El pitching de un Almacén

La realización audiovisual en Cuba y el mundo ha encontrado en la Muestra Audiovisual del Almacén de la Imagen el mejor espacio para la reflexión inteligente, el diálogo fraterno y la experiencia de sentir y crear el arte como la más humana de todas las utopías posibles.

En tiempos de pandemia, el evento más longevo de la filial camagüeyana de la Asociación Hermanos Saíz no deja morir el arte joven, por lo que su trigésima edición vuelve a ser el espacio para los talleres, conferencias y la proyección de cortometrajes enfocados en esta oportunidad en los elementos de transmedia y sus formas novedosas de hacer.

En esta edición del Almacén de la Imagen se presentan en la muestra central 114 obras, con 94 en competencia procedentes de las provincias de Ciego de Ávila, Holguín, Cienfuegos, Mayabeque, La Habana, Pinar del Río, Guantánamo, Villa Clara y Camagüey; y de los países de Chile, Colombia, Trinidad y Tobago y Brasil.

Sobre los pitching de ficción que se presentaron este año, el Portal Arte Joven Cubano conversó con José Denis Reyes Suárez, director de arte y miembro del jurado de esta especialidad.

¿Cómo valoras la calidad de las obras que hoy optan por el premio del pitching de ficción?

Han sido cinco proyectos que compiten por el pitching de ficción en esta edición y lo más importante ha sido la cultura que los jóvenes realizadores han ganado en la organización de las carpetas, información que el jurado evalúa en cuánto al guion, la producción y el trabajo visual de cada una de las obras, lo cual se realizará través de las video-llamadas, una de las variantes que nos brinda las plataformas digitales.

En este año lo más significativo tanto en el pitching de ficción como el de animación es la variedad de los guiones y la concepción de una producción para desarrollar un proyecto con el uso adecuado y la distribución inteligente del presupuesto que se otorga.

Filmación del telefilme Café de Media Noche/ cortesía del artista

Una de las preocupaciones de los realizadores participantes en la 30 edición del Almacén de la Imagen ha sido la defensa y presentación de sus proyectos a través de las plataformas digitales. ¿Cómo ha sido esta experiencia?

El tema de las redes sociales sigue siendo nuevo, personalmente prefiero el intercambio, el contacto “cara a cara”, pero este año debido a la situación epidemiológica se han buscado alternativas. Los realizadores han defendido sus obras en las plataformas digitales con videos –muchos caseros– y el jurado los evalúa a través de videoconferencias, donde se les hace las preguntas pertinentes sin perder el rigor característico del certamen.

Lo importante es que esto no se pare, potenciando para próximas ediciones que este tipo de comunicación se imponga como en lo hace en el mundo entero, donde festivales de cine son completamente online y su promoción es fundamental porque llega al público en cuestiones de segundos. Hay que adaptarse a esta tecnología y hacerla nuestra.

Filmación del cortometraje de animación Mi Raza, ganador del premio del pitching de animación en la edición XXIX del Almacén de la Imagen/ cortesía del artista

¿El Almacén v.s “fatalismo geográfico”?

En primer lugar el Almacén de la Imagen es la oportunidad que se está dando, en medio de un “fatalismo geográfico” –que es real– y la inexistencia de financiamiento lejos de la capital. La ayuda que brinda el ICAIC a los realizadores de la zona centro-oriental con el pitching de ficción y animación es sumamente importante, por lo que es necesario defenderla. Las filiales provinciales del Instituto Superior de Arte (ISA) no tienen una preparación adecuada, palpable y actualizada en cuanto al tema cinematográfico en comparación con el ISA y la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual (FMCA), aunque existen provincias como Holguín que se preocupa realmente por hacer cine con tecnología y criterio en cuanto a la factura de los proyectos y sus especialidades técnico-artísticas.

En el caso de Camagüey, la filial de la Asociación Hermanos Saíz ha abierto esta plataforma con el Almacén de la Imagen, el cual desde mi propia experiencia ha creado materiales más interesantes con presupuestos muy pequeños, pero que establece un precedente en Cuba en materia de realización audiovisual.

¿Cuán difícil es para un joven realizador de la zona centro-oriental llevar a buen término un audiovisual y hacer que llegue a toda Cuba?

Es extremadamente difícil y un ejemplo de ello es que los telecentros solo se enfocan en desarrollar la parte televisiva de la imagen con un esquema muy arcaico y ortodoxo, donde los profesionales no abren su espectro audiovisual y sus códigos alternativos. Es precisamente esto lo que queremos lograr con el Almacén de la Imagen, que los propios realizadores cambien esta forma de tratar la imagen, que busquen más información para hacer sus cortos y se nutran con los especialistas de otras provincias y del mundo.

Video Clip de Lady Laura con la productora Wuajiros Films/ cortesía del artista

Hoy la promoción adolece en el audiovisual. Muchas veces concebimos un material que se queda en el tema local y nos preguntamos: ¿cómo hacer que lo vea Cuba completa o cómo llegar a los festivales internacionales?

La preparación de un proyecto con intensiones de competir en algún evento nacional o internacional, que se visualice y suba el nivel de calidad de cada obra, es el objetivo final de todos los realizadores, y hoy es una labor titánica porque no hay una gestión, información de los requisitos ni vías para llegar a estos festivales.

Creo que el Almacén podría trabajar en ese sentido, empezar a educar sobre cómo mover la obra una vez terminada. El único lugar donde los jóvenes siempre pueden acudir es la Muestra de Jóvenes Realizadores donde el pitching de ficción y animación tiene cabida por ser auspiciado por el ICAIC, pero igual no es suficiente.

Ahora que contamos con Internet, es importante que se trabaje en el hecho de que los propios realizadores de esta parte del país entiendan como se puede ubicar la obra en determinadas plataformas internacionales.

¿Cómo ha sido tu relación con el Almacén de la Imagen?

Llevo unos años unido al Almacén de la Imagen, he ganado varios premios y he trabajado como director de arte en muchos de los cortos premiados con el pitching de ficción como Knock Out, Sígueme, La víctima y Oculta. Recientemente filmamos el proyecto de animación Mi raza, del guionista y director Henry de Armas Leyva, ganador del pitching de animación en 2019, una obra artesanal con elementos en miniatura en función de un mundo fantástico a partir del estudio de las rocas.

Personalmente le agradezco mucho al Almacén, sobre todo porque me permite dentro de la experiencia poder ayudar y asesorar a los jóvenes realizadores que en estos momentos están empezando, que tienen sueños, voluntad y ganas de aprender. Es el momento perfecto donde tienes a todos unidos en una misma idea y sobre esa base trabajar con ellos.

Con Luis Alberto García en la filmación del cortometraje Los Coleccionistas/ cortesía del artista

Proyectos futuros… 

En estos momentos estoy enfrascado en la dirección de arte de la película policíaca Cazador, una especie de cine negro en Cuba, financiada por la Embajada de Noruega y con colaboración del ICAIC, la cual está dirigida por Alberto Martin, un excelente realizador camagüeyano.

También estoy en el proceso de producción del cortometraje El Tikrit, escrito por el villaclareño José Luis Aparicio, un corto que tuvimos que frenar su rodaje debido a la Covid-19, pero en diciembre se reanudará y estoy seguro que moverá pensamientos.

Escenografía creada por José Denis Reyes Suárez para el programa televisivo Luces del Almacén en celebración a los 30 años del Almacén de la Imagen/ cortesía del artista

Película canadiense Bordello, con dirección artística de José Denis Reyes Suárez/ cortesía del artista


Piel de burdégano, una propuesta conmovedora

Como parte de la Jornada por la Cultura Nacional y como cierre a estas festividades, el Centro Provincial de Cine en Holguín invitó al cortometraje del joven realizador Juan Carlos Domínguez en el lobby del cine Martí, en el corazón de la Ciudad de los Parques. A pesar de la intensa lluvia que comenzó justamente a la hora planificada para la exhibición de la muestra, los invitados asistieron y quedaron conmovidos con el mensaje que supo transmitir este joven estudiante del ISA que recién comienza su carrera.

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Dayron Chang: «El primer jurado debería ser uno mismo» (+Fotos y videos)

En él habita un duende, quizás el más travieso. Anda por ahí provisto de valentías y pasiones, algunas cohibidas, otras desbordadas. A Dayron Chang Arranz, el comunicador y la persona, solo le importa amar, estremecer, descubrir, trascender; se niega a lo fútil.

Periodista, realizador, locutor y declamador, Dayron busca asir el alma de las cosas. No sabe hacerlo de otro modo. Lleva el peso de actuar y pensar de esa forma desde muy joven, por eso lee mucho, investiga, cuestiona y crea. Busca así traspasar el peligroso manto de la superficialidad y el acomodamiento. Se aleja de los lugares sin espíritu pero no se niega a las experiencias que le acerquen lo más posible al encuentro total con la vida.    

El arte y la historia lo acunan en sus atrevimientos y son su pase de entrada al mundo intelectual cubano. En su corta carrera ya le conocen en festivales, concursos y premios de diversa índole, sin embargo, es en las historias de los otros, en el abrazo de sus paradigmas y en el guiño sensible de los amigos donde atesora sus logros. Aunque no les huye a los desafíos sabe poner cautela ante lo inmenso, por eso llegó algo asustadizo y escéptico al concurso Caracol para cosechar luego el reconocimiento de noveles y consagrados. Sobre los derroteros del evento y la participación de los jóvenes realizadores accedió a conversar con nuestro sitio.

Dayron Chang entrevistado en los estudios de Radio Siboney por el periodista y escritor Reinaldo Cedeño Pineda/ cortesía del entrevistado.

—Quizás seas uno de los pocos afiliados de la AHS o de los jóvenes realizadores del oriente del país que ha sido premiado en el Caracol en dos de las áreas en concurso: Radio y Televisión. Cuéntame cuáles fueron las obras con las que resultaste ganador, su origen, características y otros detalles de tu participación.

—Llegar a obtener ese resultado en dos medios como la radio y la televisión, cada una con sus riquezas particulares, no fue para nada una meta. Más bien tiene que ver con mis inquietudes y propósitos, como persona y profesional, de socializar con los demás aquellos saberes que por azar o por intención llegan a mis manos. Al final, eso es lo mejor: el descubrimiento.

Un primer paso lo di con los sonidos, en medio del desafío que implicó reconstruir completamente la historia de la única gran cadena de radio que tuvo su epicentro fuera de la capital antes del Triunfo de la Revolución. Como parte del ejercicio de mi tesis de pregrado en la Licenciatura de Periodismo surgió la serie radiodocumental Sonidos de Ciudad en el año 2013.

Durante una de las transmisiones vía streaming del Festival del Caribe/ cortesía del entrevistado.

Conocí entonces lo que para un joven del este del país pudiera y aún puede parecer distante, tanto geográfica como generacionalmente, el Premio Caracol. En aquel momento obtuve el lauro en dirección de radio con esa investigación que rescataba de la desmemoria el vínculo de la CMKW Cadena Oriental de Radio con acontecimientos de impacto de la cultura nacional y con personalidades como Luis Carbonell, Celina González, Ibrahim Apud, Yolanda Pujols, Salvador Wood, entre otros.

Resultaba casi impensable la posibilidad de ganar, aunque conocía de algunos casos ya premiados con similares edades, en entornos más cercanos a la capital. No obstante, hay que reconocer que no es lo cotidiano. Y decidí aventurarme porque creía en todo aquello que defendía y poseía el material. Cuando vine a ver era un recién graduado con un Caracol en sus manos y comencé a cambiar mi percepción sobre el premio.

En el caso de la televisión competí con la obra Historias entre montañas desde la cual se hace un análisis sobre la rebeldía del cubano. Esta mereció el premio del jurado en las categorías de dirección y guion de programas educativos e históricos. Había pasado ya un tiempo desde la sorpresa de Sonidos de Ciudad, pero para un joven el Caracol siempre es un impulso pues representa la posibilidad de medirte con realizadores a nivel nacional, unos menos conocidos, otros de renombrada trayectoria, pero todos al final creadores que entregan algo de sí en cada obra y que por diversos motivos apuestan por el Caracol. Siento que la intención, más que el acto de ganar, es ver cómo algunos ven y sueñan a Cuba desde el audiovisual. A eso debería aferrarse el concurso.

—Desde hace unos años se ha ido ampliando el número de categorías a premiar en el Festival Caracol. ¿Consideras que esto es beneficioso o no para la calidad y prestigio del evento?

Dayron Chang junto a la cineasta Lourdes de los Santos, presidenta de la sección de Asociación de Cine, Radio y Televisión de la Uneac, tras la premiación del concurso Caracol en el año 2019/ cortesía del entrevistado.

—La calidad del evento se sustenta en demasiados pilares como para pensar que ampliar el número de categorías pudiera mellar en algún sentido su prestigio. Si bien es necesario respetar esencias y tradiciones dentro de cualquier concurso, también es menester repensarlo en cada tiempo porque la radio, el cine y la televisión evolucionan a la par de la tecnología, los creadores, las estéticas, los soportes… Por tanto, resultará beneficioso en la medida en que el comité organizador y todos aquellos que estén detrás del certamen estudien, antes de elaborar cada convocatoria, esas tendencias para saber qué debe permanecer, qué debe modificarse o qué añadir. Si no se piensa con esa profundidad y entrega podría ser funesto.

El Caracol no se puede permitir lo superfluo o lo improvisado. Estamos hablando de un concurso que por años ha formado parte de la vida cultural y creativa de los realizadores cubanos, que ha sido medidor de la creación a lo largo y ancho del país, que ha legitimado anualmente con sus premios tanto a obras como artistas, y eso es una gran responsabilidad.

Mantener esa exigencia; abrirse cada vez más a nuevas formas; pensarlo sin la etiqueta de las edades como es mi experiencia; expandirlo para que siga siendo plataforma de diálogo entre realizadores; premiar con rigurosidad y respeto… Ahí están los pilares que no deberían faltarle para ser un concurso siempre actualizado.

—Varios realizadores y miembros de la Uneac han planteado en distintos espacios gremiales la necesidad de crear un jurado de admisión como un primer filtro para que resulten nominadas las obras de mayor calidad. ¿Qué opinas al respecto?   

—Podría decirte que soy de los que está de acuerdo con una idea como la que plantean algunos de mis colegas realizadores, pero lo valoro como una decisión circunstancial. No todos los días se concursa en un evento como el Caracol, no haces cotidianamente una obra que crees merecedora de competir. Al concurso no se envía lo común, sino lo que cada cual considera que sobresale entre todo aquello que ha producido. Por eso digo que el jurado de admisión es algo circunstancial.

El primer jurado debería ser uno mismo. No se trata de autolimitarse, pero sí de saber con claridad y autocrítica cuando se ha elaborado un producto que sobresale. Si no se nos va un pedazo de nuestra alma en el arte que hacemos entonces algo le falta. Cada quien sabe cuánto le ponen a su obra; lo que si no puede pasar es que por participar enviemos aquello que no cumpla con las expectativas del evento. Aun así, tener un jurado de admisión permitiría que llegara lo más depurado a manos del jurado que cada edición prestigia el Caracol. Es una decisión que exige respeto y cuidado.  

Dayron Chang junto al Presidente de Honor de la Uneac, el intelectual Miguel Barnet/ cortesía del entrevistado.

—Muchos realizadores jóvenes hoy buscan fuente de financiamiento o auspicio para sus proyectos fuera de los circuitos institucionales ¿Crees que esta situación podría afectar su relación con el concurso Caracol o no?  

—La creación audiovisual está buscando actualmente nuevos mecanismos para organizar procesos que durante largo tiempo han permanecido dispersos y sin dirección en este universo, todavía con grietas y dudas. El Registro del Creador, liderado por la Uneac, el Icaic, el Icrt y otras expresiones de nuestra institucionalidad es una muestra de ese intento del cual hay que seguir aprendiendo porque aún no conocemos todo aquello que ofrece o facilita en cuanto a organización, legitimidad, representación, financiamiento, etc.

Siempre he pensado que por encima de todo importa la creación y eso no tiene por qué entrar en conflicto o afectar el sentido de convocatoria del concurso Caracol. El certamen tiene esencias que ha defendido por años y no creo que la forma en la que se logre financiar o auspiciar la obra, mientras se respete la legalidad, deba entrar en disputa con esas esencias.

Viéndolo como un joven realizador, creo que mientras sea una obra de calidad, con estimables valores estéticos, no hay nada que pueda entrar en conflicto. Son tiempos de abrirse a los discursos que cobran fuerza en diversas partes de la Isla porque juntos contribuimos a esa obra coral que es la cultura. Con el acto de rechazar lo “no institucional” podríamos omitir una parte importante de lo que somos y decimos. El concurso y evento teórico del Caracol deber ser ese espacio de creación y discusión libre donde se exhiba aquello que con calidad se hace en materia de realización audiovisual.

—Podría pensarse que siendo un certamen convocado por la sección de Cine, Radio y TV de la Uneac este sea un espacio solo al alcance de consagrados artistas. ¿Por qué piensas que los jóvenes realizadores debían participar en el concurso y sesiones teóricas del premio Caracol?

—Creo ser un ejemplo, entre muchos otros que conozco en varias provincias del país, de que el Caracol no es un espacio elitista solo para consagrados. Pudiera plantearse sumar a más jóvenes, o “salirse” de La Habana en todo el sentido de la palabra, aunque también podrían ser los jóvenes quienes se atrevan, arriesguen, experimenten o propicien el diálogo.

Por otra parte, los tres días del espacio teórico han demostrado ser insuficientes; en la presente edición la crisis generada por la pandemia de la COVID-19 ha encauzado como nueva vía de socialización las plataformas digitales, experiencia que debería replicarse en los próximos años para que quienes consumen nuestras obras también formen parte de lo que antes se analizaba entre paredes. Pensar un caracol en los móviles, en tablets o un PC, debatir o polemizar con el público desde Instagram, Facebook, iVoox, entre otros soportes, en torno a lo que un jurado decidió que era lo mejor. Hacia ahí debe andar el Caracol, en la búsqueda de un camino que le acerque a los nuevos tiempos.

Siempre he creído en la continuidad. El diálogo generacional que se genera, en ocasiones, entre los pocos realizadores jóvenes y los más experimentados podría ser la piedra filosofal de esa continuidad y esa ruptura que le son inherentes al arte. Pero no lo podemos saber si no vemos al otro, si no escuchamos como lo ven los demás, si no somos capaces de ver más allá de lo que tenemos conceptualizado. ¿Cómo crecer sin interactuar? Por tanto, el Caracol debe buscar vías para crecer. No es malo que aúpe a los consagrados, —son imprescindibles—, lo que importa es que siempre encuentre una manera de ser abierto a todo lo que con calidad se haga en Cuba, porque es la única manera de perpetuarse y sobrevivir. Mi consejo a los jóvenes como yo: atrévanse, quién sabe si mañana ustedes sean los consagrados.

Varias series televisivas y coberturas periodísticas han probado el talento del joven realizador Dayron Chang./ cortesía del entrevistado.

—¿Cómo podría contribuir la AHS a que los noveles realizadores se enfrenten a certámenes como el Caracol mejor cualificados o con más posibilidades de éxito?

—La AHS no deberá carecer jamás de agudeza en sus proyecciones. En esa habilidad se sustentará su vocación para integrar, escoger, consolidar y perpetuar aquello que se quiere definir como lo mejor del arte joven. Sería iluso no pensar que lo mejor puede que también siga allá fuera. Eso le impone a la organización un espíritu de búsqueda, renovación, de contacto y apertura, que se equipare al ritmo de la creación misma; que jamás niegue la esencia de libertad que hay en el arte y el artista; y que sepa andar con los tiempos.

No le debe faltar instinto para esto —al fin y al cabo el arte tiene un poco de ese impulso natural—, pero mejor que se sustente en un pensamiento y una estrategia. Hablamos de una organización de conceptos y filosofías de vida que concomitan para dialogar, que se juntan para hacer crecer al ser humano.

Varias series televisivas y coberturas periodísticas han probado el talento del joven realizador Dayron Chang./ cortesía del entrevistado.

No es solo el artista lo que se elige. También se elige una historia, una leyenda individual, con principios y visiones del mundo que deberán encontrar en la organización vías para crecer, polemizar, revolucionar, aportar a una construcción coral más determinante que es la cultura cubana.

La AHS tiene que ser ese espacio para aprender a escuchar al de al lado, para analizar a Cuba no solo desde mi rincón vital y cercano, sino para entenderla en su profundidad a través del otro. Y qué suerte es tener un lugar de reunión, para ver nuestro arte en contexto, para saber que lo que nace en la individualidad, en el encierro de un taller; en un estudio de grabación, en el tabloncillo de un teatro, en un parque cualquiera de la isla, adquiere mayor sentido cuando interactúa con la realidad que le da vida. Y no es solo el cuadro, la coreografía danzaria, el nuevo libro, la película, es cada una de esas chispas dispersas hallando su verdadera razón cuando moviliza, contradice, embellece, cambia y enriquece lo espiritual y lo físico del entorno local, nacional y universal.

Hay una responsabilidad sobre los hombros de la AHS. Y en ello está en juego la herencia de una creación artística y una obra intelectual que nos trasciende y de la que sabremos o no si queremos o somos merecedores de formar parte. Siempre he creído que todo artista debe ser conocedor de sus raíces, y a partir de ellas trazarse propósitos nuevos. La organización debe prepararnos para momentos así, para circunstancias donde hay que tomar decisiones, para opinar en función de crecer y no de degradar, para madurar en ideas que nos lleven a concursos como el Caracol con obras y discursos que nutran a la nación. Y eso no es el logro de un día. Ese es el camino que deberá estar sembrando siempre la AHS; para ser esa coordenada en la que quieran encontrarse los jóvenes que sueñan y piensan a Cuba desde su arte, ya sea para continuidad y/o cambio.


Un Almacén 30 años más joven (+Fotos)

Un Almacén diferente, pero que no pierde su esencia y creatividad, gracias a la luz joven del audiovisual cubano y al amor incondicional de quienes trabajan durante todo el año para lograr que cada edición del Almacén de la Imagen sea el espacio idóneo que dé riendas sueltas a la originalidad de las nuevas generaciones de cineastas de la isla y del mundo.

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Entre luces y sombras

Sección de audiovisuales de la AHS en Santiago de Cuba

A Frank Lahera O`Calaghan, presidente de la sección de audiovisuales de la AHS en Santiago de Cuba uno lo ve siempre con cámara en mano. Esa eterna amiga que deja instantáneas de lo hermoso a través del lente no lo abandona, como la guitarra a un trovador. De los momentos difíciles salen las grandes soluciones dijo un gran pensador y al parecer los jóvenes creadores utilizaron muy bien esta frase para repensar la Asociación desde diversas miradas. Frank no siente miedo de decir verdades del funcionamiento de su sección, resultados y debilidades.

“Teníamos varios objetivos trazados, entre ellos lograr comunicar la creación santiaguera en festivales nacionales y extranjeros; incentivar la creación individual de los asociados para potenciar el intercambio con colegas de otros lugares y espacios, lo que posibilita nuevas formas de animar, despertar otras inquietudes artísticas. Esto se venía trabajando desde el año anterior con la creación de un Festival Nacional de Videoarte, que se logró gracias al apoyo del Festival FAENZA de Colombia y sirvió de enriquecimiento creativo y espiritual a los realizadores de la ciudad.

Fotos: Tomadas de perfil El Creador

“Además, teníamos la intención de generar diálogo con otros creadores, por ejemplo, queríamos proyectar una retrospectiva de la edición anterior del Almacén de la Imagen, eso sumado a conferencias. Logramos traer, lo que fue un experimento, una retrospectiva de la Muestra Joven del ICAIC en noviembre de 2019 durante cuatro días. Después se pensó que la Muestra podía presentarse en diferentes partes del país, pero esa idea surgió aquí en Santiago. Buscamos la manera de traer realizadores nacionales e internacionales para que impartieran conferencias. Nos había confirmado su presencia Jorge Molina con un taller intensivo de guion durante cuatro días; Alejandro Alonso, ganador en el Festival de Cine de Lima, Perú, nos iba a dar un curso de fotografía, pero llegó la COVID-19 y se pospuso todo.

“Esto surgió gracias a la relación que tenemos con la Muestra Joven de que importantes creadores vengan a Santiago a ofrecer sus conocimientos. También queríamos traer a realizadores de Camagüey, Granma, con muy buen trabajo en lo audiovisual.”

–¿Cómo logras establecer un vínculo con la Muestra Internacional de Videoarte FAENZA?

Somos como una especie de subsede de esa muestra. Surgió en Bogotá, Colombia, y al ser participante le hablé de la posibilidad de insertarnos y ellos aceptaron, vinieron al Festival del Caribe y decidieron hacer algo fijo. Por la pandemia queríamos hacer este encuentro ahora en octubre, pero lo pospusimos para abril de 2021.

Queremos incluir un salón de artes visuales en Bogotá y que Santiago de Cuba funja como puente, con el fin de dar a conocer el trabajo de los jóvenes artistas. Si lo logramos hacer, trataremos de hacer una muestra itinerante que pase también por Camagüey y La Habana.

Fotos: Tomadas de perfil El Creador

–¿Qué soluciones encontró la sección de audiovisuales para continuar creando en medio de la COVID-19?

Trabajamos en las redes sociales. Ahí realizamos ciclos de cine experimental, videoarte, a través de secciones llamadas Ventana Cine, Ventana Perfomance. Presentaron materiales Yuri Seoane, Carlos Gil Calderón, Yunior Frómeta y yo. Cuando se flexibilizaron las medidas hicimos una jornada de cine santiaguero La Mirada Inquieta, realizada en el Cine Cuba como sede principal.

Fueron cuatro días con encuentros teóricos, cine más convencional, documental, animación, y luego se insertó el cine experimental. El objetivo principal con esta jornada fue crear más adelante un festival de cine en Santiago de Cuba, con una buena organización, sin favoritismos, potenciando la creatividad, la experimentación y el buen arte.

–¿Cómo valoras la producción audiovisual de los jóvenes miembros de la AHS en este territorio?

“Te puedo decir que la producción es bastante pobre. Ahora, quizás de 20 asociados están produciendo cuando más tres. Al parecer están en la AHS por estar y ya lo hemos hablado en el ejecutivo. Estamos buscando que se activen, que se inquieten por su realidad y hagan arte. Hacia esa dirección va nuestro trabajo.”

Con luces y sombras la sección de audiovisuales de la AHS en Santiago de Cuba necesita encontrar caminos para la creación. No por gusto se potencia los concursos y becas de la Asociación, con el objetivo de visibilizar el quehacer artístico de los jóvenes creadores. Definir quiénes desean ser parte de esta organización y hacer que su conducta se corresponda como artistas, es uno de los objetivos de esta sección. Frank Lahera no se muerde la lengua y nos traza un camino. Hay que buscar esos puentes y no esperar a que alguien los haga.


Lisandra Duran: «A veces siento como si las imágenes me hablaran» (+Videos)

Apenas se graduó con Título de Oro en la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas en 2013, y ya esta joven comenzaba debutaba en el escenario del audiovisual cubano, con propuestas documentales de gran madurez estética y conceptual. La frescura propia de su edad y un sentido de la elegancia aprehendido entre pasarlas; oxigenan, sin embargo, su obra.

Lisandra Duran Gutiérrez comenzó su carrera como radialista para adentrarse también en el mundo televisivo, vocación que actualmente ejerce dentro del colectivo del Noticiero Cultural de la Televisión Cubana, pero que ha tenido momentos de gran esplendor como reportera, conductora y directora de programas en el canal Telecubanacán en Villa Clara.

tomada del perfil de facebook de Lisandra Duran Gutierrez

“Cuando estaba estudiando la carrera supe que había elegido bien, porque me seguía gustando mucho el periodismo; pero no tenía claro en qué medio quería desempeñarme. Aunque en mi etapa estudiantil realicé en conjunto con algunos compañeros, una serie de cortos que fueron llevados además al lenguaje radial, los cuales abordaron temas como la moda, y el humor en Cuba.

“Al graduarme me ubicaron en la FM Estereocentro en Santa Clara, un medio donde crecí mucho. Recién graduada trabajé como presentadora para una serie de documentales sobre deportes extremos. Me involucré mucho en el proceso postproducción, lo cual me acercó al mundo de la imagen. ¡Y también enfrenté el miedo a las cámaras!, pues durante mi etapa de estudiante me veía a mí misma como una joven introvertida.

“Después de esta experiencia tuve la oportunidad de dirigir un documental sobre el concierto de los Rolling Stone en Cuba, y más tarde presenté otro proyecto a la AHS que obtuvo la Beca El Reino de Este Mundo.”

tomada del perfil de facebook de Lisandra Duran Gutierrez

Estos productos audiovisuales recibieron lauros en eventos importantes de la UNEAC y de la Asociación Hermanos Saíz. ¿Cómo llegas a esos escenarios y qué significan en tu formación como realizadora?

Debido a mi inexperiencia como productora, el documental de los Rolling lo tuve engavetado casi un año. Hasta que en noviembre de 2016 una amiga que trabaja en la UNEAC en Villa Clara me comentó acerca del Festival Santamariare, en la ciudad de Caibarién. A los pocos días me llamó Jorge Gómez, presidente de la sección de audiovisuales de la UNEAC, para comunicarme que había obtenido el premio en Dirección de Programas en la categoría de documentales. Me sorprendí mucho.

tomada del perfil de facebook de Lisandra Duran Gutierrez

Esa experiencia me permitió el intercambio con otros realizadores del país, además me motivó para poner el documental a consideración de la Muestra Joven del ICAIC y el Festival Internacional de Gibara. Para mi sorpresa resultó seleccionado para una exhibición paralela en estos festivales y, además, recibí la invitación de la AHS para presentarlo en Sancti Spíritus, Guantánamo y Baracoa.

Fue una experiencia enriquecedora. Me permitió mostrar mi obra en un espacio de lujo y para un público diverso, pero con gran representación de especialistas y productores del audiovisual. También participé del evento «Voces Cruzadas» en Sancti Spíritus. Pero guardo con mucho cariño una exhibición que tuvo lugar en las ciudades de Guantánamo y en Baracoa. Fue lindo ver la acogida que tuvo entre los seguidores de este género musical, además del intercambio con un público conocedor y ávido de estos temas. ¡Hasta me regalaron un pulóver de los Rolling!

Por aquella época también me entrevistaron para el programa Lente Joven, pero solo se trasmitió en su versión online; y no fue hasta el año 2019 que el Canal Clave lo estrenó en la televisión nacional. De cualquier modo, fue el documental con que me di a conocer como realizadora, y lo agradezco mucho, me dio mucho placer.

Cuéntanos, por favor, acerca de la experiencia de rodaje del corto «Los Rolling en Cuba».

Llegamos a las dos de la tarde a la Ciudad Deportiva dos camarógrafos, un sonidista y yo, con el objetivo de entrevistar la mayor cantidad de personas posibles. Esto no fue difícil pues la gente estaba eufórica con el concierto y recogimos criterios muy diversos, de jóvenes y ancianos, extranjeros y nacionales, figuras públicas como el Guille Vilar – una autoridad–… como medio centenar de entrevistas representativas del público que estuvo allí aquella tarde noche. Para el día siguiente teníamos coordinadas las entrevistas a Frank Delgado y a Juanito Camacho; y como ellos son los especialistas, los escogí como hilo conductor del reportaje. Muchas personas lloraban emocionadas.

Me han hecho críticas, como, por ejemplo, algunos realizadores que trabajan más la experimentación consideran que es un reportaje ampliado; pero considero que lo más importante fue captar la energía del momento, ¿cómo lo ve mi generación?, pero sobre todo, llevar el concierto a las personas que no pudieron disfrutarlo.

Obtienes la Beca de creación El Reino de este Mundo con un proyecto diferente, sustentado en un solo testimoniante y con una estética de lo conceptual ¿Por qué este giro en tu obra?

Evidentemente la formación académica a uno lo marca. Y aunque es algo que a mí me parece muy bien, en algún modo quise asumir el reto de hacer un producto artístico en el que no fuera tan evidente que es un periodista quien está detrás de las cámaras.

tomada del perfil de facebook de Lisandra Duran Gutierrez

Hacía tiempo que tenía en mente realizar un documental sobre el racismo, pero no tenía claro cómo abordarlo, por la complejidad del tema. Había pedido al cantautor Yuri Giralt Barrios sus canciones para la banda sonora del documental que estaba soñando. Pero un día, conversando con él, tuve claro que lo necesitaba como protagonista, porque tiene una obra muy seria al respecto. Se identifica, por supuesto, con la lucha antirracial, porque él mismo y su familia son de raza negra. Además, Yuri Giralt es una persona que constantemente le sale al paso a las actitudes racista que se manifiestan en la sociedad, consciente o inconscientemente. Narrar esta historia de vida, desde su punto de vista, fue muy interesante.

tomada del perfil de facebook de Lisandra Duran Gutierrez

“Cimarrón”, que más tarde obtuvo mención en Concurso Rubén Martínez Villena de Periodismo Cultural, desborda poética y espiritualidad…

Es que cada documental y cada audiovisual, a modo general, tiene su tempo; y yo tenía que hacer un documental que tuviera que ver con su protagonista. Yuri es una persona muy práctica, pero a la vez con un pensamiento profundo, con toda una filosofía de vida y de comportamiento. Todo esto lo expresó en ese conjunto de canciones sobre la temática racial, que, a mi modo de ver, tienen mucho temple, mucha energía. Me esforcé por conjugar la estética, con la música y con el discurso del entrevistado. Por ejemplo, utilizo colores sobrios, planos de detalle.

Hoy día ambos documentales se han transmitido varias veces por el Canal Clave de la TV Cubana.

¿Por qué te interesa el tratamiento de nuestro panorama cultural y, específicamente, temas como la moda, el rock and roll y el racismo, que responden al interés de un público minoritario?

Siempre me ha gustado abordar el mundo cultural porque es muy polisémico, además de que me permite abordar las realidades de mi país de formas muy diversas.

Por otro lado pienso que si voy a emplear recursos y tiempo en la realización de un producto complejo como es el documental, pues lo mejor es abordar temas que tienen menos cobertura en el diarismo de nuestros medios. Además, porque existen hoy día muchos prejuicios, por ejemplo, alrededor de los roqueros, del antirracismo, y del mundo de la moda; y siento que puedo darles la oportunidad a estas personas de hacerse escuchar.

tomada del perfil de facebook de Lisandra Duran Gutierrez

En el mundo del audiovisual te desempeñas, además, como reportera de diferentes medios, conductora y locutora de programas, y guionista de tus propios documentales. En entrevistas anteriores has manifestado que tu trabajo como modelo tributa al resto de tus vocaciones. ¿Te gustaría comentarnos sobre todas estas vocaciones que confluyen en ti?

Lidiar con diseñadores, con fotógrafos y con la industria de la moda en general contribuye al desarrollo del gusto estético, sin lugar a dudas. Que es necesario lo mismo para diseñar ropa, el interior de una casa o un audiovisual. ¡Es crear un ambiente armónico! A esto se suma, por ejemplo, que desde que era estudiante, cuando me hacían fotos a mí o a otra modelo, ponía atención al lenguaje técnico que se utilizaba, el uso de la luz, los encuadres y locaciones.

Todo esto es algo que tú puedes estudiar, pero que con el tiempo lo llevas innato, como una segunda piel. Uno tiene los conocimientos técnicos, pero a veces siento como si las imágenes me hablaran. En un momento determinado me piden cierta música, ciertos planos, determinado tiempo al aire (risas).

tomada del perfil de facebook de Lisandra Duran Gutierrez

tomada del perfil de facebook de Lisandra Duran Gutierrez


Perspectivas, desde el arte joven guantanamero

Como parte de las actividades en saludo al aniversario 34 de la AHS, y en el contexto de la Jornada por el Día de la Cultura Cubana, se presentan las cápsulas promocionales bajo el nombre de Perspectivas, realizadas por el periodista Edelman Henriquez Pons y resultado de la beca de creación El Reino de este Mundo.

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Ian Padrón: «De eso se trata el cine que me gusta: hacer reír, llorar y pensar»

Por estos días en el que el mundo se encuentra amenazado por una pandemia, el cine, más que una opción, es un aliado. Durante el pasado mes de julio, la Muestra Internacional de Cine y Educación (MICE) ―que se celebra en Valencia― inauguró la reapertura del teatro romano de Sagunto tras el confinamiento por la crisis sanitaria actual. La MICE dio inicio ante el público valenciano con la proyección de un filme cubano que, en su estreno en la Isla, atiborró las salas de cine y ha quedado en nuestra memoria cinematográfica.

póster de habanastation

Se trata de Habanastation, la ópera prima de Ian Padrón ―estrenada en el año 2011― cuando la producción cinematográfica en Cuba respecto al trabajo con infantes como protagónicos no había sido muy explotada aún. Se posicionaba entonces la cinta como el cuarto largometraje de ficción que emplea personajes de este tipo como portavoces de un arquetipo gnoseológico de representación social y que va en consonancia con los objetivos de la MICE en el fortalecimiento de los procesos educomunicativos.

Desde el lanzamiento del filme han pasado ya nueve años, pero la tesis argumental de la obra está vigente, sin precisar de tiempo ni límites geográficos exclusivos, con esa alerta de raciocinio lógico que hay en la empatía emocional con sus personajes. El filme ha contribuido, además, a cristalizar la historia cinematográfica con tópicos temáticos no tratados antes con profundidad en Cuba y que su director pone a relieve con ese lenguaje universal que jamás pasa de moda.

La cinta se debate entre la polémica y sempiterna situación de las clases sociales como tesis principal. Es incuestionable la consecuente segmentación social a raíz de tal fenómeno. No obstante, Habanastation reivindica las incongruencias de ambos mundos mediante un elemento unificador e imponente: los valores humanos. El título responde a una auténtica manera de identificación y combinación del mundo de la tecnología con la realidad del país, retratando, además, un panorama extensivo.

Las vivencias de dos niños que estudian juntos en la misma aula pero que nunca se habían relacionado dadas las marcadas diferencias entre ambos, es el hilo del argumento. Durante el desfile del 1ro. de Mayo se desencadenan una serie de eventualidades que propician la amistad entre los pequeños. Mayito y Carlos son los nombres de los protagónicos, aparentemente opuestos en cuanto a conducta y estilo de vida.

fotograma de habanastation

Mayito despunta en clases por ser un alumno integral, disciplinado. Un ambiente de “familia culta” le rodea, aparejado a una estabilidad económica que le da la posibilidad de disfrutar de bienes materiales a los que no muchos tienen acceso. Pero su vida está llena de restricciones equívocas para un niño de su edad.

Carlitos, en cambio, tiene una familia disfuncional: su madre falleció cuando él era pequeño y su padre está encarcelado. Vive con su abuela en un barrio marginal llamado La Tinta donde se vive de a lleno en un ambiente saturado de violencia, pobreza y degradación ambiental. Las carencias económicas lo han llevado a hacer cosas que tampoco cualquier niño haría para ayudar a su abuela a sostener el hogar. Pudiera parecer esta historia en una primera instancia, una reminiscencia de la novela escrita por Mark Twain El príncipe y el mendigo, en la que la diferencia de estratos sociales es también el hilo desencadenante de los puntos de giro en la narración.

fotograma de habanastation

La idea original del guion es del propio Ian Padrón, quien ha reconocido que en este largometraje se encuentran algunos elementos autobiográficos, sobre todo de sus experiencias escolares. Especialmente se inspiró en un amigo que vivía en La Timba ―barrio habanero periférico―, en otros muchachos del grupo que residían en otra zona del municipio de Plaza, y en su anhelo infantil de tener un Playstation.

tomada del facebook de ian padrón

Los disonantes entornos de vida que experimenta cada uno los lleva a complementar su amistad, aunque pudiera parecer contradictorio. Mayito vive en una burbuja e ignora una realidad oculta pero latente. Carlitos, que crece en un escenario de problemáticas reales, no conoce el jazz, pero sí sabe del mundo de los orishas y las creencias populares que conforman la solidez de su ritmo de vida, tan complejo y profuso. Así que es de esperar que Mayito se sienta asediado y a la vez fascinado por lo desconocido cuando descubre accidentalmente este barrio antes inimaginable para él. Al inicio puede parecernos un poco egoísta, pero va tomando su rumbo con las experiencias que obtiene de su vida real al mismo tiempo que va evolucionando la diégesis fílmica.

 

Es meritorio el trabajo con la fotografía a cargo de Alejandro Pérez, y en el sonido de Diego Javier Figueroa. Plausible es el reconocido elenco actoral, y también loable resulta el despliegue histriónico de los infantes Andy Fornaris y Ernesto Escalón, que supieron darle a la cinta un exacto nivel de verosimilitud, sin caer en artificios ni exaltes de interpretación.

Habanastation articula una realidad social desde su propia base de indeleble existencia. Se representan los hábitos de una Cuba impensada desde la heterogeneidad de estratos que la conforman. Precisamente sobre estos elementos de conceptualización, representación y construcción de personajes, su director, Ian Padrón, nos comenta.

tomada del facebook de ian padrón

―Habanastation es el primer largometraje de ficción dentro de su carrera fílmica, ha sido galardonado en varios festivales internacionales de cine e incluso electo para representar a la Isla en la competencia por una candidatura al Oscar en el año 2012 a mejor película extranjera. ¿Qué ha significado para usted este logro? ¿Cómo concibió la idea del guion y qué lo motivó a incluir en su proyecto fílmico a dos personajes infantiles?

―Habanastation es mi debut en el largometraje de ficción y quizá sea el trabajo más popular en mis 20 años como realizador. Es un filme basado en mi vida personal, aunque no es exactamente autobiográfico. Tuve un amigo en la escuela primaria que inspiró al personaje que hoy es Carlos, del barrio de La Tinta. La idea surgió en un taller de guion que impartió Senel Paz en 2000.

 ―La película Viva Cuba de Juan Carlos Cremata es la promotora por excelencia del debut de los infantes como protagónicos en la cinematografía cubana. A partir de aquí se fomenta el trabajo con los pequeños y se hace ostensible en los filmes La edad de la peseta y Martí: el ojo del canario. Habanastation vendría siendo la cuarta película que sigue esta vertiente de darles mayor voz a los niños en papeles principales, en este caso con los personajes de Carlos y Mayito. De hecho, en algunas entrevistas declara que la cinta hace reflexionar sobre la necesidad de trabajar con niños y para niños. ¿Cómo cree que se inserta esta cinta dentro de esta reciente tendencia del cine cubano?

―Como te decía, Habanastation que entonces se llamada Pleisteichon―, es un argumento que surgió desde el año 2000 pero se “engavetó”. Cuando Cremata hizo Viva Cuba demostró que ese cine que en Cuba nunca había sido valorado, era un cine necesario y valioso para el público nacional. Viva Cuba es una bella película y fue muy popular, como las nuestras lo fueron años después. Este filme de Juan Carlos Cremata demostró, además, la madurez de la compañía teatral para niños La Colmenita, dirigida por su hermano Tim Cremata. 

Ya había un lugar en Cuba donde uno podía ir a buscar a niños capaces de actuar o vencer el miedo a las cámaras y que tenían la vocación y la disciplina para hacer un trabajo que puede llevarles un mes sin jugar o sin ir a fiestas.

tomada del facebook de ian padrón

―Uno de los mayores desafíos a los que se enfrenta un realizador es, sin dudas, el trabajo con niños. Resulta sumamente complejo; sin embargo, ha sabido manejarlo muy bien, y es destacable además las cualidades histriónicas de Andy Fornaris y Ernesto Escalona. ¿Qué retos asumió y qué experiencias trajo consigo el trabajo con infantes durante el rodaje?

―Andy Fornaris y Ernesto Escalona estuvieron muy motivados desde que los seleccioné. Aprovecho para volverles a agradecer. Primero elegí a Ernesto (Mayito) y luego a Andy (Carlos) en un casting que duró varios días. Fue muy divertido hacer el filme con ellos y el resto de los niños actores.  Jugábamos fútbol, hacíamos chistes y nunca tuvimos ni un sí ni un no. Fueron tan profesionales como los actores adultos y dedicados como el que más. Siempre he dicho que repetiría la experiencia. 

―Es cierto que vivimos en una sociedad que no clasifica de homogénea o heterogénea, sino que se fusiona en una amalgama de sedimentos culturales y sociales. En el filme hay muchos elementos en los que subyacen tópicos  tomando como plataforma los personajes infantiles. ¿Cómo ha concebido la construcción fílmica de estos personajes como reflectores de una sociedad plural y compleja? 

―Creo que esta película es, primariamente, para el público infantil. Después puede haber otras edades que la disfruten o valoren, pero el objetivo central fue conectar con niños y adolescentes. 

Habanastation habla de convivir respetando las diferencias, aun en una sociedad que intentó buscar una igualdad en muchos aspectos.  A nuestra sociedad le falta un largo y difícil camino para respetar más la pluralidad y la complejidad de todos sus ciudadanos. Cuba es un país que tiene muchas personas capacitadas en ciencia, arte o educación. Mi esperanza es que los niños de ahora sean adultos más tolerantes en el mañana, si es que la cultura marginal no arrasa con todo primero.

tomada del facebook de ian padrón

―Los protagónicos experimentan una consecuente evolución en el transcurso del filme, más ostensible en uno que en otro. A ello se deben los encontronazos de Mayito con los escollos de un mundo abrupto e ignoto para él. Juntos se enfrentan al miedo, conocen el real valor de la amistad y conciertan una contrastable relación a tornapunta. ¿De qué herramientas fílmicas se valió para insertar y hacer visible a todo tipo de espectador estos elementos de evolución en los personajes?

―Hay una escena en la que Mayito se esconde de modo egoísta en el baño para comerse un pan con jamón, sin compartir con Carlos, que está afuera cocinando.  Un perro ladra de pronto, asustando a Mayito… y el pan cae casi entero en el inodoro.  El espectador se alegra que por “casasola”, Mayito pierda su merienda. Para rematar, cuando sale del baño se sienta a la mesa de Carlos, quien le brinda su comida recién cocinada y comparte con Mayito el único pan que tiene, mientras le dice: “Mitad y mitad”. Y divide el pan en partes iguales. 

―¿Cómo valora el trabajo con niños luego de culminada la tarea fílmica?

―Excelente. Lo repetiría mil veces si fuera necesario.

―¿Cree que ha logrado con estos personajes el fin que se tenía propuesto?

―Eso lo dirá el tiempo. Aprendí mucho creando estos personajes. Primero junto al guionista Felipe Espinet, luego con los propios actores y al final con la reacción del público que aún los recuerda.  Fue un privilegio hacer este filme. Un honor que el público cubano fuera masivamente a las salas de cine para divertirse, emocionarse y verse reflejados De eso se trata el cine que me gusta: hacer reír, llorar… y pensar. 

tomada del facebook de ian padrón

Vean Watchmen, pero…

Ya lo sabemos. En un mundo de extremos, vacilaciones metafísicas y relativismo cultural no es de extrañar que, cada vez más, las personas desconozcan cualquier análisis o proyección de la realidad que no se corresponda con su visión del mundo. De otro modo no podría explicarse cómo el fenómeno serial de la pasada temporada televisiva en Estados Unidos fue perdiendo poco a poco miles de espectadores mientras cosechaba los aplausos de la crítica y la prensa especializada.

Y es que, en cuanto al firmamento audiovisual, a muchos nos gustan los remakes, las adaptaciones, la intertextualidad o las menciones, solo y solo si, no se meten con los miembros de nuestros particulares panteones de culto. Ese era un riesgo que conocían los creadores de la serie Watchmen (HBO), coronada con 11 estatuillas en la primera ceremonia virtual de los premios Emmy, en sus 72 años de existencia.

La metáfora del enmascaramiento alude a varios aspectos de la realidad social y política actual.

El polémico productor y guionista de cine y televisión Damon Lindelof (The Leftlovers y Lost) tomó como punto de partida para el ambicioso proyecto del canal HBO una serie de cómics homónima creada por el guionista Alan Moore, el dibujante Dave Gibbons y el entintador John Higgins; publicada durante los años 1986 y 1987 por DC Comics.

Watchmen, la novela gráfica (también adaptada al cine en 2009 por Zack Snyder) es un material de culto que describe a la humanidad en el preludio de una Tercera Guerra Mundial mientras un grupo de superhéroes de ambigua moralidad propician el triunfo en Vietnam de los Estados Unidos para luego ser proscritos. No obstante, la serie televisiva utiliza el universo del comic para crear un contenido completamente nuevo, y es ahí donde despunta, al cimentar su propio camino de fabulaciones y aportes al discurso social, político y artístico de nuestra época.  

El supremacismo racial es uno de los temas abordados en la miniserie.

Algunos argumentan que no es necesario leerse la historieta para ver la adaptación libre de Lindelof, pero algo de información hace falta, pues la carga referencial es muy alta y, sin dudas, dificultaría disfrutar completamente de una serie en la que la complejidad discursiva se va armando entre las consecuencias de los hechos narrados en la historia original y las licencias que se toman los guionistas, siempre en función de un argumento renovador para criticar la sociedad y el poder emulando lo que se propusieron, en su momento, Moore y Gibbons.

Esta “profana” revisitación asienta su relato varias décadas después de los eventos de la novela gráfica con la aparente superación de los traumas causados por el conflicto de Vietnam (que ahora es un estado más de la unión americana), el caso Watergate (Nixon nunca renunció), la Guerra Fría o el cataclismo nuclear. Asume como desencadenante de la acción las tensiones raciales en Tulsa, una ciudad sureña donde en 1921 hubo una masacre de personas negras en manos de supremacistas blancos (hecho real), para luego trasladarnos a un 2019 alternativo en el que un progresista Robert Redford (sí, el mismo) gobierna en la Casa Blanca.  

La reconocida actriz Regina King protagoniza Watchmen.

Durante la llamada Noche Blanca, un grupo supremacista llamado La Séptima Kaballería, ―versión moderna del Ku Klux Klan―, ataca coordinadamente a la policía de Tulsa, mientras los agentes deben cubrir su rostro con una banda de color amarillo para evitar ser reconocidos. Tras el asesinato de un oficial se suscita una trama detectivesca, aparente sostén del guion, en la que asume el protagónico una policía retirada y justiciera encapuchada, Angela Abar (interpretada por la oscarizada Regina King), pivote para durante nueve capítulos adentrarnos en el fundamento de la serie: la brecha racial y la situación política actual de los Estados Unidos.

Es de reconocer que los realizadores sostienen con audacia los enigmas de la trama ante la expectativa de una audiencia acostumbrada al desarrollo narrativo clásico, a través de un ejercicio de implicaciones semánticas significativas, apoyado en un empaque visual y sonoro tan atrevido, en ocasiones, como el mismo argumento de la serie.

Entre metáforas más o menos evidentes los creadores se acercan, entre otros temas, a los vínculos entre poder, raza y violencia, la brutalidad policial, la paranoia antiterrorista luego del 11 de septiembre de 2001, las fake news, la pandemia silente de las drogas, la doble moral, el miedo como arma de manipulación, la homofobia, los traumas intergeneracionales, la memoria histórica, el control armamentístico, la identidad y el anonimato en internet.

Se analiza, asimismo, el legado y sus secuelas en el devenir social y personal.   Y es que Watchmen es un vuelco al pasado, una lección sobre cómo las acciones de nuestros antepasados hilvana la experiencia colectiva del presente para bien o para mal.

Las relaciones entre raza, poder y violencia centran la atención de la miniserie.

Ciertamente los giros dramatúrgicos pueden ser rocambolescos, pero no desentonan en un entramado argumental que, al igual que el original, apuesta por la densidad temática, la estructura compleja y varias líneas temporales. Si ambas obras coinciden en algo es en el propósito de deconstruir la figura del superhéroe mientras se nos presenta una distopía apabullante.

Simula este ser un ejercicio caótico, pero sociológicamente bien nutrido para situarnos frente a disyuntivas morales muy de nuestro tiempo. En ese sentido diría que es una serie para el público estadounidense. Y, además, imagino que sin proponérselo funge como una suerte de punto de compensación ideológica luego del evidente tufillo antirruso de la muy aclamada Chernóbil (2019), también de HBO.   

La crítica audiovisual estadounidense, celosa guardiana de su herencia cultural, que aguijonea sin miramientos cualquier intento magro de acercarse a sus íconos, ―que tantas veces hemos visto encartonados e insustanciales―, se ha rendido ante esta miniserie. Le agradecen abrir nuevamente el debate sobre grandes cuestiones de la identidad americana, siendo arriesgada y entretenida a la vez. Otros, en cambio, le cuestionan su énfasis sociopolítico y destacan, en parte, el fascinante conjunto de personajes que reescriben los guionistas.

Las relaciones entre raza, poder y violencia centran la atención de la miniserie.

Sus detractores, que sobre todo se cuentan entre el gran público, no les perdonan a Lindelof y su tropa la transformación de algunos de los personajes y símbolos del comic ochentero hacia posiciones aún más controversiales.  Algunos de los comentarios en redes y webs de votaciones apuntan a cierta saturación con la temática del conflicto racial que, junto al supremacismo blanco, se han convertido en tendencia en el cine y la televisión actuales. Otros señalan que esta revisión transige ante la llamada woke culture.

Yo por mi parte la recomiendo. Vean Watchmen, pero no acudan a ella con el infantil propósito de compararla, ni con el argumento ni la estética del legendario comic, ―hay cosas que no se comparan―, ni mucho menos en la búsqueda de una historia de superhéroes a la medida de las producciones de Marvel. Watchmen es lo que es.     

Ficha:

Año: 2019

País: Estados Unidos

Director: Damon Lindelof (Creador), Steph Green, Nicole Kassell, Andrij Parekh

Basado en: Watchmen, de Alan Moore y Dave Gibbons

Reparto: Regina King, Jeremy Irons, Yahya Abdul-Mateen II, Don Johnson, Tim Blake Nelson, Louis Gossett Jr., Adelaide Clemens.

Género: Serie de TV. Drama. Thriller. Fantástico. Ciencia ficción. Distopía.

N.º de temporadas: 1

N.º de episodios: 9

Medio de difusión: HBO

Fecha de lanzamiento: 20 de octubre de 2019.         


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