Abel Prieto en torno a la guerra cultural

Muchos de nosotros, los más jóvenes, conocimos primero al Abel Prieto Jiménez, Ministro de Cultura. Desde 1997 lo observábamos en actos políticos, galas, inauguraciones, mesas redondas… Y sabíamos, aun sin leerlo, que el Ministro era escritor. Y eso nos inspiraba confianza: no es lo mismo que un Ministro de Cultura sea un artista, un intelectual, que un cuadro más dentro de un aparato burocrático.

Otros, algo m√°s mayores que yo, lo conoc√≠an desde que Abel fuera designado Presidente de la Uni√≥n de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) a√Īos antes. Despu√©s conocimos al Abel Prieto narrador a trav√©s de varios de sus libros: las selecciones de cuentos Los bitongos y los guapos (1980) y Noche de s√°bado (1989) y sobre todo las novelas El vuelo del gato (Editorial Letras Cubanas, 1999) y Viajes de Miguel Luna (2012). De la primera, ya una especie de cl√°sico de la literatura finisecular cubana, conservo la primera edici√≥n, un libro que ya no aparece en casi ning√ļn lugar, me dijo Abel cuando la dedic√≥.

Del Abel no personaje p√ļblico fuimos conociendo algunas cosas: estudi√≥ Letras en la Universidad de La Habana y fue un joven como otro cualquiera; bueno, quiz√°s no tan as√≠: conjugada en s√≠ al apasionado jugador de ajedrez con el hippie trasnochado y so√Īador que usaba botas, el pelo largo, los pitusas gastados y estrechos‚Ķ que lo han caracterizado; por otro lado Abel se enamor√≥ del Disco Blanco de The Beatles, de la psicod√©lica y veintea√Īera Janis Joplin, y de un Bob Dylan que no pensaba recibir el Premio Nobel de Literatura, mientras cantaba en contra de la agresi√≥n norteamericana a Vietnam.

Aquello entonces no era lo m√°s aconsejable, aunque esos muchachos melenudos y despreocupados que se reun√≠an en Woodstock bajo los influjos del rock sesentero y que romp√≠an sus boletas de inscripci√≥n al servicio militar, muchas veces enarbolando la famosa foto del Che de Korda, se inspiraran en los barbudos que ‚Äďtan j√≥venes como ellos‚Äď hab√≠an bajado de la sierra, tambi√©n melenudos, rebeldes y so√Īadores, para darle una estocada crucial al imperialismo. Esa es una deuda generacional aun no del todo saldada, aunque una estatua de Jhon Lennon custodie un parque del Vedado capitalino.

De su ensay√≠stica apenas conoc√≠amos piezas de un puzzle: algunos de sus art√≠culos dedicados a Jos√© Lezama Lima en las p√°ginas de varias revistas en la d√©cada del 80, La Gaceta de Cuba entre ellas; y un texto cl√°sico, publicado tambi√©n en La Gaceta en 1997, como contribuci√≥n a un dossier sobre teatro cubano contempor√°neo y del cual varios amigos me hab√≠an comentado: ‚ÄúLa cigarra y la hormiga: un remake al final del milenio‚Ä̂Ķ Lo dem√°s se esfumaba en publicaciones, intervenciones, conferencias, pr√≥logos‚Ķ

Apuntes en torno a la guerra cultural ‚Äďpublicado por Ocean Sur en 2017 y por Ediciones La Luz en 2018, como parte de la celebraci√≥n de la 25 edici√≥n de las Romer√≠as de Mayo‚Äď viene a saldar esa deuda editorial con la obra no ficcional de Abel Prieto Jim√©nez, al reunir en un mismo volumen varios de estos textos de amplio perfil ensay√≠stico.

Todos no son ensayos propiamente dichos, si analizamos un género que se resiste a catalogaciones, pero en estos prólogos, presentaciones, charlas, intervenciones… está el ojo y la mente aguzados del ensayista que analiza y presiente, que estudia y propone, que investiga y comparte desde el humanismo y además desde una profunda cubanía.

Si algo que prima en estas páginas es precisamente un humanismo y una cubanía cabal y raigal, que en el caso de Abel Prieto se dimensionan a una mirada martiana que lo inunda todo y que le llegó, entre otros, por ese maestro tutelar que es y será Cintio Vitier. Además, estos textos traslucen frecuentes reminiscencias lezamianas y un antimperialismo que, además de José Martí, Ernesto Che Guevara y Fidel Castro, le llega por la obra de su admirado Roberto Fernández Retamar y su necesario ensayo Calibán…

Apuntes en torno a la guerra cultural aborda principalmente la necesaria relaci√≥n entre la vanguardia art√≠stica y la vanguardia pol√≠tica y tambi√©n ‚Äďsubraya su prologuista, el historiador Ernesto Limia‚Äď ‚Äúnos define el horizonte de la utop√≠a en un mundo en que el imperio absoluto del mercado reemplaza el arte por el entretenimiento balad√≠ y acr√≠tico‚ÄĚ.

Abel Prieto se detiene en cuestiones que ‚Äďal parecer‚Äď siempre le han obsesionado y las matiza con cierta dosis de humor, ese que tambi√©n ha analizado: la dominaci√≥n cultural, aquello que Christiane Rochefort llamara ‚Äúla colonizaci√≥n de las consciencias‚ÄĚ; los c√≠rculos de poder transnacional; el ultraderechismo de algunos filmes de Hollywood y de la cultura de consumo estadounidense; el plattismo; las campa√Īas publicitarias y reality shows que hacen de los ‚Äúfamosos‚ÄĚ patrones a seguir por millones de persona: Abel pone los ejemplos de Rihanna, Shakira, Justin Bieber, Lady Gaga‚Ķ y otros tantos famosos del mundo del espect√°culo, y creo que no se extra√Īar√≠a ahora al comprobar que esos patrones han sido calcados con ‚Äúfugaces estrellas‚ÄĚ del repertorio nacional; la relaci√≥n entre la intelectualidad cubana y la Revoluci√≥n y las contracciones en el seno de esta, incluido el llamado Quinquenio Gris con ‚Äúsu enfoque dogm√°tico, sectario y homof√≥bico‚Ä̂Ķ

Todo ello se redirecciona ‚Äďen la obra y el pensamiento de Abel‚Äď a la consolidaci√≥n de una ‚Äúpol√≠tica cultural unitaria y fidelista‚ÄĚ, seg√ļn sus propias palabras, primero desde la Uneac, despu√©s desde el Ministerio de Cultura, ambas con un amplio enfoque martiano: una pol√≠tica que √©l ha catalogado, adem√°s, de ‚Äúabierta, plural, antidogm√°tica y enemiga de los sectarismos‚ÄĚ que muchas veces suelen asediar un proyecto as√≠. Los textos reunidos en Apuntes en torno a la guerra cultural vienen a sostener de alguna manera su v√≠a crucis personal en pos de esa l√ļcida y necesaria utop√≠a.

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