Susuki-Camaquito: ¡semilla, tiempo y estímulo! (+Fotos)

  • «La enseñanza de música no es mi propósito principal. Deseo formar a buenos ciudadanos, seres humanos nobles. Si un niño oye buena música desde el día de su nacimiento, y aprende a tocarla él mismo, desarrolla su sensibilidad, y disciplina y paciencia. Adquiere un corazón hermoso». Shinichi Suzuki

Lo admito, el proyecto Suzuki-Camaquito para la enseñanza del violín en Santiago de Cuba me resulta muy cercano. Son dos las principales razones por las que me siento parte. Adriana Mercedes, mi hija, otra vez fue guía para el hallazgo. Ya escuchaba noticias sobre el taller a cargo de docentes de la enseñanza artística musical, atriles además de la Orquesta Sinfónica de Oriente y colegas en la Sala Dolores. Y fue con la petición de Adriana por aprender el instrumento que me avecé en este universo. La segunda causa, como con otros aconteceres sonoros, proviene de la participación de la Sala de Conciertos en la labor que  protagonizan músicos y pedagogos de la ciudad.

foto cortesía de Yanilis Nuevo.

Por esos vínculos familiares y de profesión e informaciones previas,  entiendo que el fin del método Suzuki trasciende la intención de que los alumnos lleguen al ejercicio profesional de la música. Su enseñanza se entiende como un concepto de vida más amplio.

Tras el término de una primera etapa con la graduación del Violín de Cartón, y el paso al violín de madera, me vale motivo para esta conversación  con la pedagoga y violinista Jana Marieta Perdigón Milá, coordinadora del proyecto.

¿Qué es el Método Suzuki como filosofía para la enseñanza-aprendizaje de la música?

El método Suzuki es novedoso, revolucionario por así decirlo. Entrado el siglo XX el violinista y pedagogo Shinichi Suzuki lo crea para su aplicación en la temprana edad, con la premisa de que el talento no es innato, sino que se desarrolla. Esa idea rompe con la concepción de lo que es la enseñanza tradicional. Siempre se ha dicho que el individuo nace para la música o no, y que quien no posea un oído de Mozart no tiene oportunidad. Tal criterio es una interpretación fatalista.

foto cortesía de Yanilis Nuevo.

El musicólogo Alberto Alén, quien además estudió psicología, bajo el rubro “Diagnosticando la musicalidad”, critica el proceso de las pruebas de captación. Plantea que éstas diagnostican lo que el niño desde que nace  hasta que llega a esa etapa ha aprendido en su ambiente, y que no garantizan que se desarrolle o no en la música. Ese libro ganó premio Casa de las Américas en 1968 aunque su publicación acontece después. Tiene relación con la filosofía Suzuki aún sin conocerla. En ese pensamiento se basa el método, su idea es que el talento no es una predisposición genética sino que responde a incentivos. Cada  pequeño aprende a su ritmo, unos más rápido que otros pero todos logran conocimientos y habilidades a través de esta enseñanza.

La máxima de nuestro método es que todos los niños pueden alcanzar objetivos en la música, lo cual incluye a aquellos con diagnósticos como el  autismo, síndrome de Down y otros. Sigo en Facebook a una profesora Suzuki italiana que trabaja con estos infantes.

Suzuki llamó a su método el enfoque de la lengua materna. Hace una analogía entre el proceso de aprendizaje de la lengua y la música. La primera se aprende en un contexto, en un ambiente donde es todo lo que el individuo escucha. Quien está pendiente a la palabra, su pronunciación es la familia. Él hace una traslación de estas nociones a la iniciación musical.  A niños muy pequeños se les ponía la música que luego iban a tocar. Esa música se les quedaba en su oído interior y luego eran capaces de replicarla no solo con el sonido sino con la afinación.

foto cortesía de Yanilis Nuevo.

Al final el propósito de Suzuki es la educación a través de la música, hacer de los niños personas sensibles. Él sostuvo la afirmación que si cada persona del mundo tocara un instrumento se acabara la guerra.  El método tiene muchos beneficios, un menor que desde temprano aprende una disciplina, desde una constancia y sistematicidad, valora el logro desde el esfuerzo. La filosofía  se sustenta en el trabajo constante con esencias del pensamiento oriental y la aplicación de un proverbio japonés  como Tarde o temprano, la disciplina superará al talento.

Luego de la II Guerra Mundial Suzuki amplía el método al piano, el chelo. En la actualidad se adecua a la  flauta, guitarra, trompeta, contrabajo y otros instrumentos.

¿Cómo llega esta metodología a Santiago de Cuba?

Conocimos el método a través de la profesora y chelista Yaqueline Jardines. Nos llegaban audiovisuales de niños asiáticos muy pequeños tocando de manera asombrosa, y la distinción de la palabra Suzuki pero no la información de qué se trataba. Pensamos que era una cuestión de niños prodigios, algo innato.

foto cortesía de Yanilis Nuevo.

Jardines tiene la oportunidad de ir a Francia a cursar estudios en un importante Instituto Suzuki. Ella regresa y se encuentra con profesores en Santiago de Cuba, comienza el empleo de los arreglos orquestales del repertorio Suzuki con niños de la Vocacional de Arte. Ese fue el acercamiento dentro de  una orquesta infantil en el referido centro, que siempre estuvo a cargo del profesor Ignacio Mora Clavel. En cada ocasión que Jaqueline venía a Cuba se realizaron estos conciertos.

Más tarde llega un amigo suizo, contrabajista, que pertenece a la ONG Camaquito. Nos habla de una profesora suiza Suzuki que viene a Camagüey a impartir unos talleres y por supuesto nos interesamos. Cuando llega a Santiago recibimos por dicha profesora el primer curso de filosofía Suzuki e introducción al Libro I del método, nos enamoramos.  Nos introdujo entre otras cuestiones en la noción acerca de las clases individuales y grupales para la socialización de los infantes, la importancia de que aprendan desde los valores. Ese fue el impulso de lo que existe hoy en Santiago de Cuba, ese movimiento que está  en nacimiento. Primero a partir de Jaqueline y luego esta profesora  que impartió un primer curso en el 2017 y otro en 2019.

A nuestra disposición para iniciar como profesoras Suzuki,  recibimos el apoyo de la ONG Camaquito para asistir a un festival en Lima, Perú que acontece cada enero. El evento  ofrece capacitación para profesores latinoamericanos en la metodología.  Ahí recibimos adiestramiento en el 2018 Cecilia Rosales y yo en Filosofía Suzuki y en Libro I.  Al siguiente año sumamos a las profesoras Claudia Rodríguez y Mayra Yeline. Las primeras accedimos al Libro II y III, además de curso de lectura musical y de otro método que se utiliza en muchas escuelas en el mundo, el Dalcroze.  Este año  vimos la integración  de otras dos profesoras que ya trabajaron con nosotras en la comunidad de Ducureaux, Claudia Pantoja y Cecia Machado.  Ellas pasan por el proceso de iniciación, yo hago Libro IV más otro método conocido como el Kodály.

foto cortesía de Yanilis Nuevo.

En Santiago de Cuba somos hasta el momento un equipo de seis profesoras, cuatro trabajamos en el taller vocacional del Conservatorio, y las otras dos en el primer proyecto que hicimos en 2018 cuando regresamos del primer Festival. Queríamos aplicar el método. Nos invitan en el Conservatorio a exponer nuestra experiencia y se hallaba presente una estudiante teórica y de violín, cuyo padre es pastor en la comunidad de Ducureaux. Ellos tienen una guardería desde los 18 meses a edades tempranas y les interesaban las clases de música. Estuvimos un año completo de trabajo allí.

Se nos dio la oportunidad de presentar el proyecto en el Conservatorio para que formara parte del taller vocacional que cada escuela debe implementar.

El método presupone la participación familiar como guía en la formación de valores en los niños. Compártenos al respecto.

Como cuando un niño aprende a hablar, los padres participan en el aprendizaje musical de su hijo. Asisten a clase con el niño y sirven como maestros en casa durante la semana. Un padre a menudo aprende a tocar antes que el menor, para que comprenda lo que se espera que haga. El objetivo es la educación a través de la música. Este pensamiento incluye a la familia.

foto cortesía de Yanilis Nuevo.

La presencia de la familia es muy importante, es otra de las diferencias con respecto al método tradicional. En éste el estudiante llega a la escuela y recibe la clase individual  del profesor. El niño en la casa debe tener la capacidad con 8 años de recordar y resolver todos los problemas sin que nadie medie. Después que conozco el Suzuki pienso en cuán difícil lo ya establecido.

El método lo resuelve con la figura de la madre o el padre u otro familiar, en lo que se conoce en esta filosofía como el triángulo Suzuki, que ubica al niño encima y en la base, en una esquina al profesor y en la otra al familiar. El padre se convierte en el profesor en casa. Conozco a una madre en Perú que aprendió violín para enseñarles a sus hijas y hoy es profesora Suzuki. No llega a un nivel de un libro V que tiene conciertos de Bach, Mozart, pero para comenzar con niños pequeños ella funciona a la perfección. Una de sus hijas ha ganado concursos. Incluso esa familia proviene de la cordillera andina. Hacían viajes de horas hasta Lima para que recibieran las clases.

Es un reto, trabajamos con el niño y también con la familia. Nuestra cultura tiene tendencia a la impaciencia con los pequeños. Queremos que el niño aprenda ¡ya! No nos percatamos que cada uno tiene su ritmo de aprendizaje. Vemos familiares que se desesperan a plena clase cuando el niño no realiza un ejercicio o rutina como debe alcanzar. Por eso debemos nuestro trabajo también a la familia para que interiorice el proceso.

foto cortesía de Yanilis Nuevo.

La clase comienza con una reverencia muy al estilo de las artes marciales. De esta forma el alumno siente el respeto hacia el maestro y se genera un intercambio de enseñanzas de uno a otro lado. La dinámica de la clase propicia que el niño aprenda desde el disfrute.  Cuando finaliza el encuentro repetimos la reverencia. La admiración al maestro es otra de las cuestiones que vemos diluirse en la actualidad.

Para muchos padres la participación quizás sea una práctica normal, cotidiana, mientras para otros que están muy ocupados o piensan que la educación instrucción es solo responsabilidad de las instituciones,  constituye un llamado a dedicarle su tiempo a los procesos de crecimiento del hijo. Se trata de conformar un equipo donde los padres son coprotagonistas.

Cuéntanos de la trayectoria del proyecto en Santiago hasta el momento actual.

Pienso que lo más significativo ha sido despertar la atención de los niños y sus familias hacia el mismo. A partir de las características de cada uno está el logro de la motivación y los primeros resultados.  Incluso ellos se sienten ya violinistas. Eso incluye sus participaciones en los conciertos de la Orquesta Sinfónica, porque este universo musical  necesita de ese ambiente que le aporte conocimiento.  Al final es eso lo que vemos como un taller vocacional.

foto cortesía de Yanilis Nuevo.

Quizás a la edad requerida el infante por cualquier motivo acceda o no a la Escuela Vocacional de Arte pero tuvo una ganancia, una preparación previa.   Lo que se aprende a esas edades es algo que te marca. Es una persona que va a ser asiduo a una sala de concierto,  con una sensibilidad y noción cultural.

De esta primera etapa hay niños que alcanzaron pasar la etapa previa del violín de cartón, con habilidades del instrumento como el agarre del arco y una rutina básica con un violincito construido, y la apelación a  imágenes infantiles como un conejito, y otras dinámicas que trascienden el mero juego. Con ellos llegamos a una nueva etapa con nuevos retos.

En sentido general el proyecto tiene mucha salud a partir de los logros correspondientes y las expectativas que genera.

¿Existen perspectivas para la posible integración de esta metodología a la enseñanza artística cubana?

Comencemos por reconocer que lamentablemente el Suzuki es un método desconocido por el profesorado cubano.  Se le ve hasta con prejuicio por algunos, a causa de lo anterior. Hay quien lo asocia con juegos de niños y le restan credibilidad. La mayoría de los profesores del ámbito tradicional no lo ven como una posibilidad,  herramienta o camino hacia la música profesional.

foto cortesía de Yanilis Nuevo.

Considero que actualmente no se está preparado para asumir el método Suzuki en las escuelas de arte, porque no hay un referente todavía. Nosotros estamos llamados a ser el referente, con la capacidad que tengamos para demostrar sus aportes. No se trata de imposiciones. Si miramos la filosofía hay varios aspectos diametralmente opuestos a la enseñanza tradicional.

La enseñanza artística prevé formar a la vanguardia artística y se entiende por eso que quienes accedan deban ser los de mejores condiciones desde el inicio. En Suzuki todos los niños pueden. En las escuelas de arte hay un tiempo límite para el cumplimiento de los programas y con ello el pase de año y nivel, y quien no cumpla dicho estándar  abandona los estudios.

En Suzuki difiere la idea, ¿qué pasa si no llega? Al final lo que aporta a tu vida es mucho más. El método más bien  plantea que el niño debe ser feliz tocando la música. En lo tradicional no siempre se ve eso. Hay quienes sufren porque no llegan o logran en breve tiempo algún objetivo.

Fui educada en lo tradicional y aprendí mucho de mis profesores, a los que respeto y agradezco todo lo que sé. Estoy orgullosa, conocemos el nivel de los músicos cubanos, pero no me conformo.  

Qué hago yo, y opto por la responsabilidad de hablar por mí. Además del estudio del método Suzuki, me avezo en otras superaciones y métodos como el Dalcroze y el Kodály. Quisiera que mis colegas en Cuba los conozcan porque brindan herramientas novedosas para el trabajo con las individualidades de cada  niño.

foto cortesía de Jana Marieta Perdigon

Por ejemplo, coloco marcas en los diapasones a los estudiantes de primer año en el nivel elemental y llegan a la escuela y sitúan los dedos donde corresponde. Con asiduidad cito a los padres, ahora no por el tema de la covid, pero lo normal es que con los de primero y segundo tengamos clases en las que les muestro cómo tienen que estudiar con sus hijos en casa. Eso ofrece logros insospechados.  Y hablo de padres que no son músicos. Ellos indagan de cómo llegar a los diferentes procederes para hacerles de guía en el estudio y se notan los avances en los estudiantes hijos de madres y padres con profesiones ajenas a la música, tanto como en aquellos que tienen un progenitor músico o violinista. De esa manera aplico herramientas del método en mi clase de enseñanza artística.

En el método tradicional se comienza con sonidos un poco largos; sin embargo nuestro método enseña que el niño puede tocar con movimientos más rápidos y cortos, semicorcheas y corcheas, y ellos lo logran. Esa importancia a ambas manos los hace más atrevidos a la hora de comenzar. Eso lo aplico y me da resultado.

De manera general, lo que veo es la necesidad de abrir el panorama a conocimientos y a nuevas formas de transmitirlo. Así como la sociedad se abre a las tecnologías, nos tenemos que expandir a nuevos métodos de enseñanza. Sería bueno un entendimiento.

Por lo que nos compartes, el Proyecto se adscribe a los talleres de formación vocacional del Conservatorio Esteban Salas…

foto cortesía de Jana Marieta Perdigon

El CNART en su política 2017-2021 propuso que cada escuela desarrolle talleres vocacionales dirigidos a diferentes beneficiarios,  grupos de edades, comunidades  con el fin de aumentar la información cultural y los valores de la identidad cultural en la población. El Conservatorio Esteban Salas buscó alternativas entre los propios profesores. Nosotros en paralelo ya teníamos nuestro taller en Ducureaux y coincide con que  la ONG Camaquito nos da la noticia del financiamiento para la compra de instrumentos, violines pequeños para los integrantes del proyecto.  Camaquito es una ONG suiza que trabaja solamente con el estado cubano. Nuestro  proyecto fue aceptado por el Conservatorio como nuestra propuesta de taller vocacional. Así se legitimizó este empeño de colaboración internacional.   En noviembre de 2019 nos llega la primera donación de violines que es la que utilizan actualmente los niños. Como taller vocacional es la respuesta que la cátedra de cuerdas dio al Conservatorio como Institución de la enseñanza, con la aplicación de esta metodología para niños preescolares.

Son varias las familias santiagueras que a partir de la reciente graduación de la etapa Violín De Cartón se interesan por la matrícula de sus hijos en el Proyecto. ¿Tienen prevista alguna fecha para la siguiente hornada con niños principiantes?

Ahora mismo no prevemos ese momento. La razón es que somos pocas profesoras y es mucha la demanda. No es correcto comprometer la palabra porque no discriminamos entre los niños, para nosotros quien toque a la puerta tiene las mismas oportunidades que el otro. También trabajamos conforme a la cantidad de instrumentos que tenemos, y ya estamos al límite, aunque se espera que entre otra donación. Eso depende de posibilidades externas. Para el Suzuki en violín debemos esperar transcurra un ciclo de niños que lleguen a la edad límite que podemos tener.

foto cortesía de Jana Marieta Perdigon

La otra posibilidad es el aumento a otros instrumentos y eso espera a que pase la situación actual de la covid, que rompió algunos planes. Previmos la invitación de una profesora Suzuki de piano, porque tenemos profesores del instrumento con el interés e incluso ya con un núcleo de algunos niños pequeños para el comienzo. Esa y otras capacitaciones se realizarán en posteriores momentos.

Es un tema delicado, para ser profesor Suzuki se recibe una capacitación de su filosofía y herramientas técnicas. No se trata de apelar a cualquier profesor o violinista y asignarle un grupo de niños. Esto se estudia, implica una filosofía. El Suzuki va mucho más allá de tocar un repertorio. Cada una de esas primeras piezas tiene su objetivo para la mano izquierda y su objetivo para la derecha. Solo cuando el docente recibe la formación  se le considera un Suzuki.

Cuando escuchaba a otros profesores emitir juicios negativos del método como equivalencia a juego de niños me percato que no se dan cuenta que hablamos de infantes de dos, tres años, edad preescolar. El aprendizaje tiene particularidades y el juego cumple un rol principal. Los más pequeñitos por ejemplo no tienen la claridad de la repartición espacial. Incluso hay  diferencias notorias de un año a otro y buscamos las maneras de desarrollarles las habilidades. El método incluso se concibe para que el profesor hable lo menos posible, porque en estas edades tempranas cuando sucede lo contrario el pequeño se distrae. El niño aprende haciendo y a través de la imitación.

Después de cada curso tenemos intercambios con otros profesores a través de clases grabadas y en esa dinámica también crecemos. Lo que más nos señalan a las profesoras cubanas es que hablamos demasiado. La clase debe ir más a lo práctico, con el empleo de la imaginación que proviene del entorno infantil.

foto cortesía de Jana Marieta Perdigon

Coméntanos acerca de la proyección de Suzuki Camaquito en las redes sociales. ¿Por qué canales se puede acceder a sus informaciones?

Hasta el momento tenemos dos espacios en las redes, uno propio del proyecto, Suzuki Santiago Camaquito, donde brindamos informaciones y para los padres diversas enseñanzas como la importancia de educar al niño con el pensamiento de que sí puede alcanzar los objetivos. Compartimos además nuestros quehaceres pedagógicos y los resultados de nuestra labor cotidiana.

foto cortesía de Jana Marieta Perdigon

También está la página de Camaquito Español, en la que además de nosotros  aparecen  todos los proyectos que desarrolla la ONG con la infancia cubana. Existen en Camagüey, Ciego de Ávila y Santiago de Cuba en expresiones como la danza, el teatro, deporte como el fútbol en los barrios, los hay de enfoque comunitario desde Casas de Cultura.

En ambos sitios se ofrecen guías sobre nuestras dinámicas.

Como dijera Shinichi Suzuki, Dos cosas necesita una semilla: tiempo y estímulo, esa es la guía de nuestro proyecto. 

foto cortesía de Jana Marieta Perdigon

foto cortesía de Jana Marieta Perdigon

 

Páginas de Facebook de los proyectos:

https://www.facebook.com/suzukisantiagocamaquito

https://www.facebook.com/camaquitoespanol


Premio de Dramaturgia Virgilio Piñera 2020

Con el afán de estimular la creación y promoción de obras literarias en el género de dramaturgia, la Casa Editorial Tablas – Alarcos, del Consejo Nacional de las Artes Escénicas, con el auspicio del Ministerio de Cultura y la colaboración del Instituto Cubano del Libro, convocan al Premio de Dramaturgia Virgilio Piñera 2020, el cual se regirá por las siguientes bases:
 
1. Podrán participar todos los dramaturgos cubanos, con obras en castellano y que no tengan compromiso de publicación en ese idioma con ninguna editorial, ni estén participando en otro concurso dentro o fuera de Cuba.
2. Las piezas, de extensión, temática y género libres (incluyendo en igualdad de condiciones las versiones que se erijan en textos autónomos), se presentarán en formato carta, a doble espacio y debidamente foliadas. Se podrá participar con un máximo de dos obras.
3. Se concursará bajo seudónimo o lema, y se enviarán dos documentos en pdf. En el que vaya la pieza, debe llevar por título el seudónimo más el nombre de la pieza, y en el que vayan los datos del autor deberá llevar por título el seudónimo más plica. En la plica debe aparecer nombre completo, datos de localización y un breve currículum, la declaración de que la obra no está pendiente de resolución en otro concurso o sometida a proceso editorial alguno, así como si se desea o no aparecer como finalista o mencionado en caso de que así lo considerara el jurado.
4. Las obras deberán ser enviadas a nuestra dirección electrónica asaeditorialtablasalarcos@gmail.com antes del 22 de diciembre de 2020, con el asunto Premio de Dramaturgia Virgilio Piñera.
5. Ediciones Alarcos conservará los derechos exclusivos por cinco años para la publicación en Cuba de la obra premiada. Durante este plazo, la publicación de la obra en el extranjero deberá ser previamente coordinada con la editorial y, de concretarse, deberá hacer mención de premio recibido. Ediciones Alarcos, a sugerencia del jurado, tendrá opción preferente para adquirir, si lo estima pertinente, los derechos de las obras que resulten finalistas, decisión que deberá tomar en un plazo no mayor de tres meses a partir del acto de premiación, siempre mediando contrato con los autores.
6. Se concederá un premio único e indivisible consistente en diploma, 3000 CUC, la publicación de la obra ganadora por Ediciones Alarcos y el pago de derecho de autor correspondiente, según la legislación cubana. Si la obra ganadora es resultado de la creación de varios autores, el premio en efectivo será distribuido entre ellos, previo acuerdo entre las partes.
7. El jurado de esta edición lo integrarán prestigiosas figuras de las artes escénicas, cuyos nombres serán divulgados oportunamente a través de los medios de comunicación. El jurado tomará sus decisiones por mayoría, podrá declarar desierto el premio y el fallo será inapelable.
8. El anuncio público tendrá lugar en torno al 22 de enero de 2021, fecha en que se celebra el Día del Teatro Cubano.
9. El Premio de Dramaturgia Virgilio Piñera se convoca con carácter bienal.
10. La participación en el Premio de Dramaturgia Virgilio Piñera implica la aceptación total de estas bases por los concursantes.
 

PREMIO DE DRAMATURGIA PARA NIÑOS Y DE TÍTERES DORA ALONSO 2020

 
Con el afán de estimular la creación y promoción de obras literarias en el género de dramaturgia para niños y de títeres, la Casa Editorial Tablas – Alarcos, del Consejo Nacional de las Artes Escénicas, con el auspicio del Ministerio de Cultura y la colaboración del Instituto Cubano del Libro, convocan al Premio de Dramaturgia para niños y de títeres Dora Alonso 2020, el cual se regirá por las siguientes bases:
 
1. Podrán participar todos los dramaturgos cubanos, con obras en castellano dentro de las especialidades dramaturgia para niños y dramaturgia para títeres, y que no tengan compromiso de publicación con ninguna editorial en ese idioma, ni estén participando en otro concurso dentro o fuera de Cuba.
2. Las piezas, de extensión y temática libres, (incluyendo en igualdad de condiciones las versiones que se erijan en textos autónomos, así como las obras creadas para títeres tanto para niños como para adultos), se presentarán en formato carta, a doble espacio y debidamente foliadas. Se podrá participar con un máximo de dos obras.
3. Se concursará bajo seudónimo o lema, y se enviarán dos documentos en pdf. En el que vaya la pieza, debe llevar por título el seudónimo más el nombre de la pieza, y en el que vayan los datos del autor deberá llevar por título el seudónimo más plica. En la plica debe aparecer nombre completo, datos de localización y un breve currículum, la declaración de que la obra no está pendiente de resolución en otro concurso o sometida a proceso editorial alguno, así como si se desea o no aparecer como finalista o mencionado en caso de que así lo considerara el jurado.
4. Las obras deberán ser enviadas a nuestra dirección electrónica casaeditorialtablasalarcos@gmail.com antes del 22 de diciembre de 2020, con el asunto Premio de Dramaturgia para niños y de títeres Dora Alonso.
5. Ediciones Alarcos conservará los derechos exclusivos por cinco años para la publicación en Cuba de la obra premiada. Durante este plazo, la publicación de la obra en el extranjero deberá ser previamente coordinada con la editorial y, de concretarse, deberá hacer mención del premio recibido. Ediciones Alarcos, a sugerencia del jurado, tendrá opción preferente para adquirir, si lo estima pertinente, los derechos de las obras que resulten finalistas, decisión que deberá tomar en un plazo no mayor de tres meses a partir del acto de premiación, siempre mediando contrato con los autores.
6. Se concederá un premio único e indivisible consistente en diploma, 5000 pesos moneda nacional, y la publicación de la obra ganadora por Ediciones Alarcos, así como el pago de derecho de autor correspondiente, según la legislación cubana. Si la obra ganadora es resultado de la creación de varios autores, el premio en efectivo será distribuido entre ellos, previo acuerdo entre las partes.
7. El jurado estará integrado por prestigiosas figuras de las artes escénicas, cuyos nombres serán divulgados oportunamente a través de los medios de comunicación. El jurado tomará sus decisiones por mayoría, podrá declarar desierto el premio y el fallo será inapelable.
8. Los Premios de Dramaturgia Virgilio Piñera y Dora Alonso no son excluyentes, por lo que los concursantes pueden participar en ambos certámenes, y no se descarta la posibilidad de que un mismo autor reciba ambas distinciones.
9. El anuncio público tendrá lugar en torno al 22 de enero de 2021, fecha en que se celebra el Día del Teatro Cubano.
10. El Premio de Dramaturgia para niños y de títeres Dora Alonso se convoca con carácter bienal.
11. La participación en el Premio de Dramaturgia para niños y de títeres Dora Alonso implica la aceptación total de estas bases por los concursantes.
 

PREMIO DE TEATROLOGÍA RINE LEAL 2020

 
Con el fin de estimular la creación y promoción de obras en el campo del ensayo, la crítica y la investigación escénicas, la Casa Editorial Tablas – Alarcos, del Consejo Nacional de las Artes Escénicas, con el auspicio del Ministerio de Cultura, convocan al Premio de Teatrología Rine Leal 2020, el cual se regirá por las siguientes bases:
 
1. Podrán participar todos los críticos, ensayistas e investigadores escénicos cubanos, con obras en castellano y que no tengan compromiso de publicación con ninguna editorial en ese idioma, ni estén participando en otro concurso dentro o fuera de Cuba.
2. Deberán enviarse libros de investigación o ensayo sobre las artes escénicas o compendios de críticas, artículos y/o ensayos de un solo autor o de varios autores, en este último caso seleccionados y prologados por un solo autor.
3. En cualquiera de los géneros se podrán integrar los libros con materiales ya publicados, siempre que estos lo hayan sido antes de forma aislada en periódicos y revistas o publicaciones digitales, y que alcancen un nuevo sentido en la organización dada en el libro.
4. Las obras se presentarán en formato carta, a doble espacio y debidamente foliadas. El límite mínimo de extensión es 80 cuartillas y el máximo 250. Se participará con una sola obra.
5. Se concursará bajo seudónimo o lema, y se enviarán dos documentos en pdf. En el que vaya el libro, debe llevar por título el seudónimo más el nombre del libro, y en el que vayan los datos del autor deberá llevar por título el seudónimo más plica. En la plica debe aparecer nombre completo, datos de localización y un breve currículum, la declaración de que la obra no está pendiente de resolución en otro concurso o sometida a proceso editorial alguno, así como si se desea o no aparecer como finalista o mencionado en caso de que así lo considerara el jurado.
6. Las obras deberán ser enviadas a nuestra dirección electrónica casaeditorialtablasalarcos@gmail.com antes del 22 de diciembre de 2021, con el asunto Premio de Teatrología Rine Leal.
7. Ediciones Alarcos conservará los derechos exclusivos por cinco años para la publicación en Cuba de la obra premiada. Durante este plazo, la publicación de la obra en el extranjero deberá ser previamente coordinada con la editorial y, de concretarse, deberá hacer mención del premio recibido. Ediciones Alarcos, a sugerencia del jurado, tendrá opción preferente para adquirir, si lo estima pertinente, los derechos de las obras que resulten finalistas, decisión que deberá tomar en un plazo no mayor de tres meses a partir del acto de premiación, siempre mediando contrato con los autores.
8. Se concederá un premio único e indivisible consistente en diploma, obra de arte, la publicación de la obra ganadora por Ediciones Alarcos y el pago de derecho de autor correspondiente, según la legislación cubana.
9. El jurado estará integrado por prestigiosas figuras de las artes escénicas, cuyos nombres serán divulgados oportunamente a través de los medios de comunicación. El jurado tomará sus decisiones por mayoría, podrá declarar desierto el premio y el fallo será inapelable.
10. El anuncio público tendrá lugar en torno al 22 de enero de 2021, fecha en que se celebra el Día del Teatro Cubano.
11. El Premio de Teatrología Rine Leal se convoca con carácter bienal.
12. La participación en el Premio de Teatrología Rine Leal implica la aceptación total de estas bases por los concursantes.
 

PREMIO BIENAL DE CRÍTICA Y GRÁFICA TABLAS 2020

 
Para ser fiel a su propósito de promover el análisis fecundo y conservar la memoria de las artes escénicas cubanas, la Casa Editorial Tablas – Alarcos convoca al Premio Bienal de Crítica y Gráfica Tablas 2020. Este año, como es habitual, podrán concursar tanto profesionales cubanos residentes en el país, así como estudiantes en los apartados que a continuación se amplían.
 

PREMIO DE CRÍTICA

El jurado elegido por la Casa Editorial tomará en cuenta las críticas que aborden los espectáculos estrenados a lo largo de los dos años consecutivos que corren hasta el cierre de esta convocatoria o aquellos que, estrenados un año antes a estos dos, hayan permanecido en el repertorio de sus respectivos grupos realizando temporadas en este periodo. Los textos podrán tener entre cinco y ocho cuartillas, y se premiarán las críticas del universo de la danza por separado de aquellas que aborden el ámbito teatral. Los galardones consistirán en diploma, obra de arte y publicación de los textos ganadores en la revista Tablas, con el consiguiente pago del derecho de autor según la legislación vigente, tanto para profesionales como para estudiantes.
 

PREMIO DE ENTREVISTA

Se concursará con una entrevista de tema libre a un creador de las artes escénicas, cubano o no, cuyo límite no deberá exceder las 15 cuartillas. El premio único consistirá en diploma, obra de arte y publicación de los textos ganadores en la revista Tablas, con el consiguiente pago del derecho de autor según la legislación vigente.
 

PREMIO DE FOTOGRAFÍA

Los interesados en este, también de categoría única, presentarán un ensayo o serie de varias fotos, nunca mayor de diez, sobre montajes recientes (los dos años consecutivos que corren hasta el cierre de esta convocatoria) de nuestra escena, en blanco y negro o a color. El premio consistirá en diploma, obra de arte y publicación de la obra o serie ganadora en la revista Tablas, con el consiguiente pago del derecho de autor según la legislación vigente, así como una exposición del ganador, producida por la Casa Editorial, en el espacio galería de nuestra sede en el Edificio El Tándem, del Complejo Cultural Raquel Revuelta.
En todos los casos la revista publicará durante el siguiente año los textos, y el ensayo fotográfico galardonados.
1. Se concursará bajo seudónimo o lema, y se enviarán dos documentos en pdf. En el que vaya la crítica o la entrevista, debe llevar por título el seudónimo más el nombre de la crítica o entrevista, y en el que vayan los datos del autor deberá llevar por título el seudónimo más plica. Para el premio de fotografía cada foto debe identificarse con el seudónimo y el nombre de la fotografía, y aparte deberá aparecer el pdf de la plica con los datos antes mencionados.
2. Las obras deberán ser enviadas a nuestra dirección electrónica casaeditorialtablasalarcos@gmail.com antes del 22 de diciembre de 2020, con el asunto Premio Bienal de Crítica y Gráfica Tablas y la especificación del género en el que concursa.
3. El jurado estará integrado por prestigiosas figuras de las artes escénicas, cuyos nombres serán divulgados oportunamente a través de los medios de comunicación. El jurado tomará sus decisiones por mayoría, podrá declarar desierto el premio y el fallo será inapelable.
4. El anuncio público tendrá lugar en torno al 22 de enero de 2021, fecha en que se celebra el Día del Teatro Cubano.
5. La participación en el Premio Bienal de Crítica y Gráfica Tablas implica la aceptación total de estas bases por los concursantes.

Pila de ceniza, de miércoles estivales

Como todo mal augurio que pasa, no queda más que esperar por algo mejor; eso trajo al público de la Asociación Hermanos Saíz en Ciego de Ávila, los días estivales que pudo gozar en este entretanto pandémico. Sesionó nueve veces, desde el 2 de julio, un fenómeno tardío que conjugase libros y lecturas, en sus peñas, con una renovada forma de mirarse a sí mismas, adjuntada a una estrategia de promoción y visualización en redes sociales, a su vez, convirtiéndose en un producto de consumo audiovisual. Después de tanto tiempo, por fin se formaliza una alianza entre lo bohemio y novedoso, al interior de instituciones estatales, en la provincia.

Cada miércoles, hasta el 26 de agosto, con leves ausencias de su sesión física, en las últimas muestras, de la mano del escritor Arlen Regueiro Más se les rindió homenaje a autores universales desde el Centro Cultural Café Barquito. La invitación fue hecha a los jóvenes miembros Heriberto Machado Galiana, Yanarys Valdivia Melo, Leoneski Buquet Rodríguez, Roberto Carlos Armas Díaz, Yasmany Rodríguez Alfaro, Iracema Díaz Paz, Aldrin Mirabal y Cleilys Aurora, integrantes de grupo humorístico 40 megas y agrupación femenina de trova Motivos personales, respectivamente; Leonel Daimel García y Lázaro Valencia, para la lectura de muestra de los textos de Eliseo Diego, Frida Kahlo, Nicolás Guillen, Ernest Hemingway, Vincent van Gogh, Ana Frank, Sergio y Luis Montes de Oca, Michael Ende y Julio Cortázar, respectivamente.

Eliseo Diego. Miércoles de ceniza.

Entre la selección de homenajeados, se nota la coincidencia de sus fechas de natalicio o fallecimiento con el día de exposición de la muestra, a excepción de Ana Frank, caso en el que quizá se puede entender que hacen coincidir la juventud de la invitada y aprecio que muestra el coordinador hacia ella, como una figura infantil, desde su percepción adulta.

Fueron así provechosas las fechas 2 y 22 de julio conjunto al 26 de agosto, para homenajear el centenario del natalicio de Eliseo Diego, escritor con fuerte marca en la literatura avileña, lleva su nombre el premio anual que ofrece Ediciones Ávila; y los nacimientos del estadounidense Ernest Hemingway y el argentino, nacido en Bélgica, Julio Cortázar, respectivamente.

A los fallecimientos de Vincent van Gogh y Michael Ende, se les dedicó el 29 de julio y 19 de agosto, este último, algo distante de la fecha en que fallece, aun así, sucede en el mismo mes, día 28 pero de 1980. De la misma forma, se centran en medio de jornadas que comprenden sus fechas de natalicio y muerte, los homenajes a la mexicana Frida Kahlo y el poeta nacional postrevolucionario Nicolás Guillen; así como el especial del 12 de agosto por la jornada dedicada a los hermanos Saíz.

Vincent van Gogh. Miércoles de ceniza

De inteligente selección, Yasmany Rodríguez Alfaro, también artista plástico, fue escogido par exponer la obra literaria de Vincent van Gogh, la cual se compone de cartas escritas a su hermano Theo van Gogh. Dicha obra se observa con una visión ensayística, debido a la percepción que mostraba Van Gogh del arte contemporáneo de los creadores de su época y su propia concepción sobre la obra que desarrollaba. Criterio de selección antes empleado para exponer a la pintora y poetisa Frida Kahlo, perfiles que también cumple Yanarys Valdivia Melo.

Miércoles de Ceniza es una peña de la filial avileña de la AHS, nacida en la década del ʻ90, organizada y dirigida por la poetisa e investigadora Ileana Álvarez y los escritores Francis Sánchez y Otilio Carbajal; sesionaba una vez por mes, cada tercer miércoles, con sedes en El Patio del Tamarindo de la filial avileña, la Galería de Arte, Casa de la trova, incluso en el patio de la casa de la escritora Carmen Hernández Peña.

Desde 2019, el poeta Arlen Regueiro Más decidió retomarle en los períodos estivales, pero la innovación se aguardó hasta 2020. Se ha implementado una forma ampliada de realización para cada miércoles. Un diseño de cartelería promocional protagonizaba la antesala semanal, acto seguido, un episodio de tres partes hacía la muestra del joven miembro que coprotagonizaría el próximo miércoles desde el improvisado estudio frente al muro más bohemio de Café Barquito.

Arlen Regueiro Mas. Miércoles de ceniza.

La versión en vivo, funcionó como continuación del preámbulo que ofrecía su versión audiovisual. El horario escogido fue quizá lo más inteligente para implicar a un público del que nunca se sabría, hasta llegada la rifa, cuan asiduo o no, sería para coincidir con las lecturas. Diez de la noche se apuntó para la cita de cada semana, hora después del café repletar sus mesas por quien fuera que buscase el confort climatizado y la calidad de sus productos gastronómicos, acompañado de una música diferente.

Mientras la rifa descubría nuevos lectores, el cadáver exquisito involucraba a casi todos los que asistían. Este escenario resultaba el más inclusivo, pero desde el inicio de su estrategia promocional se creó todo un reflujo que tributó a un mejor funcionamiento de lo que es casi perdido hoy: Una peña artístico-literaria. Otros aspectos quedan por optimizar, como la calidad y nitidez del audio, pero se muestra ya, como un buen ejemplo de vanguardia.

Los videos ostentan su lugar en el canal de YouTube de la sede, mientras su anfitrión organiza un nuevo taller literario en la sede para incentivar a la creación a jóvenes miembros, otro homenaje a los hermanos Saíz, nombrado Briza nueva, tal cual un poema que se recoge en sus antologías.


Con ojos de cinéfilo #8

La mosca o el horror corporal de David Cronenberg

Uno ve La mosca (1986) y confirma que el cineasta y guionista canadiense David Cronenberg –como si hubiera que hacerlo a estas alturas– es uno de los grandes maestros no solo del cine, sino de lo que se ha denominado “horror corporal” en su sentido más amplio. Cronenberg inaugura el concepto de la “nueva carne”, que elimina las fronteras entre lo mecánico y lo orgánico (Crash, 1996), y explora los miedos humanos ante la transformación física y la infección, como sucede en La mosca, un remake (más bien una revisión) del filme homónimo de 1958, dirigido por Kurt Neumann, y que, a pensar de sus errores científicos y su tono general, encajaba mejor dentro de los parámetros del terror. Pero él prefirió evitar la parodia, la deconstrucción o la trasposición más o menos literal del primero.

A partir del guion de Charles Edward Pogue, este maestro canadiense que insiste siempre en filmar en Ontario, su provincia natal, y con apoyo del gobierno para incentivar un cine nacional con fondos gubernamentales frente a Hollywood, recuperó la idea original del filme, basada en un relato de George Langelaan publicado en 1957, para llevarla en direcciones más inquietantes. Dejó de lado la propuesta de la primera película por inverosímil –una mosca y un hombre intercambiando miembros– y, en cambio, tejió una historia más creíble e inquietante sobre la fusión de ambos seres en una entidad híbrida, mutante; un inteligente e interesante estudio del carácter humano ante la degeneración corporal en el que se integran tanto elementos de La metamorfosis (1915) del checo Frank Kafka, como la obsesión del director por el lado más carnal –la carne en sí– del ser humano, y que hace que en sus películas usualmente se mezcle, además, lo psicológico con la parte física.

Ganó el Oscar al mejor maquillaje, así como el Saturn en la misma categoría y en la de Mejor Actor (Jeff Goldblum).

A lo largo de su carrera, David Cronenberg ha demostrado no solo comprender sino también transmitir el terror y la repulsión que produce la carne humana. Esa relación de nuestro inconsciente con su inseparable envoltura material golpea al espectador en varias de sus películas, empezando por Videodrome (1983) y terminando en eXistenZ (1999). Nos estremecemos con el pensamiento y la visión de la carne abierta, corrompida o marchita por obra de la tecnología, o a través de una lenta transformación; o cuando Cronenberg añade otro ingrediente igualmente carnal: el sexo (en La mosca, la novia del protagonista, interpretada por Geena Davis, le dice que está loca por la carne tras el sexo; o en M. Butterfly, de 1993, donde encontramos a Song, una cantante transgénero en la China maoísta; o la icónica Crash, que explora la excitación sexual a partir de los accidentes de autos).

La obsesión de Cronenberg por la carne –y su putrefacción– brinda en La mosca altos momentos, desde el desprendimiento de trozos del cuerpo de la criatura híbrida (interpretada por Jeff Goldblum) hasta la escena del parto, que hizo que ganara el Oscar al mejor maquillaje, a cargo de Chris Walas. Pero esa obsesión no es solo visual, también proporciona uno de sus núcleos emocionales y conceptuales: el cuerpo del héroe se corrompe, evoluciona a una forma infrahumana, traicionado por las innovaciones tecnológicas que él mismo ha creado. La metáfora de corrupción se ha querido ver también de otras maneras: como una alegoría de la mortalidad humana y la frágil envoltura del cuerpo. Contribuyen, asimismo, a la construcción de atmósfera que invade todo el filme, la pálida fotografía de Mark Irwin y una oscura banda sonora a cargo de Howard Shore. Y, por supuesto, la acertada interpretación de Goldblum –en lo que muchos han catalogado como el mejor papel de su carrera– y de Geena Davis. La mosca aportó al género del terror/ciencia ficción uno de sus ejemplos más notables; y ello porque el horror proviene de lugares mucho más profundos que el mero susto o el efecto especial de otros filmes del género.

David Cronenberg, uno de los principales exponentes de lo que se ha denominado “horror corporal” y abanderado del concepto «nueva carne», que consiste en abatir las barreras entre lo mecánico y lo orgánico en el diseño de efectos especiales.

Porque en La mosca los efectos especiales –indiscutiblemente innovadores para su tiempo– no están allí simplemente para causar solo la repulsión. Sabemos que la criatura-mosca es repulsiva, pero cuando Jeff Goldblum completa su transformación en lo que él llama “Brundlemosca”, el personaje ha pasado a ser interpretado por una marioneta; y sin embargo, nos sentimos tan cercanos a este que sentimos aun la presencia de Goldblum en pantalla.

El diálogo “soy un insecto que soñó que era humano y me encantó, pero ahora el sueño terminó y el insecto ha despertado”, es una fusión de referencias al relato ‘Sueño de una mariposa’, perteneciente al Libro de Zhuangzi; y a la famosa historia ‘Metamorfosis’ de Franz Kafka.

Lo que convierte a esta película en un clásico del género es no se apoya en los efectos visuales o el maquillaje, sino el trasiego de relaciones humanas que aborda, al punto de cobrar, además, los matices de una tragedia romántica. Así que, dejando aparte toda la parafernalia de carne, mutación y asco, lo que tenemos en La mosca es una historia sobre el carácter humano. Jeff Goldblum nos da lástima porque comprendemos los sentimientos, las debilidades, los errores y los miedos de su personaje. El deterioro progresivo y la carne putrefacta no son más que efectivos añadidos al drama central, de carácter psicológico y con varios niveles. Es por esto por lo que el remake de David Cronenberg –una de “las tres C” del cine de horror contemporáneo, junto con John Carpenter y Wes Craven– es tan sólido como obra de arte. Mientras que la de 1958 adolece de inconsistencias científicas y justifica su existencia en la capacidad –ya hace tiempo caducada– de sobresaltar momentáneamente al espectador, la de Cronenberg nos impacta no por sus imágenes, sino porque apela a los miedos que, latentes en el fondo de nuestras mentes, nos hacen humanos.

Fue un gran éxito de taquilla, el mayor en la carrera de David Cronenberg, lo que provocó el lanzamiento de una endeble secuela tres años más tarde, dirigida por Walas y solo con Getz repitiendo personaje; también obtuvo buenas cifras, pero carecía de la imaginación, la atmósfera y el dramatismo de la primera parte./ Datos tomados de espinof.com

Andréi Tarkovski, el cineasta, retrata a Andréi Rubliov, el pintor de iconos

Andréi Rubliov (1966) es una de las altas cumbres del universo llamado Andréi Tarkovski (1932-1986), una joya del cine y de la libertad autoral (aunque se presentó en el resto de Europa siete años después de su primera proyección, ganando premios en Belgrado y Helsinki) y con toda seguridad, uno de sus trabajos más apasionantes y enigmáticos, que se aleja de biopic al uso, erigiéndose en un amplio mosaico de imágenes paradigmáticas y potentes.

Tarkovski –uno de los grandes artistas del cine, con una poética visual incomparable por el nivel de sublimidad lírica y pictórica, al igual que la densidad místico-filosófica de sus filmes, que requieren a un espectador contemplativo y perspicaz– consideraba que el cine era “un mosaico hecho de tiempo”, de modo que lo que lo diferenciaba de otras artes era su capacidad para “atrapar” la realidad de ese tiempo. Su lenguaje cinematográfico es único y fácilmente identificable, algo de lo que no todos pueden lograr, y que en Andréi Rubliov permite que proyecte un ambicioso acercamiento a una de las figuras artísticas más relevantes de la pintura rusa, el monje y pintor de iconos Andréi Rubliov (¿1360?-¿1430?) y a una etapa convulsa de la historia nacional (el siglo XV) y de la conformación del alma rusa.

Durante varios años, Tarkovski (director de La infancia de Iván, Solaris, Zerkalo, Stalker, Nostalgia y Sacrificio) y el coguionista de su primer y anterior filme, La infancia…, de 1962, el también director Andréi Mijalkov-Konchalovski (Runaway Train, Tango & Cash, La Odisea), se dedicaron a escribir el guion de la película, aparándose en documentos medievales, tanto literarios como gráficos, y en el arte y la cultura antigua de Rusia. El cineasta necesitaba viajar a una época, y recrear un estilo de vida, hasta en sus más mínimos detalles (logrado en la película, además, por la dirección artística de Yevgeni Chernyayev, los decorados de S. Voronkov, y el vestuario de M. Abar-Baranovskaya y Lidiya Novi).

En el filme Rubliov no se “explica” a sí mismo, pues Tarkovski prefiere que los contornos de su personalidad y de su alma queden definidos más bien por lo externo a él que por su interior. Por eso la estructura (dividida en los capítulos o cantos: “Bufón”, “Teófanes, el griego”, “Celebración”, “Día del Juicio”, “Atraco”, “Silencio” y “La campana”, y el prólogo y el epílogo, en los que no siempre aparece el personaje de Rubliov o no es necesariamente el protagonista de los mismos, pues varias veces ocupa un papel de mero testigo, como en el episodio final de la campana, hermosa metáfora de la fe y pequeña obra maestra, en cuyo final, el blanco y negro de la película dará paso al color de los iconos reales de artista ruso) da cuerpo al viaje iniciático de Rubliov no solo en su formulación clásica, sino también como el eterno retorno al propio círculo, ya que Andréi Rubliov vive una peripecia física casi opuesta a su peripecia espiritual. Mientras va siendo reconocido, aceptado como discípulo por Teófanes, el griego, y llegando a pintar importantes sitios, duda cada vez más de sí mismo y, lo que es más importante, llega a perder la fe en el ser humano, al ser testigo de innumerables atrocidades. Una cosa es ser un pintor recluido en una celda y otra muy distinta es ver el mundo y darse cuenta de lo imperfecto del hombre y, quizá, de Dios (ahí radica el pensamiento vital y creador del artista: para Rubliov el sacrificio de Cristo es un ejemplo del que se obtiene una lección de amor; el ser humano no es malvado por naturaleza, sino que tiene la capacidad de redención, y solo así podemos entender su arte). Para Tarkovski, Rubliov es interesante precisamente por eso: por la conexión entre el artista y la época que le ha tocado vivir, por la imposibilidad de crear en un ambiente ideal, y porque quizá el arte más trascendente e inmortal nace del conflicto entre el hombre y su destino (más de una similitud encontramos entre el Andréi del siglo XX y el iconógrafo ruso).

Cada capítulo representa un pasaje independiente sobre el peregrinar de Rubliov: desde que sale del convento en el que se encuentra recluido como monje, hasta llegar a Moscú, donde se dispone a pintar los frescos de la Catedral de la Anunciación, como si este fuera un recorrido por la historia rusa bajo el yugo de los tártaros. Todas las partes, pese a estar dotadas de esa no linealidad, aportarán los matices que finalmente servirán para la comprensión global del filme y de Rubliov; una estructura episódica similar a la que usó Kurosawa (en quien encontramos una singular relación simbiótica con el Rubliov de Tarkovski) en sus evocadores Sueños (1990), y que posibilitó se tratara el tema artístico desde diferentes puntos de vista (Tarkovski tenía en el japonés uno de sus directores favoritos).

Aunque Tarkovski pudo rodar quizá un 65 % de lo planeado, sobre todo por los recortes presupuestarios que sufrió la producción, Andréi Rubliov es una obra sólida, enigmática, potente. Porque su puesta en escena es capaz de convocar una tensión psicológica enigmática, que surge de una experta dirección de actores y de una mirada insustituible, en la que cada momento captado es “el más importante” de la película. Los impresionantes exteriores, y los cuidados interiores, fotografiados con la habilidad de Vadim Yusov, así como la misma historia de Rubliov, no son más que una excusa para que Tarkovski expusiera su filosofía sobre la existencia humana, no solamente por su perfección técnica, sino sobre todo por la verdad que emana de sus conclusiones y de cada una de las secuencias. Ni una sola nota falsa. Nada falta y nada sobra en este filme. La cámara, increíblemente fluida, es como el ojo nervioso de Tarkovski que sigue a los personajes, o se detiene en un objeto, pero casi siempre en grandes tomas en la que se siente el tiempo pasar, y que quizá por ello varias de ellas resulten aburridas o excesivas para algunos espectadores; así como diálogos largos, o silencios muy prolongados, que llenan un espacio anímico creado por la escenografía y la cámara, como una vasija que se va llenando de agua.

Por otra parte, Anatoli Solonitsin interpreta a un Rubliov cuyo carácter evoluciona en manos de Tarkovski y sorprende por su espiritualidad interna y su psicología, un actor que desde entonces se convirtió en imprescindible en la obra del director ruso. Encontramos también a Ivan Lapikov, como Cirilo, Nikolai Grinko, que borda a Danil, y sobre todo a Yuriy Nazarov, que da vida a los dos príncipes mellizos. Gracias a esto, Tarkovski es capaz de afrontar secuencias inimaginables para otro director entonces: la larguísima batalla, perteneciente al episodio “Atraco”, que nada tiene que envidiar al Kurosawa más épico; la lírica de la crucifixión, acaso una ensoñación del propio Rubliov, con la que Tarkovski establece una especie de conexión espiritual entre toda Rusia en base al sufrimiento (la idea que tenía gran parte de la sociedad rusa de entonces era precisamente la de tener que sufrir en silencio el mismo tormento que sufrió Cristo); y el largo bloque del “Día del Juicio”, en el que se dan la mano la barbarie (cuando les sacan los ojos a los pintores) con el lirismo más hermoso e enigmático (el polen flotando en las cercanías del palacio, mientras dialogan los artistas) y que demuestra que las obras maestras de Rubliov no estuvieron inspiradas en la crueldad de los corazones humanos, sino en la fiereza del siglo en que vivió.

Si Andréi Rubliov (canonizado incluso por la Iglesia Ortodoxa rusa) realizó los más importantes y conmovedores iconos religiosos de su tiempo, Andréi Tarkovski, en esta película penetrante, conmovedora, profundamente filosófica y al mismo tiempo históricamente creíble, como un mazazo en pleno rostro, “pintó” con la luz de la cámara una época y un carácter profundamente rusos y al mismo tiempo, en esa búsqueda patente desde la primera imagen del filme, ampliamente universal. Cuando veo Andréi Rubliov, filme que posiblemente sea, junto a Guerra y paz, de León Tolstói, la obra más importante del realismo ruso, u otros filmes suyos, recuerdo a Rufo Caballero cuando decía jocosamente que Andréi Tarkovski era uno de los cineastas que más daño le había hecho al cine, pues todos los estudiantes querían imitarlo y él, Tarkovski, es, sin lugar a dudas, inimitable.

Abel Ferrara revisita las últimas horas de Pasolini

Abel Ferrara (Nueva York, 1951) dirigió en 2014 un biopic sobre los últimos momentos de la vida del escritor y director italiano Pier Paolo Pasolini (1922-1975). Esto podría parecernos sencillo –aunque nada que tenga que ver con Pasolini lo es, ni su abarcadora y poliédrica obra, ni las circunstancias que aun enturbian los hechos que conllevaron a su muerte–, si Ferrara no se desligara del biopic al uso para construir un “mosaico” a partir de las últimas horas del director de clásicos como Edipo Rey (1967), Teorema (1968) y El Decamerón (1971).

Ferrara –recordemos Welkome to New York, su biopic sobre Dominique Strauss-Kahn– más bien articula en Pasolini una historia, escrita junto a Maurizio Ferrara, de obsesiones y anhelos que explora la personalidad y los ambientes cotidianos de uno de los cineastas más amados y odiados en su momento, a partes iguales. Para ello no hace demasiado hincapié en lo polémica que fue la obra del director boloñés y el rechazo que produjo (aunque algo destila, sobre todo en lo relacionado con el estreno de Saló o los 120 días de Sodoma, de 1975).

Contra todo pronóstico Ferrara evitó las teorías conspiratorias y se centró en la versión tradicional –la más conocida y aceptada en el proceso judicial, no exenta de discusión– del asesinato de Pasolini. Esta lo relacionada a Pino Pelosi, un menor de edad con quien el poeta se encontraba en las playas de Ostia, aunque el filme refuerza la lógica teoría, patente en los juicios realizados, de la participación de más personas en la muerte de Pier Paolo. “Todo el mundo en Roma cree saber quién asesinó a Pasolini”, dijo, cuando el estreno de la película, Abel, quien realizó una profunda investigación en esa ciudad antes de filmar. “A estas alturas igual no es tan importante saber qué pasó esa noche. El tipo está muerto, y nada de lo que hagamos o digamos le traerá otra vez a la vida”, ha subrayado Ferrara (para esto recomiendo más bien Pasolini, un delitto italiano, de Marco Tullio Giordana, de 1995, centrado en el proceso judicial que conmovió a toda Italia y parte del mundo).

Pasolini de Abel Ferrara no es una película biográfica como cualquier otra. Eso es lo que le ha valido una crítica en mayor parte negativa, porque el cineasta no se toma la molestia de explicarnos las complejas visiones de Pasolini ante la burguesía, el fascismo y la política, sino que da por hecho que el espectador las conoce y las entiende.

En lo personal Pasolini más bien se me antoja una especie de homenaje consiente, un filme sobre la profunda admiración del director de The Addiction (1995) y The Funeral (1996), y también de Willem Dafoe, quien “revive” al italiano, a “un cineasta mayor”, como ha dicho Ferrara.

Esta admiración –sin centrarse en especulaciones o polémicas, sino captar lo “posible” sobre aquellos sucesos– está presente a lo largo de todo el filme: desde la música, los actores que participan y esa especie de “escritura fílmica” de los proyectos dejados sin concluir por Pasolini (la novela Petróleo y la película que comenzaba a perfilar con el título Porno-Teo-Kolossal) y que el cineasta estadounidense de ascendencia italiana alterna con sus últimas vivencias: su llegada de Estocolmo; la finalización de Saló o los 120 días de Sodoma; el encuentro en su casa con el periodista de L´Unitá, Furio Colombo; la cena con sus actores habituales, entre ellos Ninetto Davoli; hasta el que será su último itinerario, junto al joven Pelosi, en su flamante Alfa Romeo, que terminó con su muerte, en un descampado cercano a la playa de Ostia, a unos pocos kilómetros de Roma, en noviembre de 1975.

Limitando la historia a sólo las últimas horas de Pasolini es capaz de revelarnos mucho. El absorbente carácter del cineasta dentro de la industria, y aún sobre la Italia violenta y caótica de 1975 que terminó matándolo.

Desde Maria Callas (amiga suya y actriz protagonista de Medea, de 1969) y el “Ebarne dich” de La pasión según San Mateo, de Johann Sebastian Bach, que formó parte de la banda sonora de El evangelio según San Mateo, hasta “reencontrarnos” con Adriana Asti como su madre, actriz que formó parte del elenco de Accattone, su opera prima, refuerzan este homenaje, coronado por un septuagenario Ninetto Davoli, amante y actor fetiche en filmes como Pajaritos y pajarracos (1966), Edipo Rey, Teorema, Pocilga, El Decamerón, Los cuentos de Canterbury (1972) o Las mil y una noches (1974), acompañado precisamente por otro personaje que es él mismo, pero en su juventud, interpretado por Riccardo Scamarcio.

el poder de la película, además de la excelsa dirección de Ferrara y de su decisión determinista de contar sólo las últimas horas de Pasolini para evadir la clásica “biografía”, radica sin duda en Williem Dafoe. Así es, el corazón del filme no es más nadie que solo Dafoe.

Ferrara –aunque muchos creen que el neoyorkino fue mucho más contenido de lo que habitualmente acostumbra o quizá por todo lo contrario, por ese aire en consonancia con el “verismo operístico decimonónico” que emanan algunas de las secuencias, entre ellas la muerte del director de Mamma Roma, de 1962– tuvo en Pasolini aciertos indiscutibles: una puesta en escena que logra captar tanto los ambientes como esa textura estética propia de las imágenes de los años setenta, y la elección de Willem Dafoe, quien además del parecido físico con el italiano, se transfiguró con su personaje, dando muestras no solo de una insólita capacidad camaleónica, sino de un talento interpretativo con un grado de mimetismo que nos lleva a preguntarnos si detrás de aquellas características gafas de pasta de Pasolini se oculta realmente un actor; o creer que Dafoe no interpreta a Pasolini, es Pasolini (aunque se extrañe en todo el filme, desde la frialdad e incluso pasividad de Defoe, esa fuerza, rabia y pasión que caracterizaron al italiano en su actividad intelectual y política).

Y además, por preferir mostrar, sobre todo en la primera parte, una cotidianidad que prioriza al ser humano extraordinario llamado Pier Paolo Pasolini –como dicen sus amigos que fue– sobre la crónica roja y los vericuetos, políticos incluso, que rodearon su muerte, a pesar de algunos altibajos narrativos, y por añadir la magia, por momentos ensoñadora, de sus filmes, que nos devuelven a un Ninetto Davoli eternizado con su amplísima e ingenua sonrisa, se agradece que Abel Ferrara corriera los riesgos para reverenciar y traer nuevamente a través de la eterna magia del cine, como alumno díscolo, a su maestro italiano.


Alonso Ruizpalacios: «El cine tiene que ser muchos cines» (+ Tráiler)

Alfonso Ruizpalacios no aparenta las cuatro décadas casi recién cumplidas. Trasmite cierto aire juvenil y por momentos desenfadado, quizá porque la juventud y sus preocupaciones, dudas y certezas, han rondado sus filmes, sobre todo Güeros (2014) y Museo (2018). “Me conmueve mucho y me siento identificando con la juventud y las incertidumbres que conlleva. Doy clases en la escuela de cine y me gusta el contacto con los alumnos, escuchar sus historias y ver las posturas que tienen, pues hay algo en la juventud, el no tener certezas, que me parece inspirador. Mis películas son, de alguna manera, un homenaje a eso, al no tener certezas. México, además, es un país que es un perpetuo adolescente. Como toda Latinoamérica, su identidad está formándose y además, tiene una historia que no está asentada, construida, conocida”.

Ruizpalacios es considerado por la crítica especializada y el público uno los directores más interesantes del cine contemporáneo mexicano. A diferencia de otros, como Alfonso Cuarón o Alejandro González Iñárritu, ha realizado su obra en el país donde nació en 1978. Allí estudió Dirección y Actuación en el Foro Teatro Contemporáneo, y después en el Royal Academy of Dramatic Art, de Londres, pasiones que no ha abandonado del todo, pues continúa realizando teatro.

foto Yoan Ramos

Aunque ha dirigido varios cortos, entre ellos Café Paraíso (2008), El último canto del pájaro Cú (2010) y Verde (2016), Ruizpalacios es más reconocido por sus largometrajes: Güeros ganó cuatro Ariel, premio otorgado por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas a lo mejor del cine mexicano, incluyendo Mejor director y Mejor película, y mereció, además, el Coral de ópera prima en el 36 Festival Internacional de Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana; el Oso dorado a la mejor ópera prima del Festival Internacional de Cine de Berlín en la sección Panorama, y fue nominada a los Premios Platino 2016 en la categoría de Mejor Dirección.

 

Su más reciente película, Museo, cuenta con las actuaciones de Gael García Bernal y Leonardo Ortizgris, y recrea una histórica verídica ocurrida en la Navidad mexicana de 1985, cuando dos estudiantes roban varias piezas inapreciables del Museo Nacional de Antropología en Ciudad de México e intentan venderlas en otras partes del país; mientras aborda, entre otros tópicos, el rescate de la memoria histórica nacional, y como esta se relaciona con las jóvenes generaciones.

Con guion del propio Ruizpalacios y Manuel Alcalá, fotografía de Damián García, y actuación, además, de Alfredo Castro, Simón Russell Beale, Bernardo Velazco, Leticia Bérdice, Ilse Salas y Lisa Owen, Museo se ha presentado en el Festival de Berlín, donde obtuvo el Oso de plata al Mejor guion; recibió seis nominaciones al Premio Iberoamericano de Cine Fénix, incluidas Mejor película y Director; y en el 40 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, el Premio colateral entregado por la Muestra Joven Icaic en esta importante cita del cine continental.

La película, aunque se alejó de la realidad para darnos una historia más entretenida, más rica y más dramática, no deja de ser realista en muchos aspectos, como las relaciones de los protagonistas con sus familiares, las tradiciones mexicanas, las máscaras con que ocultamos el rechazo, la infelicidad y la impotencia. Es el retrato de un México que ya no existe y que, no obstante, se siente muy actual.

Después de esto, Alonso Ruizpalacios regresó a La Habana, invitado precisamente por la más reciente Muestra Joven, espacio donde se reunió e intercambió con los jóvenes realizadores de la isla. De ese intercambio, realizado en el Centro Cultural Fresa y chocolate, queda este resumen, donde aborda varios temas de su cine, para los lectores del Portal del Arte Joven Cubano.

Por una pluralidad en el cine mexicano

Me gusta la pluralidad del cine contemporáneo, pues no debe haber un solo tipo de cine. Yo mismo disfruto las películas frívolas y de entretenimiento. El cine tiene que ser muchos cines. Cuarón, Iñárritu y Del Toro no hacen cine mexicano. Cuarón, a excepción de su reciente Roma, no había filmado en México desde hace veinte años. Sus películas no tratan problemas mexicanos, no tienen dinero de nuestro país. La gran fortaleza del cine mexicano es que permite que existan todas estas expresiones. Estoy a favor de que no exista una línea, sino pluralidad.

foto Yoan Ramos

El arte se define mientras lo haces

No trato de hacer un cine que dialogue con críticos y festivales. A uno, como director, le corresponde perseguir sus inquietudes, sus filias y fobias, y después que la gente decida dónde se acomoda eso, qué tipo de cine es. Lo mejor que puedes hacer como director es no determinar la postura de la película antes de hacerla, pues, para mí, va en contra del arte. El arte se define mientras lo haces, no es decir: voy a hacer cine anti establishment y festivalero que toque este sector, antes de hacerlo. Creo en tratar de dialogar con el público mexicano. Me gustaría pensar que la gente ve en mis películas algo de mi país. Ahí es cuando ocurre la catarsis.

Gael García Bernal admite durante una entrevista con Efe en el marco del TIFF que aceptó participar en el filme incluso antes de que Ruizpalacios tuviese un guión que enseñarle.

Me procuré mi propia escuela

No fui a escuelas de cine, pero me procuré mi propia escuela. Por eso les digo a mis alumnos: lean, estudien y pónganse a hacer cine. Eso es lo importante. Aunque no estar en una escuela de cine te pone en un lugar más vulnerable, digamos inseguro, y tratas de compensar eso, como yo hice, viendo cine. Fui muy disciplinado haciendo ciclos de cine como por tres años; vi todo Kurosawa, por ejemplo, mientras leía su autobiografía, para mí uno de los mejores escritos sobre cine. Él atravesó un arco muy completo, hizo todos los géneros y encontró su voz.

Gael García Bernal en una entrevista a EFE: «Y desde el momento en que lo hablamos, estaba convencido porque me encanta lo que (Ruizapalacios) hace, sabía que íbamos a disfrutar mucho trabajando juntos, que yo iba a disfrutar mucho trabajando con él».

La literatura es una desnudez que me asusta

Me considero, además, un guionista, pues escribo mis filmes y por mucho tiempo escribí series y otros productos, pero pienso que la literatura es una desnudez que me asusta y me genera muchísimo respeto. Uno de los libros que más me marcó, y al cual siempre regreso, es El guardián en el centeno, de D. J. Salinger, y también Los detectives salvajes, del chileno Roberto Bolaño. Primero escribí el guion de Güeros y un amigo me dijo que debía leerme Los detectives…

Güeros, una ópera prima más que exitosa

La premisa de Güeros desde el principio fue hacer un road movie en la Ciudad de México. Es tan basta que, para mí, ameritaba este género; es como un país que cuando vas de un lugar a otro cambia la geografía, incluso el ecosistema. Cuando hacía Güeros pensaba mucho en eso. Durante el proceso vimos muchísimo road movie; es una forma por naturaleza libre, antiaristotélica, episódica, pues su punto son las paradas y lo que encuentras en las paradas… También vimos La dolce vitta, de Federico Fellini. Güeros es, además, un homenaje a la nueva ola francesa, pero es más Fellini en el espíritu juguetón. Me gustan mucho los directores que tienen sentido del humor. De los contemporáneos, Paul Thomas Anderson me parece el último gran maestro.

Para elfilme se construyó una copia de las salas del Museo de Antropología en un estudio y no se puede ver la diferencia. La ambientación es tan buena que ni siquiera te das cuenta de esos detalles. Además, si a eso se le suma el vestuario, el maquillaje, los peinados y hasta los videos reales del robo trasmitidos por televisión, la película se vuelve una experiencia muy convincente.

Museo y la memoria histórica mexicana

Museo no era originalmente así, no tenía este componente de road movie, pero descubrimos que, en la historia real del robo de las piezas, sí había un viaje de estos chicos hasta Palenque; encontramos unas fotos de ellos en las ruinas mayas, y después acabaron en Acapulco. Dijimos ahí hay un viaje. Hay algo de esa estructura de road movie que me atrae, en tanto es una estructura episódica, un viaje de regreso a casa, pues todos son un viaje yéndose o regresando al hogar.

La película no se amarraba bien a las expectativas de los inversionistas extranjeros. Ellos decían: dónde está el policía, el interés romántico; pero es que esta historia no los tiene, si no quieren invertir en esta película así pues… Era parte de la idea, al principio, meter en Museo el género de las películas de robo, después pervertir eso y que la película se descarrilara y se fuera por la libre. Para mí esa era la estructura más honesta para la película. Vemos el robo, seguimos a los protagonistas, pero después no saben que chingadas hacer con las piezas, cómo deshacerse de ellas.

“El jurado decidió presentar el premio al mejor director a Alonso Ruizpalacios por su destacado trabajo como director en Museo. El uso del lenguaje cinematográfico se perfecciona en el trabajo de Alonso: la coreografía de los actores en cada escena es vívida y hermosa, la composición es indicativa de gran inventiva y, a veces, es como si la cámara grabara la luz para imprimir la historia y actores. No podemos esperar a la próxima película de Alonso Ruizpalacios”.

Los laminarios de Camilo Noa

Varios de los versos de Laminarios, poemario publicado por Camilo Noa (Gibara, 1990) bajo el sello de Ediciones La Luz, son como el álbum de cromos de mi generación. Pero mi generación –esa nacida a fines de los 80 y en los primeros años de la década siguiente– no tuvo álbumes de cromos que coleccionar después de disfrutar las golosinas; apenas recopiló las láminas descoloridas –postales de la cotidianidad, reversos de sueños, frustraciones, anclajes– de aquellos eufemísticos años especiales que, niños al fin y al cabo, veíamos como días luminosos que, sabemos, no volverán más.

foto tomada del perfil de facebook de Camilo Noa

Los poemas de Camilo Noa se me tornan generacionales, algo míos, por más de una razón: ambos empezamos a escribir casi por la misma fecha, más bien participar en peñas, lecturas, eventos, porque escribir, lo que es escribir, quién sabe desde cuándo uno anda “labrando” cuartillas, emborronando páginas, sacando del cuerpo, de la mente, los recónditos ritos del alma, recopilando láminas de la existencia; y ambos vimos crecer, coger complexión, en esa complicidad de los primeros años, muchos de los poemas que hoy aparecen en este libro; y porque, claro está, los temas, las preocupaciones, los miedos de Camilo, le pertenecen de una forma a otra, a muchos lectores.

El hombre era un ser endeble/ devoraba un pescado crudo/ untaba sal para adobar la carne/ engullía con dolor las espinas/ Otra vez la gente corrió a mirar/ trajeron a sus hijos en los hombros/ –como se les lleva a ver el circo (“II”).

Uno imagina al poeta sentado, abriendo las páginas del libro de la vida –libro difuso, complicado, arbóreo– y añadiendo láminas vitales, como golpes, caídas de dados, mientras a su alrededor la isla se deja devorar por las aguas cambiantes del mar: el mar de Gibara, las aguas que llegan del Atlántico y que rajan las manos y el cuerpo de los pescadores que, de madrugada, se lanzan a su ruedo, en busca del sustento diario. Uno imagina al poeta también quitando láminas, exorcizándose de algunos momentos a través de la poesía, pero los momentos, descreídos, difíciles de zanjar de la memoria, permanecen, salen a flote, como un cuerpo comido por los peces y encallado entre los arrecifes, como la persistencia de la memoria misma (el poeta también, como diría Fernando Pessoa, como un gran fingidor). En el espectro de la fotografía/ la muchacha de Plzeň, parece que sonríe/ el descenso de la nevisca/ no deja distinguir los rostros/ Me acerco/ porque quiero preguntarle/ si la nieve es tan divertida a pesar del frío/ Pero mami le cuesta recordar esa felicidad/ y pasa a otra página del álbum (“Laminarios I, 1984”).

Laminarios – Camilo Noas – Cortesía de Ediciones La Luz

A Camilo Noa le asedian muchas de las preocupaciones de su generación: la familia (su ausencia, su necesidad) en el centro de todo, equidistante; la madre como eje vital, como brújula mellada por el tiempo, el cansancio, la sobrevivencia; el país y sus aguas, sus rumbos; las liturgias y peregrinaciones a que nos vemos sometidos en el paso de los días y que le obligan a sostener el aire/ comprender/ resignarse/ Abrazar la “rosa de nadie”. Incluso la casa funciona como metáfora de esta cotidianidad vacua: Hemos tenido que cavar su tumba/ con las mismas manos/ que hoy tratan de erguir la casa/ colocando puntales/ y levantando hogueras/ para enfrentar el próximo invierno (“liturgias tres”).

El poeta reza, araña cuartillas para que el dolor no entre –como otro poeta querido y cercano de varias maneras a nuestra generación, Luis Yuseff–, escucha que alguien se persigna, mientras su madre se cubre el rostro y pide un poco más de vida. Pero el dolor no cree en súplicas, el dolor (ese que posa una mano sobre su hombro y lo mira con lástima) entra sin miramientos y llena espacios (del cuerpo y de la memoria); el mismo dolor que precede la muerte, las formas del sufrir, del sobrecogimiento, el miedo, la duda: El dolor está sentado en el sillón de costumbre/ con las piernas cruzadas/ Me precipito como una hoja amarilla/ espoleada por la briza de octubre (“otoño”). El dolor que se corporiza en los sacrificios: En los 90 se comía sacrificio/ tragábamos platos de sacrificio/ pelado/ sin especias/ y mi madre estaba cansada/ lo decía a gritos en las noches/ Cuando nos alumbrábamos/ con mucho sacrificio (“laminarios II”).

Camilo Noa dispara ráfagas sin remordimientos, ráfagas líricas pero humeantes como pólvora, pues aquí se viene a aprender a matar/ y el enemigo existe/ está a quinientos metros de distancia/ su silueta de cartón está amenazando la patria, y es por eso mismo que este laminario –sobre todo en su segunda parte, que son poemas más recientes, y creo los mejores del libro, que incluso se enrumban a nuevas búsquedas y también tanteos formales– se cargan de una cotidianidad vital y peligrosa, necesaria y cívica; crítica ya no solo consigo mismo y sus contextos, su cotidianidad existencial, sino con las honduras de la isla, con las preocupaciones como ser social, como ciudadano de un país que mira las manos del carbonero que tala el árbol de la memoria. Ciudadano, no habitante (el primero es un ser social, político, un escrutiñador de sustratos, un residente de los subterfugios de la razón, y también del miedo).

foto tomada del perfil de facebook de Camilo Noa

Nada tiene que perder, lo sabe, ya todo está echado al fuego que cocina lentamente los cimientos de la isla, y en él, los poemas de la sobrevida. Una muchacha/ que a sus diecisiete/ me ofrece su flor/ a cambio de un poema/ ¿te parece sucio?/ ¿te parece prostitución? Yo las he visto canjear/ cosas más terribles/ ofrecer la patria/ por una noche en un hotel de la patria/ y después uniformadas/ cantar el himno nacional (“laminarios VI”).

Vi una fotografía donde la poesía era una mujer que daba de comer a sus hijos. Uno de ellos mamaba de los senos estirados, se alimentaba como un gato, con los ojos cerrados y desagradeciendo. Entonces por primera vez la imagen de la poesía me fue un tanto similar a la imagen de la patria, con todos sus zopencos hijos chupando (“laminarios IX”).

El poeta que captó estos laminarios –con la seguridad de que cada cual va conformando los suyos– sueña con Freud y una granada de fragmentación en su mano, y también con la nieve, esa que añoró Casal, y que aquí le responde a la pureza de la brasileña Olga Banário, cuando David era un nombre que condena/ que llama a la muerte y la seduce; Camilo Noa –aunque nos diga que lo que desea es no complicarse tanto y no pensar, aunque insista en ser sincero y en mentirnos, en fragmentar la cotidianidad en poesía– desea también abrirse temprano y dejar que la noche ahonde en él. En esas honduras nos encontramos con estos Laminarios, y le agradecemos por estos poemas como granadas de fragmentación, por estas láminas como esquirlas de vida.


¡Más vivo que nunca!

…Al que sirvió a sus hermanos, al que dejó la comodidad impura por el peligro creador, al que puso de raíz a su tierra y dio a su pueblo el derecho de codearse con los hombres, se le quiere, como a cosa de las entrañas, se mima su recuerdo, se le hace hueco en nuestro asiento, se le abre para que por él se entre nuestro corazón.

José Martí.

Resuenan los acordes de la guitarra y se escuchan las voces de aquellos que le cantan a la isla de Fidel, pinceles y carboncillos se deslizan por el lienzo para bocetar la sonrisa serena y el rostro sabio de quien ni la muerte puedo arrancar del corazón latente de cada cubano. Las palabras brotan de la pluma del poeta que sobrevuelan una vez más las plazas que su oratoria inundó, recorre nuevamente tus caminos, surca los mares buscando tu figura y la encuentra viva entre la gente.  

Volvió el gigante de barba blanca, el timonel de nuestra gesta, el líder incuestionable, el martiano por convicción, el guerrillero soñador; volvió Fidel para juntar a un pueblo agradecido, continuador de su pensamiento y que hoy lo rememora en cada uno de sus logros y retos.

Cantata dedicada al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en la Terraza Arte Joven de la AHS/ Foto: Claudia Beatriz Borrero Báez

A cuatro años de su desaparición física, Fidel continúa rompiendo las fronteras de su tiempo para vivir eternamente en cada niño que nace sin la inquietud de cómo será su vida al crecer; en cada joven que ingresa de forma segura y gratuita a una universidad; en cada médico que arriesga su vida en tiempos de crisis; en cada artista creador comprometido con su obra y protagonista de su tiempo; en hombres que defienden bajo cualquier circunstancia a esta nación independiente, una Patria que se construye orgullosa e indoblegable con nuestra verdad e ideales.

Con tributos y ofrendas de amor desde el Camagüey legendario se multiplican sus fotos admirables en el podio, en la trinchera, en el deporte, en la salud, en los campos de caña o con un simple casco de constructor. Los jóvenes creadores celebran su vida –sin lamentos por su pérdida– porque Fidel no se ha ido, está hoy más presente que nunca, porque no hay cabida para la muerte cuando la meta es Cuba, y esta Cuba es el reflejo de Fidel.

El trovador Pedro Sánchez Zapata en la clausura del VIII Festival de Trova Canto a Dentro, dedicado a la vida y obra del eterno Comandante en Jefe./ Foto: Claudia Beatriz Borrero Báez

Fidel Castro fue un baluarte en el impulso de las amplias garantías que tenemos las nuevas generaciones, bondades que se edificaron sólidamente con la Revolución y las ideas que nos inculcó desde 1952. Ejemplo y guía permanente para las más disímiles generaciones, donde el arte, la cultura y sus hacedores siempre calaron y prevalecieron en los peldaños más altos de su pensamiento, vida y proyecto social.

Hablamos de un hombre que hasta el fin de su existencia siguió siendo joven por sus ideas, por su espíritu revolucionario y por su perenne voluntad de transformación propia, por estar siempre alerta ante cualquier manifestación de quebranto de la independencia nacional.

Desde el canto, el óleo, la poesía y la música, los miembros y artistas de la filial principeña de la AHS ofrecieron respeto y homenajearon la vida de quien redimensionó el papel de una juventud comprometida con el arte y la cultura de la nación.

La velada en la Terraza Arte Joven de la Casa del Joven Creador de la provincia, contó con la participación de trovadores de Las Tunas, Granma, La Habana, Guantánamo, Santiago de Cuba y de Camagüey, y con ella concluyó la VIII Edición del Festival de Trova Canto Adentro, un evento que estuvo dedicado a la vida y obra del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, y al personal de la salud que enfrenta los avatares de la Covid-19 en el país y en el mundo.

Jesús Pérez y Daniela de la Caridad, jóvenes tuneros, cantaron en el Hospital Provincial Manuel Ascunce Domench a los estudiantes, profesores y personal de la Salud./ Foto: Claudia Beatriz Borrero Báez

Cuatro noches de Festival cargadas de sentimientos donde artistas como los camagüeyanos Harold Díaz y su grupo Punto de Giro, Reinaldo Rodríguez, los Dúos Dulce Capricho y Mi otra Mitad, el santiaguero Pedro Sánchez Zapata, el habanero Jorge Kamankola, Miguel de la Rosa, del Proyecto La Trovuntivitis, los tuneros Jesús Pérez y Daniela de la Caridad, entre otros, demostraron que la memoria se mantiene despierta en cada rinconcito de esta isla antillana que aún recuerda con orgullo las palabras de un titán, pronunciadas un 25 de noviembre, pero del año 1959, a los 82 expedicionarios del yate Granma: “si salimos llegamos; si llegamos, entramos y si entramos, triunfamos.”

Jesús Pérez y Daniela de la Caridad, jóvenes tuneros, cantaron en el Hospital Provincial Manuel Ascunce Domench a los estudiantes, profesores y personal de la Salud./ Foto: Claudia Beatriz Borrero Báez

El destino quiso que ese mismo día, pero 57 años después, gran parte del mundo llorara su partida, pero con la absoluta certeza de que no hay un adiós ni un final para uno de esos hombres que brillaron con luz propia y que será siempre el guía y creador de una gran obra de arte del siglo XX, que es la Revolución cubana. 

 Fidel depositó toda la confianza en los jóvenes porque la Revolución la hizo siendo joven. Confió hasta el último momento en las nuevas generaciones, en su rebeldía, en su deseo de hacer, de crear, y es hoy lo que nos toca defender; porque somos escudo y espada de esta nación y desde la cultura seguiremos dando el apoyo necesario para y por la Revolución que tanto amó.


Los caminos después del abismo

Diez artistas, jóvenes de la Asociacion Hermanos Saíz –AHS CUBA, han retado a Nietzsche. Tras mirar largo tiempo al abismo –entiéndase como abismo ese largo período de la Covid– han encontrado más caminos para seguir haciendo arte. En cada pieza se nota que sí, que “cuando miras largo tiempo al abismo, el abismo también te mira a ti”, pues en ellas se refleja las emociones, sentimientos, angustias y el sinfín de sensaciones que en cada ser humano se ha vivido en estos días. Pero artistas al fin, han canalizado estos para convertirlos en una expresión artística, cada uno en su estilo y técnica.

La Madriguera volvió a asumir la función de “alma mater”. Es esta una exposición que según las palabras de los organizadores muestra “la persistencia del arte pese a lo caótico y límite de las circunstancias provocadas por la Covid”. La galería Antonia Eiriz, una artista resiliente por naturaleza propia, mostró el trabajo artistas jóvenes confinados a sus estudios talleres desbordados de creatividad.

La fotografía se hace presente de la mano de Yuri Obregón, que desde la serie rostros, trasmite esa mirada a la realidad agobiante de muchos, la mascarilla, el miedo a salir a la calle, siempre empleando el rostro humano como el medidor de esas presiones internas. A su vez Yangtsé Clemente Garcia a través del calado muestra las rutinas que muchos tuvieron que asumir para no perder la condición física o sólo mantener la mente activa. Ingeniosa manera de usar esta técnica y el montaje final.

La serie de dibujos de Adonis Muiño –“Dibujos sucios”– y “Dibujos Manuscritos” de Evelyn Aguilar Sánchez, capturan las experiencias individuales de estos artistas y sus voces de resiliencia ante las situaciones en cada lugar donde vivieron los momentos más duros de la epidemia…sus casas. Brian Romero en cambio refleja a una sociedad hasta ahora agolpada en multitudes, tal vez con el anhelo que reencontrar esa necesidad de socialización que a partir del distanciamiento el ser humano perdió poco a poco, y seguramente será difícil recuperar.

La abstracción, tal vez sea aquella que mejor describe la mente de los jóvenes en esos momentos, donde la necesidad de expresión no puede encasillarse. Alejandro Jurado, Mario Gonzalez Rodriguez, Victor Manuel Ibañez Gómez, Antoine Mena y Carlos Zorrilla Montes apuestan por ese lenguaje artístico.

El mensaje es claro. Se evidencia que las actuales propuestas son resultantes de como estos artistas han trasformado su obra y su discurso. Hay una madurez, necesaria, a partir de las influencias de los tiempos vividos, cargado a las obras de valores semánticos, simbólicos y de una nueva cultura de resistencia y significación.

Después del abismo vivido, sí hay más caminos por recorrer en cuanto al arte contemporáneo y sus formas de producción. También es cierto que se deberá reflexionar acerca de los modos en los cuales las estéticas y los relatos de otros muchos artistas deben ser convocados a presentar sus experiencias de estos meses. Por otra parte, sería interesante producir investigaciones que permitan analizar las maneras en los cuales estos meses en Cuba, han marcado a los artistas, jóvenes y no tanto, y las formas de hacer arte, no sólo en la Habana, sino en cada espacio de creación.

*Publicado originalmente en el perfil de facebook del autor


Resaltan legado de Fidel en el espacio Dialogar, dialogar

Participantes en el espacio Dialogar, dialogar resaltaron la importancia de mantener vivo el legado de Fidel, en ocasión de cumplirse este 25 de noviembre el aniversario cuatro de su desaparición física.

Conducido por el vicepresidente nacional de la AHS Yasel Toledo Garnache, en el encuentro de más de dos horas, el intelectual Iroel Sánchez, la periodista Arleen Rodríguez Derivet, el investigador Alejandro Gumá y jóvenes creadores intercambiaron sobre “Fidel en el contexto actual, imaginarios y desafíos”, con reflexiones sobre la historia y el presente cubano.

Derivet, ganadora de diversos premios periodísticos y conductora del espacio televisivo Mesa Redonda, compartió anécdotas de momentos junto al Líder Histórico de la Revolución, y destacó su capacidad para vencer los obstáculos, con apego a la verdad y una inteligencia y valor que todavía siguen cautivando a muchos en gran parte del mundo.

Aseguró que Fidel simboliza también la síntesis de Cuba, como continuador de las ideas de otros grandes de la historia nacional, como Carlos Manuel de Céspedes, Antonio Maceo y José Martí.

Sánchez, director del programa La Pupila Asombrada, expresó que una de las enseñanzas de Fidel es jamás sentirse derrotado por complicadas que sean las circunstancias.

“Él es fundamental en la cultura de resistencia y victoria del pueblo cubano, la cual debe ser renovada constantemente, siempre de manera consecuente con su dimensión ética”, manifestó el también editor, analista y autor del blog La pupila insomne.

Gumá refirió que por su dimensión Fidel será siempre también un símbolo en disputa, con el cual todos intentarán legitimarse, incluidos quienes intentan debilitar la Revolución.

Agregó que forma parte de la mística imprescindible de la nación cubana, la cual deberá mantenerse fuerte siempre como elemento esencial del alma del proyecto cubano.

Desde el público, varias personas resaltaron también la pertinencia de no olvidar jamás la manera de Fidel de hacer Revolución y ser revolucionario verdadero.

El joven Iramís dijo que el Comandante en Jefe contribuía de manera permanente a la unidad, por su manera de hacer política, por su pedagogía al analizar fenómenos diversos y capacidad de dialogar con el pueblo.  

El intercambio formó parte del homenaje en todo el país al Líder Histórico de la Revolución Cubana, hombre de pensamiento y cultura, que siempre impulsó la obra de los jóvenes creadores, en quienes confió para analizar y sugerir propuestas sobre aspectos esenciales de la nación.

Cada año, la AHS efectúa varias acciones dedicadas a ese profundo humanista, que desapareció físicamente el 25 de noviembre de 2016, incluidas la Jornada 13 de agosto en Pinar del Río y el ascenso al Pico Real del Turquino, punto más alto del archipiélago, justamente el día de su cumpleaños.

Creado en el 2013, el Dialogar, dialogar se mantiene como una plataforma para el intercambio sincero, valiente y responsable entre varias generaciones de cubanos, con líneas temáticas relacionadas con la cultura, la historia y la sociedad en general.

Este espacio constituye un homenaje permanente al sobresaliente intelectual Alfredo Guevara, fallecido en abril de 2013, quien fue eternamente joven por sus ideas y la capacidad para polemizar y soñar junto a las nuevas generaciones.

Las transcripciones del Dialogar, dialogar pueden leerse en dos libros, titulados Hacia una cultura del debate, en sus volúmenes uno y dos, los cuales fueron publicados también por la Casa Editora Abril.

 

 

 

 


La Vuelta Abajo, a la segunda va la vencida

La Covid-19 ha jugado malas pasadas durante este 2020 en todos los aspectos de la vida. Las jornadas de programación y eventos convocados por la Asociación Hemanos Saíz, no han quedado exentos. Así sucedió con el Encuentro y Concurso de Jóvenes Radialistas La Vuelta Abajo, último en el año del calendario de encuentros de noveles creadores del medio radial, que, convocado del 4 al 6 de noviembre, fue necesario posponer por la situación epidemiológica que ha vivido Pinar del Río en los últimos tiempos.

Este es un certamen que auspician la Asociación y la Dirección Provincial de Radio en la más occidental provincia, en el que pueden participar realizadores radiales menores de 35 años, miembros o no de la AHS, esta vez con la intención de estimular la excelencia y profesionalidad en la creación radial y crear un espacio de intercambio teórico sobre las dinámicas impuestas por la Covid-19.

A la revancha, propuesta del 16 al 18 de diciembre de 2020, pueden sumarse periodistas, artistas y especialistas del medio que presenten trabajos teóricos y experiencias que aborden las rutinas productivas adoptadas en las emisoras cubanas durante el enfrentamiento a la pandemia.

Las ponencias serán expuestas mediante videoconferencia, como ha sido habitual este año para garantizar el distanciamiento. Los interesados en sumarse y exponer sus experiencias están a tiempo de hacer llegar sus propuestas antes del 1ro de diciembre a la dirección electrónica radialistaslavueltaabajo@gmail.com para su evaluación, admisión e inclusión en el programa del evento.

Los detalles de las sesiones serán presentados en una Conferencia de Prensa que se ofrecerá de manera virtual el jueves 10 de diciembre a las 11:00 A.M. en la página de Facebook del certamen.

El comité organizador agradece a todos los que han mantenido su interés en participar, y solicita se divulgue esta convocatoria a las emisoras del país, las radios universitarias, las Facultades de Periodismo y Comunicación, y las Casas del Joven Creador.