras sigamos escribiendo, leyendo y disfrutando de lo que hacemos, la narrativa sobrevivirá a lo que sea.

A tu criterio, ¿cuáles son las principales herramientas, materiales o espirituales, de las que debe estar dotado un buen escritor?

Las principales herramientas de todo escritor (y me limito a repetir lo que tantos han afirmado) son la lectura y la escritura incansables. Una cosa complementa a la otra. La lectura, otra adicción saludable, te entrega todo un arsenal de herramientas con las que afrontar el oficio. Por otro lado, escribir, así sea un párrafo al día o si te parece un desastre lo que acabaste de teclear, permite conservar la agilidad en la mano. La perseverancia es también esencial y, por supuesto, la capacidad de escuchar y saber trasladar a tu obra las críticas sinceras que recibes de quienes te leen.

¿Cómo sería tu lector ideal? ¿Qué le pides a ese lector a la hora de enfrentarse a uno de tus textos? ¿Cómo te gustaría ser leído?

Que sea despiadado conmigo, que no me perdone en lo absoluto. Al final, su intransigencia salvará mi libro. Son increíbles los errores que cometemos los escritores en medio del vuelo creativo y no existe nada más maravilloso que el hecho de que te señalen la barbaridad que eludió todas las revisiones al texto. Gajes del oficio de los que nos salva ese lector o lectores ideales. A ellos les pido lo que me gustaría oír de todos mis lectores: la verdad. Si no lo disfrutaron, aprenderé. Si les gustó, me doy por satisfecho. De todos modos, siempre agradeceré que le hayan dedicado su tiempo a mi trabajo.

Más allá de la página en blanco, ¿quién es David Martínez Balsa?

Quienes conocen a este desconocido saben que es tímido, de pocas palabras, aunque cuando le da por hablar, su novia lo manda a tomar agua para que refresque la boca. Tomo café con sed de dragón y echo humo también como uno. Los días trato de repartirlos entre la familia, mi novia, el trabajo y, claro está, la lectura y la escritura, aunque admito que desgraciadamente no siempre de forma equitativa o justa. En pocas palabras, David es un joven que trata de escribir un poquito mejor cada día y busca impulsar sus libros hacia el fin del viaje: el lector, que ojalá disfrute tanto de leerme como yo de escribir ese librillo que logró llegar a sus manos.


Una Cruzada Literaria virtual de pura creación (+ programa)

Llega el mes de agosto y con él los miembros de la filial principeña de la Asociación Hermanos Saíz, trabajadores y artistas ultiman los detalles para desarrollar una Cruzada Literaria, pensada desde el Camagüey y que cada año reafirma su pertinencia y el principio de fé en nuestra historia.

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«El trato del arte con el universo es de supervivencia»

Nunca me he cansado de escuchar la poesía de Eduardo Herrera Baullosa. Quienes lo conocen, saben que habla también con poesía, que su lenguaje está matizado por la ironía y la belleza de las palabras. Esa, quizás, sea su forma de supervivencia, su trato con el arte, con el universo de la creación. Cuando hecho mucho de menos la poesía de Eduardo, le escribo por Instagram o Messenger, ocasionalmente por WhatsApp, y así nos ponemos al día, justo como hago ahora, a modo de (pre)texto y a través de una entrevista.

¿Sientes que, con tras el paso de la pandemia, las relaciones artísticas o el acto comunicativo del hecho creativo variarán significativamente?

Fotos cortesía del entrevistado

Sin lugar a dudas existe un antes y un después que afecta todos los aspectos de la vida; también las “relaciones artísticas” o, como defines, “el acto comunicativo del hecho creativo”. La nueva realidad un tanto “distópica”, causante de cierta alienación –inevitable y necesaria–, nos obliga a modificar las relaciones interpersonales. A su vez, ese mismo distanciamiento físico y psicológico ha potenciado otras maneras de hacer. Si en la realidad pre-pandemia las constantes eran las ferias del libro, los congresos, las lecturas literarias, tertulias, talleres, etc.; en fin, el tú a tú presencial tan enriquecedor –quedan algunos casos muy aislados que continúan de la manera tradicional–; ahora es Internet quien lleva la voz cantante y en ocasiones –al menos así lo creo– nos ha permitido ampliar con su cualidad casi “omnisciente” las necesidades de intercambio y comunicación tan inherentes a la literatura. Ojo: no es algo nuevo, pero sin duda se ha potenciado y al parecer no será temporal o inherente a las condiciones actuales.

En estos tiempos de aislamiento, ¿qué lugar ha ocupado la poesía para ti? ¿Notas cambios perceptibles en su papel transformador de la realidad? ¿Qué realidad transforma, hoy en día, la poesía?

La poesía siempre ha ocupado y ocupará un lugar esencial en mi vida. Ha sido así desde que tomé conciencia de la necesidad del decir poético que obliga bien lo sabes tú–, a ese parto de introspección llevado por la necesidad de sacar “la palabra” a la fuerza de ese lugar oscuro que habita en los poetas. No nos queda de otra, porque sobrecarga la razón y el dominio de uno mismo, probado ya tantas veces.

Más que un papel transformador, la poesía determina la realidad: mi realidad. Le da un estado de ambigüedad a la vez que de certidumbre. Así, cualquier cosa que hago –y si lo hago es porque lo pienso– está determinada por ella. Esto no significa que todo en mi vida sea poesía –no es poesía lo que sale del cuerpo físico por necesidad de vida–; aunque aquí hay una paradoja: “también podría serlo” cuando el hecho es reinterpretado por esa capacidad de relectura de la realidad que es inherente al arte.

La poesía sí misma no es un ente estático o disidente del cambio –por poner un ejemplo a tono con el contexto–; pensemos en ella como un virus y su extraordinaria capacidad de mutación. Son muchas las razones que hoy en día coexisten y la hacen evolucionar, por mencionar algunas: por supuesto, la pandemia y su capacidad transformadora de la sociedad, pero sin dudas también la revolución tecnológica y su reescritura del tiempo y de los valores tradicionales en una abierta y dinámica génesis de la nueva generación. No hacemos –mejor dicho, no podemos hacer, por elemental responsabilidad evolutiva– la misma poesía que generaciones anteriores, sería un sinsentido.

¿Cuáles son los principales dilemas creativos que acompañan a un creador joven que ha decidido establecer su vida más allá de las fronteras geográficas en las que nació? ¿Ha cambiado el mapa de tu poesía al variar el espacio dónde vives? ¿Cómo?

Cuando tomé la decisión de vivir fuera de la Isla, incorporé las contradicciones “del mundo nuevo” al acto creativo; fue un hecho consciente, pero también orgánico, inevitable. No dejó de existir el yo traído, simplemente la nueva realidad lo remodeló. Como artista realizo una obra abierta y dinámica –no soy para nada especial por hacerlo–, esto lleva a un análisis transformador que la mayoría de las veces ocurre espontáneamente. Sin dudas ha cambiado el mapa, pero también ha cambiado la vida como la conocemos, creo que para mejor.

La humanidad, en especial los artistas, necesitan del otro y de lo otro, del polvo de todos los caminos que sean capaces de pisar; que sean capaces cuestionar para captar y significar la vida. El trato del arte con el universo es de supervivencia. En Cuba se le está vedado a casi todos, no solo a los creadores. En cuanto a los dilemas creativos, se mueven con mi cuerpo a donde quiera que vaya –somos uno, y en el todo, parte–; vivir fuera no cambia significativamente las mediocridades, miserias y recurrentes degeneraciones del mundo literario. Con ellas, y con las propias, hay que cargar y seguir viviendo.  

La ciudad y su amnios es un tema que afecta y atraviesa toda la estructura de tus libros; con más o menos evidencia. ¿De qué manera la ciudad se transforma en leitmotiv de tu creación?

En Cuba, “la ciudad” tenía un alma más arquitectónica: de cemento y ladrillo eran sus formas; ahora es más de carne, ha dejado de ser ciudad observable y externa para ser del hombre, del yo y del ellos. Sigue siendo ese leitmotiv aunque ahora ya no sea tan evidente.

Este es un mundo donde la poesía se hace esquiva en tanto cotidianidad. Sin embargo, hay proliferación de creadores, de poetas, ¿por qué ocurre, a tu criterio, esta ecuación si se quiere paradójica?

La poesía tiene una cualidad sanadora. ¡Mística! Como somos animales de pensamiento abstracto, aun sin darnos cuenta, la necesitamos para vivir; sin importar que se lea menos. Es irónico, contradictorio, polisémico en su ambivalencia que surjan más poetas, o voluntades que intentan serlo. Aunque no siempre con buenas intenciones o buenos resultados, a esa masividad no hay que tenerle miedo –ha ocurrido antes–; ya se encargará el tiempo de hacer lugar a quien de verdad vale. Hoy en día hay mucha gente que no le interesa ser útil a la literatura… a nada. Su única aspiración es la fama: observador/observado, mientras más seguidores más premios, más “popularidad”. La creación es un ejercicio de soledad, la introspección se relaciona directamente con el creador: distanciamiento del mundo (distancia de él y de sus existencias). Al perder el individuo la fe renacentista, el intento de preservar sin meretricio las contradicciones a que está sujeta la «aventura de la escritura», es cada vez más difícil de lograr.

Has estado en los dos lugares de la balanza: jurado y concursante de un premio; ¿sientes que hay una semejanza en ambos roles?, ¿cómo enfrentas la labor de jurado?

No es una novedad que los grandes y medianos premios son un espaldarazo para la carrera de cualquiera. A casi todos nos ha tocado estar en ambos lugares, jurado y concursante: similitud más allá de que casi siempre el jurado sea un creador, no veo.

Estos roles son por naturaleza dicotómicos, antagonistas, no hay como darle a alguien cualquier autoridad para que automáticamente lo ecuménico desaparezca y, de paso, al placer del poder. Es algo inherente. Lo importante es la justicia, que esta prevalezca sobre los intereses degenerados que lamentablemente son los que priman muchas veces.

Lo que antes te comentaba, nadie es ajeno a esa realidad que se ve a diario en certámenes nacionales e internacionales… si hay dinero de por medio, publicación en una gran editorial o prestigio por la antigüedad y significación del certamen, todavía más. De ahí que en nuestro “mundillo”, muchos creamos que gran parte de esos premios nacen con “nombre y apellidos”, y que de vez en cuando, muy de vez en cuando, tocan a quien de verdad lo merece.

He visto construir en Cuba, pero también en el extranjero, la carrera de más de un escritor o escritora porque así lo piden las instituciones que lo auspician; incluso por razones mezquinas o poco relevantes en el contexto, como puede ser el hecho de que sean amantes el jurado y el concursante. Como nadie está exento de errores como esos –nadie es perfecto–, en la medida de lo posible trato de distanciarme del individuo para evitar subjetividades. Siempre intento ser justo, aún cuando en algunas ocasiones no me gusta lo que premio (hablo de satisfacciones, no de calidad). Por eso me parecen perfectos los certámenes que son anónimos y no piden curriculares.

Con el paso de los años, al autor prolífero –como es tu caso– se le queda una deuda invisible con los títulos que ha escrito y que, por una razón u otra, no se han publicados. ¿Confías en el valor imperecedero de la buena poesía?, ¿te preocupa que sus temas o motivos puedan envejecer?, ¿cuáles son tus certidumbres e incertidumbre acerca de esos libros?

No podemos llamarnos a engaño, no con los tiempos que nos corren. La razón de un libro es el lector, y la razón del escritor es la publicación. Me preocupa que algunos libros se queden suspendidos en ese limbo del mal destino, por los inconvenientes de no encontrar una editorial decente. Sobre todo cuando la creación ha estado influenciada de manera particular por el contexto, o más, cuando la intención era reflejarlo o participar de él. No me preocupa el envejecimiento que necesariamente no conlleva decrepitud, me preocupa el no estar presente cuando creía que debería estarlo. No es exagerado decir que cada vez es más difícil publicar, máxime cuando se trata de poesía y no hablo de la auto-publicación complaciente que ofrece Amazon y otras editoriales, donde el libro con toda literalidad nace muerto.

Estoy consciente que muchas cosas que he escrito no merecen ser publicadas, pero otras tantas se acumulan en las PC de los escritores con suficiente valor y sufren el mismo destino. De cualquier manera el buen arte es imperecedero, sobrevive a la vanidad de su autor, ¿pero cómo saberlo sin antes haber publicado?, no hay forma. Si no se expone (públicamente) la creación, el estar vivos y el hecho de ser valorados no existen. Quiero pensar que mi obra es lo suficientemente sincera como para sobrevivir: La que habla es mi vanidad, y aunque en concreto nadie sabe lo que se estará leyendo dentro de un siglo –si es que se lee o de qué manera, si es que logramos sobrevivir el próximo siglo– tengo que ser optimista.

¿Cómo se desarrolla el músculo de la escritura? ¿Tienes una rutina? ¿Confías en el rigor del oficio o prefieres transitar por otros caminos?

De esto se ha discutido largo y tendido. Yo creo que no existe un método mágico-universal para la escritura; menos aún para la poesía. Soy bastante vulgar al hacerlo: escribo siempre y cuando siento deseos. Avanzo con rapidez en la poesía y la disfruto más. La narrativa me exige mucho, necesita método. Si escribes una oración o dos, un párrafo o dos, una página o dos diarias, estaríamos hablando de matemáticas; no de calidad, mucho menos de literatura. Por eso creo que es algo idiosincrático. El oficio sin dudas se aprende y se perfecciona. Pero esto no funciona con la poesía. En la poesía el oficio es una pérdida de tiempo y una burla al lector. No solo hablo de la poesía libre; tampoco la poesía clásica, rimada, compleja y estructurada, se aprende por oficio en ninguna academia o talleres de Instagram.

¿Cuáles son las raíces que nutren la teatralidad y el valor performático de tus poemas?

La existencia: mi vida… la de todos. 

¿Hasta qué punto sientes que la poesía, o el lenguaje poético en concreto, transita de manera estructurada en tus textos narrativos?

Todo el tiempo. Soy de los que piensa que ningún género escrito está exento de poesía. Una vez dije que “La poesía era la Metafísica de la Palabra”, todavía lo creo, pero también pienso que es la gemación del pensamiento hecha con frases; conjunción lúdica entre pensamiento y lenguaje que en el subconsciente colectivo se hace a sí misma como un instinto.