Los desafíos de Camila Rodhe (+ fotos, video y tuit)

Era algo tímida, le temía al ridículo, pero su pasión por el jazz y la actuación es más fuerte que lo demás. Ahora encanta desde las tablas, encarna personajes con naturalidad y despierta aplausos.

Camila Rodríguez, más conocida como Camila Rodhe, es actriz del grupo El Portazo y cantante del conjunto Mestizaje, en Matanzas, su provincia natal. La obra CCPC La República Light III Temporada fue como una especie de vitrina que le permitió demostrar su fuerza y talento.

Oriunda del municipio de Cárdenas, posee entre sus principales reconocimientos el premio de actuación femenina Adolfo Llauradó (2019), uno de los más importantes entregados a jóvenes en Cuba, miembros o no de la Asociación Hermanos Saíz.

Con naturalidad, narra que cuando conoció la noticia no lo podía creer. Tal vez porque nunca imaginó que con su primer estreno como profesional podía recibir ese tipo de aplauso. “Sentí mucha alegría, sobre todo porque significa que mi trabajo va por buen camino. Cada reconocimiento de la AHS alienta a que el creador continúe con ese deber de aportar a nuestra cultura y cada vez con más ímpetu”.

— ¿Cuánto favorece tu formación actoral estar en El Portazo, un grupo que a pesar de su juventud da pasos importantes a nivel nacional?

— Ser parte de El Portazo ha sido y sigue siendo un placer y una suerte. Incluso, ya estudiando en la Academia, no tenía claro si quería ser actriz. Desde niña he amado el musical, y cuando me gradué no existía ninguna agrupación desarrollando ese género. Llegué a Matanzas y me incorporé a este grupo sin saber qué hacía allí… no tardé en entender. He aprendido el rigor, la belleza, el placer de hacer arte.

“He aprendido el riesgo, a disfrutar el proceso, a entregarme sin miedo en las tablas… Era muy cohibida, le temía al ridículo. En el El Portazo he ido conociéndome como actriz, cuáles son mis lagunas, cómo mejorarlas y cómo sacarle provecho a mis cualidades…, consciente de que la búsqueda y el crecimiento han de continuar. Tanto su director, Pedro Franco, como sus actores (a quienes admiro y respeto mucho) me han ayudado y me guían en esta búsqueda”.

— ¿Qué tipo de personajes prefieres o los asumes todos con el mismo entusiasmo? ¿Por qué?

— Creo que todavía no puedo decidir qué tipos de personajes me gusta hacer, y por eso, me entrego a todos con igual pasión… todos suponen un reto para mí. Desde la escuela me han tocado personajes dramáticos y me gusta… ahora tengo la oportunidad de hacer una comedia. Estoy tan entusiasmada como temerosa, pues nunca me he considerado una persona simpática… Se me da mejor reír que hacer reír. Pero la curiosidad y la oportunidad de descubrir de qué soy capaz son más fuertes que mi miedo, y estoy muy contenta con ello.

— También tienes experiencia como actriz de la emisora Radio 26, en Matanzas. ¿Cómo es el trabajo en ese medio? ¿Cuán enamorada estás de la actuación radial?

— Llegué a la radio gracias al actor y director del dramático de Radio 26, William Quintana, que más que mi director en este medio y mi compañero de escena, es tutor y amigo. Mi primera vez en la radio fue aterradora. Muy buenos actores me acompañaban y no sabía qué hacer (aclaro, que en la academia recibí clases de radio, aunque en ese entonces no las valoré). Pero me acogieron con paciencia y pronto descubrí el deleite.

“Es una escuela por la que todo actor debería pasar. Aprendí agilidad. Es impresionante cuántas cosas se pueden hacer de un personaje solo usando tu voz. Sin dudas es un trabajo muy difícil, pero divertido”.

— El teatro implica muchos retos más allá de la escena. ¿Cómo es en tu caso?

— No creo que sea muy diferente al resto de los actores de mi generación. Yo soy de Cárdenas, pero El Portazo radica en la ciudad de Matanzas, por lo que pronto tuve que buscar alquiler en la capital provincial, lo que supone estar lejos de mi familia y aprender a mantener todo lo que ello conlleva.

“Además de eso, y hablando concretamente del trabajo, siempre es un reto el proceso de investigación y búsqueda al que debemos entregarnos con cada obra. El público ve un resultado, pero el proceso es la parte más divertida e importante. Lleva horas de estudio, y constante búsqueda. La vida social es limitada en esos momentos y a veces tus amigos y familiares no lo entienden y eso afecta un poco tu lado emocional… Fuera de eso, nada del otro mundo”.

— Te gusta mucho el jazz. Sin dudas tu padre, director del conjunto Mestizaje, seguramente tuvo mucha influencia en eso…

— Desde pequeña la música cubana y el jazz era todo lo que oía en casa. Crecí rodeada de discos y músicos ensayando. Pasaba horas escuchando a mi papá practicar en la batería… Siempre pensé que sería músico, pero la vida me llevó por otros caminos.

“De todas formas, nunca he podido separarme del jazz y de la música en general, ni es mi intención dejarla atrás. No fui a una escuela, pero aprendí canto coral (lo suficiente) desde los seis años de edad hasta los 15 con el maestro Reynaldo Montalvo, integrante del Coro de Cámara de Matanzas, que está bajo la dirección de José Antonio Méndez. Con él me cultivé y me enamoré más del arte”.

— Entre 2017 y 2019 tuviste varias presentaciones musicales en Egipto ¿Cómo fue la experiencia?

— Fue increíble e intimidante, porque tenía entonces 19 años, me acababa de graduar y nunca había enfrentado un público que no fuera de escuela (dígase padres y amigos que asistían a los exámenes de actuación). Era la primera vez que me alejaba tanto de mi familia y empezaba a descubrir otros lugares, otra cultura, y daba mis primeros pasos en el mundo profesional, muy importante además porque fue parte de un proceso de búsqueda sobre cuál sería mi camino. ¿Quería ser músico o actriz? Resultó que quiero ser las dos. La música siempre ha estado en mí, y la actuación me llegó por azar, aún no sé por qué, pero estoy contenta de que haya llegado.

— Llama la atención tu versatilidad como artista, a veces la música y el teatro se unen encima del escenario. Ahora mismo preparas la Comedia Musical Todos los hombres son iguales… ¿Cuál será tu papel en esa obra?

— Interpreto a Susana, un personaje algo histérico y burlón, que se deja llevar por sus amigas (Liza, que la interpreta María Laura German, y Marie, a cargo de la actriz Odette Macías), y luego las culpa por haber perdido el control.

— ¿Cuál consideras que ha sido tu principal desafío profesional hasta el momento?

— Precisamente el enfrentamiento con esta comedia musical. Ya había mencionado el hecho de que no se me da muy bien hacer reír y, para más tensión, comparto escena con actores muy simpáticos y ocurrentes. Como dice el buen cubano, he tenido que ponerme las pilas.

 

— ¿Qué sientes encima de las tablas? ¿Cuánto le temes o no a las reacciones del público?

— Lo que siento cuando subo al escenario es difícil de explicar. Son muchas cosas. Pero, sin duda, me siento libre, y sin importar cuál sea el resultado, me siento complacida… Para el público trabajamos y por eso su reacción y opinión es muy importante, eso siempre resulta aterrador, y provoca mucha tensión, pero nunca ha sido un freno para mí. Al contrario, procuro que funcione como motor impulsor. Aprender a escuchar a quienes te observan es algo muy importante.

— Por lo general, se piensa que las actrices son desinhibidas. ¿Cómo te defines como persona?

— Mitad y mitad. La profesión que he elegido me ha ido sacando esos demonios que antes temía mostrar, pero aún siento pudor en varias ocasiones.

— ¿Qué piensas del teatro cubano? ¿Cuáles son sus principales desafíos?

— Siempre se puede hacer más y mejor. Sobre todo porque en pleno siglo XXI competimos con la tecnología, y las personas ya no quieren tomarse la molestia de llegar hasta un teatro. Creo que en Cuba se hace buen teatro, y que muchas agrupaciones ya han comenzado a actualizar sus repertorios y están en la búsqueda de hacerlo más atractivo e interesante.

Pero para que la lucha tenga resultados, el teatro cubano necesita más apoyo, más allá de los festivales que ya lo respaldan. Es más fácil ir a un concierto que a una obra. Y hablo de la isla entera. He conocido personas que, aún hoy, no han visto una obra de teatro. Simplemente no se enteran, y eso es algo triste.

— En tu opinión, ¿cómo deben ser los jóvenes actores y actrices en la Cuba de hoy?

— Más arriesgados. Más estudiosos, más curiosos. El mundo cambia a minutos, y mantenernos actualizados es importante. Creo que también debemos ser conscientes de la importancia de nuestro oficio… no perder la belleza y la pasión.

—¿Qué importancia le concedes a la Asociación Hermanos Saíz como aglutinadora, impulsora de proyectos y defensora de los jóvenes escritores, artistas e investigadores?

— Justo esa. Como jóvenes creadores, contar con una asociación que nos respalde, aliente y oriente en este camino, es muy importante.

—¿Cuáles son tus principales sueños en el mundo creativo?

— Rescatar el musical en Cuba. Creo que es muy importante, sobre todo porque somos una isla muy rítmica, y este es un género de mucho virtuosismo, belleza y grandeza que nunca debió perderse.


La amarga soledad del Pinto

La noche del Pinto, basada en un original de Reynaldo Montero, fue la entrega de Teatro D` Sur para este Mejunje Teatral. Una puesta resentida en aspectos como el diseño escenográfico y sonoro, pero que logra comunicarse con el espectador gracias –porque hay que agradecerle en verdad–, a la actuación de Jorge Luis Castillo.

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Cuentos del Zoo, una puesta necesaria

La mezcla en escena del trabajo con títeres, con máscaras, trabajo actoral en vivo y coreografías de baile, regaló la Compañía de Teatro Océano con la pieza Cuentos del Zoo, para los niños y los amantes del teatro en general de esta ciudad santaclareña. Entrega muy dinámica y alegre de este Mejunje Teatral resulta sin dudas el libreto de Juan González Ramos, puesto en escena por Irina Aguilar.

Estrenada hace ya dos años, con motivo de los 500 de La Villa de La Habana, la obra es un montaje con retablo y tres personajes que encarnan al personal de un jardín zoológico. Idalmis Ramírez como Campana, José Yasser Alfonso, que interpreta al administrador Amapolo, e Irina Aguilar como Cristina.

foto dorisbel guillén

Ellos cuentan a los niños las peripecias de los animales que allí son expuestos y a los cuales dan vida a través de graciosos títeres. Las subtramas se nutren del folclor clásico. Son acompañadas por fragmentos de melodías tan conocidas como “Lo feo”, de Teresita Fernández, cuyas letras fueron alteradas en consonancia con la trama. Tributa así a la unidad dramática.

“Con este elenco llevamos un año de presentaciones regulares y estamos muy felices porque a los niños les gusta mucho,” dijo Aguiar, en declaraciones para el Portal del Arte Joven Cubano. También precisó que en el guion se incorporan fragmentos de los diferentes libros de texto de lectura de la enseñanza primaria.

Cuentos del Zoo desborda energía, pero no solo divierte y nutre a los niños de sabiduría popular, de buena música y colorido. Por encima de todo se avoca al cuidado de la naturaleza y de los animales. Pero no es un llamado ambientalista más, sino uno entretenido y trascendente. Toca temas como la autoestima, la camaradería, el buen gusto, el racismo, la valoración del otro.

foto dorisbel guillén

Involucra al público con preguntas directas, competencias participativas que se logran sin ruidos en la secuencia de acciones, sin perder la hilaridad de las historias secundarias ni de la trama principal del Zoo. Pues los actores devenidos titiriteros se identifican con su entorno, con los fenómenos tan cotidianos de un zoológico, que despiertan admiración en las personas como, por ejemplo, el acto de alimentar a los leones.

En opinión de Aguilar esto justifica las peripecias que se cometen y se logra una atmosfera que no solo agrada, sino que extrapola a los infantes hacia contextos y mundos de su imaginación. Se le añade un diseño escenográfico atractivo y colorido, con un retablo de recursos minimalista. Títeres de diferentes tamaños y materiales, así como textos ágiles y eficacia histriónica. 

A todo esto, se debe la mezcla de alegría y sobrecogimiento que se quedó entre los espectadores del Guiñol después de la puesta. Pues esta es una obra que continúa dialogando con su público al cerrarse el telón.  


Yisel, con Y

Una joven aldeana de la Renania medieval inspira el amor de Loys, bajo cuyos andrajos de pueblerino se encuentra el duque Albrecht. Hilarion, cazador, tiembla de celos. En dos actos de un ballet con música de Adolphe Adam suele contarse la historia de Giselle. Pero la Directora Artística Idania García Castañeira prefirió decirlo de otra manera.

Para contarnos su Yisel, bebió de la pieza romántica y dispersó su propia versión sobre las tablas. Una que recurre al humor en registro coloquial, para presentarnos personajes con identidad y carisma. Cuyo referente inspira a lo sublime, pero que a la velocidad de la luz nos aterriza en la circunstancia bucólica de Gisselle.

Y por si pareciera poco atrevida la parodia, tres títeres interpretan a los personajes principales y nos conducen por una suerte de secuela jocosa de la obra original. Estos son presentados mediante la recurrencia a algunos actos y la música incidental o en primer plano, en muchas ocasiones, del clásico; trascendencia textual que agradece el público, pero que responde también a cierto objetivo pedagógico detrás de esta entrega.

foto Dorisbel Guillén

“Tanto los niños como los adultos que no conocen la obra original pueden acercarse a la trama, porque es narrada con naturalidad y desenfado”, explica al Portal del Arte Joven Cubano Idania García, quien además de actuar y dirigir, concibió este original y todo el diseño escenográfico y sonoro.

Comenta también que el trabajo con títeres fue un elemento de singular importancia en esa intención subyacente. Debido entre otros aspectos, a que “resultan muy atractivos se logra sensibilizar al público con la representación de valor universal.”

De este modo, la reconocida actriz de la Compañía Teatral Mejunje se desdobla en escena a través de tres personajes, dos de ellos masculinos; títeres que manipula con maestría y a los cuales imprime con su voz matices específicos. 

En escena, Yisel, es maniobrada por Denet Garcés Águila García, quien cuenta con cinco años de estudio del ballet, pero asume por primera vez la actuación y también se inicia como titiritera. “Intercambiamos experiencias”; afirma acerca de lo que significó colaborar con la directora en el montaje de pasos y figuras propias del ballet.

Pero aun cuando esta retroalimentación pudiera mantener una intensidad dramática, puesto que se nutre de recursos bastante atractivos, pasado el primer acto comienza a resentirse el ritmo de la obra teatral. Puesto que los diálogos se tornan algo vacíos. El romance se convierte en melodrama. Se entiende, está claro, la intencionalidad, la ironía hacia el edulcoramiento del romance. Pero redunda en un estancamiento momentáneo del ritmo narrativo que nos deja también un sabor superfluo del tema.

Aun así, captan la atención la recurrencia a localismos jocosos, destellos de improvisación y la gran originalidad de la puesta en sí. Se superpone a todo esto el magistral manejo de los títeres.

Madre e hija soñaron esta singular puesta que tuvo su debut en marzo del año pasado con motivo del ejercicio de graduación de Denet Águila. Una vez egresada de la Escuela Provincial de las Artes de Villa Clara seguirá convidando a su disfrute en la sede del Proyecto Mejunje y en otros escenarios del país.

La invitación se agradece, si se tiene en cuenta que esta “Giselle”, convida a las propias lecturas paralelas de la leyenda una vez que nos atrevemos a despojarla del preciosismo del ballet para encontrarla en otras poéticas. Y es que mientras Yisel ––la puesta–– nos hace reír, podríamos preguntarnos nosotros también: ¿Cómo pudo haber sucedido realmente?


Paradigma o ¡Ay, Shakira!, una puesta para niños reales

Si los niños dijeran todo lo que piensan, valientes cosas nos dirían. Por ejemplo, que se sienten inconformes con el color de su piel y le escriben cartas escondidas a Shakira para que les haga el milagro de un cuerpo curvilíneo y un cabello rubio, con nariz respingada. Al menos, es este el conflicto de Amanda, una niña negra acosada por los paradigmas de la industria cultural, y más específicamente por su compañera de aula.

Alrededor de este argumento gira la trama de Paradigma o ¡Ay, Shakira!, puesta del santaclareño Teatro Sobre el Camino bajo la dirección artística de Rafael Martínez; y que ha sido acogida con ovaciones entre el público infantil y adulto de diferentes escenarios nacionales. Premiada además por un jurado de niños durante el festival Titereando en la ciudad en Guantánamo.

Y es que asistimos a una obra para niños construida desde los cimientos de sus preocupaciones actuales, una tragedia que nos hace reflexionar durante y después de la puesta. A criterio de esta reportera, porque no solo se atreve al abordaje de temas considerados tabúes para el público infantil sino también porque se aleja de tratamientos lastimeros o simplistas; y por nada de este mundo se atreve a subestimar un público tan exigente y exquisito como son los infantes.

Aunque cabe especificar que, según palabras del propio director general, prefieren seguir la línea de hacer teatro para la familia, ya que rara vez los niños pequeños asisten solos a las presentaciones que ofrecen en su sede del Guiñol de Santa Clara, o a las que lleva Teatro Sobre el Camino hasta los parajes del centro de la Isla.

¿Tabúes en el teatro para niños?

Entre los temas que desafían cualquier autocensura y que esta obra toca sin mayores miramientos, se encuentra la muerte. Una vez que la protagónico somete su cuerpo a una cirugía estética para transformarse en la cantante de sus sueños, dueña de una caderas y un rostro y un cabello rubio que ella desea imitar, aunque no sean naturales, porque como dice su amiga “El que no es lindo, que se opere”.

Amanda logra su objetivo, pero muere en la mesa de operaciones. En el segundo acto el alma infantil dialoga con su cuerpo inerte, escucha el llanto de sus familiares y se arrepiente del sacrificio que ha hecho. Pero ya es demasiado tarde.

Pareciera que el paradigma industrial ha ganado a la ideología cuando nos sorprende una escena más de esta tremenda entrega dramática. Se permite una retrospectiva al aula, en donde los niños se preguntan a quién les gustaría parecerse “cuando sean grandes”, y mientras se debaten entre los hermosos ídolos de la moda, el cine o la música, los interrumpe la voz en off de algún jefe de colectivo o destacamento con la tradicional consigna de “Pioneros por el Comunismo…”

“Creo que las niñas y los niños tienen el derecho a que en el teatro abordemos estos temas,” comentó Rafael Martínez, quien escribió este libreto tan necesario como atrevido. “También es responsabilidad de sus padres, maestros y aquellos que de alguna manera intervienen en su educación”, añade.

Otro tema importante al interior de la puesta es la violencia: intrafamiliar y la violencia infantil, específicamente, junto a las conductas patriarcales que atraviesan la sociedad y las familias cubanas. Se trata según Rafael de la forma violenta que tienen algunos adultos de resolver determinadas situaciones y que “van pasando de generación en generación.”

Paradigma o ¡Ay, Shakira! cuenta con un guion preciosista. Los diálogos son manejados con habilidad y la intensidad dramática va increscendo hasta lograr un punto de clímax con la operación de Amanda, y luego anticlímax con el vagar de su alma antes de elevarse definitivamente al mundo espiritual. La escena final ofrece un cierre de lujo, a modo de moraleja de la obra, pero con la apertura conceptual necesaria y el nivel de sugerencia que convierte a Paradigma… en una obra substancial.

Fragmento de la obra Paradigma o ¡Ay, Shakira!, puesta en escena por el grupo Teatro sobre el camino,
de Villa Clara, en el Teatro Eddy Suñol, de la ciudad de Holguín como parte de la oncena edición
del Festival Nacional de Teatro Joven/Foto Carlos Rafael/Archivo del Portal del Arte Joven Cubano

El reparto de Paradigma…

Por su parte los actores manejan los parlamentos con histrionismo y rigor. Además de actuar, interpretan títeres planos, con movimientos en todo su cuerpo. Los títeres en escena carecen de retablo por lo que el espectador también puede incorporar a los titiriteros en el producto final que consume. Ellos: Elizabeth Aguilera Fariñas, Yassier Fabá García y Remberto Clavelo.  

Entre camerinos ofreció declaraciones la actriz, en quien muchos santaclareños reconocen esa especie de estrella naciente, cada vez más lúdica y asertiva sobre las tablas.

“Amanda llega a un extremo, y es una niña. Pero también es un títere. Entonces, ¿cómo descubrir todo eso en la figura y que no haya un divorcio entre lo que uno siente y el títere? Es un trabajo de animación muy difícil que exige mucha atención al proceso psicológico que va pasando esta niña con el transcurso de la obra; agredida por su compañera Cecilia, por sus padres cuando intentan aconsejarla y por ella misma cuando cae en este sueño, en este letargo de lo que puede pasar si decide operarse.”

A su vez, Clavelo, quien interpreta al doctor y al maestro de ambos estudiantes, confiesa que en la concepción del cirujano enfatizó “los rasgos alocados del personaje” porque a los niños también “debemos hacerles reír, aunque le estemos tratando temas tan hondos. “

Elementos que ilustran nuestra nacionalidad, como el folclor yoruba, el uniforme escolar, las enseñanzas martianas y la propia formación marxista en las aulas y que son contrapuestos a las tendencias seudoculturales del momento, la expropiación de símbolos, el bullying y la desobediencia de los hijos. Demostrando que de todo esto se nutre hoy día una mentecilla de cinco, siete y hasta 10 o 15 años de edad, aun en crecimiento. 

El tema de la discriminación racial se superpone a las diferentes subtramas, como problemática fuerte y de gran inmediatez en la sociedad cubana actual. Puesto que oprime y reduce las posibilidades de superación y, por tanto, de empoderamiento, de las personas afrodescendientes. Al abordar sus consecuencias la muerte de la protagonista adquiere un valor simbólico.

Durante todo el espectáculo se utilizan diferentes recursos sonoros de nuestro folclor, otros elementos asociados a la cubanía como el pilón, la usanza del delantal. Para marcar la negritud como una parte substancial de la cultura nacional, que el racismo puede estar matando sin que nos demos cuenta de ello.   Dijo Yassier:

“El mundo se ha encargado de hacer una élite de lo que es bello estéticamente. Y que a un lado lo que demuestra diariamente una persona en su actuar, de conducirse socialmente.”

Considera el director artístico que el bullying en nuestras escuelas y en las del mundo entero siempre ha existido.

“Sus razones pueden ser raciales, económicas, de género e identidad de género. Pero siempre está allí esa persona que se cree más fuerte y abusa de los débiles. La obra alerta sobre este conflicto que en otros países lleva a los niños al suicidio.”

“Es importante que los padres que traen a sus hijos a ver la obra se lleven a casa las inquietudes que plantea. Por ejemplo ––explica Fabá García–– yo soy padre, y algo que aquí te queda claro es que la violencia engendra violencia y debemos alejar a nuestros hijos de esa forma de comportamiento con nuestro propio modelo.”

Por último, el diseño escenográfico se nutre de la fantasía infantil y extrapola esa creatividad para la conformación de un escenario minimalista y conceptual. Explota códigos preestablecidos y que su público conoce como son las señalizaciones del tránsito y los origamis de niños tomados de las manos. Ello refuerza el dialogo entre la pieza teatral y su receptor. “Es una obra muy cubana, y que hace pensar a profundidad nuestro contexto”, resume la actriz Elizabeth Aguilera.

El grupo Teatro Sobre el Camino surgió en diciembre de 2009. Y al decir de la prensa provincial, presentó sus cartas credenciales en la sala Margarita Casallas de Santa Clara con la simpática obra Una cama a domicilio. En los últimos años trascienden presentaciones como Concierto de primavera, con la trovadora Yahily Orozco Gálvez, y Las bebidas son por Pearl.

Paradigma o ¡Ay, Shakira! plantó polémica y expectativas entre los teatristas de Cuba, desde el 2016 cuando participara de una lectura dramatizada en el Festival de Teatro de Camagüey. Se estrenó el año pasado en la ciudad de Santa Clara.

El periódico Vanguardia referencia un artículo de Francisnet Díaz Rondón, titulado “Pasión sobre el camino”, en el cual se describe la agrupación a la vuelta de sus 10 años de la siguiente manera:

“Desde su debut, el espectador encontró una propuesta diferente y atractiva, que otorgó un poco de aire fresco a la escena teatral villaclareña.”


A las escondidas, estreno de Polichinela

Con el leit motiv de presentar un reino donde cada planta y animal vive en perfecta armonía hasta que la aparente calma se ve trastrocada por la llegada de los gavilanes, prestos a devorar a cualquier ser vivo, la compañía de teatro Polichinela  introdujo una historia diáfana y elocuente, que sirvió de homenaje al Día del Teatro Cubano.

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Jornadas escénicas celebraron en Las Tunas Día del Teatro Cubano (+galería de fotos)

Por estos días el arte de las tablas vuelve a cautivar nuestra ciudad. El Día del Teatro Cubano, que se celebra cada 22 de enero, seduce al encuentro con la manifestación para recordar, como es tradición, una triste página de la historia.

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Una imprenta de carne y huesos

Ámbar Carralero conversa en esta entrevista sobre Publicación Escénica, un espacio para las poéticas del cuerpo y de la escritura que ha irrumpido en el panorama escénico habanero. Nuestro diálogo, más que nada, es un (pre)texto para encontrarnos en el camino donde la literatura y el teatro se unen.

––¿Qué es Publicación Escénica? ¿Cuándo y cómo nace la idea? ¿Quiénes integran el equipo de trabajo?

Una actriz amiga, Yilian Fernández Alacal, se leyó mi cuaderno inédito de narrativa y juntas decidimos llevarlo a escena. Pensando en el título, a Yilian se le ocurre que “Publicación Escénica” sería la mejor manera de llamarle al cruce de literatura y teatro, y al gesto que nos proponíamos al llevar a escena mi cuaderno.

 Por otro lado, yo tenía la idea de crear un espacio fijo donde pudiera invitar a autoras con textos inéditos y darlos a conocer mediante lecturas. La teatróloga Isabel Cristina Hamze me sugiere el nombre “Inéditas” y Martha Luisa Hernández Cadenas (Martica Minipunto) hace un hermoso cartel con la icónica imagen de la Venus de Willendorf….

Casi sin promoción y sin pensarlo demasiado hicimos el primer encuentro en la sala Alfredo Guevara del Pabellón Cuba: las primeras que leímos fuimos la dramaturga y actriz Giselle Lominchar, la propia Marthica y yo. Solo lo hicimos esa vez. Pasó un tiempo y le comenté la idea a la colega y editora que trabaja conmigo en la Casa Editorial Tablas-Alarcos, la narradora Yudarkis Veloz Sarduy, y es entonces que empezamos a perfilar el proyecto de manera más profunda y detenida.

Crédito Elaine Vilar Madruga.

Yudarkis fue fundamental a la hora de elegir que fueran los actores y actrices quienes leyeran, y no los autores como se hace habitualmente en la típica tertulia literaria. Creo que esa peculiaridad le da un sello especial al encuentro.  

Hicimos la carpeta del proyecto Publicación Escénica (espacio de lectura y re/presentación). Yudarkis y yo seríamos las coordinadoras y gestoras, nos encargaríamos de buscar los textos, seleccionarlos y de alguna manera dirigirlos para la escena.

El espacio sucedería una vez al mes teniendo como premisa fundamental la gestación de una zona híbrida de confluencia entre lo literario y lo teatral, de liminalidad entre diversos lenguajes, entre la palabra escrita y la dicha, entre el cuerpo-voz textual y el cuerpo-voz actoral.

Insistí siempre en que fuera narrativa y poesía, y no dramaturgia, que el teatro surgiera del cruce de lenguajes y no como premisa inicial. También pensamos desde el inicio en que sería un proyecto muy ecológico pues nuestra imprenta serían los propios actores, una manera de promocionar textos y autores prácticamente desconocidos en algunos casos y, además, hacer confluir autores de distintas generaciones, de hermanar gremios, estilos, formas de ser en el lenguaje. Una imprenta de carne y huesos, una máquina de impresión actoral.

Otro asunto de carácter más práctico que tuvimos en cuenta fue que queríamos que al final de cada encuentro se generara un momento de fraternidad, diálogo y lobby entre los participantes. Era fundamental un brindis para que el público asistente se quedara más tiempo, pudiera compartir y sintiera una energía agradable que le hiciera sentir cómodo y entre amigos.

Crédito Elaine Vilar Madruga.

La primera ayuda que recibimos en ese sentido fue el patrocinio de la empresa Los Portales S.A, con la colaboración de Liuba Betancourt y Rita Piñera del Departamento de Marketing. Luego hablé con Alexis Díaz de Villegas y a él le interesó el proyecto, así fue que pudimos insertar el espacio en la pequeña sede de Impulso Teatro en la Casona de Línea.

Alexis accedió a ser nuestro asesor artístico y sus actores estarían a nuestra disposición todos los meses. También contaríamos con la ayuda de otros actores de grupos diversos, pero este apoyo directo era fundamental para que el espacio pudiera mantenerse. Desde el primer encuentro contamos con la ayuda de la colega Katia Ricardo, quien asumió la producción de Publicación Escénica. El Consejo Nacional de las Artes Escénicas también nos ha apoyado con la logística.

––¿De qué manera resignifican las teatralidades presentes en la narrativa/poesía para llevarlas a un formato escénico?  

En ese punto el actor es la encarnación de esas teatralidades, es un sujeto que lee/re-presenta un texto e inmediatamente se convierte en personaje. El sujeto lírico de la poesía, o cualquiera de los “narradores” en los relatos se sustituyen por este cuerpo-voz-individuo que es un personaje o varios a la vez.

La pauta que adoptamos fue la lectura, no que los actores tuvieran que aprenderse el texto de memoria. Por eso siempre marcamos “lectura y re/presentación”, de modo que este sea un espacio abierto, híbrido, liminal, que nos permita disfrutar de ese texto a través del actor sin una camisa de fuerza que termine siendo un monólogo o representación teatral.

En principio pedimos “presentación del texto”, pensando en la diferencia entre presentación (hacerlo presente) y representación (teatralizarlo). Al final, por muy literarios que sean los textos, se produce una re-presentación porque el cuerpo del actor lo mediatiza y lo convierte en otra forma de ser en el lenguaje.

A veces los actores eligen hacer más acciones físicas y movimientos, a veces leen los textos sentados y solo cambian los tonos en la manera de enunciar. Hay intervenciones que han sido más performativas, otras más apegadas a la lectura tradicional.

Alexis Díaz de Villegas ha sido fundamental en ese sentido porque ha aportado mucho, sostiene con sus actores un training sistemático que incorpora un trabajo muy interesante con el cuerpo, la voz, las emociones y líneas de pensamiento. Todo eso también está en Publicación Escénica gracias a él y a su gran equipo.

––¿De qué manera colaboran con Impulso Teatro?

Alexis dice a todo “sí”, y sus actores lo adoran y todos trabajan muchísimo. Nosotras sentimos, a pesar de que hace solo cinco meses que frecuentamos la sede cada mes para preparar el espacio, que ese lugar ya es como otra casa: sé que es cliché la expresión, pero aquí es literal. Nosotras los invadimos y ellos se dejan invadir.

Todo el mundo sabe que la Casona de Línea está sometida a una reparación capital. Llegar a la sede de Impulso Teatro, adentrarse en su espacio semi-ruinoso, encontrar a estos jóvenes que entrenan con su maestro, sus rituales del café y la campanita al terminar, lo que han hecho con un par de luces, una alfombra y la energía maravillosa que hay allí, creada por los grandes seres humanos que son, ha sido lo mejor de podía pasarnos con todo esto.

Encontrar a Impulso Teatro y poderlos tener cerca algunos días en el mes es un acto de aprendizaje y fraternidad del que siempre estaremos agradecidas. Brian Estévez, que es productor en Impulso…, siempre nos ayuda con el brindis y la limpieza, e incluso los propios actores. El equipo de técnicos de la Casona también ha colaborado con el espacio.    

––¿Quiénes han sido los invitados al Publicación Escénica?

Empecemos por la casa. Hemos invitado al poeta Jesús David Curbelo, que ha colaborado con la Casa Editorial Tablas-Alarcos en múltiples ocasiones. Y luego nosotras mismas nos ofrecimos de conejillos de Indias. Yudarkis seleccionó cuentos de su novela inédita El Síndrome de Estocolmo y yo de mi libro inédito Reparación Capital (Cuaderno sin licencia de Construcción Poética).

Esa fue la primera edición en octubre de 2019, con un elenco maravilloso: Alexis leyó los textos de Curbelo, la colega y actriz de Aldaba Teatro, Jennifer Flechoso leyó los de Yudarkis y Linda Soriano, actriz de Impulso Teatro, leyó los míos. Luego se integró la músico Eleanni Montpeller en cada uno de los tres encuentros que hemos hecho hasta ahora.

Crédito Elaine Vilar Madruga.

La segunda edición ocurrió en noviembre e invitamos a los autores Laidi Fernández de Juan, Roberto Viña y Eudris Planche. Sus textos fueron re/presentados por la actriz Dilailis Martínez y Arbel Molina, ambos de Impulso Teatro, y hasta la productora del espacio, Katia Ricardo —que también es actriz de la Compañía Rita Montaner— leyó.

En el tercer encuentro, en diciembre del 2019, contamos con textos de Ahmel Echevarría, Elaine Vilar y Taimi Dieguez. Tuvimos para esa ocasión la participación de la actriz Giselle Sobrino de Teatro D’Dos, Ayris Arias y Sergio Gutiérrez de Impulso Teatro.

Para el primer encuentro del 2020 tendremos a Nara Mansur, Abel González Melo y Maité Hernández-Lorenzo, y los actores serán Alexis Díaz de Villegas, Dilailis Martínez y Liliana Lam. Siempre invitamos actores de otros grupos pero es fundamental el apoyo del elenco de Impulso Teatro, de Eleanni Montpeller y del propio Alexis en la dirección. T

ambién integramos en cada edición autores más conocidos con otros noveles o algunos cuyos nombres comienzan ya a resonar; escrituras distintas, generaciones diversas, textos inéditos y otros ya publicados y premiados.

––¿Cómo se integra al discurso escénico la presencia de la música y de la poesía?

Es clave la clarinetista y tresera Eleanni Montpeller. Ella es músico en Impulso Teatro y Alexis nos dijo que podíamos contar con su presencia. De esa forma, Eleanni se ha integrado muchísimo y cada vez resulta más imprescindible su intervención en la escena.

Ella hace una especie de banda sonora a partir de lo que le sugieren los textos y los propios actores; nosotras a veces también le pedimos determinados efectos y musicalidades. Tengo muy fresco el recuerdo del encuentro más reciente que hicimos en diciembre, con dos cuentos de Ahmel Echevarría que re/presentó el actor Sergio Gutiérrez. Fue hermoso el momento en el que las líricas imágenes creadas por Ahmel en el cuento se cruzaron con la voz del actor y el sonido del clarinete indicando la llegada de un barco.

El papel que juega la música en vivo y en escena resulta esencial para la gestación de esa poesía que brota de la combinación de lenguajes, tonos, discursos, fabulaciones, cuerpos.

Para nosotros, esa es la poesía a la que aspiramos y la que siento que hemos conquistado en instantes, y que luego se desvanece y se va a otro lugar: no está solo en los cuentos y poemas que se han leído en el espacio, sino también en los actores y sus energías que lo transforman todo en vida y lo hacen presente, en los acordes de la música trayendo al instante aquello que describen las palabras. El espacio pretende ser poético pero no porque incluya la poesía como género entre los que se leen, sino porque la poesía está en el gesto.

––¿Qué pueden encontrar los actores en el cruzamiento con lenguajes poéticos o narrativos?

Una motivación que funciona desde un lugar distinto, un reto y al mismo tiempo un ejercicio de libertad, aunque esto último pueda resultar paradójico porque de alguna manera están sujetos a un papel que literalmente tienen que leer.

 Casi todos los actores con los que hemos tenido la oportunidad de trabajar en el tiempo corto en el que se prepara el espacio, terminan semi-construyendo un personaje que se divide en facetas distintas pero que en el fondo es uno, y esto ocurre porque casi siempre el mismo actor lee los tres textos que por lo general elegimos de cada autor.

Esa voz autoral, ese vuelo poético, ese tono, el actor lo siente y suele ver al cuento o poema (preferimos llamarlo texto o material) como un monólogo, aunque no llegue a analizarlo con tanta profundidad por la fugacidad del hecho en sí. Pienso que ahí habita un compromiso de otra naturaleza y además un tipo de análisis que es muy superior al que tratamos de explicar los críticos e investigadores.

Los actores tienen un modo de análisis muy valioso y especial dado por las particularidades de su trabajo y de su tarea, que en definitiva es traducir esas ideas, imágenes y palabras al momento presente, hacerlas vivas y luego olvidarlas para tomar otras.

Crédito Elaine Vilar Madruga.

––Publicación Escénica hace que, en alguna medida, conozcas el pulso de la creación actual en los campos de la literatura nacional. ¿Qué has encontrado de interesante o de novedoso allí?

Ciertamente ha sido una experiencia muy importante para sopesar ese pulso. Las escrituras y caminos son muy distintos, también las voces y estilos, pero creo que en definitiva es buena literatura la que se ha leído y por eso agradezco mucho el ejercicio de curaduría, ya que nos permite acercarnos de otra manera a los autores. Tenerlos con nosotras ahí, presenciando el hecho y sus reacciones es algo que siempre pedimos: los autores deben estar presentes en esa publicación fugaz y carnal de sus textos. Es muy lindo el momento final en el que cada actor sale a buscar en el público al autor y todos juntos saludan al público, y luego los autores hablan de sus obras. 

––Por lo general, los escritores que han sido invitados a Publicación Escénica son jóvenes. Esta creación dialoga con los también jóvenes actores que han colaborado. ¿Ha sido una cuestión de pura coincidencia o una intención de unir poéticas de la escritura y el cuerpo?

Es tal y como lo dices, de hecho me encanta la forma en la que lo enuncias. La intención siempre ha sido la de unir poéticas del cuerpo y de la escritura. Cuando leemos a un autor pensamos en la persona que es, en lo que escribe, y esos textos nos piden un actor determinado, una voz, un cuerpo, una edad, un temperamento. En eso basamos la elección del elenco. Es muy intuitivo y subjetivo pero hasta ahora ha funcionado.

––Como creadora te has interesado no solo en la dirección escénica sino también en la escritura. Cuéntame un poco sobre esas experiencias.

Como casi todas las personas con afinidad hacia las artes y el mundo intelectual, escribo desde niña. La crítica, la investigación, la dirección y todo el universo del estudio teatral han marcado mi vida y mi trabajo en los últimos años. He dirigido cuatro espectáculos con intervalos entre uno y otro.

Cuando tenía 19 años fundé un grupo en Holguín junto a varios amigos que eran, como yo, instructores de arte: Roberto Moreno, Yoander Ballester, Yamilsis Pacheco y Yurievna Romero. Se llamaba Lumen Teatro; con este equipo monté La Niñita Querida, una adaptación a partir del original de Virgilio Piñera. En La Habana, ya estudiando en el ISA y con otro proyecto teatral, montamos el espectáculo Ejercicio imposible para posibles actores. En el trabajo partimos de unos textos míos y de improvisaciones de los actores Yoander Ballester y Yoana Pérez Acanda. Llevamos la obra a varios festivales importantes en la Isla: el Festival de Pequeño Formato en Santa Clara, el Festival de Teatro Joven en Holguín y Elsinor en La Habana.

Luego monté Ensayo sobre un suicidio, a partir del original de Jon Fosse, La noche canta sus canciones. Tuvimos una experiencia muy grata porque logramos hacer una temporada en la sede del grupo La isla secreta en Centro Habana, donde usábamos el espacio como lo que es originalmente: una casa.

Ahora estoy trabajando con Katia Ricardo y Mario David Cárdenas en un proyecto de montaje de un monólogo escrito por mí, que forma parte de mi cuaderno inédito de narrativa. Estamos muy entusiasmados y esperamos que a más tardar se estrene a mediados de año.   

Crédito Elaine Vilar Madruga.

Luego de mucho tiempo viendo la escritura como un ejercicio íntimo, le he leído a colegas y amigos mis textos y decidí ordenar todo lo que he escrito. Reparación Capital (Cuaderno sin licencia de Construcción Poética) es un cuaderno de narrativa y prosa poética que fue Mención en el Concurso Pinos Nuevos 2017. Como su nombre indica, tiene algunos cuentos pero también incluye poemas y textos que en realidad son monólogos; otros son crónicas, conversaciones conmigo misma. Ese libro tiene mucho del teatro.

Tengo entre manos también un texto de prosa poética. Aunque no proyecto los libros ni los hago por encargo, tampoco prefiero agotar un tema en un cuaderno de poesía o pretender que lo agoto, que lo abarco.

Escribo con la vida, mientras vivo escribo. Por eso mis libros no serán muchos y demorarán en ser publicados, necesito tiempo para hacerlos. Eso puede parecer un poco amateur pero también es mi manera de salvar lo que hago de las trampas de los tecnicismos, las modas, los temas, las fórmulas. Por ahora, pienso que el teatro será el destino de esos textos.

Mi formación ha sido muy plural. Hace poco terminé mi primer documental junto a una colega que también se inicia en el audiovisual, Katia Ricardo. Eso tiene sus cosas buenas pero también su parte mala porque cada una de las puertas que se abren necesita de tiempo y dedicación. Me apasiona el arte y no soporto las etiquetas, así que seguiré trabajando en aquello que me despierte las ideas y la creatividad.    

––Recientemente, has asumido la dirección de la prestigiosa Tablas Alarcos. ¿Cómo pensar la dramaturgia y el teatro desde el mundo editorial?

Esa es una pregunta que hay que hacerse todos los días y trabajar para responderla con acciones concretas. La supremacía de lo audiovisual y del mundo de las redes ha cambiado notablemente los hábitos de lectura y los soportes. El teatro tiene una particularidad que hace de sus publicaciones, universos con sus propias reglas.

Tal vez por el carácter efímero del acto escénico, perdurable en la memoria de los individuos pero perecedero en el tiempo, las publicaciones son una de las formas de conservar ese patrimonio, pero al mismo tiempo —para que esa letra no sea olvidada— debe reactivarse el encuentro con el gremio, a través de conversatorios, conferencias, coloquios, clases magistrales, lecturas. Eso es algo que la Casa Editorial Tablas-Alarcos y las coordinaciones de Omar Valiño fomentaron durante todos estos años, y que yo pienso continuar junto al equipo.

El convivio del que tanto se habla y que permite el hecho teatral en sí, debe reforzarse e ir a la par de la letra impresa. Necesita el testimonio gráfico y fotográfico, y un concepto de diseño; todo esto es especial y debe ser llevado a su mejor expresión en las publicaciones teatrales. La dramaturgia y la teoría deben estar registradas en libros pero además deben ser dichas continuamente en espacios que permitan el diálogo. El teatro es un arte de personas actuantes en un tiempo y espacio común junto a un público presente.

Cuba ha vivido un año muy difícil con el tema papel, imprentas, insumos. La única manera de seguir publicando es movernos cada vez más hacia lo digital, a lo web, al ebook. Por razones ecológicas y tecnológicas, ya esto sucede en el resto del mundo. Te hablo de cuestiones prácticas y no de conceptos porque los soportes y medios, como sus nombres lo indican, median el modo de relacionarnos con los contenidos.

Celebraremos en este 2020 los 20 años de la Casa Editorial Tablas-Alarcos, y lo haremos de la mejor manera: trabajando muchísimo. Omar Valiño nos acompañará como fundador de la Casa Editorial y gestor de los hermosos e importantes proyectos que se han creado desde allí. Tengo un gran equipo de trabajo y estoy muy feliz por eso.


Hacia una nueva “travesía”

Para nadie es un secreto que en los últimos años el Conjunto Folclórico de Pinar del Río no transitaba por sus mejores momentos. Sin embargo, ahora mismo nos ha sorprendido. Travesía, el nuevo espectáculo que presenta este elenco, encierra una serie de valores artísticos y humanos que nos demuestra el salto cualitativo y cuantitativo que, en menos de un año, ha experimentado en el plano creativo la agrupación de danza folclórica.

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