Pensar la ciencia. Riesgos para un joven investigador y cómo manejarlos (VI)

Habilidades a desarrollar durante una investigación científica (Primera Parte)

Si has seguido las entradas anteriores de esta sección, habrás notado cómo insisto en que el recorrido por un programa de formación académica (sea de licenciatura, maestría o doctorado) es mucho, pero mucho más, que el acto de conformar un informe final o tesis. Ciertamente, este reporte escrito es el objeto concreto a evaluar por el tribunal y, sin dudas, su apropiada conformación debe ser tu prioridad. No obstante, debes tener en cuenta que este ejercicio no es otra cosa que un examen donde debes demostrar que has adquirido competencias que te permitirán operar luego en el ámbito científico. Es, por tanto, un punto de partida y no un punto de llegada.

Mi principal consejo (uno de los objetivos de estos posts) es que veas los años que pasas en tu programa como un periodo de inversión en ti mismo a largo plazo. Tu misión principal es desarrollar el más amplio rango de competencias posible. Debes tomar en consideración que un título no garantiza de ninguna forma la adquisición de un determinado trabajo. Más bien, es el requisito indispensable para aplicar al mismo. Si te fijas en la persistencia con que los Ministerios de Educación Superior de los distintos países presionan para elevar el nivel de sus claustros, entonces es fácil reconocer que hace falta mucho más que un título para obtener un puesto apetecible.

Además, una vez que te gradúes la naturaleza de tu trabajo cambiará radicalmente. Es decir, si antes de obtener tu doctorado te dedicabas a la docencia y, mayormente, a la investigación; una vez graduado se esperará de ti que performes con eficiencia en otras áreas como la dirección de proyectos científicos (donde tendrás que liderar equipos de investigadores), la tutoría de jóvenes, la política universitaria o la edición de revistas académicas. Cada una de estas tareas demanda un “saber hacer” que debes dominar de antemano. Por ese motivo, es crítico que orientes tus esfuerzos hacia la conformación de atributos y destrezas que te harán destacar con respecto a otros solicitantes.

Este es el primero de dos posts donde te ofrezco cuatro esferas de aptitud en las que debes invertir y crecer durante el período de obtención de un grado científico. Ellas son: (1) Conocimiento y habilidades intelectuales, (2) Eficacia personal, (3) Organización de la investigación y (4) Relaciones, influencia e impacto. Aquí analizaremos solo las dos primeras.

Gráfico propio creado a partir de la ilustración de Pablo Stanley (www.blush.design.com)

Es importante que ganes conciencia acerca de ellas, que reconozcas tus fortalezas y debilidades, para entonces identificar qué pasos darás para mejorar las habilidades que ya tienes y para para sobreponerte a tus flaquezas. No dejes las cosas al azar; toma tu futuro en tus manos.

Recuerda que las imágenes que acompañan el texto pertenecen a www.phdcomics.com.

Conocimiento y habilidades intelectuales

He aquí el núcleo del proceso formativo. El investigador, antes que todo, compendia datos existentes, reconoce vacíos y terrenos en disputa y aporta un nuevo conocimiento al mundo. Este primer cuadrante reconoce los requisitos de información, habilidades y creatividad necesarios para poder completar la tesis. Implica varias competencias insoslayables: analizar, sintetizar, pensamiento crítico, solución de problemas e imaginación relevante.

Suena complejo y abstracto, ya lo sé. Pero se pueden desmenuzar en adiestramientos específicos. Lo primero y más importante es el entendimiento de tu campo de estudios, es decir, debes ser capaz de responder con experticia estas tres preguntas:

  • ¿Cuáles son sus paradigmas (puntos de vista y autores relevantes)?
  • ¿Cuáles son sus principales métodos (cómo se colectan y procesan los datos)?
  • ¿Cuáles son sus avances trascendentes (discusiones más relevantes que suceden hoy)?

Mientras más entiendas de estos puntos más posibilidades tendrás de hacer un trabajo relevante. Domínalos.

Relacionado con lo anterior, debes estar capacitado para conducir búsquedas efectivas de información; o sea, necesitas saber localizar las principales fuentes, utilizar los softwares bibliográficos como EndNote (de pago) o Mendeley (gratuito), y demás facilidades de las tecnologías de hoy. Ten en cuenta que esto es un punto donde (en ocasiones) los jóvenes podríamos tener ventajas con respecto a investigadores de más edad. Aprovéchalas para encontrar nuevos nichos de datos poco explorados.

Finalmente, si has realizado lo descrito, te será fácil el reconocimiento de problemáticas de tu campo. Mantente abierto a nuevas fuentes de ideas y te encontrarás apto para la formulación de soluciones. Pronto podrás trabajar en desarrollo de conceptos teóricos. Con el dominio del trinomio paradigmas, métodos y avances, tienes el éxito a la vista en cualquier empresa en la que te embarques.

Eficacia personal

Lograr la maestría imprescindible de las habilidades intelectuales toma tiempo. No hay conjuro que las invoque de forma inmediata y solo la constancia y la planificación adecuada pueden hacerlas florecer. Claramente, la guía certera de un tutor es el mejor impulso que puedes recibir. Pero tu desarrollo no puede depender solo de ello. De ahí que alcanzar la autosuficiencia ha de ser un norte en tu ruta.

¡Ojo! No confundas autosuficiencia con arrogancia. La primera, implica la facultad de ejercer determinadas tareas con eficacia sin necesidad de orientaciones externas. Va de adentro hacia afuera. Tiene que ver contigo y tu dominio del mundo exterior. En cambio, la segunda desatiende la tarea y solo se concentra en la gente que te rodea. Va de afuera hacia adentro. No le interesa aquello que hay que hacer, sino la fanfarria hueca de pretender poder hacerlo sin ejecutarlo de veras.

Lamentablemente, la arrogancia es una cualidad demasiado común en el mundo académico. Estoy convencido de que ya conoces a muchos y eso indica que es un peligro real que afecta el ámbito donde te mueves. La vacuna radica en concentrarse en la tarea y descubrir satisfacción en su ejecución con desenvolvimiento. Te prometo que la realización de ejercicios complejos de tu campo con la soltura adecuada no pasará desapercibida por tus pares y superiores.

En otro sentido, debes trabajar en aprender los protocolos de relaciones interpersonales. ¿Qué es esto? Pues como ya hemos visto, en la vida académica los roles profesionales se hallan quirúrgicamente estratificados y es tarea tuya reconocer tales estamentos y comportarte siguiendo sus protocolos. Algunas consecuencias son obvias y no merecen mayor detenimiento. Por ejemplo, no debes dirigirte de igual manera a un compañero doctorando (tu par) que a tu tutor (tu superior).

Pero hay otras instancias un poco más difusas con las que te relacionarás y que debes reconocer. Ello implica aprender a escribir e-mails profesionales a editores de publicaciones, directivos de redes profesionales y organizadores de eventos. El registro en el que establezcas tu comunicación puede ser determinante a la hora de la aceptación o rechazo de tus propuestas. Nadie tolera a los “equivocados”. Has de perseguir la balanza precisa entre la humildad y el orgullo. Lamentablemente, la comunicación adecuada, precisa y respetuosa, es como todas las cosas verdaderamente valiosas de la vida: solo la notamos cuando nos falta.

Aquí te mando un consejo práctico. Para ensayar las formalidades académicas te recomiendo el canal de YouTube de Shady Attia, profesor de la Universidad de Liège, Bélgica, quien ofrece numerosos tips que allanarán tu camino. Además, te aconsejo consultar dos libros, el primero es de Danny Rubin, Wait, How Do I Write This Email? Game-Changing Templates for Networking and the Job Research (2016), que podrás descargar en este link (https://b-ok.lat/book/3680411/f9d521); el segundo es de Heike Hering, How to Write Technical Reports. Understandable Structure, Good Design, Convincing Presentation (2019, Berlín, Springer) que encontrarás aquí (https://b-ok.lat/book/3653174/b3bc4c).

Ambos ejemplares tienen la ventaja de ser utilizados fuera del espacio universitario también, por lo que sus enseñanzas te serán muy útiles. En otro post futuro te comentaré algunos textos que, en mi opinión, son esenciales para que tu día a día como investigador joven sea un poco más sencillo. Estate atento.

Por último, es importante que trabajes en la autogestión de tu carrera. Este punto se refiere a la alineación de tu actividad como científico (aquel que hace ciencia) con el resto de tus objetivos de vida. ¿Tienes claras tus aspiraciones profesionales? ¿Estas se complementan con tus anhelos personales? Recuerda que comenzamos dejando claro que alcanzar el título no debe nunca ser una meta. Por tanto, ¿Cuál es tu propósito? ¿Qué logro te haría verdaderamente feliz? ¿Estás dispuesto a hacer lo que se necesite para alcanzarlo?

Si lograr identificar tus dificultades mayúsculas, también podrás diseñar estrategias para solventarlas. No hay atajos en la carrera de un científico. Disecciona tus problemas y ponte metas pequeñas, así notarás avances y te mantendrás motivado. Puede ser el estudio exhaustivo de un determinado autor o la pericia exquisita de un método puntual. Da igual. Encontrarás en tu camino numerosas ocasiones donde evaluarás tu desarrollo. Así, podrás reconocer y espantar el olor mordiente de la desidia, el principal enemigo de todas las empresas significativas.

Ten claro en la mente tu destino último y no pierdas de vista a tus héroes. La autogestión, es el tercer pilar el trípode de la eficacia personal. Junto con la autosuficiencia y las relaciones personales, serán un empujón definitivo en tu carrera. Trabaja en ellas a conciencia.

…

Para trabajar en áreas de adiestramiento profesional, normalmente, las universidades cuentan con escuelas doctorales. Igualmente, los colectivos de desarrollo científico, tanto los programas de doctorado, de maestría o las carreras, diseñan seminarios con el fin de apoyar la formación de los jóvenes investigadores. Además, en una entrada anterior, te comenté que tu tutor te ayudaría a trabajar en estos bloques de destrezas.

Pero si nada de esto sucediera, si tuvieras la terrible mala suerte de embarcarte en una investigación dentro de una institución con un pobre manejo del potencial científico; o si tu tutor le diera tres pepinos lo que haces o dejas de hacer; siendo aprehensivo respecto a tus zonas de desarrollo podrás asociar tú mismo las acciones naturales del proceso de investigación con tu propio programa de adiestramiento profesional.

Por ello te recomiendo que, antes de acometer cualquier ejercicio (entrevista, lectura, experimento, búsqueda de archivo, observación participante, etc.), te preguntes ¿cómo me puede hacer crecer? ¿qué aspecto en específico puedo desarrollar y de qué manera podría medirlo? Las áreas que enumeramos más arriba son los cuadrantes de tu brújula. Oblígate a pensar en ellas hasta que la costumbre te indique de forma natural en cuál eres mejor y en cuál debes trabajar más. Cuida que tu camino las recorra todas en equilibrio, así evitarás perderte en el berenjenal de la vida del joven investigador. Invierte en ti mismo.


Jóvenes creadores debatirán sobre Fidel en el espacio Dialogar, dialogar (+Spot)

Jóvenes creadores de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), intelectuales y otras personas debatirán sobre Fidel Castro en el contexto actual, imaginarios y desafíos, como parte del espacio Dialogar, dialogar, que se realizará este 24 de noviembre, a las cuatro de la tarde, en el Salón de Mayo, del Pabellón Cuba, sede nacional de esa organización.

Conducido por el periodista y vicepresidente nacional de la AHS Yasel Toledo Garnache, el encuentro tendrá como invitados a la periodista Arleen Rodríguez Derivet, al intelectual Iroel Sánchez y al joven investigador Alejandro Gumá Ruiz, miembro de la sección de Crítica e investigación de la vanguardia creativa joven.

Según nota de prensa emitida por la AHS, el intercambio formará parte del homenaje en todo el país al Líder Histórico de la Revolución Cubana, hombre de pensamiento y cultura, que siempre impulsó la obra de los jóvenes creadores, en quienes confió para analizar y sugerir propuestas sobre aspectos esenciales de la nación, como se demuestra en el libro “Fidel y la AHS”, publicado por la Casa Editora Abril en 2018.

Cada año, la AHS efectúa varias acciones dedicadas a ese profundo humanista, que desapareció físicamente el 25 de noviembre de 2016, incluidas la Jornada 13 de agosto en Pinar del Río y el ascenso al Pico Real del Turquino, punto más alto del archipiélago, justamente el día de su cumpleaños.

Luís y Sergio Saíz Montes de Oca, los dos poetas que motivaron el nombre de la organización, eran miembros del movimiento revolucionario 26 de Julio y seguidores de las ideas y el ejemplo de Fidel. Fueron asesinados el 13 de agosto de 1957, a los 17 y 18 años de edad, cuando el líder guerrillero cumplía 31.

Creado en el 2013, el Dialogar, dialogar se mantiene como una plataforma para el intercambio sincero, valiente y responsable entre varias generaciones de cubanos, con líneas temáticas relacionadas con la cultura, la historia y la sociedad en general.

Este espacio constituye un homenaje permanente al sobresaliente intelectual Alfredo Guevara, fallecido en abril de 2013, quien fue eternamente joven por sus ideas y la capacidad para polemizar y soñar junto a las nuevas generaciones.

Las transcripciones del Dialogar, dialogar pueden leerse en dos libros, titulados Hacia una cultura del debate, en sus volúmenes uno y dos, los cuales fueron publicados también por la Casa Editora Abril.


Los placeres de la melancolía insular: lo cubano en la poesía de José María Heredia

  1. …su poesía resplandece, desmaya o angustia.
  2. José Martí

José María Heredia y Heredia (Santiago de Cuba, 1803-Toluca, México, 1839) fue un poeta de azares y dolores, de la trémula y feliz melancolía que antecede al despido y la partida: la añoranza que permanece como fe de vida. Pero también fue un poeta de libertades, del anhelo romántico e independentista de una Isla que definió como propia en la hondura de sus versos. Vivió anhelando la Patria pues su destino fue el destierro: el vagar y la mirada errante, pero siempre oblicua hacia la Isla. Con su poesía comienzan a cristalizarse en Cuba los elementos de la Nación y la identidad nacional, en las evocaciones al paisaje y la naturaleza insular, y en el despertar de la conciencia independentista del pueblo cubano. Fue, sobre todo, poeta de acertada cubanía que “le cantó, con majestad desconocida, a la mujer, al peligro y a las palmas”, escribió Martí[1].

Las primeras lumbres de cubanía en nuestras letras se evidencian en la representación de la naturaleza: desde los tiempos germinales de la poesía insular es la naturaleza y su representación la realidad inmediata que inspira al poeta. Pero su inmediatez física, en una isla casi paradisíaca como Cuba, no es igual a su inmediatez poética. El poeta no puede expresarla todavía sino a través de una concepción prestada y clásica, y a la vez artificial y abstracta, con cierto aire virgiliano y horaciano evidente del neoclasicismo, y muchas veces con reminiscencias barrocas de Góngora, Quevedo y Calderón de la Barca.

A esa representación de la naturaleza –sobre todo mediante la descripción del paisaje como evidencia de las primeras muestras de “lo cubano” en nuestra lírica– se encamina la poesía insular desde Espejo de Paciencia (Silvestre de Balboa Troya y Quesada, 1608) como primer monumento del corpus literario cubano, hasta entrado el siglo XIX. Inicialmente fue la piña –fruta primero barroca y luego neoclásica– el símbolo paradisíaco y vistoso de nuestra primera poesía y a la vez de Cuba, muestra de la voluptuosidad ante los ojos europeos de las bondades tropicales de la isla. La conocida oda “A la piña”, de Manuel de Zequeira y Arango (1764–1846) o “Silva cubana” (“Las frutas de Cuba”) de Manuel Justo de Rubalcaba (1769–1805) son claros ejemplos de una serie de poemas bucólicos con cierto toque rococó de “poesía de jardín” en cuya sucesión descubrimos el acercamiento cada vez más real e íntimo a nuestra flora y fauna, lo que llamaría Cintio Vitier “la silva descriptiva”[2] de nuestra génesis poética, literatura que “considerada seriamente comienza con Heredia”[3].

Con José María Heredia la palma desplaza a la piña como símbolo de cubanía: si antes Balboa pone en manos de divinidades griegas y latinas los frutos indígenas, y Zequeira describe una especie de apoteosis mitológica de la piña (erigiendo a la fruta barroca como símbolo tropical), en Heredia la palma es escala de luz, orgullo nacional, trono libre y redentor, enseña virginal, símbolo de martirio y dolor de la Patria… Habíamos pasado del cesto barroco y mitológico –como las cornucopias griegas– al penacho romántico de la palma, el árbol que recibe el primero y el último rayo de luz, a la representación ideal y erguida de la Isla como compendio de dolor y libertad, de la conciencia independentista que se iba tornando en la intelectualidad burguesa insular.

Heredia supera lo que Vitier llama “el marco bucólico y la visión arcádica” del neoclasicismo insular[4]. Su poesía proporciona, desde las primeras obras apreciables en su temprana juventud, la interiorización de la naturaleza, su expresión cada vez más desnuda y real en la comprensión de lo cubano como elemento identitario. En los versos de “En el Teocalli de Cholula”, uno de sus poemas más conocidos y modelo elocuente de su procedimiento descriptivo, escrito, además, en plena adolescencia, Heredia muestra una naturaleza espiritualizada que sutilmente se identifica con un paisaje del alma humana. Escribe Max Henríquez Ureña en su Panorama histórico de la literatura cubana: “El poeta descriptivo suplantó bien pronto al poeta de amor. Encarcelaba en pocas palabras la complejidad de un vasto paisaje. Jamás descendía al detalle secundario ni a la enumeración fatigosa: su visión era siempre sintética y, por lo mismo intensa”[5].

Según Ángel Augier: “El impulso afectivo fue asociándose a los elementos físicos del país, y éstos a su vez lo acercaron lenta y sutilmente a los espirituales”[6]. Este es un rasgo característico de su poesía: el paisaje como unidad estética y sentimental creada por el alma, el paso de la naturaleza al paisaje propiamente dicho, no en el sentido pictórico o representativo, sino como estado de ánimo. Para Cintio Vitier, esa espiritualización de la naturaleza que sería característica en su obra, muestra en Heredia dos planos, que en ocasiones se funden en uno solo: el amoroso y el patriótico[7]. Es característico del romanticismo la interpenetración de sentimiento y naturaleza, a tal punto que los espectáculos naturales resultan misterios asumidos por el mundo de las pasiones; entonces el romántico ve en la naturaleza un espejo de su alma (nótese en la obra de Heredia el conocido poema “Niágara”, y en la poesía del inglés Lord Byron, “Las peregrinaciones de Childe Harold”).

Vemos en esa “espiritualización de la naturaleza” de la que hablaba Vitier, una visión cubanísima de la mujer, que se evidencia tanto en la lírica amatoria de Heredia, como en sus poemas patrióticos. Los dúos palma-mujer y palma-patria aparecen, aunque separados, como elementos característicos de cubanía en la obra de Heredia. Parejas poéticas que en José Martí luego se fundirán en un solo concepto: “…las palmas son novias que esperan; y hemos de poner la justicia tan alto como las palmas”[8]. En la obra de Heredia vemos la relación palma-mujer plasmada en los siguientes versos de 1821: El alma mía/ se abrazó a tu mirar: entre la pompa/ te contemplé del estruendoso baile/ altiva y majestuosa descollando/ entre hermosura/ cual palma gallardísima y erguida/ de la enlazada selva en la espesura…[9]

Otro ejemplo de naturaleza cubana íntimamente espiritualizada –“el sentimiento del paisaje”, según Max H. Ureña[10]–, a la vez húmeda y trémula como la voz misma del poeta, muestra la adjetivación (“el pomposo naranjo, el mango erguido”) que después del propio Heredia será común y hasta cierto punto reiterativa, con sus luces y sombras en mayor o menor grado, en la poesía decimonónica cubana: Morada fría/ de grato horror y oscuridad sombría, / a ti me acojo, y en tu amigo seno/ mi tierno corazón sentiré lleno/ de agradable y feliz melancolía[11].

El “grato horror” de la noche herediana bajo el asilo de la espesura, ofrece un lugar de ocultamiento al nostálgico desamparo del desterrado, la agradable melancolía que marca toda la existencia del poeta, como posteriormente se evidencia en la obra de Zenea y Casal. De los arrebatos de pasión se liberaba Heredia solo para entregarse a la melancolía o al desencanto. La ardiente y sensual nostalgia viene a ser otra contraparte poética de su obra lírica: la deliciosa, necesaria, ardorosa y “feliz melancolía” herediana –entre la conmoción de los elementos naturales y la paz de las soledades– que se evidencia en su poesía: Desde la infancia venturosa mía/ era mi amor. / Aislado, pensativo/ gustábame vagar en la ribera/ del ancho mar[12].

El destierro, la emigración con el frío del norte –que padecerían otros poetas, incluido el propio Martí–, la imagen de Cuba como paraíso perdido, se verán retratados en estos versos de “Placeres de la melancolía”. Aquí la nostalgia de una tierra dulce y paradisiaca, propia del romanticismo, parece condensarse en un solo verso, islas de paz y gloria semejaban, y todo el frío implacable del destierro, en una sola imagen sensitiva, y bajo el agudo filo/ del hielo afinador centella el cielo[13].

Otro “enfrentamiento” de la poesía de Heredia con los desbordes de la naturaleza insular lo encontramos en el poema “En una tempestad”. El poeta no se queda impávido frente al paso del huracán: admira su potencia, lo saluda en versos de profunda y profusa mirada descriptiva, que se torna además de ribetes de inspiración sagrada; es cuando su voz, hermanada al estruendo del huracán, se llena de armonía: Huracán, huracán, venir te siento, / y en tu soplo abrasador/ respiro entusiasmado/ del Señor de los aires el aliento[14].

La palma, que ya la hemos visto convertida en mujer, aparece en su obra como símbolo de la patria, como ejemplifica un pasaje de la oda “Niágara”. Ante la vertiente estadounidense de las famosas cataratas del Niágara, el joven bardo desterrado escribe su poema más conocido, inspirado en la famosa narración del poeta romántico francés François–René de Chateaubriand, y plasma así “una de sus dos o tres obras maestras, y seguramente uno de los poemas más bellos en lengua castellana”[15]: Mas ¿qué en ti busca mi anhelante vista/ con inútil afán? ¿Por qué no miro/ alrededor de tu caverna inmensa/ las palmas, ¡ay! las palmas deliciosas/ que en las llanuras de mi ardiente patria/ nacen del sol a la sonrisa, y crecen/ y al soplo de la brisa del Océano/ bajo un cielo purísimo se mecen?[16]

A propósito, escribe Cintio Vitier sobre la impronta del poema en generaciones de revolucionarios exilados: “Señala este verso (“las palmas, ¡ay! las palmas deliciosas”) momento en nuestra historia y en nuestra sensibilidad, que estará vigente hasta los días de Martí. Para generaciones de emigrados y desterrados –la flor del país–, Cuba será eso: “las palmas, ¡ay! las palmas deliciosas”. Pero esta delicia, que en la visión de Heredia eran los “placeres de la melancolía”, se irá saturando cada vez más de dolor y cambiando la nostalgia por una frenética esperanza”[17].

Frente al Niágara, le basta a Heredia con reflejar su propia agitación interior para traducir la terrible tempestad de la catarata. Dentro, el poeta desfallecía. “Pero, aseguraría luego Jorge Mañach, es una inspiración de mayor sustancia la que allí le aguarda; una emoción de grandeza desatada, la percepción del poder divino y la sugerencia de la marcha ciega y fatal del destino humano hacia el abismo de dolor”[18].

Si bien se evidencian en Heredia las parejas palma-mujer y palma-patria como compendio y símbolo de cubanía, a la par de la descripción del paisaje cubano como espejo del alma del poeta, es la dimisión patriótica de su obra otro rasgo característico y por el que ha sido recordada su figura lírica. Partamos de un punto necesario para comprender esta faceta de la amplia obra herediana: Heredia inicia lo que llamaremos “iluminación poética de Cuba” desde el destierro, luego de ser acusado de participar en la conspiración Soles y Rayos de Bolívar, en 1823; así inaugura una larga tradición de creadores e “inspiraciones” del exilio y la diáspora. Sin la mirada melancólica del exilio político no habría exaltación poética ni añoranza hacia la tierra natal, y por tanto tampoco deseos independentistas. Esto marca, como estigma, la obra del poeta santiaguero, a quien Martí llamó el primer poeta de América.

En las cataratas del Niágara una placa de bronce, con el rostro del poeta y varias estrofas de su conocida oda, recuerdan la visita que el 15 de julio de 1824 hiciera a ese sitio el primer gran poeta de Cuba y América Latina.

Pero en el joven Heredia, la vocación patriótica no surge de manera espontánea; es, más bien, una especie de evolución que termina siendo cristalización patriótica y revolucionaria en su poesía. “Recién llegado a México –escribe Ángel Augier en su ensayo La poesía de José María Heredia– el concepto de “patria” para José María era el mismo sustentado por su padre: atribuido a España en el sentido maternal emanado de un mal entendido derecho histórico. Así como el magistrado [un español liberal de América que había escrito Memoria de las revoluciones de Venezuela] desde su posición jurídica, propugnaba la avenencia de los patriotas latinoamericanos a un régimen español de garantías constitucionales, que en la misma España era fugaz e ilusorio, su hijo poeta entonaba loas a jefes militares colonialistas –como Barradas y Apodaca– por su aparente política persuasiva frente a los soldados de la independencia, o a Fernando VII por el transitorio restablecimiento de la Constitución de 1812”[19]. Ejemplifican esto los poemas “España libre” y el “Himno patriótico al restablecimiento de la Constitución”, pero no era su voz la de un separatista, sino la de un defensor de la libertad. Incluso ya había escrito, a raíz del tratado sobre la abolición del comercio de esclavos que impuso Inglaterra a España, su “Canción hecha con motivo de la abolición del comercio de negros” (o “En la abolición del comercio de negros”), donde su espíritu clama justicia, no sin cierto agradecimiento bisoño al gobierno español por acordar la abolición.

Durante su primera estancia en México, donde acompaña a su padre (la familia de Heredia fue tan trashumante como el propio bardo, moviéndose entre Santo Domingo, Cuba, Venezuela, México…) con solo dieciséis años y sin aparente motivación política, escribe al compatriota que regresa a Cuba: ¡Feliz Alpino, el que jamás conoce/ otro cielo ni sol que el de su patria! (…) ¡Oh! ¡Cómo palpitante saludara/ las dulces costas de la patria mía/ al ver pintada su distante sombra/ en el tranquilo mar del mediodía! (…) Hermoso cielo de mi hermosa patria, ¿no tornaré yo a verte?[20]

En esta primera etapa mexicana surge en Heredia el sentimiento de libertad como suprema aspiración del hombre; su poesía comienza a ser muestra de ello. Así comienza a fraguar la conformación de su identidad nacional, aquello que lo aleja un poco de su padre y lo acerca a la isla doliente y querida: Cuba como tierra de su nacimiento y estímulo para moldear su emoción patriótica. En la ausencia, el recuerdo se enlazaba dulcemente (“la dulce melancolía”) a la naturaleza insular, el sol tropical y las noches criollas, testigos de sus días de felicidad, esa que creyó encontrar en Cuba, la nostalgia al suelo nativo que bojea en su alma la idea y el sentir de la patria.

Heredia se integró así a un magno fenómeno de cristalización de la espiritualidad, en el preciso instante en que los sucesos ocurridos en la metrópolis, sus colonias americanas y en la propia Cuba, estremecían los andamios del sistema español. Era el momento en que en la Isla, a la sombra del movimiento constitucional, que hizo proliferar, en la Cuba, la imprenta y las publicaciones seriadas, se debatían las cada vez más hondas contradicciones ideológicas y de intereses entre criollos y peninsulares. Mientras los integristas polemizaban con los reformistas, y los constitucionalistas con los absolutistas, en la sociedad criolla las ideas de independencia proliferaban al estímulo de la gesta bolivariana. Para entonces en Heredia, la patria ya no era España, sino Cuba.

Escribiría entonces, luego de enrolarse en Matanzas en la logia Caballeros Racionales, una de las ramas del movimiento Soles y Rayos de Bolívar, el poema “A la insurrección de Grecia en 1820”, donde vislumbra un futuro de libertad para su patria en el ejemplo de lucha del pueblo griego: Por el alma libertad: miro a mi patria/ a la risueña Cuba, que en la frente/ eleva al mar de palmas coronada/ por los mares de América tendiendo/ su gloria y su poder…[21]

En octubre de 1823, al saber que la conspiración había sido descubierta, escribió en Matanzas el poema “La estrella de Cuba”, que inauguró la poesía cubana revolucionaria. Escribe así Heredia uno de sus versos más conocidos: Nos combate feroz tiranía/ con aleve traición conjugada/ y la estrella de Cuba eclipsada/ para un siglo de horror queda ya. / Que si un pueblo de dura cadena/ no se atreve a romper con sus manos/ bien le es fácil mudar de tiranos/ pero nunca ser libre podrá[22].

Indignado el poeta, fulmina con sus limpios versos al tirano opresor, pero la estrella que despunta en este poema quedó fija desde entonces como uno de los símbolos de anhelo de libertad del pueblo cubano, al punto de aparecer en el triángulo rojo de la bandera nacional, como se refleja también en el escudo otro de los símbolos heredianos: la palma. Además ya Heredia formula una decisión que sería escrita con sangre en nuestras contiendas independentistas y se refleja en el Himno Nacional, “morir por la patria es vivir”.

Tiempo después, desterrado y en viaje de Estados Unidos a México –al cual le cantó en muchas ocasiones y hasta intentó crear para la nación azteca un Himno Nacional– vuelve a divisar en el mar la isla lejana que se repite como un quejo, como un largo acorde doloroso. Heredia divisa las alturas del Pan de Matanzas, al que también le cantaría Plácido, y en donde esperan la madre, los amigos, la novia; escribe entonces el famoso “Himno del desterrado” (1825). Pero esta isla no es la misma de otros poemas: es una isla doblemente lejana, isla imposible, a la que solo podrá volver por poco tiempo, enfermo y desilusionado; acogiéndose a una amnistía vigente y bajando la cabeza ante el Capitán General Miguel Tacón.

Quizá sea Martí quien mejor defina los días del regreso de Heredia a Cuba: “Y al ver Heredia criminal a la libertad, y ambiciosa como la tiranía, se cubrió el rostro con la capa de tempestad, y comenzó a morir. (…) Si para vivir era preciso aceptar con la sonrisa mansa la complicidad con los lisonjeros, con los hipócritas, con los malignos, con los vanos, él no quería sonreír ni vivir. (…) transparente ya la mano noble y pequeña, con la última luz en los ojos, el poeta que había tenido valor para todo, menos morir sin volver a ver a su madre y a sus palmas”[23].

En el “Himno del desterrado” escribe Heredia uno de sus poemas de más trágica hondura: ¡Tierra! claman: ansiosos miramos/ al confín del sereno horizonte…/ Es el Pan… En su falda respiran/ el amigo más fino y constante/ mis amigas preciosas, mi amante…/ ¡Qué tesoros de amor tengo allí! Y más lejos, mis dulces hermanas/ y mi madre, mi madre adorada/ de silencio y dolores cercada/ se consume gimiendo por mí. Cuba, Cuba, que vida me diste, dulce tierra de luz y hermosura, ¡cuánto sueño de luz ventura/ tengo unido a tu suelo feliz![24]

El poeta trasluce la ansiedad, los límites de la insularidad (esa poderosa palabra que nos turba y vendría a ser tema socorrido en la siguiente poesía cubana), el mundo que ha dejado atrás y que anhela reencontrar… La nostalgia del suelo nativo, originada por la novia y la familia, bosqueja en su espíritu la idea y la intuición de la patria, a la que ansía retornar. El poema es, a la vez, claro ejemplo del patriotismo herediano, de su anticolonialismo: la cocción de la palabra patria y las ideas independentistas del bardo, de un sedimento de país y Nación: ¡Cuba! Al fin te verás libre y pura/ como el aire de luz que respiras/ cual las ondas hirvientes que miras/ de tus playas la arena besar/ Aunque viles traidores te sirvan/ del tirano es inútil la saña/ que no en vano entre Cuba y España/ tiende inmenso sus olas el mar[25].

En su poesía Heredia refleja, en medio de la belleza edénica de la isla, único ámbito en que circunscribía nuestra poesía antes de Heredia, los problemas de la conciencia, los ideales, la indignación… Al deslumbramiento de la naturaleza se antepone la vigilia, la preocupación por el destino del país, el sentimiento cada vez más agudo, camino al odio y la ira del espíritu contra el opresor, la responsabilidad por la patria y su destino… Heredia, además de los elementos cubanos que define e interioriza, es el primero de nuestros poetas que le infunde aliento espiritual al paisaje cubano, y el primero también que valora la isla en función de la distancia, de la lejanía del exilio en que vivió el poeta: atmósfera propia del mito de la isla que jugará siempre un papel decisivo en nuestra sensibilidad. Sin dudas, la primera iluminación lírica de Cuba, se verifica y viene a dar sus luces desde el exilio. Pero es con Heredia que la isla añorada se convierte en patria: no solamente en tierra natal, sino en patria que ilumina, brilla y refleja distante, lejana en el mapa, quizá hasta inalcanzable, pero Patria… Para Cintio Vitier: “Con Heredia la isla se vuelve, no solo distante, sino también lejana, porque ha entrado en su intimidad, en su deseo, en el anhelo de su alma. Cuba empieza a ser esperanza a la vez que nostalgia; cielo futuro, que no se gozará nunca, a la vez que paraíso perdido”[26].

Heredia fue un poeta desigual. Quizá por eso Max Henríquez Ureña lamente que en la poesía civil de Heredia predomine la tónica prosaica y declamatoria. Sin embargo, para Martí, “el lenguaje de Heredia es otra de sus grandezas, a pesar de esos defectos que no han de excusársele, a no ser porque estaban consentidos en su tiempo, y aún se tenían por gala: porque la poesía, que es arte, no vale disculparla con que es patriótica o filosófica, sino que ha de resistir como el bronce y vibrar como la porcelana”[27].

La cambiante situación política de México lo desilusionó. El poeta civil había enmudecido. La fe que aprendió de niño, y un triste anhelo a Cuba, le inspiraron sus Últimos versos. Murió en la ciudad de México, el 12 de mayo de 1839. Sus restos terminaron luego en una tumba común. Tenía 35 años.

En las cataratas del Niágara una placa de bronce, con el rostro del poeta y varias estrofas de su conocida oda, recuerdan la visita que el 15 de julio de 1824 hiciera a ese sitio el primer gran poeta de Cuba y América Latina.

Mientras, Heredia sigue escuchando, en los placeres de la melancolía insular, el precipitar de ese inmenso “trueno de agua” que es el Niágara. Tratando de ver, entre los torrentes, una palma cubana erguirse a las alturas.

Notas:

[1] “Heredia” (1889): Discurso pronunciado en Hardman Hall, Nueva York, el 30 de noviembre de 1889, en José Martí, Obras Completas, Volumen V, 1976. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, Instituto Cubano del Libro (ICL).

[2] Cintio Vitier (1970): Lo cubano en la poesía. La Habana: Ed. Letras Cubanas, Instituto del Libro, p. 43.

[3] Roberto Méndez Martínez (2008): En la paz de estos desiertos. Pinar del Río Ediciones Almargen, Ed. Cauce, p. 18.

[4] Cintio Vitier, ídem, p. 44.

[5] Max Henríquez Ureña (2006): Panorama histórico de la literatura cubana, Tomo 1, La Habana: Editorial Félix Varela, 2006, p. 131.

[6] Ángel Augier (2003): “La poesía de José María Heredia”, en Obra poética, José María Heredia, La Habana: Ed. Letras Cubanas, p. 10.

[7] Cintio Vitier, ídem, p. 75.

[8] Discurso en el Liceo cubano de Tampa, 26 de noviembre de 1891. Estudiado por Vitier, ídem, p. 76.

[9] “A…, En el baile”. José María Heredia (2003). Obra poética. Compilación y prólogo de Ángel Augier. La Habana: Ed. Letras Cubanas, p. 23. (Todas las citas de la obra de Heredia pertenecen a esta edición).

[10] Max Henríquez Ureña, ídem.

[11] “El desamor”, Heredia, p. 35.

[12] “Placeres de la melancolía”, Heredia, p. 190. Heredia inaugura, además, la poesía al/del mar. Véase su canto “Al océano”, que, dado la misma vida trashumante y hasta cierto punto errante del poeta, es elemento habitual de su lira.

[13] Ídem.

[14] Heredia, ídem, p. 223.

[15] Jorge Mañach, citado en Leonardo Padura (2012): “El Niágara y Heredia”, en Un hombre en una isla, Crónicas, ensayos y obsesiones: Santa Clara Ediciones, Sed de belleza, p. 275.

[16] Heredia, ídem, p. 236.

[17] Cintio Vitier, ídem, p. 84.

[18] Citado en Padura, ídem, p. 274.

[19] Ángel Augier, ídem, p. 11.

[20] “A Alpino”, Heredia, ídem, p. 10.

[21] ídem, p. 83.

[22] Ídem, p. 100.

[23] José Martí (1976): Obras Completas. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, Instituto Cubano del Libro (ICL), p. 174-175.

[24] Heredia, ídem, p. 114.

[25] Ídem, p. 117.

[26] Cintio Vitier, ídem, p. 88.

[27] José Martí: Obras completas, ídem, p. 137.


Pensar la ciencia. Riesgos para un joven investigador y cómo manejarlos (V)

¿Cómo mantener una relación saludable con tu tutor?*

En este post continuamos explorando las relaciones que se establecen entre el investigador joven y el tutor. Compartimos consejos y experiencias que te ayudarán a maximizar las enseñanzas que trae consigo el trabajo con profesionales de más calibre. Como hemos visto, la función del tutor es introducirte en el círculo de académicos que sostienen la “conversación” de la ciencia en un determinado campo. Para ello, te asiste en el diseño de una estrategia formativa a corto y mediano plazo orientada al desarrollo de capacidades. ¿Qué capacidades? Pues, cualidades imprescindibles para ejercicio profesional divididas en cuatro áreas fundamentales: habilidades intelectuales, eficacia personal, organización de la investigación y, finalmente, relaciones e influencia. En próximos posts entraremos un poco más en cada una de estos sets de destrezas. Así que, ¡estate atento al Portal del Arte Joven Cubano!

Ya sé lo que piensas. No recuerdas que tutor te haya mencionado nada de esta estructura. Solo rememoras tareas, libros recomendados y revisiones sumamente críticas de tus epígrafes. O peor, poca atención, ningún seguimiento y revisiones superfluas y demoradas. Si te ves en alguno de estos extremos es por dos motivos: por un lado, tu tutor nunca te explicó tu programa de entrenamiento y, por tanto, avanzabas a ciegas; o él mismo nunca diseñó tu desarrollo y, en consecuencia, viajabas dando tumbos. Evidentemente, ninguna de las dos opciones es buena para ti.

Entonces, ¿qué es una relación saludable entre tutor-investigador joven? Pues es una mancuerna donde cada una de las partes tiene una clara conciencia acerca de su papel y, con una filosofía colaborativa, se asisten mutuamente para el logro de objetivos comunes. Como ves, la relación con tu supervisor es tan importante que no puede ser dejada al azar. Debe ser gestionada y requiere un acercamiento estratégico. En este post te doy cuatro claves para ayudarte construir un vínculo con tu supervisor de tesis que te sirva para potenciar tu crecimiento.

Recuerda que las imágenes del post, y otras muchísimas, las encontrarás en www.phdcomics.com.

Sé consciente de las expectativas que se tienen de ti

Cuando uno ingresa a un programa doctoral, también se asocia a proyectos de investigación. Estos proyectos tienen salidas concretas, plazos que cumplir y un sinfín de parámetros que miden su rendimiento. A menudo, vemos estas estructuras como algo que no tiene que ver con uno. “De eso se encargan los doctores”, decimos; porque, en efecto, se trata de sistemas de organización de la ciencia que superan con creces nuestro alcance.

No obstante, debes tener claro que, al incorporarte a estos proyectos, te conviertes en un engranaje vital de su articulación. Las tesis doctorales son uno de los indicadores más relevantes de cualquier orden académico. Por tanto, si bien al comienzo puede que te sientas alienado, en la medida que pasen los años sentirás como todos los investigadores que en un comienzo apenas reparaban en ti, de repente van a estar pendientes de tus avances, retrocesos y estancamientos.

Tu tutor es el primer interesado en tus progresos, ya que, probablemente, investigues algo que se alinea a sus intereses. Por eso, mi primer consejo es que debes tener claro cuáles son las expectativas que se tienen de ti. Solo entonces podrás traducir esas esperanzas en entregables concretos (experimentos, entrevistas, artículos publicados, eventos, softwares, archivos, lo que sea que estés construyendo), te permitirá establecer prioridades y garantizarás un adecuado nivel de satisfacción en tu entorno.

Sé diligente

Un elemento central de toda la actividad científica es el tiempo. Cuando uno piensa en la investigación, vienen a la mente resultados, títulos, conocimiento, relaciones, prácticas específicas, etc. Todas estas cosas se realizan a contrarreloj. Los plazos son condicionantes de toda la acción académica y siempre es menos del necesario para alcanzar un resultado óptimo. Por ese motivo, tu tutor te orientará ejercicios asociados a tiempos concretos. ¡Cumple tus fechas!

Este es, quizás, el indicador que más le importará a tu supervisor. Una vez que elaboraste tu programa de trabajo y tu tutor lo aprobó, ajústate a él. Sé preciso y cumple con las tareas en las fechas previstas. Ten en cuenta que (no importa cuánto trabajo tengas que hacer) tu tutor siempre tiene más cosas que atender que tú y que él invierte su energía en formarte a ti. Cumplir los plazos asegura que él no sienta que está perdiendo su tiempo contigo.

Para ser diligente debes ocuparte de dos cosas. Una: tu plan de trabajo debe ser lo más específico posible, tanto en tareas como en la duración necesaria para cumplimentarlas. Esto es algo que se hace al comienzo de la investigación y que irás adaptando a medida que avances. Traza tareas pequeñas, puntuales, sé realista en su descripción y términos. Imprímelo y tenlo al alcance de la mano.

Dos: siempre que te reúnas con tu tutor, asegúrate de enviarle varios días antes del encuentro, un informe del trabajo realizado. Es decir, si tu tarea era realizar una serie de lecturas, por ejemplo, elabora entonces un documento donde resumas los puntos de vista de los autores revisados. Así, la reunión estará claramente orientada a discutir la calidad de lo que has hecho y tu tutor se concentrará en corregir tus deficiencias y potenciar tus virtudes. Además, dado que la tesis no es más que un reporte de investigación, las notas para tus reuniones te sirven de material base para la redacción de ese mismo informe final. Doble ganancia.  

Sé proactivo

A nadie le gusta que lo molesten cada cinco minutos con preguntas acerca de qué hacer. A tu tutor, menos. Lograr la independencia como investigador debe ser un objetivo personal para ti. Eso no significa que no busques ayuda cuando tengas inconvenientes. Todo lo contrario, ser proactivo significa que eres capaz de reconocer tus problemas, tomar las decisiones adecuadas para superarlos y emprender el camino hacia su solución. Debes construir una red de colaboración que acuda a tu servicio si lo necesitas. 

Te recomiendo dos técnicas. La primera, la tomo del diseñador Ben Burns, quien dice que: «si lo que quieres saber lo puedes “googlear”, no preguntes». El acceso a la información que se tiene hoy triplica el conocimiento acumulado por la humanidad en siglos. Úsalo, explora, halla alternativas. En Internet, no solo encontrarás un millón de tutoriales y conferencias; sino que, participando en los foros existentes, podrás intercambiar con otros jóvenes que posiblemente ya se hallan enfrentado a tu mismo problema.

La segunda táctica es construir lazos con otros investigadores de tu grupo doctoral (o de maestría o licenciatura, da igual). Tus colegas serán tus principales aliados a lo largo de los años que dura el proceso de obtención de un título académico. Con ellos, no solo pasarás muchísimo tiempo, sino que compartirás problemáticas similares, algunas relacionadas con la ciencia, pero otras muchas que tienen que ver con la vida misma. En mi caso, siempre digo que lo más valioso que gané con el doctorado fue una red de amigos extraordinarios de muchas partes del mundo, gente que no dudó en ayudarme cuando lo necesité y con los que, aun hoy, continúo colaborando. 

Con la puesta en acción de estas mañas, no tendrás que recurrir a tu tutor cada dos por tres. Ser proactivo asegurará que, cuando preguntes, te prestará toda su atención porque sabe que es algo que no puedes resolver por ti mismo. De igual forma, ser independiente y hábil hará que tu tutor te tenga en alta estima.

Sé formal

He aquí un punto crítico. Debes acostumbrarte a establecer vínculos de acuerdo con las convenciones del ámbito académico. Tu supervisor no es tu familia, no es tu amigo… al menos inicialmente. La aspiración última es que, una vez que culmines el proceso de investigación, sean colegas. ¿Por qué es difícil verlo así? Pues porque la correlación entre mentor y discípulo reproduce un sistema de que ya has visto en la estructura familiar. Muchas veces el tutor es asumido como una figura paternal. Esto es un grave peligro que puede llevar a insatisfacciones profundas.

La formalidad implica un trato de respeto. A lo largo del proceso de investigación, la red de contactos de tu tutor será parcialmente transferida a ti. Esto es una ganancia extraordinaria, pues hará que entres en contacto con especialistas que solo has conocido en libros. Asume cada encuentro gestionado a través de tu tutor como si fuera una entrevista de trabajo. Ya sea haciendo entrevistas, participando en algún seminario o conferencia, o simplemente en el pasillo de la universidad, estos académicos (que no te conocen) te asocian inmediatamente a la figura de tu supervisor. Conducirte siguiendo las normas adecuadas garantiza además que tu tutor no dudará en recomendarte a otros colegas.

…

La investigación científica es un ejercicio muy difícil. Requiere un largo proceso de acumulación de conocimientos y habilidades. Tu tutor provee una ayuda invaluable en el cultivo y control de esta evolución. Las cuatro pautas mencionadas arriba deben ser principios rectores de tu comportamiento en el espacio académico, porque harán que los obstáculos y dificultades que surjan se concentren en ámbitos identificables e incidirás en que tu tutor tenga siempre la mejor disposición para asistirte a superarlos. Cimenta tu futuro, haz tu parte.

 

 

*El autor es profesor del Dpto. Historia del Arte, Universidad de Oriente

carloslloga88@gmail.com


Nuevos tiempos, viejas lógicas

La victoria de Joe Biden en las recientes elecciones de Estados Unidos tiene múltiples implicaciones para la política interna y externa de la nación norteamericana. Uno de los temas donde se espera un cambio de política es en el caso de Cuba, donde muchos consideran que Biden puede dar continuidad a las políticas iniciadas cuando era vicepresidente de Barack Obama.

El posible retorno a una política de relativo deshielo en las relaciones Cuba-Estados Unidos ha llevado a la maquinaria ideológica que adversa el proyecto de la Revolución cubana a retomar una narrativa que ya se aplicó extensamente durante el acercamiento de la última etapa de Obama.

El sentido fundamental de esta narrativa es la de presentar las relaciones entre ambos países como relaciones simétricas, donde ambos deben hacer concesiones para lograr un pleno entendimiento. Así, mientras se espera del gobierno norteamericano un levantamiento o, al menos una flexibilización del bloqueo, se le exige al gobierno cubano una agresiva reforma económica que acerque las dinámicas de la economía interna a las dinámicas de cualquier economía de mercado. Para este fin, se defiende un proceso de privatización que ponga las principales empresas y recursos del país, hoy propiedad del estado, en manos del sector privado y se cuestiona y torpedea la existencia de una economía planificada.

Solo llevando adelante de forma decidida estas reformas, afirman toda una pléyade de analistas, el estado cubano podrá demostrar la buena voluntad indispensable para avanzar en la normalización de las relaciones con Estados Unidos.

Convendría detenernos con más detenimiento en estos supuestos.

En primer lugar se afirma el equilibrio entre ambas partes en la mesa de negociaciones. Este planteamiento desconoce, o pretende desconocer, la profunda asimetría sobre la cual se sustenta lo que los historiadores han dado en llamar “diferendo Cuba-Estados Unidos”.

Dando un vistazo rápido a la historia de las relaciones comunes, Cuba ha sido siempre la parte vulnerada y vulnerable. Desde su inclusión como una apetencia temprana del joven estado norteamericano a principios del siglos XIX, los Estados Unidos no han hecho otra cosa que torpedear por diversas vías el acceso de los cubanos a la plena independencia y soberanía nacional.

Desde las gestiones iniciales por impedir que la entonces colonia española cayera en manos de otra potencia mejor pertrechada para defenderla que la desgastada metrópoli, pasando por las diversas acciones para boicotear el esfuerzo de los independentistas cubanos, hasta su intervención bajo pretexto en la Guerra del 95, cuyo resultado final sería la ocupación militar de Cuba y la exclusión de los patriotas cubanos del Tratado de París.

La república que nació en el siglo XX era una república condicionada por la Enmienda Platt, penetrada y endeudada por el capital norteamericano y con presencia militar permanente, en virtud del Tratado de Bases Navales y Carboneras ratificado en 1903 por Tomás Estrada Palma. Como resultado de este convenio, todavía hoy Estados Unidos mantiene una base naval en territorio cubano, un síntoma más de asimetría.

La Revolución cubana de 1959 afectó sin dudas al capital norteamericano y sus intereses en la isla, a la cual veían como una dependencia privada. La escalada de tensiones posterior llevó a que Kennedy estableciera en febrero de 1962 el cerco comercial, económico y financiero contra Cuba, que será luego convertido en ley en 1992 y 1995. Esta serie de medidas tienen un carácter esencialmente unilateral y han tenido en la administración de Donald Trump una escalada exponencial.

No hay, atendiendo solamente a lo aquí apuntado, simetría posible entre una potencia y una isla asediada que resiste. Aceptar esta lógica sería montarnos en un tren que nos lleva a ceder posiciones y recibir a cambio lo que no es más que el derecho de cualquier pueblo independiente: el respeto de su soberanía.

Otro de los supuestos, que es casi uno de los mitos fundamentales del modelo económico neoliberal que se viene imponiendo en el mundo desde la década del setenta, es el de la necesidad de liberar las fuerzas del mercado como premisa indispensable para cualquier desarrollo futuro en Cuba y cualquier entendimiento pleno con el vecino norteño.

La base de esta tesis es suponer el mercado como un ente abstracto con capacidad de autorregulación propia. Detrás de esta afirmación esencialmente ideológica, lo que se pretende es ocultar el hecho objetivo de que el misterioso mercado no es otra cosa que relaciones humanas. Relaciones de producción, compra y venta. Relaciones que no funcionan al margen de los seres humanos y del control social, sino que por el contrario son producidas por estos y pueden, y deben, por ende, ser controladas por estos.

Imponer esta visión natural del mercado, como un organismo autónomo con capacidad de funcionar al margen de la sociedad, implica también presentar como naturales las relaciones cosificadas que se derivan de la producción mercantil. Presentar como inevitable, como esencia humana, todas las violencias y desigualdades que el sistema capitalista ejerce sobre las sociedades y legitimar, en última instancia, el predominio del gran capital.

Esta lógica es la que subyace detrás de tantos llamamientos liberalizadores a la economía cubana y de tantos enemigos jurados de la economía planificada. Es un elemento que debemos tener en cuenta a la hora de abordar las necesarias reformas económicas en las que está inmerso actualmente el país.

Aceptar entonces el diálogo con Biden, en caso de que se diera, no solo es necesario, sino también positivo para el mejor entendimiento de dos naciones vecinas geográficamente. Puede contribuir al acercamiento entre dos pueblos y a la reconstitución de vínculos con una comunidad cubana en el exilio con la cual las relaciones no siempre han sido fluidas. También puede ser bueno para la economía de un país pequeño, castigado por duras sanciones, que sin dudas se beneficiaría de cualquier alivio relativo que pueda surgir.

Pero todo el proceso se debe llevar con plena conciencia de la desigualdad entre los actores involucrados y de la intención declarada de subvertir el orden político y social existente en Cuba. Es preciso andar con cuidado, sin prisas ni concesiones que puedan comprometer el futuro socialista y soberano de esta isla rebelde.

 *Tomado del blog Me muero como viví


Antonio López: hechizo de canciones y ficción

Llegué a su nombre por la lectura de su primer título desde un estante en la otrora área de Investigación de la Música Pablo Hernández Balaguer. Tiempo después nos conocimos por mediación de otro gran amigo e intelectual cubano, Joaquín Borges-Triana. Preparábamos la edición correspondiente al 2010 del Festival de la Trova “Pepe Sánchez” y Joaco me sugirió invitarlo al espacio teórico. Aquella fue una celebración de las trascendentales, con sismo y réplicas incluidos. A los investigadores santiagueros, manzanilleros y de Guantánamo nos acompañaron estudiosos como el propio Joaquín, Alicia Valdés, Ana Casanova, Alain Gutiérrez, entonces fotógrafo del Centro Pablo, y él. Tuve el privilegio de compartir tanto los espacios académicos como los trovados almuerzos, conciertos, descargas nocturnas y hasta el viaje al Santuario del Cobre. A partir de entonces, Antonio López Sánchez se me hizo Tony, el amigo, periodista y escritor cuya obra creció a zonas y reconocimientos literarios, incluso insospechados por él.

Arribas a la Universidad en la carrera de Comunicación Social, la “trovadicción”, ¿antes o después?

La trova-dicción, y todo el resto de mi confesa melomanía, estuvieron casi desde siempre. Te hago una anécdota y creo que en buena medida sirve de referencia. De muy, muy pequeño, tal vez cuatro o cinco años, tenía una guitarrita de juguete y le hacía unos “recitales” a mi abuela (que encima decía que yo cantaba bien, nada como tener abuelita). El final de estas actuaciones, en la sala de mi casa, siempre era con Te doy una canción, de Silvio Rodríguez. Las canciones se quedaron a acompañarme, pero lo que sí no se cumplió del sueño fue la guitarra. Esa la cambié por las palabras en algún sitio del camino. De todas formas, tengo amigos músicos y trovadores muy generosos que, en descargas y hasta alguna que otra vez en escena, me acompañan con sus sonidos y me dejan “echar un par de temas” para matar el enano. Igual, aunque sea en manos de otros, la guitarra sigue conmigo.

Qué herramientas tomaste de tu disciplina para hacer de la trova más allá del disfrute, objeto de estudio.

El periodismo implica entrenar la capacidad de observación y afinar bien los canales propios de comunicación para trasmitir eso que observas. Un periodista es muchas veces un intermediario entre un hecho, sea una canción o una guerra, y un público que por tu trabajo descubre o hasta interpreta contigo este hecho. Eso conlleva una ética, un compromiso con la verdad y, aunque en muchos géneros periodísticos la opinión de un analista es importante, muchas veces hasta ese análisis incluye también ser lo más imparcial posible y dejar que las personas hagan su propia interpretación y no se queden con la de ese intermediario. Mi carrera me ayudó a escuchar mejor, a escudriñar detrás de una obra, de su autor, de los contextos e historias de ambos y luego a tratar de contárselo al resto, para que no se lo pierdan.

Estos acercamientos como oyente y joven investigador confluyeron en el ejercicio de tu tesis de grado dedicada a la Nueva Trova. Para la ocasión tuviste tutoría y tribunal de lujo. Rememoremos aquel momento.

Mi generación tuvo la fortuna de que todavía nos tocaron como profesores grandes “monstruos” de la academia y la enseñanza de este país. A pesar del durísimo periodo donde me tocó estudiar (del 93 al 98 del siglo pasado), la Universidad fue para mí un tránsito muy importante, placentero y formador. Mi carrera, la defensa de mis tesis, y, por supuesto, su hechura previa, me permitieron descubrir que yo era un periodista y que incluso podía hacer algo porque mi disfrute musical fuera también del prójimo. En predios más “universales”, podía aportar un grano de arena con mi trabajo para preservar y esclarecer en algo la riquísima historia trovera y cultural de este país.

Del lujo de la tutoría y de mis evaluadores, te lo resuelvo al modo deportivo. Aquí va este line up de cuartos bates. En el tribunal estaban los periodistas Juan Orlando Pérez, Manuel González Bello y Joaquín Borges Triana. El oponente fue Víctor Casaus. Mis tutoras fueron doña Miriam Rodríguez, que me enseñó a hacer entrevistas (algo de lo que hoy sigo aprendiendo), y Margarita Mateo Palmer, trovadora, profesora y escritora, que me mostró muchas puertas para entrar el mundo de la trova (y en las aulas, al de la literatura).

Como consultor de la teoría de la comunicación estaba don Rafael Rivera Gallardo, un gigante de la enseñanza de esa materia. Valga apuntar que Noel Nicola, además de concederme su entrevista, se tomó el trabajo de ir a la discusión y luego fue el principal gestor de la publicación de ese texto en Atril Ediciones Musicales. Desde entonces, por respeto y honra, trato de que la calificación que me otorgaron se mantenga en todo lo que escribo y hago.

Los resultados de aquella investigación vieron la luz en tu primer libro, La Canción de la Nueva Trova (2001). Del discurso académico a un lector general, ¿cómo se logra el traslado de lenguaje sin prescindir de elementos e ideas esenciales?

Como es obvio, el ejercicio académico de una tesis de grado implica el manejo y escritura de una serie de códigos y elementos de cierto calado y densidad, menos apto para grandes masas lectoras. Sin embargo, como siempre tuve claro que mi tesis era un escalón para llegar a eso que yo quería contarle al público, desde un inició asumí la claridad como territorio y no tuve que luego ponerme a “traducir” del lenguaje doctoral al castizo entendible. Huelga decir que ser directo y claro no eliminan ni el rigor y ni la valía y solidez de ningún argumento. Mi formación como Licenciado en Comunicación Social me permitía que, luego de sortear algunos pasos académicos imprescindibles y sí de mayor profundidad teórica, el producto definitivo casi llegara a los posibles lectores tal cual se había escrito. Además, Manuel González Bello apareció de nuevo en esta historia, se encargó de la edición del texto y así se desataron los últimos nudos ilegibles que pudieran haber quedado. La noticia sobre ese libro es que estamos en conversaciones con una editorial para volver a publicarlo, con nuevas entrevistas y páginas ampliadas. Las verdaderas investigaciones no acaban nunca.

¿Tu pasión por la trova y la experiencia periodística en la Editorial de la Mujer fueron la coalición perfecta para la fragua de Trovadoras?

A la Editorial de la Mujer debo mi acercamiento a un mundo fascinante y un saber muy útil como el de las teorías de género. Por supuesto, sin considerarme para nada un experto, pero algo se pega. Una vez empapado de este aprendizaje, el paso lógico siguiente era unirlo con mi tema habitual de investigación.

Te cuento que Trovadoras es un libro casi fortuito. Las entrevistas de esas páginas eran el complemento de dos investigaciones más amplias, una sobre un recorrido histórico por la participación femenina en la trova cubana y otra sobre la imagen de la mujer en las canciones de la Nueva Trova. Gracias a Aida Bahr, por entonces directora de la Editorial Oriente (y al maestro Eduardo Heras León, por un consejo inolvidable) Trovadoras pudo ver la luz. Te añado una noticia. El ensayo sobre la imagen de la mujer en los textos de la Nueva Trova debió aparecer publicado en esta Feria del Libro 2020, bajo los auspicios de la Editorial Capiro, en Santa Clara, en un libro titulado Convertida en canción. Esperemos que la pandemia nos permita hacerlo en la próxima edición.

 Sitios digitales como La Jiribilla observan el ejercicio de tu criterio, sobre todo en escritos del entorno musical cubano. ¿Dónde radica para ti el encanto de la escritura virtual?

Amiga mía, el encanto lo percibo en toda mi escritura, por el simple hecho de que disfruto, y hasta sufro, por completo todos los actos que implican pensarla y hacerla tangible. Amo escribir, qué decirte, sea cual sea el tema, género o soporte final que divulgará esas letras. Ahora bien, los predios virtuales son un canal más, que cada día gana mayor terreno y ofrece innúmeras posibilidades. Como periodista, con un pie en lo analógico y otro en lo digital, aprendí rápido a asimilar cada nuevo vehículo y a utilizarlo.

Los medios digitales tienen el valor agregado de que un trabajo puede ser leído por muchas personas, en muchas partes, con una velocidad y unas magnitudes que superan las del periódico mejor distribuido. Además de que, en el caso de algún viejo escrito, basta teclear en un motor de búsqueda y ahí está, sin ir a la biblioteca ni coger coriza en estantes empolvados. Por supuesto, nadie asuma que abogo por destruir bibliotecas o algo así. Algunas corizas se estornudan con sumo gusto si nos enseñan algo desde unas páginas reales. De todas formas, gran parte las memorias de estos tiempos ya habitan en las computadoras y ahí hay que estar también. Y sobre la música, al igual que con la escritura, hay placeres agregados en investigarla y contarla.

¿Cuándo descubriste a Tony el escritor de literatura de ficción? ¿Por qué la fantasía heroica y el terror?

cortesía del entrevistado

Eso también se lo debo de alguna manera a la Editorial de la Mujer. Mi primera novela, La guerreras de la luz, se publica en 2011 por esta editorial. Fue literalmente un descubrimiento porque lo que pensaba sería un texto breve, con una historia más o menos sencilla, se convirtió de pronto en una novela con todos los hierros. Agradezco ese volumen, lleno de primeras veces buenas y malas (todas sinceras y apasionadas, eso sí), por mostrarme caminos. Además, la sección de Literatura para niños y jóvenes de la Asociación de Escritores de la UNEAC tuvo la gentileza de concederle el Premio La Rosa Blanca 2012 al mejor texto. Además, me acercó al público.

No soy para nada famoso, pero que un par de lectores te reconozcan y agradezcan en una Feria del Libro es un premio estupendo. No saben ellos que uno lo agradece el doble, pues pocas veces un escritor conoce a sus destinatarios. Luego de esa experiencia, empezaron a llegar ideas y así nacieron las tres novelas siguientes.

 Me gustan mucho las posibilidades de esos géneros fantásticos, además de que siempre he sido un admirador de ese tipo de historias. El horror llegó ahora, con Grimorium, para regresar al catálogo de la Editorial Oriente y sé que ha funcionado para el público. Debo decirte que mi obra de fantasía es la más visible, por ser la más publicada hasta el momento. Pero en mi disco duro, además de un par de libros de literatura infantil, con fantasía también (y hasta su poquito de horror en clave más ligera), hay dos libros de cuentos y otra novela, todos de puro realismo. Hay además otro par de volúmenes, una noveleta fantástica y una historia corta, que deben salir pronto en predios digitales. Sólo que, supongo le pase a otros escritores, escribo más rápido de lo que publico. Eso, para no contarte las páginas que tengo en mi cabeza, esperando nacimiento.

Reinciden en algunos de tus títulos la figura de la heroína, protagonizada por guerreras que luchan contra espíritus del mal encarnados por personajes masculinos. ¿Hay una intención feminista en tu literatura?

No sé si lo logro, pero sí hay una intención feminista. Quizás menos explícita, sin banderas alzadas y con posibles errores, pero tangible y pensada. Por motivos literarios, y vitales, meterse bajo la piel de una mujer, una maga o una guerrera; el intentar descubrir cómo piensa o por qué actúa de cierto modo un personaje femenino, es un ejercicio retador y muy complejo. Un reto, incluso, siendo uno mismo el que las inventa, porque respetar y hacer creíble ese personaje y a sus actos, va incluido en el paquete de lograr que sirva para algo. Además, me gusta que esa suerte de sello propio aparezca en mis textos.

De hecho, en mis obras inéditas también hay muchas protagonistas femeninas. Desde mujeres que defienden sus amores, cabezazos y decisiones vitales, no sin sufrimientos y precios, hasta varitas mágicas y muñecas que también empuñan espadas, combaten a los malos y rescatan ellas mismas a sus galanes. Creo que cualquier aporte que se haga en la lucha por igualar las oportunidades y derechos de mujeres y hombres, y de paso borrar discriminaciones, prejuicios y límites, hará mejor a la sociedad toda.

En fechas recientes has compartido desde tu perfil de Facebook varias series de lo que titulas De–Cimitas. ¿Es un proyecto que trascenderá las demarcaciones de la llamada cuarentena?

Como muchos de los que escriben, profesionalmente o no, también yo empecé haciendo poesía. Todavía algunos amigos recuerdan mis incursiones como poeta en escenarios y peñas de la Universidad, junto a trovadores y humoristas. Por supuesto, aunque menos, todavía escribo poemas. Las De–Cimitas nacieron antes de la llegada de la pandemia. Fue una idea, con la mera pretensión de un divertimento para compartir a los amigos, que me permitió unir dos de mis pasiones, la fotografía y la escritura. Siempre digo que no soy fotógrafo: yo hago fotos, que no es lo mismo. Sólo que esas imágenes, un poco aleatorias, de temas que me saltaban a la vista, no tenían ropajes adecuados para ser publicadas. Casarlas con una décima fue la solución. Así nació la sección, con carácter semanal en mi muro de Facebook.

Sin embargo, con los encierros de las dos cuarentenas en La Habana, cometí la locura de publicarlas en series, de modo diario. Ahí empezó a crecer la bola y pedí colaboración a varios amigos, estos sí, diseñadores, fotógrafos (y fotógrafas), ilustradores y hasta músicos, y terminó saliendo un trabajo interesante y que varias personas me han dicho que disfrutan mucho. Agradezco, además, que me dio la oportunidad de unir mis textos con imágenes de profesionales geniales a quienes quiero, admiro y respeto mucho.

Romperse la cabeza, buscar ideas, tratar de no repetirse aunque los temas sean semejantes y estar a la altura de los dos o tres “bárbaros” con los que hice alianza, son ejercicios muy satisfactorios. Por otro lado, me hizo ganar nuevas amistades y, para mí y quizás para quienes las leyeron, hizo más llevaderas las duras circunstancias que se han vivido este año 2020. Por motivos personales actuales he dejado de publicarlas un tiempo. De hecho, la idea original era hacer la sección sólo por un año. No obstante, pronto debo volver al ruedo y ya estoy pensando cómo estirarlas un poco más.

Al final, pienso que sí, ojalá eso se pudiera reunir y publicar, creo que lo merece, pero no es algo que dependa de mis posibilidades. Hay un par de ideas para tratar de lograr esto, pero todas muy verdes todavía. Más que mis versos, creo que hay dibujos, fotos, intenciones y mensajes que no debieran quedar colgados sólo en Facebook y debieran reunirse. Ofrecerles vida como conjunto podría resultar en un producto interesante y apreciado por muchas personas.

¿Qué propósitos te ocupan en la actualidad?

Escribir y, sobre todo, publicar. Además de mantener mis secciones de colaboración periodística con diversos sitios, en Cubaliteraria, en En Vivo, en las revistas Cartelera, y Palabra Nueva, entre otros, tengo mucho trabajo literario por redondear. Entre novelas, libros de cuentos y otras ideas, al menos tengo tres o cuatro proyectos a medio escribir, sin contarte los que tengo en la cabeza. En predios fuera de las páginas escritas, pues vivir, amar, descubrir, escuchar más música y leer más. Al fin y al cabo, luego las páginas escritas se alimentan de todo eso.


Asomo a los entresijos de la identidad étnica

  • (A propósito de Rituales vudú)

La primera Jornada de la Cultura Franco-Haitiana, celebrada del 4 al 6 de noviembre en Santiago de Cuba, ofreció varias actividades relacionadas con el flujo histórico establecido entre Cuba y Haití. Organizado por la Universidad de las Artes ISA y su Cátedra Honorífica de Folklor Oriental Manuel Ángel Márquez, el evento hizo confluir numerosas manifestaciones artísticas que celebran el rico legado de la migración de franceses y haitianos hacia el este cubano. Entre ellas sobresale la presentación del documental Rituales Vudú, dirigido por Sergio Guizzetti y Leandro Maldonado, y producido por Aracelys Avilés.

Creado en el año 2014, este trabajo se suma a una larga lista de películas filmadas en la zona relacionadas con el asunto. De hecho, el registro audiovisual de la cultura haitiana se halla en el núcleo mismo de la historia del documental realizado en la región oriental de la isla por productores locales, tomando en cuenta que una de sus experiencias primigenias fue Huellas, dirigida por Roberto Román en el año 1986.

Fotograma de Rituales Vodú (2014, Sergio Guizzetti y Leandro Maldonado)

Como seducidos por algo secreto, a lo largo de los últimos 30 años, productores tan diversos como telecentros, cadenas nacionales de televisión o extranjeros provenientes de Canadá o Argentina han ofrecido un registro amplio de tradiciones y grupos portadores en el área. Luego de Huellas, sobresalen Tambú Luá (2001, TunasVisión), Del cafetal a la Tumba francesa (2011, Producciones Marassa/CIDIHCA), Pablo Milanés y su verdadera historia (ICRT), y Tumba francesa de Bejuco (2013, Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina/UNESCO, La voz de los sin voz).

Es imprescindible sumar, además, el catálogo de obras realizadas por Televisión Serrana, que incluye títulos como Llegados con el mar (1994), Los ecos y la niebla (2004), EnNegro (2006), Haití en nuestras venas (2014) y Mi Herencia (2016).

Los territorios atendidos se encuentran diseminados por toda la región oriental de Cuba, aunque Pilón del Cauto, un pequeño asentamiento situado en la base de las montañas de la Sierra Maestra, ha recibido miramiento especial. No obstante, todos atacan la opinión desdeñosa con las que se trató históricamente a los haitianos y conceden valor a su legado cultural. Estos documentales intentan atrapar el sentimiento de «haitianidad». Aspiran a Persuadir o promover, una tipología de documental que vincula el filme con su tema a partir de una ética de alta postura compensatoria.

Rituales vudú es un filme etnográfico porque contempla a la identidad étnica. Tiene similitudes con los documentales mencionados, los cuales, al igual que la literatura investigativa escrita luego de los años 80 del siglo XX, trabajan como contrapeso en la conformación del legado de los inmigrantes haitianos en Cuba. Ellos se colocan en un lado de la balanza y presionan la transformación de un estigma de miedo, racismo y segregación, el cual, aunque extinto de la opinión pública oficial, continúa presente en la sociedad cubana contemporánea con respecto a la presencia haitiana.

Fotograma de Rituales Vodú (2014, Sergio Guizzetti y Leandro Maldonado)

Las descripciones del patrimonio haitiano fluctúan entre la ignominia del pasado y la naïveté de las representaciones contemporáneas. Es imprescindible mencionar la importancia capital de la acción de la Casa del Caribe en la indagación antropológica y la promoción valorativa de este legado. Solo para tener una idea, de los 55 números de la revista Del Caribe publicados entre 1983 y 2011, la mitad de ellos contiene al menos un texto dedicado a Haití (o al territorio francés Saint-Domingue) y varios Festivales del Caribe han homenajeado al país vecino.

Rituales vudú, por otra parte, se distingue debido a la especificidad de su temática. Ningún otro filme relacionado con este tema ofrece una mejor atención a la naturaleza de la ceremonia religiosa. Con excepción de unas escasas escenas dedicadas al cultivo del café (articuladas, por cierto, a través de un montaje en continuidad), el filme se concentra exclusivamente en la liturgia y se esfuerza con denuedo en la comprensión del universo simbólico coligado al mismo.

La voluntad de examen etnográfico centra sus esfuerzos en la observación de las ceremonias. Repara en objetos y actividades de los practicantes. Sin embargo, el filme no sigue una lógica explicativa y prefiere, en cambio, mostrar la alta expresividad de los rostros de los participantes, enfatizando en el aura de enajenación que los embriaga.

Rituales vudú no defiende una tesis basada en teoría etnográfica y, en consecuencia, no recorre el camino del documental etnográfico canónico. Este subgénero concentra la dinámica narrativa en una voz-en-off especializada que describe e interpreta los sucesos en pantalla. Aunque existe mucho debate en el campo de la antropología visual, acerca la trasmisión de conocimiento etnográfico desde otros recursos: la técnica de la “voz de Dios” se mantiene como paradigma, puesto que es la manera más común de ofrecer esclarecimientos a contextos que resultan ininteligibles para un outsider de la cultura escrutada.

Fotograma de Rituales Vodú (2014, Sergio Guizzetti y Leandro Maldonado)

El filme que nos ocupa, tiene en la entrevista su eje narrativo. La historia avanza de acuerdo con los argumentos de los interrogados, quienes son practicantes del vudú descendientes de haitianos. La ringlera de testimonios cumple cinco funciones presentadas de manera episódica. Primero, todos refieren un origen familiar proveniente de Haití. Ello persigue establecer, desde el comienzo, un hálito de legitimidad de sus alegatos. Segundo, manifiestan una voluntad de herencia de la tradición de una generación a la siguiente. Tercero, certifican la práctica religiosa como un mandato divino de iluminados, quienes deben servir al santo. Cuarto, atestiguan experiencias trascendentes de la mística religiosa. Y quinto, expresan un alegato contra los prejuicios asociados al vudú y sus practicantes.

Renunciar a la voz-en-off tiene consecuencias. Entre las negativas se encuentra la incapacidad de ofrecer una definición exhaustiva y coherente de la lógica del ritual y de la complejísima cosmogonía del panteón de loas del vudú. Asimismo, el filme no ofrece una exégesis comprensible de la organización y jerarquías de la liturgia, ni de la relación entre la institución religiosa y otras estructuras sociales de la vida civil.

La principal derivación positiva de la trasmisión de información en la voz de los practicantes es que permite una construcción de sentido sostenida en una estructura colaborativa, donde los realizadores colocan a los entrevistados como individuos poseedores de un saber ancestral. Este cambio tiene un altísimo impacto desde el punto de vista político, ya que el filme deviene, entonces, defensor de aquello dicho por el portador y la imagen como mecanismo de ilustración de lo escuchado.

Con respecto a la fotografía, sobresale el uso de la cámara-en-mano, en especial, en las escenas de ceremonias, pero es una cámara estable que evita el “temblequeo” habitual en las filmaciones de este tipo. Se observa una insistente concentración en los rostros y, por tanto, hay preferencia por el primer plano y los close-ups. Ello es reforzado por la atención a detalles y objetos. A partir de ahí, se potencia la conexión emotiva con el espectador, que respira junto con el houngan ante cada rezo y canto.

Es preciso agregar que la filmación en espacios claustrales obliga, igualmente, a mantener los planos cerrados. La multitud de participantes fuerza angulaciones en picado y a un dinamismo con respecto a la altura en la que se posiciona la cámara, yendo, en ocasiones, a ras del suelo.

Fotograma de Rituales Vodú (2014, Sergio Guizzetti y Leandro Maldonado)

Rituales vudú es, en definitiva, un buen filme, interesante y justo; con puntos de vista que, si bien no son novedosos, sí se afanan en convertirse en ejercicio de defensa cultural y, por tanto, merecen ser escuchados. La presencia haitiana, con su interminable ejercicio de fantasmas y su voluntad de culto del ausente, engarza a la perfección con el múltiple repertorio espiritual del panorama religioso cubano.

Bienaventurada resulta también la exhibición de la película en los marcos de este evento, pues permite ver el vudú más allá de su dimensión religiosa, al colocarlo en medio de los enredijos centenarios que unen a las islas del Caribe. El filme contribuye al discernimiento de la mítica creencia del ser colectivo, y se torna instrumento útil que tributa a la comprensión del berenjenal de identidades antillanas diseminadas por el oriente de Cuba.


La AHS es un espacio de crecimiento

En Sahay Fajardo encontré una rebeldía silenciosa, quizás esa rebeldía que necesita cualquier sección de crítica e investigación de la AHS. Santiago de Cuba cuenta con investigadores jóvenes y talentosos. Diversas miradas hallamos en los espacios que a golpe de proyectos, arte y creación se generan al interior de la sección.

«Nosotros empezamos en septiembre del año pasado con el Lloga, y luego seguimos con Pensar a la zurdaasí como con otras peñas como Antena Este, que lleva el asociado Yasmany Herrera, relacionada con la radio. Debido a la COVID-19, hemos tenido que invadir las redes como una estrategia necesaria en todo el país. La 30 edición del Llogafue desarrollada en las redes; teníamos previsto dos programas, uno presencial y otro virtual, aunque al final fue todo virtual.

«Antes de eso, participamos en la brigada Una salva de porvenir. Hicimos El Creador 2.0, que aborda el quehacer de la AHS, temáticas de la realidady preocupaciones de los jóvenes artistas. Hemos logrado en el sitio de la AHS nacional una sección, en la cual Carlos Lloga, asociado nuestro, da consejos de investigación muy importantes para el que le interese la investigación. Es un resultado del doctorado y de su propia experiencia como doctorante, investigador y profesor.

Fotos tomadas del perfil El creador
Fotos tomadas del perfil El creador

«Nos incluimos en las Romerías de Mayo, realizadas de manera virtual con una participación meritoria en los debates. Hemos estado muy activos en las redes y convocamos a destacados investigadores de la ciudad como el Dr.C. Frank Josué Solar Cabrales, en la conmemoración por el 26 de julio. Otros de los proyectos materializados fue la grabación del programa Pensar a la zurda,parte del trabajo de la Oficina Lloga, que ya tiene actividad aunque no tenga sede aun.

«Queremos acumular mucho material para crear un fondo cuando esté el espacio físico. Aquí han contribuido todas las secciones. Ya estamos preparándonos para el año próximo con el evento Pensar a la zurda. De igual forma tenemoslos proyectos nuevos con las mujeres de la Asociación desde las mujeres y para las mujeres, y abordar temáticas de género. Hay proyectos acerca de crítica literaria, crítica audiovisual, y todo se agrupa en la peña Pensar a la zurda,el cual es un espacio de diálogo.»

—¿Cómo se logra la interrelación entre las secciones con crítica e investigación?

Realmente se logra. Uno de los ejemplos más fieles es cuando se nos convoca a una exposición para hacer la curaduría, porque tenemos especialistas en la Asociación, o cuando se presenta un libro, también escribimos no solo lo que pasa de manera general, sino lo que acontece con los creadores dentro de la AHS.

—¿Hay una exigencia para la creación?

Es una sección muy inquieta, muy intranquila. Trabajamos muchísimo de manera individual y todos esos proyectos tributan a la creación colectiva. Cada cual tiene su experiencia trabajando como profesores de la Universidad, como investigadores en sus centros laborales y todo lo que hacen siempre se vinculan y tienen el respaldo de la AHS, o lo intencionamos de esa manera. La exigencia viene de los investigadores hacia la Asociación y viceversa.

La AHS propone un proyecto intencionado, pero los artistas pueden venir a nosotros, presentarnos sus inquietudes y a partir de ahí puede surgir un proyecto. Es una sección que trabaja siempre porque es el resultado de nuestro trabajo personal.

—¿Principales proyectos?

Hay algunos proyectos que son el eje de la Asociación y pertenecen a la Oficina Lloga, que busca recuperar la memoria histórica de la AHS; además dejará bases para el futuro y dejará bases asentadas para el evento de radio Antonio Lloga in memoriam.Creo que los otros proyectos se articulan con estos.

—¿Cómo se gesta el Lloga?

Nosotros creamos el marco de la competencia desde la crítica, desde el análisis de esa obra y proponemos desde la parte teórica qué va a pasar, sin obviar la retroalimentación en ese proceso. Y a los realizadores les toca crear.

Esto no es un proceso aislado, el Lloga funciona con la interacción de las secciones. Además, hay miembros de crítica e investigación que conocen muy bien la radio ,comoYasmany Herrera, Eduardo Pinto, Daynet Castañeda, que forman a los que luego son periodistas en la radio y, además, ellos escriben en este medio.

Entonces es una oportunidad de lograr un circuito cerrado para la creación, que fluye e interactúa, porque nos permiten situarnos desde la crítica hacia los trabajos,y también penetrar en las interioridades de la creación. También están los estudiantes que escuchan aunque no siempre presenten obras,sin embargo, aplican lo que aprendieron en las prácticas laborales.

—¿Qué se pretende lograr con la Oficina Lloga?

Tiene el objetivo de registrar lo que sucede en la vida diaria de la Asociación. Se busca registrar los proyectos que se parezcan a la AHS, y quede registrado en audiovisual y otros formatos. Luego que grabamos el espacio Pensar a la Zurda en un grupo llamado Memoria Nuestra de las Romerías de Mayo,nos preguntábamos si realmente somos vanguardia de la intelectualidad joven en Cuba. Y te das cuenta que son problemáticas de interés para la Asociación a nivel nacional, y por ese camino va la Oficina Lloga.

Debe dar promoción a todos los artistas miembros y aquí viene la participación de otras secciones en ese producto audiovisual que refleja lo que estamos haciendo y cómo pensamos.

—¿Son vanguardias los miembros de tu sección?

Fotos tomadas del perfil El creador
Fotos tomadas del perfil El creador

Creo que sí. Son vanguardia porque el proceso de selección es muy riguroso; no entra cualquiera a la AHS y, cuando entra, son muy responsables con su trabajo y han entendido que es un buen espacio para estar. No creo que sean personas que pierdan el tiempo. Creen que es un sitio para mostrar su trabajo, intercambiar con otros creadores y crecer. Trabajan en cómo se puede servir a la Asociación y el profesor Carlos Lloga es un ejemplo vivo, porque desde su experiencia escribe en el Portal del Arte Joven Cubano sobre herramientas que debe tener en cuenta un novel investigador, consejos y guías que ayudan a muchos debido a que tributan al crecimiento de muchas personas no solo a los miembros de la AHS.

—¿Hay una retroalimentación entre los miembros de la sección?

Es constante, porque además tenemos doctores en ciencias, licenciados, y esos diferentes niveles nos hacen interactuar. Hay quienes trabajan desde la teoría, otros desde la práctica con una buena interrelación, y esas diversas visiones se mezclan y nos hace tener un buen equipo. 

—¿La Asociación es ese espacio que necesita la sección de investigación?

Debe seguir creciendo la AHS, pero nuestra sección se corresponde con lo que necesita la organización. Quizás haya muchas cosas que cambiar para que sea un ambiente mejor, pero es un camino que labramos nosotros mismos con trabajo y desde el trabajo. Cuando una sección crece, con una buena dinámica, la Asociación se ve en la necesidad de crecer con ella, y es lo que ha pasado con nosotros.

En la medida que hemos presentado proyectos, la AHS ha sabido responder bien a ellos. No hemos recibido un no, todo lo contrario, hemos tenido más aliento y apoyo para materializarlo. La propia dirección de la AHSse ha enfocado en buscar las estrategias necesarias y a crear espacios.

Hicimos el Creador 2.0 con pocos recursos, con la cámara de Frank Lahera, quienrealizó un trabajo muy profesional. Carlos Lloga propuso crear la sección en el sitio de la AHS nacional con una calidad increíble.

El Lloga tuvo su espacio en medios nacionales y se grabó todo con las condiciones requeridas para ese momento. Tenemos a producciones La Luz trabajando con nosotros. Hemos recibido mucho apoyo, pero todo el mundo ve el empeño que tenemos. Cuando una sección tiene todo el empuje para crear, entonces la AHS genera el espacio para propiciar ese crecimiento.


Pensar la ciencia: Riesgos para un joven investigador y cómo manejarlos (IV)

Los estilos de tutorías: microgestión vs autogestión. ¿Cuál me conviene?

¿Cuántas veces no has escuchado, al hablar con otros jóvenes investigadores, anécdotas increíbles de las relaciones con sus tutores? En la gran mayoría de los casos, hay un balance positivo. Es decir, la interacción instructiva con un mentor proveyó aportes significativos para el discípulo. Pero a veces, en estas historias los tutores pueden ser representados como tiranos egocéntricos que cortan la imaginación con su hostigamiento evaluador o, por el contrario, como una especie de anacoreta indiferente que va a su bola y que no les prestó ninguna atención. Estos polos no expresan (generalmente) una sucesión de hechos concretos, sino el sentir individual del joven que cuenta su vivencia. No habla tanto del tutor, sino de la experiencia concreta construida en el proceso de realización de la investigación.

En un trabajo anterior, mencionábamos que la independencia, o sea, la capacidad para reconocer problemáticas, hallar soluciones y acometerlas solo, es un requisito para la obtención de un título académico. Por supuesto que esto depende del nivel en el que te encuentras (licenciatura, maestría o doctorado). Mientras más alto sea tu nivel, más independencia se espera de ti. Pero también obedece al estilo de coaching que emplee tu tutor. Es decir, algunos supervisores gustan de la microgestión (orientación y control de todos los pasos que das en la investigación), mientras que otros dejan mayor espacio a la autogestión del investigador. En este artículo, te comento acerca de estas dos formas de tutoría y te exhorto a identificar cuál de ellas se relaciona con tu entorno específico.

Imagínalo de la siguiente forma: entre el título académico y tú se extiende un tupido bosque lleno de peligros. En la medida que avanzas en la investigación, te adentras en él. Con la microgestión, tu tutor marcha junto a ti, te indica y te empuja hacia adelante, te señala los peligros y te reprende cuando tropiezas. Es casi seguro que llegarás al otro lado, pero lo más probable es que no ganes la capacidad de avizorar los peligros, no tendrás perspectiva del universo que acabas de franquear y no tendrás la confianza necesaria para indicar a otros cómo superar el bosque.

Con la autogestión, el tutor se coloca del otro lado del bosque, junto al título que ansías y, desde allí, te da las instrucciones mínimas para que avances. Caminas solo. Tropezarás mil veces, te sentirás perdido y ansioso. Si no eres capaz de leer las orientaciones con claridad puede tomarte demasiado tiempo vencer los desafíos de la ruta, puedes extraviarte y perder la motivación, o lo peor, no salir nunca del bosque. Sin embargo, cuando llegues al otro lado, habrás atesorado un arsenal extraordinario de recursos y estarás increíblemente capacitado para superar lo que sea que te venga delante. La confianza y orgullo conseguido te permitirá guiar a futuros investigadores con la certeza de aquel que venció el bosque.

Las dos técnicas tienen pros y contras. Por un lado, con la microgestión tu tutor construirá junto contigo las actividades diarias que debes realizar y será muy específico con respecto a los resultados a alcanzar. Es un sistema que potencia el adiestramiento en cuestiones técnicas, en el cómo hacer. Con él, es casi seguro que adquieras un cuerpo de habilidades de manera rápida, estarás cerca de investigadores con más experiencia que tú y evitarás las incertidumbres de moverte en ámbitos epistémicos desconocidos. Si eres astuto y buen observador, cultivarás infinidad de aptitudes que de otro modo podría tomarte años dominar.

El sacrificio que trae consigo la microgestión radica en que tendrás al tutor respirándote en el cuello todo el tiempo y eso es una presión con la que tendrás que lidiar. Asimismo, esta técnica de supervisión sucede mayormente cuando el tutor tiene un interés marcado en los resultados que obtendrás, por tanto, se espera un crédito compartido.

Por otro lado, en la autogestión posees más libertad para explorar los posibles cauces de tu estudio. Tienes mayor espacio para las pequeñas equivocaciones. Además, disfrutarás muchísimo de tus logros, ya que serán fruto de tu autonomía, crecimiento y maduración. Tu tutor no te molestará con frecuencia y es común que funcione solo como un revisor atento de tu informe de tesis. Suena bien, ¿verdad?

El peligro está en que no tienes toda tu vida para completar la investigación. Tienes un tiempo limitado, por lo que el desarrollo de capacidades tiene que ser acelerado. Es muy difícil lograrlo en solitario, mantener la motivación y la disciplina de trabajo. Debes sumar que hay muchos procesos en los que la representación de un investigador de peso es muy valiosa. Por ejemplo, en los trámites burocráticos a menudo se requieren firmas y cabildeos en los que la ayuda de tu tutor es invaluable. Te ahorra tiempo y energías, te permite mantenerte enfocado. Igualmente, la participación en eventos, el encuentro con personalidades de tu ámbito y el proceso mismo de publicación de resultados, es un paisaje más llano y amigable cuando junto a tu nombre marcha un peso pesado con título de doctor.

…

Evidentemente, un apropiado balance entre un modo y otro es la situación ideal. Los tutores siempre, siempre, siempre, desean el buen resultado de sus discípulos. No solo porque, para el momento de la defensa ya habrá empleado mucho tiempo en ti, sino también porque en ello va involucrado también su propio prestigio.

Como ves, no hay una única forma de cruzar el bosque. Cada quien tiene su historia. Mi consejo es que, antes de elegir a tu tutor, infórmate con otros investigadores jóvenes acerca de cuáles son los estilos de cada quién. Elige de acuerdo con tus intereses. Y si no puedes hacerlo, si ya te ves embarcado en alguna de estas naves, aprovecha los beneficios que trae cada sistema. Maximízalos y suple tú mismo las carencias innatas de cada uno. No olvides que cuanto más profunda sea tu inmersión en la formación de habilidades, más fácil será para ti construir experticia, crecerá tu confianza y, como resultado, aumentará tu independencia. Entonces, ya no necesitarás que alguien te diga qué hacer.


José Luis Estrada: «Un tipo eminentemente feliz»

Me hubiera encantado entrevistarlo en persona, tomarnos un café, verlo reír con la sonrisa amplia que le imagino. Tutearlo desde el minuto uno, porque hay una calidez en su trato, que ni el chat a kilómetros puede enfriar. Me hubiera gustado abrazarlo al terminar la conversación. Pero las confesiones de José Luis Estrada Betancourt, el tunero, el periodista, el autor, el multipremiado entrevistador de las estrellas, me llegaron vía email. Me he divertido, emocionado, llenado de orgullo por alguien a quien quiero llamar amigo, mientras leía su historia de vida, el testimonio del azar y la vocación, del talento y la entrega, de la buena energía y la calidad humana, que ahora les entrego.

¿Qué remembranzas guardas de Las Tunas?

Guardo en un lugar muy custodiado de mi memoria las reuniones familiares de los domingos, presididas por mi abuela, la Niña, y su hermana Gloria, quienes se hacían rodear de sus hijos, nueras, nietos, parientes lejanos y cercanos… Nunca más he visto juntos tantas botellas de cervezas metidas en tanques colmados de bloques de hielo que parecían un trozo de la Antártida y tantos carneros colgando de una mata de ciruela, puercos chillando ante el presentimiento de la última hora, gallinas azoradas presagiando el peligro.

Adoraba bañarme en el aguacero, perderme en el “bosque” que se extendía detrás de las casas de la cuadra; jugar ajedrez, convertirme en los personajes principales de las aventuras de turno, ir al cine, pasarme horas montado en lo que fuera con tal de zambullirme en la playa La llanita (Puerto Padre); seguir el rodeo en la Feria, practicar esgrima; estar entre los privilegiados que en el cine-teatro Tunas fueron testigos de los conciertos de Estela Raval y los Cinco Latinos, del grupo vietnamita Flor de Loto, de la mexicana María de Lourdes, antes de que le robaran su sombrero de mariachi y los botines…; aprenderme tres acordes de la guitarra con Bertica Maestre con los que cantaba un millón de rancheras y clásicos de la trova tradicional…

foto tomada del perfil de facebook de jose luis estrada

Ahora mismo le haría un monumento a la Casa de Cultura Tomasa Varona donde me perfeccioné como bailador popular. Pueden tirarme lo que sea: lo mismo un danzón o un mambo, que un chachachá o una cumbia. ¡Y si es un casino, apártate! Le haría otro a la comparsa Zabala y a la conga Mau Mau, al Dancing Lights (discoteca), a la Fonoteca en los altos de la Fuente de las Antillas, de la Longa, donde bebía menta y, lejos del tapaboca de Juana (“cuando usted trabaje…”), fumaba con total libertad. También a El Cornito, la querida guarida de El Cucalambé, de los bambúes y de los tuneros que se dejaron arrebatar la tradición de hacer sus picnics los fines de semanas, en el lugar más espléndido de la árida naturaleza tunera.

No obstante, la maravilla mayor para mí fue el IPU Luis Urquiza Jorge. Mis compañeros de entonces, mis hermanos de hoy, consiguieron el milagro de engendrar la amistad que no se destiñe, que no cree en distancias ni en años que pasan, que no filtra atendiendo a posibilidades económicas o estatus social. Inventaron un calor persistente que no entiende de vendavales ni fríos.

¿El niño José Luis soñaba con escribir o con grandes inventos y ecuaciones?

El niño José Luis quedó fascinado primero con el mundo de los números. Era excitante ver un problema matemático y que la solución se fuera dibujando en mi mente a medida que avanzaba en la lectura. Me encantaba que me mandaran a la pizarra a resolver los ejercicios y explicarlos para toda el aula. Mi casa se pasaba todo el tiempo llena de mis compañeros a quienes repasaba una y otra vez. Ellos adoraban los batidos que le tumbaban a mi mamá. Decían que yo siempre les salvaba la vida. Todavía me lo dicen cuando me encuentran por la calle y me abrazan.

Siempre fui un niño muy aplicado. Todo se me pegaba en el aula con tremenda facilidad y después no necesitaba volver a la libreta para recordar un paso, un dato, una explicación de un fenómeno… Me fascinaba la escuela, sin embargo, no era muy consciente de esa capacidad para aprender. Me percaté en el IPU Luis Urquiza Jorge, cuando me encontré, de repente en aquel grupo 1, donde reunieron a los primeros 50 estudiantes del municipio. Estaban todas las papeletas para que el experimento resultara insoportable, pero me encontré con las personas más nobles, humanas, solidarias, integrales, que existían en todo Tunas, y luego divertidas, tan auténticamente jóvenes. Imagino que para los profesores haya sido un dolor de cabeza entrar al grupo 6 pero las clases en el 1 eran tan espléndidas…

foto tomada del perfil de facebook de jose luis estrada

En el preuniversitario tuve los mejores profesores del mundo. Este 2020 se cumplen 35 años de que nos graduáramos y todavía recuerdo sus nombres, sus rostros, sus clases. La gramática que me enseñó la profe Maribel es la que me ha acompañado hasta hoy, con la que me he defendido “a la cara”. Te aseguro que el profe Denys jamás eligió mis composiciones para leerlas en voz alta como hacía con las genialidades que escribía mi socia Gisela Paredes para que los demás aprendiéramos.

Imaginé que sería científico, ingeniero, abogado, economista… mas el Periodismo no clasificó ni en la última casilla. Confieso que, lleno de vanidad, me propuse elegir una carrera que fuera difícil de alcanzar. Era consciente de que había nacido para ser maestro, pero, pobre de mí, pensaba que merecía algo superior y desdeñé la profesión más hermosa y esencial del universo.

En una actitud autosuficiente, cuando las pruebas de ingreso eran para casos excepcionales (entonces se otorgaban según los resultados académicos), me decidí por las únicas que exigían requisitos casi extraordinarios, las llamadas “Nucleares”, impulsado además por el convencimiento que siempre tuve de que haría la universidad fuera de Cuba. Así me vi viajando para Bulgaria con el propósito de convertirme en uno de los ingenieros físico nucleares que desde la Ciudad Nuclear de Juraguá transformarían a Cuba en un país poderosamente desarrollado.

Son Bulgaria y la Universidad de Sofía amores distantes, ¿cuáles son los motivos de ese “enamoramiento”?

foto tomada del perfil de facebook de jose luis estrada

Parece que es imposible rememorar y no idealizar el pasado. Pero creo que, si pusiera en una balanza las felicidades y los momentos tristes, amargos, abundaron más las risas que los llantos. No obstante, fui víctima del miedo. Es cierto que el miedo paraliza. Lograba disimularlo, cubriéndome con máscaras, pero ahí estaba: vivo. No me atrevo a imaginar qué hubiera pasado conmigo si algunos de mis compañeros en la Preparatoria hubieran convencido al decano de la Facultad haciéndole ver que alguien como yo no era digno de representar a la Revolución cubana en el extranjero. ¿Cómo habría enfrentado a mis padres, a mi familia, a mis vecinos, a mis compañeros? ¿Qué harían con tanto orgullo? No sé… Imagino que solo se enterarán de este hecho que me marcó para siempre, que pisoteó mi inocencia, si leen esta entrevista…

No haré la historia. Solo te diré que el miedo me sacó todas las lágrimas que habían acumulado mis ojos. Y mencionaré un nombre: Gladys Nexys Martínez, la gordita del aula que estaba protagonizando ella misma, en carne propia, todas las escenas de la Ofelia de Una novia para David, mas dejó a un lado su mal de amores para contarles a mis profesores búlgaros por qué su alumno con Título de Oro de pronto se negaba a participar en las celebraciones por el 24 de Mayo, Deniat na Slavianskata pismenost i cultura (el Día de la Escritura y la Cultura Eslavas). Ellos se pusieron en sus 13. O yo o ninguno.

¿Por qué me enamoré perdidamente de Bulgaria? Porque lo que había conocido hasta esa fecha era, por decirlo de una manera, una “caricatura” de la felicidad. Mi increíble profesora de idioma búlgaro, Zdravka Georguieva, lo predijo: “Cuando llegues a Bulgaria todos te amarán. Mi país se pondrá a tus pies”. ¡Palabra santa! ¿Qué les atraía de mí? Imagino que les llamaba mucho la atención encontrar en aquel contexto un negro que hablara su lengua con una fluidez tremenda y, bueno… uno tiene su simpatía personal, la verdad (risas).

No, en serio, creo fue haber descubierto la libertad. No la sensación de libertad, sino la certeza de la libertad. Me refiero a la libertad personal, no a otra; a soltar amarras, a respirar el aire a todo pulmón, a vivir como si cada día fuera el último. Ellos, los búlgaros y las búlgaras, me echaron a perder.

foto tomada del perfil de facebook de jose luis estrada

Supe por tus estados de Facebook que fuiste el primer negro de tu Alma Mater ¿cómo fue esa vivencia? ¿dramática, divertida, rara?

Divertida, divertidísima. ¡Una mosca dentro de la leche! Ese era yo en aquel auditorio. El primer día de clases llegué un poco cortado y todos me miraban con disimulo. Al segundo, ya andaba repartiendo besos como buen cubano y como si nos conociéramos de toda una vida. Algunos aprovecharon la cercanía para rozarme el brazo con las yemas de los dedos para luego revisar si se les habían manchado. A otros les dio por evaluar la consistencia de mis pasas… Tu juro que el filin fue inmediato. En Bulgaria dejé a mi otra gran familia.

Suele pensarse que las personas son óptimas o talentosas en un solo ámbito del conocimiento. Así, ser bueno en las Humanidades, excluye las habilidades para las Ciencias Exactas, sin embargo, transitaste de la Ingeniería al Periodismo. ¿Cómo y por qué?

La vida. El regreso de Bulgaria fue traumático para mí. La caída del campo socialista me obligó a dejar aquella tierra sin poderme despedir. Todo me tomó por sorpresa. Creí que, en quinto año, avanzando ya en la tesis, terminaría allí mi carrera… Nada sucedió como lo preví. 

foto tomada del perfil de facebook de jose luis estrada

A mi regreso tomé una decisión: me quedaría en La Habana, la única ciudad de Cuba donde consideraba que podía seguir siendo feliz. El sueño de Juraguá había muerto para mí. Permanecía intacto el amor por Las Tunas, pero mi espíritu se había ensanchado tanto que necesitaba de teatros, cines, conciertos, peñas…, y solo la capital podía saciar ese enorme apetito…

Por el año 91, 92, comenzaba a vislumbrarse un serio problema que luego se agudizaría: la escasez de profesores. En un tiempo en que era obligatorio para los graduados universitarios retornar a su lugar de origen, dar a un paso al frente para sumarme a los que darían clases en secundaria básica posibilitó que me librara de que me aplicaran dicha resolución. Y fue así como me volví a conectar con la profesión de mi vida: el magisterio.

De mi madre heredé, para bien o para mal, un sentido de la responsabilidad, una pasión y un compromiso por cada proyecto que emprendo, que mi entrega se torna algo enfermiza. Así ha sido con todo: cuando amo, amo. Y con el amor no tengo límites. No me importa si la otra parte se percata y se aprovecha de mi “debilidad”. Estoy incapacitado para darme a medias.

De poco valía que un profesor se ausentara de la escuela, porque los muchachos sabían que con “el Físico” no había turnos de clases perdidos. Daba lo mismo que tocara Matemática, Español, Química, Inglés…, de séptimo, octavo o noveno, que estuviera libre o en otra aula. Ahí me aparecía lleno de tiza de la cabeza a los pies, haciendo de esos 45 minutos un show (yo creo que Fidel se inspiró en mí para idear a los Profesores Generales Integrales). Porque, además, tenía un control absoluto sobre la escuela. Ahí están muchos de esos alumnos entre mis amigos de Facebook. Si les preguntas dirán que no miento: que me tenían “terror” y me amaban. A cada rato les da por sacarme las lágrimas, me agradecen por esa obsesión mía de convertirlos en hombres y mujeres de bien.

Pero las personas como yo, que se levantan a las seis de la mañana y llegan primero a la escuela para limpiar sus tres plantas cuando el esposo de la compañera encargada de la limpieza recibe tratamiento de hemodiálisis, o se toman muy en serio eso de ser Guía Base, de preparar muchachos para concursos nacionales y que con el primer lugar consigan elegir la carrera de sus sueños…, cuando se decepcionan son como el burro negado de Van Van, que ni a palo sube. A mí me pasó alrededor del año 2000, justo en el momento en que, vencido el período especial, los medios de comunicación se sintieron en condiciones de retornar a la normalidad, solo que una buena parte de los periodistas hacía rato que habían decidido buscar otros horizontes.

Fue una gran amiga, Ana María García Salvador, extraordinaria profesora de Historia, quien me habló del Diplomado de Periodismo en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí: un curso emergente e intenso dirigido a egresados universitarios que, de aprobar los exámenes de aptitud, se formarían en un año. Cuando quiso embullarme para que juntos nos presentáramos, me negué de plano. “Mija, si yo no sé ni escribir una oración compuesta”, le dije para que me dejara tranquilo. “Además, jamás me ha pasado por la mente ser periodista”, proseguí con mis argumentos, pero no entendió. Cuando vine a ver, el 64 fue pasando cada una de las rondas eliminatorias hasta que mi nombre apareció en uno de los dos primeros grupos que protagonizaron esa experiencia, que luego tendría dos o tres ediciones más.

foto tomada del perfil de facebook de jose luis estrada

Cuando recibí la primera clase con el profe Luis Sexto quedé fascinado. ¿Dónde había estado el periodismo que jamás me había fijado en él? ¿Cómo hasta ese momento le había mirado fijo a los ojos para saber que otro amor verdadero tocaba a mi puerta? Desde el principio esta profesión me conquistó. Y se lo debo a esos profesores, verdaderos “monstruos”; lo más grande: José “Pepe” Alejandro Rodríguez, Manuel González Bello, Ariel Terrero, Víctor Joaquín Ortega, Julio García Luis, Antonio Moltó, Herminia Sánchez, Isabel Moya, Caridad Carrobello, Toni Prada, Dixie Edith. Ellos son los primeros culpables.

Me esforcé mucho, también debo decirlo. Recuerdo que a mi grupo le correspondió, desde el primer día, hacer prácticas en las mañanas y recibir clases en las tardes. Empezamos el recorrido por prensa escrita, pero ¿quién encuentra un alma periodística en un periódico a las nueve, diez de la mañana? Ni siquiera a las 12 m. Me quejé, y fui a dar a la Agencia de Información Nacional (AIN), hoy Agencia Cubana de Noticias (ACN), siento que como un castigo, y resultó un regalo. Aprendí a escribir notas informativas de hasta lo “innoticiable”. Quería estar en todas partes, cubrirlo todo. Tremendo entrenamiento. Luego vino Radio Reloj, otra etapa que me marcó. Me dio la síntesis.

Juventud Rebelde era para mí lo inalcanzable. Tanto que ni siquiera me imaginé en el medio que considero el reino del periodismo cubano. No fui uno de esos alumnos sobresalientes del Diplomado, más bien creí por momentos que los profesores no notaban mi existencia. Por tanto, te confieso que jamás esperé terminar en la “pecera” (redacción de promiscuidad total delimitada por cristales). Estaba feliz imaginándome en la AIN o Reloj, pero el destino lo tiene todo muy bien planeado.    

¿El Periodismo es para ti un modo de vida o un medio de vida?

Vivo para el periodismo desde que se instaló con firmeza en todos mis poros. Le dedico 48 horas al día. Me desvela pensando en la entrevista que tendré mañana, en la palabra con la cual intentaré atrapar al lector como si se tratara del néctar irresistible con el cual las plantas carnívoras hipnotizan a los insectos. Yo no quiero “tragármelos”, pero sí que busquen mi nombre en las páginas del periódico cada día, que me lean y hasta que decidan escribirme, ser mis nuevos amigos.

foto tomada del perfil de facebook de jose luis estrada

Las entrevistas son un género en el que se te descubre cómodo, resuelto, y pese a que te acercas a grandes de la escena o del arte en general, no eres presa del “efecto halo” o las peculiaridades de los entrevistados, ¿cuál es la fórmula para conectar con ellos?

Disfrutar del placer de una buena conversación. Creo que fue Chéjov quien, comparando a los libros con la conversación, dijo que los primeros son las notas, y la segunda, el canto. Pero para mantener una buena conversación hay que saber respetar y escuchar. Interesarse en verdad por lo que te están contando. Solo así compartirán, a corazón abierto, lo que sienten o piensan, y se establecerá esa esencial empatía cuando estén convencidos de que eres alguien seguro, ético, cuando estén convencidos de que lo cuidarás, de que te transformarás en “tumba” si fuese necesario.

Si algo he tenido muy claro es que en las entrevistas que hago no soy el protagonista y mucho menos me interesa que el lector perciba un supuesto elevado nivel intelectual ni que note cuán vasta puede ser mi cultura. Para mí lo más importante es tener la humildad de mostrarme como un propiciador de la abundante virtud de los otros. Que sean ellos quienes tejan la historia, con sus satisfacciones, sus frustraciones, sus ansias.

¡Por supuesto que me preparo bien! Pero cuando tengo a mi entrevistado al frente jamás me verás leyendo una guía, más interesado en la próxima pregunta que le voy a soltar que en lo que me están diciendo. Y es justo en ese instante cuando se deja escapar la gran historia. ¡Ocurre con tanta frecuencia! A veces ni siquiera lo dejan que concluya una idea.

Me parece que en otra vida debo haber sido algo así como un confesor (lo que sin dudas me ayuda hoy) pero sin confesionario de por medio, que no juzgaba ni castigaba.

collage de fotos tomadas del perfil de facebook de jose luis estrada

La crítica de arte es casi siempre un tema espinoso. Hay quienes claman porque se haga y quienes exclaman cuando se hace, ¿cuál ha sido tu experiencia?

Resulta complicado ejercer la crítica, máxime en un país donde se le tiene fobia. Da lo mismo el campo en que se mueva. En el caso del arte, los creadores abogan por ella hasta que los afecta. Entonces se acusa el análisis de ser superficial, de no haberse acercado al proceso creativo, de no reconocer el esfuerzo con el que se ha realizado la obra en tiempos de tantas carencias… ¿Existirá algún creador que esté consciente de que su obra tiene fallos y que además lo reconozca?

¿Es necesaria la crítica de arte? Vital. Y será más en la medida en que sigamos asistiendo a una banalización del arte cada vez más creciente y esté menos de moda un pensamiento complejo. Pero no basta con ser periodista cultural para expresar un juicio de valor con argumentos. La academia no ofrece las herramientas que se requieren para llevar adelante una tarea que exige responsabilidad.

En mis inicios, con esas ganas de comerme al mundo, hubo ocasiones en la cuales tal vez se me fue un poquito la mano. O al menos eso pensaron quienes me estuvieron llamando por teléfono para decirme: “Te salvas que vives en Cuba, porque en otro país hubieras amanecido con la boca llena de hormigas”. Desde entonces me mido un poquito más (risas).

El Periodismo Cultural bien hecho supone conocimiento plural y casi enciclopédico ¿cómo logras prepararte, sedimentar toda la información para abordar las distintas expresiones artísticas?

Leyendo lo que me cae a la mano, viendo lo que me gusta y lo que me recomiendan, intentando mantener una vida cultural bien activa, lo que no siempre logro conseguir porque el diarismo representa una rutina productiva verdaderamente fuerte, sobre todo cuando quieres que en cada edición aparezca, como mínimo, un trabajo digno. Es lo que menos se puede hacer en un país con una cultura tan poderosa.

A ver, seamos claros: yo soy el tipo más “cojo” que existe sobre la faz de la tierra. Hay tantas lagunas en mí que si todas esas “aguas” se unen se va a desbordar mi río de desconocimiento. Posiblemente “ustedes son unos corte y pega” sea la frase más exacta que encontraron algunos profesionales del periodismo para definirnos a los “reorientados”, lo cual se traduce, en el argot popular de Las Tunas como: “ustedes son unos caraepapas”, y quizá tenían razón. En mí no está ese conocimiento enciclopédico al cual te refieres. Por eso me cuido mucho de abordar manifestaciones artísticas que siento más lejanas, al menos desde la crítica de arte. Lo que te aseguro es que amo mi profesión e intento ser digno de ella todo el tiempo.   

Hay en tu trabajo un evidente apasionamiento por el ballet, ¿qué lo motiva y nutre?

foto tomada del perfil de facebook de jose luis estrada

Nunca me fue difícil entender esa expresión tantas veces utilizada de que la cultura es escudo y espada de la nación (aunque en nuestros medios lo olviden con frecuencia cuando esa es la primera página que “se va del aire” a la hora de los ajustes, cuando casi nunca constituye un titular de portada o de nuestros noticiarios, etcétera.). Porque la nación, la patria, a “pequeña” escala termina siendo uno mismo. Y a mí, desde que he tenido uso de razón, la cultura me ha salvado, me ha hecho feliz, me ha dado fuerza para resistir, me ha llenado de esperanzas.

La toma de La Habana por este tunero en los ya lejanos años 90 fue dura, dolorosa. Y aunque los guajiros somos fuertes, como dicen mis queridos “habaneros”, no escasearon los períodos en que pensé rendirme y regresar al calor de mi hogar, a la protección de mi Juana, esa madre a la que tengo un altar, obstinado de dormir en parques, de “velar” muertos ajenos en funerarias, de tandas especiales en el cine Yara, de alquileres de los que me desalojaban sin previo aviso… Entonces decidía ir a la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana por última vez, solo que el que salía nada tenía que ver con el tipo abatido que entraba. Este José Luis se llenaba de tanta energía, de tanta belleza, de tanta fuerza interior que podía venir la fiera que él la estaba esperando.

Claro, lejos andaba de imaginarme que mi vida tomaría este rumbo. Cuando en JR demostré “que servía para algo” y creyeron no solo que podía escribir de temas culturales sino además intentar encaminar esa Redacción Cultural que privilegiaron firmas como Ángel Tomás, Emilio Surí, Leonardo Padura, Soledad Cruz, Rufo Caballero, Joel del Río, Magda Resik, Tania Cordero, Joaquín Borges-Triana…, me acerqué al Ballet Nacional de Cuba ansioso por contar una historia llena de gloria de cara al escenario y tras bambalinas. Y de paso, darle las gracias.

Sobre esto has escrito y publicado dos libros, ¿cómo fue esta experiencia de involucrarte en procesos editoriales no periódicos y con otras rutinas productivas y tempos? ¿Hay algún libro en progreso?

Excitante. Quizá a mí no se me hubiera ocurrido nunca esa idea. Respeto tanto a los escritores. Las entrevistas que recoge De la semilla al fruto. La compañía, vieron la luz primero en mi querido Juventud Rebelde, aunque muchas de ellas aparecieron aquí enriquecidas con confesiones que por cuestiones de espacio no pudieron salir en el diario. Por tanto, no fueron escritas pensando que llegarían a conformar un libro.

foto tomada del perfil de facebook de jose luis estrada

La idea comenzó a adueñarse de mí después que publiqué mi diálogo con José Manuel Carreño, gracias al cual me llegó un correo de un muy joven lector holguinero, Jorge Santiago. En su mensaje, este amigo me hacía partícipe de la gran satisfacción que había sentido leyendo la historia de ese notable bailarín cubano. Casi me rogó que le mandara las anteriores, y después de un tiempo me envió otro correo suyo donde me aseguraba que los lectores merecían conocer de cerca el fabuloso quehacer de la agrupación danzaria más importante de Cuba a través de las voces de quienes la sustentan.

Así nació De la semilla al fruto. La compañía (por ese título se extravió entre los estantes de la imprenta dedicados a textos de agricultura, a pesar de que en su portada aparecen unas fabulosas piernas fotografiadas por Nancy Reyes, que comienzan en unos blanquísimos tutús). Fue un proyecto con prólogo del irrepetible Rufo Caballero que me sonroja, aunque sea difícil notarlo.

El libro fue acogido con entusiasmo por la Casa Editora Abril y la Editora Juventud Rebelde para luego echar una larga siesta en el almacén del periódico que no termina hasta hoy. Ahí está todavía rendido ese libro que me llena de orgullo y que se propuso tasar los primeros sesenta años de una de las instituciones culturales más prestigiosas de Cuba y el mundo: nuestro Ballet Nacional.

Como si no hubiera sido suficiente mi tributo a la Alonso y su Compañía, regresé a atreverme con El mundo baila en La Habana. Se lo debo nuevamente a esos amigos, muchos, que no han dejado de estimularme. Cuando le conté a una de ellos, Teresa Plaza, que en De la semilla… no había logrado publicar todas las entrevistas que había conseguido realizar a no pocas de las principales estrellas del ballet mundial me preguntó: “¿Y por qué no lo haces? ¿Qué esperas?”, y me mostró un posible camino: Logística del Arte y su director Enrique Martínez, Quique.

Gracias a esa empresa española, al diseñador estrella Jorge Méndez Calas que permitió que pusiera a volar mi imaginación, a la respetada editora Ana María Muñoz Bachs, a la genial correctora Marvelis Artigas, al superamable prólogo de Eduardo Heras León, a las fotografías más artísticas del universo, a Iris Gorostola que me impulsó a querer más, a soñar sin freno…, resultó un libro hermosísimo, una obrita de arte. ¡Hasta con afiche salió!

El mundo baila en La Habana me dejó la satisfacción de que el único día en que se pudo vender en moneda nacional, el de la presentación en medio de una de las ediciones del Festival Internacional de Ballet de La Habana, parecía que se estaba regalando carne de res. El Museo Nacional de la Danza no alcanzó para reunir a tantas personas. ¿Podrá sentir un escritor felicidad mayor? A veces me lo encuentro en alguna que otra librería de moneda “semidura” (juro que no recibí por él ni un medio picado por la mitad), lo tomo en mis manos y me emociono por lo que conseguí. Las vendedoras que ni siquiera han curioseado mirando las solapas donde destaca una foto mía (ese día estaba bello), no logran entender a fe de qué saltan mis lágrimas. Entonces me las seco, lo vuelvo a colocar en su estante y sigo mi camino. 

Tengo muchos libros en mente. De entrevistas todos, en tanto me lleno de coraje para ver si se me da la narrativa.

tomada del perfil de facebook de jose luis estrada

¿Cómo ha sido tu experiencia laboral en Juventud Rebelde? ¿Es este medio tu zona de confort?

El mejor lugar que pude soñar para realizarme profesionalmente y sentirme pleno como ser humano. Mi otra casa. Puedo considerarlo mi zona de confort pues allí me siento cómodo, libre, como si anduviera descalzo bañándome otra vez en el aguacero. Pero yo me exijo infinitamente. Para mí no hay diferencia entre un texto para las ediciones de martes a viernes mientras te reservas y otro para el buscado dominical, nuestra propuesta de lujo. Me creo en serio que estoy llevando adelante la labor que merece la rotunda cultura cubana, mostrando a sus principales hacedores: los consagrados y los que hoy la sostienen y mantienen en un sitial de honor.   

Tu talento ha sido reconocido en concursos nacionales. ¿Qué sabor dejan premios como el «26 de Julio»?

Uno muy dulce. Pienso que todo el que envía una obra a concurso es porque considera que se ganará el premio. Evidentemente la mayoría de las personas está equivocada o el jurado es incapaz de apreciarla en su justa medida. Tengo la corazonada de que poseo el récord de ser el periodista más “mencionado” de la prensa cubana. Por un buen tiempo dejé de enviar al concurso y este año regresé. Fue un doblete. Yo también considero que he madurado mucho.

¿Qué opinión te merece la joven vanguardia artística cubana?

¡Qué país el nuestro para tener talentos! ¡Qué manera de haber escritores y artistas tan admirables como jóvenes! Verdaderos virtuosos capaces de imponerse en cualquier escenario del mundo. La Asociación Hermanos Saíz posee una fuerza brutal como organización. Lo más importante es que sus miembros creen en ella, confían en ella. Es una lástima que en las escuelas de arte, por ejemplo, no se conozca suficientemente su importantísimo papel. Esos muchachos podrían hacerla más poderosa, porque eso de que en la unión está la fuerza, no falla. No obstante, aunque podría ser más numerosa, no existen dudas de que se trata de una vanguardia viva, rigurosa, que apuesta por la belleza.

foto tomada del perfil de facebook de jose luis estrada

Superar 50 años implica para algunos hacer un inventario de sus logros vitales, ¿cuáles integrarían tu lista?

He sido un tipo eminentemente feliz. Un gozador de la vida. He vivido con intensidad máxima cada segundo. Cada paso ha sido dado desde el amor. Esa es una gran suerte.

Por favor, define en frases breves lo que representan para ti estas palabras:

  • Cuba: mi amante más fiel.
  • Cultura: el alma, la energía, mi salvación.
  • Ballet: mi paseo por las nubes.
  • Familia: ¡me gané la lotería!: así fue como me la pedí.
  • Amigos: Mis piernas, mis brazos, mi pecho… la luz.
  • Escribir: la felicidad.